Miercoles, 16 de Enero de 2019    
 
28/05/2013 [[Sociedad]]
Elogio de la incertidumbre
Sociedad
por Roberto Bertossi

Por estos días, la convivencia de los argentinos a partir del desarrollo de su vida cotidiana, de la atención de cuestiones ordinarios, de satisfacer sus necesidades físicas básicas, de cumplir con sus deberes, de disfrutar de sus libertades, derechos, garantías, bien común y paz social; , sin lugar a dudas, todo eso, se parece y demasiado a una embarcación en peligro la que por la fuerza y el contraste de los vientos atraviesa inéditos grados de turbulencias, desconcierto, perplejidad y zozobra, tanto en lo social, en lo ético-moral como en lo institucional, económico y político; en fin, una nave de gran porte con riesgo cierto de perderse e irse a pique.

La incertidumbre refiere la duda o perplejidad que sobre un asunto o cuestión se tiene.
En Argentina, ya late una enorme incertidumbre acerca del rumbo que tomarán las decisiones concernientes a la justicia, a la economía, a la política y por ende, a lo social.
Nada de esto es espasmódico ni pura duda pasajera sino una reacción humana natural ante la estructuralización de la desigualdad durante la mayoría de últimos treinta años, tres décadas en las cuales asimetrías y externalidades negativas vienen truncando el desarrollo humano de todos los del todo social.

En este sentido del término, la incertidumbre se iguala a un estado de duda en el que predominan el límite de la confianza, de la paciencia o la creencia en la verdad de un determinado conocimiento; el sentimiento absolutamente opuesto a la incertidumbre es la certeza.

En nuestra Patria, la incertidumbre en cuestión además de perjudicar los campos de acción/decisión, afecta la creencia, validez y legitimidad del propio sistema democrático republicano conforme su válida concepción, diseño y operatividad en términos de beneficios y satisfacciones, (Vg., transparencia, confianzas externas e internas, seguridad jurídica, estabilidad y defensa de la moneda, ausencia de corrupción e inflación, pluralidad de expresión, libertad de prensa, etc.).

Lo normal en estos casos es la suspensión de la acción/decisión que pensaba implementar cada ciudadano argentino en el campo/ciudad y en el ámbito de su supuesta libertad, autonomía e independencia personal.

Por otro lado, por incertidumbre también se suele llamar a la inseguridad que un individuo puede experimentar tras determinados sucesos. Luego de tanta violencia, de tantas muertes absurdas como de tantos y cuantos perjuicios derivados, existe una gran incertidumbre en los argentinos acerca del pleno ejercicio de derechos/ libertades que evidente y penosamente no son garantizados por este Estado de derecho.

En todos los casos aludidos precedentemente, sin perjuicio de sus aspectos, la incertidumbre siempre cobra una connotación negativa.

Ante tantas diabluras, ante “un despliegue de maldá insolente”, este elogio vernáculo de la incertidumbre cual letra del tango Cambalache de don Enrique Santos Discepolo allá por el año 1935, poco menos, clausura esfuerzos, solidaridades y reciprocidades, entusiasmos, ganas, esperanzas, ánimos y fuerza para mantenerse de pie, para no bajar los brazos, para no “recular ni para tomar envión”.

Finalmente entonces la pregunta es ¿cómo resistir? Estamos a tiempo de revertir este abandono y estas masacres (Vg., Jubilados, Once, inundaciones, etc.). Esta convicción ha de poseernos hasta el compromiso. Todos juntos, codo a codo, debemos resistir ya que, como decía Sábato, el ser humano saber hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.

Se trata de renacer, de lograr una regeneración salutífera con solidaridad sin brillantinas; de que la letra y las fotos del tango Cambalache sean no más que otro anecdotario olvidable del más viejo pasado argentino.


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