Jueves, 20 de Junio de 2024
<<A la búsqueda de esa hora futura en la que la libertad sea protagonismo de los ciudadanos>>
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19/06/2023

Hacia un programa político Civicista.


por Jose Luis Colomer Viadel


La crisis que envuelve a las sociedades democráticas es cada vez más evidente, el sentimiento de pertenencia a la comunidad se ha desvanecido casi totalmente, las ideas de solidaridad y de bien común ya no cuentan en el vocabulario corriente más que muy esporádicamente. El individualismo y el interés privado son defendidos con uñas y dientes por los enemigos de lo público. Los ámbitos de participación y de decisión se estrechan. La clase políticas se enquista en el poder y olvida responder a los intereses de sus representados.

La esfera pública y con ella el Estado están siendo atacadas desde el interior por los defensores de estas ideas y también, exteriormente, desde una economía globalizada y por el poder cada vez más grande de las empresas transnacionales. El ciudadano se ve incapaz de tener un control sobre las instituciones y el gobierno y se refugia en la vida privada.

Ante estos fenómenos se rebelan una cohorte de pensadores que suelen agruparse bajo el nombre de republicanistas o civicistas. Con un compromiso más o menos fuerte con el republicanismo clásico encontramos a Michael Sandel y a Philip Pettit dos representantes clave de  esta filosofía política.

Ambos son críticos del liberalismo tanto en su vertiente filosófica como en su puesta en práctica política. Coinciden en que la libertad en sentido liberal, entendida como no interferencia no asegura un desarrollo de las capacidades del individuo y puede ocultar sometimientos a poderes que lo supervisan permanentemente.  Sus diferencias, no obstante,  son relativamente importantes: Si Pettit quiere que los individuos aislados se unan para la defensa de su libertad como no dominación, respetaría siempre sus distintas concepciones del bien. Sandel, en cambio, cree que la motivación para defender esa libertad y el bien común sólo pueden nacer y educarse desde una serie de comunidades puestas en cuestión y debilitadas hoy en día como son la familia, la escuela, las asociaciones vecinales o las congregaciones religiosas, asociaciones que conforman el carácter de las personas. Si Pettit se detiene cuando establece las líneas generales de un estado republicano que forme a sus ciudadanos y defienda ese derecho fundamental de la libertad republicana. Sandel se lanza, en parte, a la arena política, con tal de defender del populismo a las democracias  occidentales. Y pergeña una especie de programa político para evitar ese peligro, y que podríamos resumir así: Uno, proceder a una descentralización relativa del poder central hacia el poder local, desarrollando una versión nueva y revitalizada del federalismo. Dos, esta descentralización política exigirá reformas de la economía contemporánea en torno, sobre todo, a la limitación de la  movilidad del capital y el poder de las  grandes corporaciones, requiriendo la  confrontación de sindicatos y la dirección de las empresas). En suma, supondrá la creación de comunidades preparadas para un autogobierno de dimensiones manejables  (que ya adelantaron algunos progresistas en el New Deal). Tres, rechazar la idea liberal de que el Estado debe ser neutral: la vida pública es débil y poco estimulante sin proponer ideales y valores compartidos, invitando a los intolerantes a ocupar esos lugares no ocupados por los progresistas. El ejemplo que él siempre repite es el del movimiento en defensa de los derechos civiles de los sesenta que “legisló sobre la moral” y aprovechó sin duda varios temas religiosos para su causa. Cuatro, hacer todos los cambios legislativos necesarios para que todas las clases sociales estén bien representadas en las instituciones  políticas, como ocurría en gran medida en el pasado en su país. Cinco, revalorizar los estudios y trabajos que no requieren de títulos universitarios. Seis, reactivar la economía local apoyando empresas de la zona  en áreas deprimidas donde estas conocen bien las necesidades, evitando la interferencia de grandes corporaciones que tomen el control de la vida de las poblaciones donde se instalan. Siete, disminuir la desigualdad entre ricos y pobres pues socava la solidaridad y el cultivo de virtudes cívicas que la ciudadanía democrática supone: a medida que esta aumenta unos y otros viven vidas más separadas, aislándose en urbanizaciones de lujo y colegios y lugares de esparcimiento privados. Unos impuestos que recaigan en los más pudientes no deberían ser redistribuidos para generar más consumo, dice, sino empleados en crear magníficos espacios públicos de interacción de unas clases y otras (polideportivos, escuelas, etc.). Ocho, poner límites morales a los mercados: no todo debe estar a la venta: ni los derechos de ciudadanía, ni la maternidad, ni el acceso a las instituciones educativas superiores, entre otros.  Novena propuesta, implantar la educación cívica en todos los niveles educativos que habitúe a ayudarán a conocer mejor al oponente y a valorar sus argumentos y revitalizarán la vida pública ausente de materia moral. Décima, evitar que las sanciones a los condenados por delitos se conviertan en meras tasas que para unos son una leve carga y para  otros una losa insalvable. Pettit propuso sanciones que supusieran una crítica pública al condenado. Undécima, defender un patriotismo que aglutine un sentimiento de comunidad en torno a conceptos como los  de sanidad universal y  justicia fiscal. Duodécima, dirigir el comercio hacia socios fiables, no dejarse llevar sólo por la supuesta eficacia económica. Decimotercera,  reconfigurar la economía para hacerla susceptible al control democrático. Decimocuarta, trascender el criterio meritocrático que crea resentimiento y no evita las desigualdades en las condiciones de acceso a posiciones sociales privilegiadas. Decimoquinta, crear un debate cívico-político de base en torno a  la transición verde, ya que no se trata de un mero problema tecnocrático. Decimosexta, eliminar la política de ayudas al paro, sustituyéndola por una promoción de industrias o empresas locales en las zonas deprimidas que detectarán mejor las necesidades de esas zonas.

 

José Luis Colomer Viadel

Prof. Filosofía

 






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