Jueves, 23 de Mayo de 2019    
 
16/01/2015 [[Sociedad]]
PODEMOS como movimiento populista
Notas para la crítica
por Manuel Martínez Sospedra

Catedrático de derecho constitucional UCH-CEU.

I.-PODEMOS SEGÚN PODEMOS (I)
( Podemos según sus principios organizativos).
No cabe duda que la gran sorpresa de las elecciones al Parlamento Europeo ha sido la emergencia de PODEMOS, no solo por el buen resultado obtenido en si mismo, sino también por haber superado en no pocos distritos electorales a dos de los partidos establecidos, hasta la fecha únicos competidores nacionales del bipartidismo: UPyD y IU/ICV. Vinculado en su origen a los movimientos sociales de protesta frente a las políticas de ajuste impulsadas primero por el anterior gobierno socialista y después por el actual gobierno conservador, que ha centrado los recortes del gasto público poco menos que exclusivamente en el gasto social, el movimiento ha sido impulsado por un reducido grupo de académicos con experiencia de consultoría previa, buenos conocedores de las experiencias populistas latinoamericanas de la última década.
Hasta la fecha PODEMOS ha sido un movimiento, a partir de ahora comienza el proceso de su institucionalización, lo que supone la necesidad de ajustarse a la “forma partido político ”,y eso no puede hacerse sin costes toda vez que la institucionalización exige por su propia naturaleza el abandono de buena parte de la flexibilidad y el espontaneísmo que son propios del estadio “movimiento” , que en tiempos de descrédito institucional como los que corren tan atractivo es. Ese es un coste asumido, como revela la contundente derrota del proyecto de organización del sector de raíz trotskista del partido en formación. Claro que la institucionalización puede hacerse de muchos modos, y el que se acoja no es banal, no sólo porque prejuzga como se va a distribuir el poder en el partido, sino también porque es un muy buen indicador de las preferencias políticas de cara al reordenamiento del sistema de gobierno realmente existente. Veamos .
En el principio es la gasolina. Sin el carburante del dinero ninguna organización puede funcionar, ni mucho menos tener alguna capacidad de alcanzar sus objetivos .Los partidos no son una excepción, especialmente si se considera que una de sus funciones –hacer elecciones- es muy cara. Desde sus estatutos PODEMOS trata de evitar algunos de los vicios propios de los partidos tradicionales en este campo, asi se autoprohíbe el recurso a la financiación vía créditos, fija topes moderados al tamaño de las donaciones admisibles, establece criterios de valoración del trabajo político honorario, procura contar con un presupuesto a la vez único y consolidado y prevé un riguroso sistema de control interno de contratos, empleos y gastos. Sigue en este terreno un ejemplo previamente establecido por IU, en el que claramente se inspira .Si se tiene en cuenta que IU es, de largo, el más “limpio” de los partidos tradicionales no parece que se sea muy original, pero si parece que se procura evitar la tentación, ya se sabe “el que ama el peligro perecerá en él”. Empero en este campo dos cosas llaman la atención : de un lado que se conserve uno de los vicios menos agradables del sistema de financiación de los partidos tradicionales: el dinero dedicado por las instituciones para el sostenimiento y apoyo de los grupos parlamentarios se conceptúa dinero del partido ( lo que es legal, dicho sea de paso) y a su financiación ( y no la del grupo) se aplica; del otro que no hay cuotas de miembros. Y esto último es muy importante.
Un partido es una variante del género “asociación”, y, por naturaleza, esta exige de socios. Por eso uno de los componentes necesarios de cualquiera de ellas es la determinación exacta de quienes son miembros y quienes no. Aquí aparece uno de los costes del tránsito del movimiento al partido: la fijación exacta y precisa de quienes están y quienes no están. PODEMOS trata aquí de nadar y guardar la ropa:, a tal efecto distingue entre miembros y afiliados, los primeros son los que lo sean de alguna de las organizaciones del partido, los segundos los que, además, se inscriban en un libro-registro y con ello oficialicen formalmente su pertenencia. Las normas establecen que los derechos de ambas categorías son los mismos, pero las normas no pueden desconocer los hechos o estos se vengarán. A mi juicio es claro que el que miembro que se inscribe acredita con ese solo hecho un grado de compromiso e identificación con el partido mayor que aquel que no lo hace, en consecuencia tendrá en la organización un estatuto de hecho más importante .Entiéndase la novedad en este caso no consiste en la existencia de la clásica dualidad afiliado/militante, la novedad radica en su formalización que, quiérase o no, conduce a la diferenciación de miembros en dos categorías. Lo que recuerda en exceso la distinción formal entre militantes y adheridos del Movimiento Nacional. En todo caso una regulación de la condición de miembro del partido como la que se describe va a favorecer la creación de una imagen sobredimensionada la pertenencia efectiva. En efecto es de esperar que en las condiciones de informalidad señaladas el bien conocido fenómeno de la afiliación inestable o transitoria sea importante. Algunos síntomas ya hay: con una cifra de teóricos miembros en el entorno de los trescientos mil la participación en las elecciones internas para crear las organizaciones locales del partido apenas alcanzan los noventa mil votantes.
Vistas así las cosas se entiende bien que no haya cuotas. Ahora bien si no las hay el principal instrumento de autofinanciación del partido desaparece: sin un número elevado de afiliados y sin el pago puntual de sus cuotas el partido dependerá necesariamente bien de las donaciones externas, bien de la financiación pública, bien de ambas, con lo que las declaraciones estatutarias sobre las limitaciones de las primeras y la no dependencia de las segundas quedan reducidas a la condición de meras emisiones de voz. Parafraseando al clásico: las afirmaciones de autofinanciación sin muchos afiliados y muchas cuotas no son sino palabras. Se entiende bien que a la fecha la financiación pública constituya de largo la principal fuente de ingresos que el propio partido reconoce.
Con ser importante esa carencia no es la fundamental. Es bien sabido que, más allá de su papel financiero, el cobro regular de cuotas reafirma el compromiso del afiliado con el partido, le otorga a este el sentimiento tanto de pertenencia como de integración ( el partido “ es suyo” porque lo paga) opera como un fuerte “incentivo de identidad” y, al aumentar la intensidad del compromiso hace al afiliado más exigente con respecto a la organización y sus dirigentes. Viniendo de donde vienen no me cabe la menor duda que los autores de los principios organizativos lo saben muy bien. Su silencio indica sencillamente que no quieren militantes así, que prefieren la flexible, fluida e inestable vinculación de los miembros propia del movimiento, que les otorga una mayor autonomía respecto de los afiliados y mayor control de la organización. Con lo que a la postre acaban por reproducir uno de los vicios mas definitorios del principal partido de “la casta”, es decir el PP, en el que es práctica habitual que las cuotas se cobren cada 29 de febrero.
II.-PODEMOS SEGÚN PODEMOS (II)
( Podemos según sus principios organizativos).
Algunos críticos han señalado que el modelo organizativo de PODEMOS se ciñe a las reglas propias del “centralismo democrático” leninista: los militantes eligen un congreso, este a su vez delega en un comité central que, a su vez, delega en un Politburó y un secretario general, que deviene omnipotente al ser el beneficiario último de una cascada de delegaciones. Tales críticas no son acertadas, el organigrama aprobado para fijar la organización de PODEMOS no es así, en consecuencia tal juicio no sólo es materialmente desacertado, es que, además, vela un componente central de la originalidad del partido. Vayamos por partes.
PODEMOS es una organización política que se autoconcibe como un instrumento de generación y ordenación de la “unidad popular”, es un partido-movimiento que trata de agrupar y representar a la mayoría popular frente a las élites, frente a la oligarquía, para PODEMOS la contradicción principal es la que opone a “los de arriba”, el establecimiento, con “los de abajo”, el mundo plebeyo ( el término ha sido utilizado, y no por casualidad, por sus dirigentes). De ello se sigue que PODEMOS se considera la expresión política de una mayoría social diversa y , por ello, ampliamente pluralista¿ Como se canaliza ese pluralismo en la organización?
Si dejamos de lado las reglas sobre paridad de género, algo más laxas que las prescritas por la ley, cosa a la verdad poco importante por la ineficacia de esta, cabría esperar que, salvo la elección de cargos unipersonales la representación interna se articulara en torno al principio proporcional. A una base social pluralista le corresponden métodos de representación dotados asimismo de vocación pluralista. Pues bien no es así. Una y otra vez, de modo sistemático, en las elecciones internas se adopta un método de elección mayoritario. A decir verdad en método de producción de representación muy mayoritario: voto de lista en la que no hay expresión de preferencias y decisión por mayoría simple. Ya se sabe, como dice el proverbio inglés tomado de las carreras de caballos: el primero se lo lleva todo. En consecuencia en cada nivel y para cada elección la o las minorías resultan necesariamente infrarepresentadas en beneficio de quien obtenga la votación mayor. Si se contempla el sistema desde la óptica de la agregación de intereses no cabe duda de que la opción de una elección mayoritaria para representar una base plural no es precisamente afortunada.
Tal defecto hubiera podido paliarse mediante la adopción de dos técnicas distintas: de una parte escoger una fórmula mayoritaria con representación de minorías; de la otra adoptar la mayoría absoluta como principio de decisión. Si se hubiere escogido la primera las minorías ( al menos las de mayores apoyos) obtendrían una cuota de poder interno, si se hubiere escogido la segunda se favorecerían las técnicas consociativas para formar las mayorías internas, lo que daría influencia a al menos una parte de las minorías. Pero no se ha hecho así. Sistemáticamente, una y otra vez, el sistema adoptado es el de la elección mayoritaria y decisión por mayoría simple: el que tiene más votos se lo lleva todo y los demás pasan la mano por la pared. La conclusión es obvia: el sistema interno de elección y representación está diseñado para asegurar el control completo de la organización al núcleo fundador que, por serlo, goza de salida de una posición dominante, y ello aun cuando sólo consiga el apoyo de una minoría de miembros. El sistema de representación sigue el criterio de H.Ford: ustedes puede comprar un “modelo T” de cualquier color, siempre que sea negro.
El órgano supremo de PODEMOS es el congreso, la “Asamblea Ciudadana”, que es y no es. Técnicamente lo es y, en consecuencia, es a ella a la que competen las decisiones más importantes, de la aprobación del programa a la política de alianzas. Y, al mismo tiempo no lo es. La razón: su composición, la citada esta integrada por el conjunto de miembros inscritos en el Partido, que deliberan y votan a distancia, a través de la red, si es que discutir a través de la red se le puede llamar “deliberar” claro está. No obstante cabe la posibilidad de que al menos una parte de las deliberaciones, y en su caso de la votación, se haga de modo presencial, con lo cual el órgano supremo lo es de geometría variable, según haya presencialidad o no. Del mismo emana una suerte de parlamento partidario o comité central, el Consejo Ciudadano, así como la Comisión de Garantías, que al ser electos por mayoría simple reproducirán, y ampliarán, en tales órganos la mayoría existente en la Asamblea ( que a su vez pude variar según voten todos o solo los presentes). Y aquí se acaba la semejanza con el modelo leninista, como en los partidos de la casta hay miembros natos del Consejo Ciudadano.
La dirección del partido no nace del Consejo Ciudadano, aquí interviene un factor original, muy marcado por la voluntad de personalizar la dirección partidaria. El secretario general-lider del partido es elegido en votación separada y distinta por el conjunto de los afiliados, una vez más por mayoría simple, de este modo el grupo fundador mantendrá la sartén por el mango aun cuando haya quedado en minoría siempre que conserve la pluralidad mayor. A su vez el secretario general configura la dirección efectiva del partido, toda vez que el llamado “Consejo de Coordinación” es propuesto por el secretario general-lider del partido al Consejo Ciudadano para su ratificación, y la eventualidad de que el Consejo Ciudadano no endose la decisión de un secretario general que viene de ser elegido por el conjunto de los inscritos es mas bien remota. La novedosa organización participativa acaba por generar presidencialismo puro y duro. No es casual, es el modelo presidencial el de preferencia del núcleo dirigente para el estado, como en su dia se verá.
Por si lo anterior no bastara el poder del secretario general es inmenso: convoca y preside los órganos del parrido ( con lo que controla su deliberación al controlar la agenda), es el representante ordinario del partido, configura a su imagen los órganos permanentes de dirección y se le encarga, por añadidura, de asegurar la “coherencia ideológica”, la “unidad organizativa” y la coordinación de los órganos del partido. Como, además, los estatutos contemplan esa eficiente maquinaria de eliminar disidentes y machacar minorías que es la revocación ( que puede iniciar el secretario general), el círculo se cierra. Tras la fachada ciudadana y participativa lo que hay es otra cosa, lo que Vallenilla Lanz denominó “cesarismo democrático”. Podría pensarse que un diseño así es un supuesto de caso único, pero el hecho de que otro populismo europeo, el italiano, emplee la misma combinación entre uso intensivo de los recursos comunicativos de red con un liderazgo unipersonal que surge y se ejercer con independencia de la red de comunicación que la tecnología hace posible induce a pensar que la combinación entre una participación política muy amplia mediada por los recursos electrónicos, en lugar de tender hacia una democracia deliberativa parece conducir a una versión modernizada de “ducismo” de otros tiempos.
III.-PODEMOS SEGÚN PODEMOS (III)
( Podemos según sus principios organizativos).
Entre las previsiones organizativas del documento sobre organización del movimiento figuran dos que han tenido amplia resonancia, que gozan de cierta popularidad y que prima facie parecen instrumentos de democratización del funcionamiento interno de los partidos, cosa que buena falta hace a la vista de la realidad de los nuestros: la limitación de mandatos y la revocación. A riesgo de ser tachado de aguafiestas me parece oportuno señalar que , en ambos casos, nos hallamos ante ideas cuanto menos discutibles, sino directamente malas, dotadas de atractiva presentación. Vaya por delante que ninguna de las dos es especialmente novedosa y que ambas son de invención norteamericana, que pueden tener sentido en el contexto original, pero que lo pierden y tienden a producir efectos no deseados ni deseables fuera del contexto original.
La limitación de mandatos ( en los papeles de PODEMOS un máximo ordinario de dos, aunque excepcionalmente puedan ser tres) es una herramienta que se usa para combatir a la casta en una cuestión de la que se pretende sea uno de sus elementos nucleares: la profesionalización de la política. De entrada la figura se trata de usar para una finalidad distinta de la original, aquí no se trata de prevenir el riesgo de surgimiento de un liderazgo autoritario presidencial, que es el fin primario que cumple la regla de limitación de la reelección del Presidente en el contexto americano, aquí se trata de favorecer la circulación de las élites y de evitar la aparición de un estrato de profesionales de la política que se eternizan en los puestos públicos, en especial en los de elección popular evitando la rendición de cuentas y generando un estamento privilegiado. El uso al efecto del concepto italiano de “la casta” es tan revelador que exime de adicional comentario.
Para que la medida sea racional han de cumplirse dos condiciones: de un lado que efectivamente exista si no la realidad cuanto menos el riesgo de un bloqueo en la renovación del personal político; del otro que la medida no sea susceptible de producir efectos no previstos ni queridos de mayor lesividad que la ausencia de la limitación. Aquí y ahora la realidad no parece respaldar el presupuesto de la perpetuación de los políticos. Aquí estamos muy lejos del Congreso de los Estados Unidos y su dominio del principio del decanato. Por de pronto hay que advertir que el personal parlamentario es mayoritariamente inestable: del orden de la mitad de los diputados nacionales existentes desde 1977 son diputados de una sola legislatura, apenas llegan a un cuarto los que lo son de dos y a partir de ahí, si exceptuamos supuestos sumamente raros ( A.Guerra, pongamos por caso), la continuidad es virtualmente inexistente. Si consideramos el ejecutivo ningún presidente del Gobierno lo ha sido por más de quince años y ninguno ha vuelto a serlo una vez cesado en el cargo, si miramos al personal ministerial el panorama es similar; a diferencia de los que es común en los regímenes parlamentarios de nuestro entorno la mayoría aplastante de los ministros lo son de una sola cartera y de una sola vez, supuestos como el del sr. Montoro son una rareza. Desde esta perspectiva la limitación de mandatos es una excelente solución a un problema inexistente.
Obviamente si no existe un elevado grado de continuidad y permanencia del personal político no tiene mucho sentido defender la limitación de mandatos como defensa frente a la profesionalización. Aun reconociendo que ese es un argumento popular, no me resisto a señalar que es un argumento sencillamente malo. Por de pronto porque supone una derogación ad casum de un principio generalmente aceptado, a saber para desarrollar un trabajo los profesionales son más eficientes que los aficionados y la política no una excepción (M. Weber dixit ). En segundo lugar porque el trabajo político exige de experiencia, como cualquier otro, y no se ve por parte alguna el apoyo de la tesis implícita de la superioridad del novato .Finalmente porque la limitación imperativa tiene dos inevitables efectos perversos: de un lado el cargo público en su segundo mandato puede comportarse como desee, porque la limitación implica que nadie puede exigirle responsabilidad política por su desempeño en ese mandato toda vez que no puede renovar; del otro lo que en la política norteamericana se denomina el “síndrome del pato cojo”, es decir el debilitamiento político de la autoridad pública que llega al período final del mandato y no va a continuar. Es cierto que entre nosotros la idea misma del profesional de la política está muy mal vista, y no sin razón. En nuestros grandes partidos no es precisamente infrecuente la figura del titular de alguna clase de cargo público que nunca ha desempañado profesión alguna fuera del desempeño de tales cargos y que, por ello, carece de experiencia inmediata y directa del funcionamiento de la sociedad civil que, en teoría al menos, està llamado a representar. El vicio del juvenilismo en la política de personal de los partidos favorece esa política de personal disfuncional, siendo las cosas así es cierto que tenemos un problema, pero la limitación de mandatos no parece una solución idónea.
Lo de la revocación, que se propone según el modelo venezolano: solo es posible pasada la mitad del mandato, es si cabe más claro. Ese es un instituto que sólo tiene algún sentido si se trata de elección para cargo unipersonal y este es provisto por decisión mediante mayoría simple. La razón es sencilla: sólo en ese caso es factible individualizar la responsabilidad y se cuenta de entrada con el electorado que efectuó la elección. Sin embargo la revocación es incompatible con cualquier clase de voto de preferencia ( que por naturaleza esta abierto a la influencia de las minorías ), y lo es asimismo con cualquier clase de representación de minorías, obviamente lo es si hay representación proporcional ( quien va a votar la revocación del único diputado de IU en Valencia ¿los electores del PP casi la mayoría absoluta electoral en el distrito ), pero también lo es si hay elección mayoritaria que acepta la elección de alguno o algunos representantes de las minorías. La revocación supone que la mayoría de los electores del distrito tiene a su merced el mandato de los representantes de las minorías. Precisamente por eso era frecuente en los países de partido único y “socialismo realmente existente”, para atar corto a los eventuales diputados disidentes. La revocación como instrumento de la purga .Ni más ni menos.
Por lo demás, si bien es cierta la afirmación del documento político según la cual contamos con un personal político de baja calidad, ruego que alguien me explique como vamos a reclutar personal de elevadas cualificaciones para los puestos de elección popular si sostenemos, como el documento ético propone, que ningún electo podrá percibir mas de tres veces el salario mínimo. Por muy bien que quede en el papel si pagamos diputados de 2000 euros/mes obtendremos diputados de 2000 euros/mes o menos, que nadie espere por ese precio conseguir diputados de cuatro, cinco o seis mil euros porque salvo en el caso de práctica del franciscanismo ( por naturaleza transitorio) no los tendrá. Como decía tiempo ha un parlamentario veterano. “ Con el prestigio no se compra en el supermercado”.
Queda dicho.
IV.-SOBRE EL PROGRAMA DE PODEMOS.
La publicación del borrador del programa económico de PODEMOS ha desencadenado un océano de críticas, por lo general tanto más radicales en su expresión cuanto más próximo a posiciones neoliberales se halle el crítico. Podríamos entrar en la materia señalando que en no pocos puntos el borrador se halla en sintonía con radicales tan peligrosos como los señores Junker o Stitglitz o con organismos tan reputadamente marxistas como el FMI .Concebido como documento para la discusión el texto tiene mucho de interesante y , a mi juicio, una buena parte de su contenido podría, y aun debería, ser asumido por cualquier formación socialdemocrática, si bien en este caso sería exigible como condición previa pronunciar dos de las tres palabras más difíciles de pronunciar del castellano, a saber: “Me equivoqué”. Pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino de cómo el procedimiento empleado para la confección del programa nos remite a un decisionismo que no por pragmático deja de ser schmittiano. Veamos.
Si dejamos de lado algunos documentos sobre asuntos concretos adoptados en la sesión constituyente del partido, el programa de PODEMOS se está elaborando de modo sectorial, de un lado, y mediante el expediente de tomar como punto de partida papeles encargados a expertos, del otro. Es cierto que ese modus operandi se esta vendiendo muy bien: nos dirigimos a los expertos (afines off course) para que ellos nos guíen en la determinación de los contenidos políticos que conformaran nuestra oferta electoral, optamos asi por el conocimiento y los técnicos, luego someteremos a debate público los borradores consiguientes y, oídos los participantes, procederemos a la redacción final. Una afortunada mixtura de tecnocracia y democracia deliberativa que producirá proyectos que, en su momento, serán elevados a la dirección para que esta, sabia y prudente, decida. Obsérvese que en el procedimiento se recurre a personas de fuera del partido para que en su condición de especialistas elaboren el documento-base, texto que debaten y en su caso modifican los partícipes ( que pueden ser miembros de partido-movimiento o no) y que el fiat de la dirección convertirá en documento oficial del partido. Lo que no hay es un conjunto de directrices previas fijadas por el partido que, desde una perspectiva de conjunto, global, fije las líneas generales de la oferta política que se pretende dirigir a los ciudadanos en las legislativas, recurriéndose luego a consultores y técnicos para que instrumenten correctamente las decisiones (políticas) que el partido adopta.
El procedimiento, tal y como se está instrumentando, implica que el partido carece de un pensamiento de gobierno propio y que, para dotarse del mismo, recurre a la abierta y pública deliberación de expertos y ciudadanos que le digan al partido que es lo que tiene que ofertar. Como no existe un diseño previo de conjunto el procedimiento sólo puede usarse como se esta usando: en porciones, como no existen directrices previas si el debate es libre ( lo está siendo) y la base social de la formación es pluralista es inevitable que aparezcan antinomias y contradicciones entre los distintos documentos .No hace falta ir muy lejos: el borrador de programa económico da por supuesto que la escuela concertada pervivirá en tanto que una de las resoluciones del pasado proceso constituyente acordaba su supresión.
Naturalmente aunque el programa se elabore como llevamos diciendo no puede terminar así, porque si lo hiciera el documento final estaría minado por un piélago de incongruencias y habitado por un archipiélago de contradicciones, con lo que constituiría un arma de destrucción de la oferta del partido de singular potencia. Además, y sobre todo, si las cosas quedaren así PODEMOS sería incapaz de cumplir con una de las funciones nucleares de cualquier partido: formar propuestas políticas consistente mediante la agregación de demandas y jerarquización de intereses, y eso es algo que, naturalmente PODEMOS no va a hacer.
Con lo cual llegamos a la hora de la verdad: la misión de ordenar en un conjunto coherente el conjunto de demandas que la deliberación pública de los documentos sectoriales proporciona corresponde a la dirección del partido. Es esta, y no la deliberación pública, la que ordena, armoniza y jerarquiza, la que da la coherencia y unidad que permiten hablar de una oferta política unificada y no de una macedonia de propuestas. Mas como la intervención en cuestión se hace sin indicaciones previas y a posteriori, sin estar ella misma sujeta a la pública deliberación ciudadana resulta inevitable concluir que la definición de la oferta política de PODEMOS se efectúa según criterios de la dirección , en la deliberación tan ausentes como desconocidos, y por la sola voluntad de esta. Es el complejo formado por el secretario general, el consejo de coordinación y el ciudadano, bajo la dirección del primero como es natural, la que a la postre define cual va a ser la decisión final, la oferta política.
Que la decisión formal sobre el programa definitivo sea una decisión autoritaria según criterios previamente no conocidos y solo a posteriori cognoscibles no es una aberración. Corresponde exactamente con el lo que cabria esperar del modelo organizativo, participativo, inclusivo, abierto y deliberativo en la forma, exclusivo, cerrado y autoritario en el fondo, que PODEMOS a decidido para su ordenación interna. También aquí es válida la vieja observación oriental: “El Imperio de En Medio se gobierna por mandato del cielo”.
V.-LA ESTRATEGIA DE PODEMOS
Si de alguna tacha es inocente PODEMOS es la de oscuridad. Los documentos del partido populista son tan públicos como claros, y en su día podrán decir a los desengañados “nosotros no engañamos a nadie” , y será verdad. Claro que para ser consciente de ello hay que tomárselos en serio y ver lo que dicen, ya que lo que dicen es buena muestra de lo que son. Veamos.
Los documentos de PODEMOS obedecen a una lógica férrea, la que dimana de la “hoja de ruta” que siguen y que, más allá de las experiencias latinoamericanas de buena parte de su grupo dirigente, traen causa del modelo político diseñado por Laclau que ese equipo dirigente sigue. Su proyecto comporta la destrucción, no la reforma o el cambio, la destrucción del sistema político democrático-constitucional existente para abrir un proceso “popular y constituyente” que establezca un sistema político nuevo, en cierto modo la aspiración de la “ruptura democrática” que fracasó por falta de apoyo suficiente en los años setenta, proceso cuyo contenido se deja en una conveniente indefinición. Lo que no es casual, la “hoja de ruta” nos dice que el aglutinante de la cadena “equivalencial” de demandas democráticas que constituye “el pueblo” es un “significante vacío”. La base de partida es la escisión de la sociedad en una minoría demonizada ( la oligarquía, el régimen del 78, la casta, etc.) y la mayoría popular en proceso, la “unidad popular” que se crea estableciendo una relación antagónica entre esta y aquella. Sin enemigo no hay “unidad popular”. La relación antagónica con el enemigo es así crucial, esa relación fija una frontera que separa el bien ( la unidad popular) del mal ( la oligarquía, la casta), y esa frontera, al ser esencial, aunque puede fluctuar , es constitutiva. De ello se sigue una consecuencia: el acuerdo con los partidos de la casta queda excluído por definición. La retórica de la negativa a los “pactos de despacho” , la huida de coaliciones o federaciones de partidos, o de pactos postelectorales, la preferencia por las agrupaciones de electores destinadas a ser colonizadas por el partido, etc. reposan sobre esa base, son un modo de vestir una decisión previa, estructural. De ahí la intrínseca estupidez de quienes en el PSOE, IU o la izquierda nacionalista vienen a sostener o pretenden que PODEMOS les ayude a constituir mayorías de gobierno. PODEMOS no quiere socios, porque fuera del movimiento “nulla salus”. Si el movimiento genera “el pueblo” no hay pueblo más allá del movimiento y su esfera de influencia.Y si alguien lo duda que mire en el documento de “principios políticos”, que no es sino de estrategia , los comentarios despectivos destinados a IU.
Si se prefiere dicho de otro modo: la misma “razón populista” que alimenta al proyecto exige la más radical intolerancia respecto de las fuerzas del desorden establecido y conservador ( y ahí entra explícitamente IU, quede claro). Como Roma el movimiento solo conoce adeptos y subordinados.
Como el objetivo es la destrucción del régimen constitucional ( el maestro escribe lúcidamente que el populismo es incompatible con la lógica constitucionalista ) , la crisis sistémica del “régimen del 78” abre para ello una ventana de oportunidad y esta se halla en las legislativas al éxito de la propuesta “nacional-popular” en estas se subordina todo lo demás. Vistas así las cosas se entiende bien la negativa a concurrir con su propia faz en las municipales, no sólo por la debilidad inherente a una organización en formación, como se nos dice, sino también porque la presencia en los consistorios con su propia cara obligaría a escoger entre dos opciones indeseables: o bien dejar que gobiernen en minoría los conservadores, o bien pactar con alguno o algunos de los partidos del sistema, esto es con la casta , y ambos supuestos minan la posibilidad de alcanzar el éxito en las legislativas. Y se entiende asimismo bien que se planteen las autonómicas no como una elección con contenido propio, sino como un motivo para el “voto adelantado del cambio” por lo que la hipótesis de sostener tras esta a alguno o algunos de “los partidos tradicionales” esta excluida por definición.
En una sociedad con identidades colectivas en retroceso y la pérdida de credibilidad de las “narrativas ideológicas tradicionales”, como es la nuestra según los papeles del movimiento, el cambio no puede proceder de las fuerzas políticas nacidas en el costado plebeyo del conflicto de clases, por eso PODEMOS se niega a definirse en los términos propios de la metáfora espacial que da visibilidad y representación política a ese conflicto, por eso afirma no ser “ ni de derechas ni de izquierdas”, en lo que no le falta razón: el enemigo hoy principal no son los conservadores, epítome de lo políticamente otro, de aquel que es por esencia el hostes a quien nos oponemos, porque estos no pueden sino acentuar las desigualdades y robustecer los privilegios de la oligarquía contando, como cuentan, con la posibilidad de éxito de un consenso neoconservador al estilo del logrado por Tatcher en el Reino Unido.
No, los únicos que pueden evitar el éxito del proyecto nacional-popular activando la reforma del régimen constitucional democrático y revirtiendo las políticas neoliberales aplicadas a la fecha son precisamente los partidos “ de izquierda” y, por ello, son el enemigo prioritario a batir, bien sea absorbiéndolos, bien sea destruyéndolos. Y en eso se está. El primero es el destino reservado a IU, el segundo el previsto para la socialdemocracia. El pretendido “giro socialdemócrata” del borrador –que no programa- económico se entiende bien desde esta perspectiva: como nosotros podemos hacer lo que vosotros deberías y no hacéis vosotros estáis de sobra. Recuérdese, si el centro que aglutina el movimiento y hace posible la agregación de “demandas democráticas” es un “significante vacío” este esta obligado por la propia naturaleza del proyecto a emular a Groucho Marx: “estos son mis principios, si no les gustan tengo otros”. El líder-caudillo que desempeña aquel rol no puede tener un programa determinado precisamente porque tenerlo le dificultaría desempeñar ese mismo rol. No es casual que el maestro escriba no sólo que el rol del líder es esencial a la existencia del movimiento popular, sino que un instrumento esencial del liderazgo del caudillo es el afecto del pueblo .El afecto, no el programa.
De otro lado la misma terminología que los dirigentes principales de PODEMOS emplean muestra que bajo una apariencia gramsciana lo que se cobija es otra cosa muy diferente: la construcción del pueblo a partir de la agregación de demandas democráticas en relación antagónica con “la casta”, concepto convenientemente vago y por ello flexible, la relación belígera entre esta y el populus, la desconfianza frente a la representación y el parlamentarismo, la preferencia por lideres de elección directa apoyados en el afecto del pueblo, y dotados de poderes indefinidos, que aparece ya en su documento organizativo, el recelo hacia la lógica del constitucionalismo ,que trae causa de una concepción sustancialista del poder ( ejemplificada en la aceptación expresa del dictum maoísta “el poder nace de la boca de un fusil”) la conveniente vaguedad de la frontera, en el fondo arbitraria, que separa al pueblo de la casta, nos remiten a un autor bien conocido, exponente emblemático de la derecha radical: Carl Schmitt.
Obsérvese que si la construcción del populus, de la “unidad popular”, exige una relación antagónica con la casta, la oligarquía o como se desee denominarla , para que la unidad del pueblo se mantenga es indispensable que la relación antagónica se mantenga, sin enemigo, sin hostes, la unidad del populus se desvanece. El conflicto belígero es así estructural y necesario: el enemigo nunca podrá ser eliminado porque si lo fuere la unidad popular que el movimiento expresa se desintegraría. Es el antagonismo y su complemento, el liderazgo de un caudillo que disfruta de afecto del pueblo ,lo que hace que el pueblo sea tal. No pertenece al reino de la casualidad que las papeletas de PODEMOS en las europeas llevaran en su cabecera no el logo del partido, sino la faz del señor Iglesias.
En el trasfondo el proyecto político populista que PODEMOS encarna se funda en la doctrina de lo político expuesta en su día por C. Schmitt: la política como la esencial enemistad. En este sentido al menos los promotores de PODEMOS tienen razón: no son de izquierdas, un schmittiano de izquierdas es un círculo cuadrado.
VI.-PODEMOS: MOVIMIENTO Y ESTRATEGIA.
El planteamiento básico de cualquier populismo es la escisión del cuerpo social entre un “nosotros” y un “los otros”, en la terminología romana que a veces utiliza el maestro, el populus y los optimates, La escisión entre la nobilitas y la plebs es la particular versión de la lucha de clases del populismo, y PODEMOS no es una excepción. Como en la inscripción mural de los títulos de crédito de la conocida serie televisiva el populismo asume como propio lo que los guionistas inscriben en el muro: Nobilitas, miseria nostra. Ahora bien, de lo dicho no debemos suponer que el populismo es un tipo de proyecto político arcaizante, antes bien es un producto exquisitamente moderno, por más que su modernidad no se identifique con la propia del constitucionalismo y la democracia constitucional. Vayamos por partes.
Es esencial al populismo el establecimiento de una relación antagónica entre una minoría positivamente privilegiada y la mayoría aplastante de la población: la oligarquía, los privilegiados, la casta, constituyen un lado de la dualidad, los productores, los trabajadores, los pobres, el pueblo en el sentido del conjunto de las clases subordinadas constituyen el otro. El populismo opone el establecimiento a las clases subordinadas a las que explota. Y ese es su primer rasgo distintivo. El segundo radica en la calificación de la relación entre casta y pueblo, no es sólo una relación de confrontación derivada de la oposición de intereses – que también -, es una relación de incompatibilidad radical, ambas partes no comparten nada , cada una de ellas es “el otro” en el sentido que el término tiene en el existencialismo, aquel que nos es radicalmente ajeno y con el que nada en común tenemos .El tercero radica en la formación que adoptan las clases subordinadas, estas se identifican como un conjunto de intereses diferenciados agrupados por mor de una intervención política que los articula y , al hacerlo, los conforma como pueblo .El cuarto, y tal vez el más llamativo, el pueblo así entendido se identifica como la totalidad del cuerpo social e integrante único de la unidad política, pueblo y nación, pueblo y cuerpo político son una y la misma cosa. El pueblo es una parte mayoritaria de la población que se constituye a sí misma como totalidad política, como nación. De la que los oligarcas están excluídos por definición.
Vistas así las cosas queda clara la inspiración schmittiana del diseño del proyecto populista, este se ajusta como un guante a la concepción de lo político como la esencial enemistad, en términos de relación belígera entre pueblo y casta ( recuérdese la cita del Digesto del autor germano: enemigo es aquel con el que sostenemos guerra pública), siendo su función el establecimiento pleno de la unidad política mediante la supresión del enemigo y, en su caso, la sustitución de la confrontación política por la competición agonal.
La novedad radical del populismo contemporáneo de determina así del siguiente modo: una parte ,mayoritaria, del pueblo se autoconcibe como totalidad del mismo y excluye de su seno a otra parte, minoritaria y privilegiadas, del mismo, que deviene de este modo extraña al pueblo mismo. Lo que permite entender sin dificultad de nota una de las características más relevantes del populismo contemporáneo: su afinidad electiva con la intolerancia, intolerancia hacia afuera: no hay posibilidad de acuerdo o pacto con la casta, los gusanos, los pitiyankis, etc. porque estos son sencillamente el enemigo; pero tampoco puede haber tolerancia respecto de los componentes del pueblo entre sí toda vez que su unidad y concertación de fuerzas para vencer a la oligarquía es la conditio sine qua non del éxito entendiendo por tal el logro y conservación del poder al efecto de imponer la unidad popular como cuerpo político.
Lo que ,lógicamente, es grávido en consecuencias, asi aun cuando el pueblo sea socialmente plural los intereses de clase de cada grupo o fracción del pueblo deben estar y están subordinados al éxito en la lucha por la realización plena de la soberanía nacional-popular, en consecuencia es preciso poner sordina al pluralismo interno del pueblo. Por eso es connatural al populismo la procura de una intensa y continua movilización política de sus bases al efecto de visibilizar su unidad y reducir la trascendencia de su propia pluralidad. Por eso el populismo esta condenado a llevarse mal con la libertad de palabra y la pluralidad y autonomía de los medios de comunicación .Por eso el populismo difícilmente puede convivir pacíficamente con las autonomías sociales salvo que estas se subordinen, es decir, acepten la limitación de su autonomía. No es casual que el populismo no se caracterice precisamente por su buena relación con las iglesias, o con la independencia sindical.
El elemento que permite a las clases subordinadas, a los plebeyos, constituirse en pueblo es una mediación política. Es el movimiento el que articula las demandas que traen causa de la diversidad de intereses de los grupos que integran el pueblo, el que al hacerle le procura unidad y, por ello, le constituye. No hay populus sin mediación política porque esta es constitutiva de aquel. Pero al efecto no es válida cualquier mediación política, y, por ello, tampoco es válida cualquier opción de organización institucional y ello por una razón sencilla: el pueblo es tal no sólo por su condición de mayoría negativamente privilegiada, sino por su enfrentamiento radical con el o los grupos positivamente privilegiados que le explotan, por su relación antagónica con la oligarquía, que es el hostes del pueblo. La relación entre la casta y el pueblo es una relación que genera necesariamente intolerancia porque es un guerra civil política sin violencia abierta y masiva, es decir, un conflicto bélico de baja o muy baja intensidad.
La relación antagónica del pueblo con la casta otorga al movimiento un rol crucial, pero al mismo tiempo obliga a este a dotarse de una configuración peculiar y le obliga a optar preferentemente por diseños institucionales peculiares. Por de pronto el movimiento es un ejército político que marcha a la conquista del poder, en principio esa condición puede parecer neutra, pero no lo es. Como se ha señalado reiteradamente el pueblo es plural. No es solo que produzca una variedad de demandas, es que comprende grupos con intereses diversos. Si la base social del movimiento es pluralista y éste debe articularla parecería lógico optar por mecanismos de elección y representación supermayoritarios y/o proporcionales al efecto de que el pluralismo que hay en el pueblo tenga adecuado reflejo en el movimiento, pero no es así porque la relación antagónica con la casta y la relación belígera correspondiente exigen de concentración del poder y habilitación amplia de las autoridades de aquel. Dicho lo cual se entiende sin dificultad que el modelo organizativo de PODEMOS excluya la representación proporcional y aun la de minorías, opte por la regla de decisión más mayoritaria posible ( la mayoría simple), eluda el voto de preferencia, facilite el “voto en plancha”, establezca una relación rigurosamente vertical entre los distintos niveles de la organización y opte por una dirección personalizada elegida por la base. Del mismo modo que un ejército para ser eficiente requiere de unidad de mando y exige un general, el proyecto político populista exige unidad de mando y requiere a la cabeza del movimiento de un caudillo popular. Que no debe ser obstaculizado por una oposición interna. De ahì la lógica profunda de la demanda del señor Iglesias en el momento de las elecciones internas: quien pierda las elecciones que se aparte.
Visto lo cual no parece aventurado señalar que, a la hora de la verdad, las preferencias institucionales del movimiento se inclinen por la elección mayoritaria, de preferencia con decisión por mayoría simple, por el reforzamiento de las instituciones centrales de gobierno y por el ejecutivo de elección popular en detrimento del parlamentarismo. Del mismo modo que las exigencias del combate político una vez alcanzado el poder, inclinen al movimiento a reducir la autonomía de los órganos de control y a la reducción de la independencia de la judicatura. Al menos eso indica la experiencia comparada. Y si no: al tiempo.
Si el pueblo es constituido como tal a través de la mediación política en un contexto belígero, y en el seno del pueblo hay una pluralidad de orientaciones ideológicas y de intereses de clase no resulta difícil de entender que aquella mediación no puede fundarse ni en un discurso fuertemente articulado, ni en unos intereses de clase determinados. Lo primero impide que el movimiento tenga una ideología, lo segundo dificulta que la articulación del pueblo se produzca en torno a unos intereses de clase determinada. Si por ideología entendemos un conjunto articulado y sistemático de ideas diseñado para orientar y legitimar la acción política un movimiento populista no puede tener una. Lo que si puede tener es una mentalidad distintiva, esto es un complejo de ideas, imágenes y sentimientos poco articulados entre si, pero que definen una suerte de atmósfera mental que identifica al movimiento como tal. Entiéndase no todo movimiento asi concebido es populista ( y en nuestro pasado ejemplo hay), pero si todo movimiento populista esta obligado a ser así.
Si la articulación del pueblo que la mediación política da no puede procurarse a través de la centralidad de un interés de clase ni mediante una ideología bien elaborada se requerirá algún mecanismo alternativo. La experiencia muestra que casi siempre, por no decir siempre, la necesidad se satisface mediante alguna combinación de liderazgo personal , a ser posible carismático, y nacionalismo “antioligárquico y antiimperialista”. No debe extrañar, pues, que algún dirigente de PODEMOS haya calificado a la Unión Europea de tinglado semicolonial, o que en sus papeles aparezca una y otra vez la reivindicación de una soberanía nacional efectiva, ni que sus críticas a la Comisión , al FMI o a la troika incluyan con tanto acento a la condición de tales actores como “extranjeros”. Habida cuenta de la facilidad con que el nacionalismo se transforma en una religión política no cabe extrañarse de la estrecha afinidad entre populismo y nacionalismo. A la postre la misma es funcional.
El drama constitutivo del populismo radica en que el mismo es un camino a ninguna parte. En efecto, al definir al pueblo por su relación antagónica con la casta y hacer de esa oposición un elemento constitutivo del pueblo mismo el populismo se tiende a sí mismo una trampa: su razón de ser radica en la imposición de los intereses del pueblo frente a los de la oligarquía, y la procura de le extinción de esta como dañina para la unidad política y el interés del pueblo. Pero como su presencia y continuidad son constitutivas de su oposición con el pueblo y éste sólo existe a través de esa oposición la continuidad y permanencia de la casta es indispensable para la de unidad popular y el movimiento que la expresa. El populismo no puede vivir sin enemigo y si este desapareciere tiene la constitutiva necesidad de inventarlo. Eso es parte del precio de ser schmittiano: si la determinación del enemigo es una decisión existencial, y, en cuanto decisión, arbitraria es preciso admitir que la relación propiamente política es en si misma irracional. No es casual que sus consecuencias acaben por serlo.
VII.-PODEMOS: ESTRATEGIA Y PROGRAMAS.
Ya sabemos que en buena teoría el aglutinante de la cadena de “demandas democráticas” tiene que ser un “significante vacío”, que el mismo debe ser personalizado y que su rol exige del afecto de los seguidores del movimiento, empero ya nuestro padre Ilitsch nos advertía que el árbol de la teoría es gris y es verde el árbol de la vida. Como es en este último en el que tiene que habitar PODEMOS no está de más considerar en que medida el movimiento realmente existente se ajusta a las previsiones de la teoría.
Por de pronto hay que señalar una divergencia que opera de salida: el maestro indica que el éxito del movimiento populista es imposible allí donde existe un “Estado benefactor”. No es difícil entender la razón de dicha observación, en efecto, si se ha puesto en pié un welfare state en la medida en que este es efectivo, esto es en la medida que protege efectivamente, en todo o en parte, a los grupos sociales menos favorecidos en una economía capitalista, inevitablemente los correspondientes intereses se verán parcial o totalmente satisfechos y, en consecuencia, no producirán las correspondientes “demandas democráticas” que el movimiento articula. En otras palabras, en la medida en que hay un Estado Social efectivo se reducirán los intereses insatisfechos o el grado de esa insatisfacción, y en esa misma medida la potencial base social del movimiento se verá limitada y con ella el tamaño e importancia de la “unidad popular”. Si no me equivoco en este punto el maestro es en exceso rotundo, a mi juicio sería más exacto decir que allí donde hay un Estado Social efectivo su existencia ciertamente condiciona y limita al campo de acción del movimiento: éste sólo puede basarse y explotar las carencias e ineficiencias del sistema de protección social, no puede invocar la creación de uno, porque ya existe, y por ello de salida el movimiento será más débil que en el caso de que el welfare no existiera, porque su capacidad de movilización será más reducida y menos intensa. El populus que el movimiento genera y expresa será más reducido y, en consecuencia su acceso al poder será más difícil y más probable que, aun cuando el movimiento tenga éxito político, quede limitado a ser un partido de protesta, a cuyo alcance está el desempeño de una “función tribunicia”, pero no el monopolio del gobierno.
Si llevo razón en lo dicho me parece lícito hacer observar que, dado que en nuestro país el Estado Social ya existe y al menos en algunas áreas esta muy desarrollado la capacidad de acción populista queda reducida a la denuncia de los retrocesos ocasionados por la nefasta política económica de respuesta a la crisis y a la denuncia de los vacíos existentes en el sistema de protección ( debo observar que uno de esos vacíos, tal vez el más clamoroso, el de la protección a la mujer y a la familia abre espacio para que el movimiento populista expanda su influencia entre el electorado culturalmente conservador, mucho más sensible a este tipo de problemas ). Como en razón de lo dicho las posibilidades políticas que ofrece este tipo de demandas no es muy grande no parece exagerado estimar que esas cuestiones no van a ocupar un lugar central en la función programática populista: ahí hay competencia creíble y no hay mucho que rascar.
Por el contrario el fuerte deterioro de las rentas del trabajo, el insufrible nivel del desempleo y el muy fuerte debilitamiento de la protección jurídica de los asalariados, en las que, a mayor abundamiento resulta creíble la imputación de responsabilidad a los partidos del “régimen del 78” y hacen a los principales sindicatos vulnerables a la imputación de colaboracionismo, ofrecen, a priori al menos, un campo de acción mucho más amplio, que ofrece, además, mayores oportunidades y facilita, además, la formulación y aceptación de propuestas interclasistas que favorecen no sólo a los asalariados, sino también a autónomos, profesionales y pymes. Como el factor primario de la crisis radica en un problema de insuficiencia de demanda, cabe la posibilidad adicional de que las propuestas en este terreno no incurran en irracionalidad económica.
Ahora bien, si no me equivoco en ese campo va a hacer su aparición una diferencia significativa entre la tradición solidarista y socialdemócrata y los intereses del movimiento. Mientras que la primera tiende a hacer incapié en la importancia de la acción colectiva, de la asociación, de la mediación sindical y de los mecanismos de promoción y tutela de naturaleza colectiva, dado que el movimiento populista no puede introducir la sindicalización a gran escala con su propia organización por estar el terreno ocupado es razonable esperar que la oferta de PODEMOS en ese campo se oriente preferentemente a procurar el reforzamiento de la protección individual del trabajador y, en especial, a la procura de un sistema de relaciones laborales cuya directriz primaria sea la exclusividad del contrato indefinido y su blindaje para procurar la mayor estabilidad en el empleo factible. En su día ya observó Schumpeter que en la práctica el desiderátum de la mayor parte de los asalariados es lograr un status cuasi-funcionarial. Y no faltan experiencias que acreditan que eso funciona. Lo malo es que un proyecto de ese signo exige el ninguneo de los sindicatos y no parece muy fácil convencer a la población que UGT y CCOO son parte de “la casta”.
Por ende PODEMOS es consciente de que la inserción de España en la UE conlleva fuertes restricciones a la capacidad de decisión del Estado ( las políticas de austeridad ,aun siendo contraindicadas, son un buen ejemplo). Aquí el movimiento juega una carta silenciosa: la que le proporciona la posibilidad de que las elecciones griegas se anticipen y de ellas salga un gobierno Syriza, no porque la formación de la izquierda helénica sea similar a PODEMOS ( mas bien podría describirse como la versión griega de ICV), sino porque un gobierno de izquierda radical en Atenas podría poner en marcha una dinámica favorable a las políticas de aumento de la demanda a través de alguna combinación entre alzas salariales e inversión pública en el conjunto de la Unión , como alternativa la implosión de la misma. En este campo no cabe esperar mayor precisión que la que se deriva del “borrador” Torres-Vicens, que significativamente es , y no es, el programa económico del movimiento.
A priori más fácil parece tenerlo el movimiento en lo que a la crisis política afecta, toda vez que es esa crisis la que le ha dado la ventana de oportunidad y la posibilidad de publicitar propuestas de fácil aceptación ( aunque de funcionalidad mas que dudosa): limitación de sueldos y mandatos, referenda, revocación, etc. Sin embargo en este campo el movimiento se enfrenta a dos problemas de base: de un lado esta obligado a mantener la mas cuidadosa indefinición en cuanto a la organización territorial del Estado al efecto de mantener su capacidad de competencia con la izquierda nacionalista y con una parte de IU, al tiempo que conserva las expectativas derivadas de su muy claro nacionalismo español y su marcada vocación unitaria; del otro las propuestas de cambio institucional que sería de su preferencia: presidencialismo, elección mayoritaria, supresión del autogobierno de la judicatura y de la autonomía de otros órganos de control ( como el Constitucional), chocan con las preferencias de un electorado afecta a las políticas consociativas, la representación proporcional, la igualdad de resultado del voto y la defensa de controles efectivos de los gobernantes. Aquí solo el acento sobre el componente negativo de la política institucional, el rechazo del bipartidismo, de “la casta”, etc,. y jugar la carta del liderazgo personalizado en un caudillo popular en gestación ( el sr.Iglesias, naturalmente) pueden mantener una apariencia de coherencia.
En rigor el “movimiento popular”, por ser lo que es, carece de la posibilidad de dotarse de un programa claro , sostenible y coherente. Su autoconcepción como expresión organizada del populus le obliga a procurar alcanzar la condición de partido con vocación mayoritaria, y su éxito radicaría, en su caso, en alcanzar cuanto menos una posición cuasimayoritaria que le otorgara el poder. Para conseguir ese resultado debe recurrir necesariamente a un abanico de promesas y propuestas no siempre coherentes entre sí. Como su planteamiento populista le obliga a presentarse como el portavoz de “gente común” frentes a las élites esta obligado a tratar de trascender las dos fracturas estructurales que a la fecha han organizado el tablero políticos español: el conflicto centro-periferia y el conflicto de clases, como estas están ahí aun cuando se las niegue o ningunee en el discurso populista el logro del objetivo mayoritario o cuasimayoritario obliga a una práctica populista de indefinición programática.
En las condiciones en que PODEMOS se desenvuelve me recuerda poderosamente una anécdota de la política italiana: a un dirigente político de dicha nacionalidad y similar ambigüedad programática le preguntó un periodista: “¿cuál es el programa de su partido? Y el interfecto contestó: “Nuestro programa es simple: queremos gobernar Italia”, esa exactamente es la posición del sr. Iglesias y compañeros. El problema radica en que el político italiano cuyo ejemplo siguen se llamaba Benito.
VIII.- LAS IMPLICACIONES DE LA CREACIÓN DEL PUEBLO.
El diseño populista que inspira la praxis política de PODEMOS tiene por base la generación de una relación antagónica entre la plebe que deviene pueblo en función de su organización por el movimiento y la minoría opresora integrada por los privilegiados, de este modo el conflicto entre pueblo y casta u oligarquía es constitutivo de la realidad política que el movimiento aspira a crear, y lo es al punto de superar y declarar obsoletas las fracturas estructurales precedentes, el movimiento supera así el conflicto de clases ( que expresa la metáfora espacial de izquierda y derecha), el conflicto de valores ( que enfrenta a laicos y religiosos), el conflicto territorial ( que confronta el centro y las periferias) y, en su caso, el conflicto agrario. Dichos conflictos no queda ciertamente suprimidos, pero la realización plena del proyecto populista exige su desactivación política y la sustitución como conflicto político central de cualquiera de ellos por el representado por la oposición optimates / populus. En consecuencia hay que anotar que cuando PODEMOS y sus dirigentes se niegan a ser encuadrados en la izquierda más o menos radical ( de la cual ciertamente proceden ) argumentando la obsolescencia de la dialéctica izquierda/ derecha no están practicando una táctica oportunista que les facilite la pesca de apoyo político en los caladeros propios del centro-derecha ( en lo que parecen estar teniendo un éxito no precisamente menor), con independencia de evidente interés político-electoral que pueda tener la negativa a encuadrase en la metáfora espacial, cuando los dirigentes de PODEMOS así operan son fieles al diseño básico del proyecto político populista que impulsan. Podrán resultar convincentes o no. Pero su coherencia y claridad son innegables. De hecho la línea que separa a PSOE e IU del proyecto populista radica precisamente aquí: mientras que los partidos de la familia socialista se alinean según el eje de clase y se autodefinen como “de izquierda” PODEMOS se alinea en el eje casta/pueblo y, por ello, lleva razón cuando sostiene que, aun en contra de la procedencia de sus dirigentes, ellos no son “ni de derechas, ni de izquierdas porque esas son divisorias propias de la casta”. La diferencia capital entre IU y PODEMOS radica en que la primera es “de izquierdas” y el segundo no.
La definición de la fractura oligarquía /pueblo con contradicción principal estructurante del proyecto político populista tiene la particularidad, ya señalada, de definir la oposición que surge de la misma como antagónica. Ya se ha dicho que para el populus la casta es enemigo en el sentido schmittiano del término y, como recuerda el autor alemán citando al Digesto, enemigo es “aquel con quien sostenemos guerra pública” cosa que nunca está de más recordar. Si las cosas se plantean así resulta obvio que desde la perspectiva del movimiento la casta u oligarquía es ilegítima por definición, y que, al serlo, no constituye un actor político admisible con el que podamos tener capacidad de coalición, de hecho si la casta es constitutivamente ilegítima y viene definida como al adversario principal ( en la lectura menos radical de las cosas ) con ella no cabe otra relación que el enfrentamiento. No es casualidad que vengan cayendo en saco roto las peticiones de “unidad de la izquierda” encaminadas a procurar acuerdos políticos entre los partidos de la izquierda y PODEMOS: el éxito del proyecto de unidad popular pasa por la eliminación como actores políticos autónomos de todos los partidos de la izquierda ( y de la derecha). Con la casta no hay ni potencial de coalición, ni, en el fondo, capacidad de diálogo auténtico. Entiéndase bien. Lo dicho no excluye la posibilidad de acuerdos provisionales entre alguno o algunos de los partidos de izquierda y PODEMOS, acuerdos así son factibles siempre y cuando reúnan dos notas: que sean provisionales y que los socios acepten una posición subordinada , cuando no satelital, respecto del movimiento .Eso y no otra cosa es lo que hay en la decisión adoptada por el movimiento respecto de las municipales.
Si la oposición casta/pueblo es la contradicción principal y este se constituye en oposición a aquella resulta obvio que el movimiento es el instrumento mediante el cual los dispersos intereses de la plebe alcanzan expresión política y pueden recibir satisfacción en cuanto intereses del pueblo. Porque pasan de ser intereses parciales a ser intereses de la totalidad política, del cuerpo político unitariamente considerado. Aparece aquí la incompatibilidad de fondo entre la lógica del constitucionalismo y la del movimiento popular, para el primero la totalidad política, el pueblo, esta integrado por el conjunto de los ciudadanos fueren cuales fueren sus creencias, ideas, intereses y opiniones., es la condición de miembro del cuerpo político por sí misma ( y solo por ella) la que convierte el súbdito en ciudadano y exige, por ello, la identidad de status entre todos los cives. Para el constitucionalismo hay un status civitatis común, cuyo núcleo esta integrado por derechos fundamentales que se disfrutan igualmente, y que pertenece a todo miembro del cuerpo político porque lo es. Conviene recordar que el Sieyes de 1789 definía a la nación como “el conjunto de personas que viven bajo una misma ley y están representado en una misma legislatura”. Para el movimiento popular no, porque el pueblo se constituye en su enfrentamiento con la casta, de tal modo que, mediante dicho conflicto, la plebe se constituye en pueblo y al constituirse como tal se constituye como totalidad política, si se prefiere dicho de otro modo: en el proyecto populista una parte del cuerpo cívico – los plebeyos- ,que se conceptúan como muy ampliamente mayoritarios, asumen la condición de cuerpo político completo y, al hacerlo, excluyen de la comunidad cívica a los oligarcas. Es constitutivo del proyecto populista el elevar a una parte –mayoritaria – del pueblo a la condición de cuerpo político completo, del cual se excluye lógicamente a los oligarcas. El populismo exige que consideremos a una parte de los ciudadanos como totalidad de los ciudadanos, a una parte de los cives, como totalidad de los cives mismos. Pretende hacer pasar por el conjunto de los miembros del cuerpo político a una parte de esos mismos miembros., por ello el populismo es constitutivamente faccioso: una parte de los ciudadanos se eleva a sí mismo a cuerpo político total excluyendo para ello a los demás. Como diría un griego clásico: el demos excluye a los kalokagathos. A los aristoi.
Obviamente esa incompatibilidad de fondo entre populismo y constitucionalismo permite entender son dificultad porqué en la pràctica de los movimientos populistas resultan tan frecuentes las reglas legales que facilitan la conversión de una minoría civil en una mayoría política ( y porqué el populismo tiene una particular afinidad con las reglas electorales de orientación mayoritaria), porqué el populismo se lleva mal con la autonomía de las instituciones destinadas a garantizar los derechos individuales, porque es hostil a institutos contramayoritarios como la independencia judicial o la justicia constitucional, y así sucesivamente. Si alguien lo duda no tiene mas que contemplar las experiencias latinoamericanas de los populismos en el poder.
Esa naturaleza facciosa que es inherente al proyecto populista permite entender sin dificultad la razón por la cual la práctica populista conduce, de un lado, a la afirmación silenciosa pero efectiva de la supremacía del movimiento populista, y del otro a la correlativa relación asimétrica entre este y los demás actores políticos y sociales: el primero es la expresión política del pueblo y, por ello, el portador de la voluntad del mismo y usuario inmediato de la soberanía popular. No alcanzamos la doctrina fascista del partido como órgano que forma y manifiesta la voluntad nacional, de tal modo que por naturaleza la voluntad nacional y la voluntad del partido son una y la misma cosa, pero ciertamente muy lejos de tan extremosa posición no andamos. Difícilmente puede ser de otro modo: si la plebe se constituye a si misma en pueblo mediante la agregación de sus demandas que efectúa el movimiento popular resulta bastante claro que los espacios que puedan restar para que se expresen políticamente posiciones o intereses no acordes con los propios del movimiento popular no van a ser ni numerosos ni abundantes. En este punto lo que separa al populismo del fascismo es ,entre otras cosas ,la ausencia de voluntad totalitaria, asi mientras que en el proyecto mussoliniano dicha voluntad exige la supresión de la competencia política y de la disidencia a través del sometimiento integral al Estado-Partido, en el proyecto populista la supresión del enemigo está contraindicada. A diferencia de Mussolini el dirigente populista no puede exigir la supresión de la oligarquía y con ella el dominio total del movimiento popular porque sin la oposición entre el movimiento popular y la casta el movimiento popular, privado de enemigo, se desintegraría. No me parece casual que el populismo sea tan característico de un continente ( América Latina) en el que nunca ha habido auténtico fascismo porque las naciones que lo integran nacieron al calor de las doctrinas de la Ilustración y han sido fundadas como comunidades políticas genéticamente liberales.
El supremacismo que se halla en el núcleo mismo del proyecto populista permite entender sin dificultad la hostilidad congénita del populismo a acuerdos, coaliciones y pactos toda vez que el potencial de coalición tiene como presupuesto la paridad originaria de los actores políticos y su plena legitimidad, y ni una ni otra cosa resultan precisamente muy favorecidas por la autocomprensión del movimiento como “unidad popular”. Del mismo modo no resulta extraño después de lo dicho que el populismo sea tan proclive a las prácticas autoritarias: el autoritarismo está en el ADN del movimiento.
En todo caso la autocomprensión del populismo exige de la continuidad y permanencia del conflicto entre oligarquía y pueblo, toda vez que ese enfrentamiento es constitutivo del pueblo mismo, aquí no hay lugar alguno para “los amaneceres que cantan”, el populismo no puede prometer, y no promete, la resolución de las contradicciones y el reino de la armonía universal, al menos en este sentido el populismo no es “progresista”. El conflicto es esencial y por ello permanente, el populismo es muy poco confuciano. El escenario que el populismo se ofrece como objetivo es el de una suerte de guerra civil fría o de muy baja intensidad en la que el populus vence permanentemente a los optimates.
IX.- CADENA EQUIVALENCIAL Y CAUDILLISMO.
Las demandas cuya aglutinación produce el pueblo no deben identificarse con las peticiones que en el seno del pueblo puedan manifestarse. En este sentido el maestro señala lúcidamente que sólo cabe hablar de “demandas” cuando nos hallamos ante pretensiones que puedan ser consideradas como respaldadas por alguna clase de normas , cuando no hallemos ante pretensiones a cuya satisfacción los reclamantes “tienen derecho”, bien sea porque lo tienen en el sentido técnico-jurídico ( hay norma que les respalda), bien sea porque así sean socialmente considerados. En consecuencia no toda clase de petición tiene la posibilidad de acceder a la condición de “demanda”, no hay tampoco aquí esa “voluntad de totalidad” que acabó conduciendo a la fijación de “la línea del Partido” en lingüística, las matemáticas o el circo. Así entendidas las demandas se hallan en la base del movimiento popular cuando, y en la medida en que, tales demandas no son atendidas ni resultan satisfechas por el sistema institucional existente. Si este contiene los recursos y la capacidad de respuesta para hacer frente y atender las demandas, aun cuando sea imperfectamente, la base necesaria para el surgimiento del “movimiento popular” no se dará y el populismo no constituirá una clase de alternativa política creíble .Por eso el maestro señala que el populismo es imposible allí donde existe el “Estado benefactor”. Es claro que los impulsores y dirigentes de PODEMOS no comparten en este punto la opinión de maestro y, por ello, se separan siquiera sea parcialmente de la “hoja de ruta” por este diseñada, las demandas insatisfechas en gran escala pueden proceder no de la inexistencia de prestaciones sociales, sino de la insuficiencia de las mismas y de la percepción de dicha insuficiencia que tenga la mayoría de la población. Como esa percepción de carencia es más fuerte en los casos en los que se produce un retroceso en las prestaciones ( se deniega lo que se conceptúa un derecho previamente adquirido) no debe extrañar que las demandas de restauración tenga una aceptación social y una extensión e intensidad lo suficientemente grandes como para dar lugar a una producción masiva de demandas en el sentido apuntado, proporcionando así la materia prima para la construcción de la “unidad popular”.
Empero a la hora de contemplar las demandas no podemos limitarnos al campo de las prestaciones públicas propias del Estado Social. Cuando un sistema político es incapaz de dar respuesta adecuada a las demandas que se le dirigen resulta claro que alguna clase de fallo aqueja al sistema político mismo. Si eso es así cabe esperar que, junto a las demandas de corte prestacional ,aparezcan otras dirigidas a exigir cambios en el sistema político al efecto de hacerlo de un lado más inclusivo y ,del otro, más permeable a la voluntad e intereses de los sectores populares de la población. Como entre nosotros se registra una crisis política que es anterior y al menos parcialmente independiente de la crisis económica no debe extrañarnos que las demandas de mayor igualdad política, mejor representación, mayor limpieza, mayor transparencia y mayor participación política efectiva formen una parte nada desdeñable de las demandas populares que a la fecha el sistema político existente no ha sido capaz de satisfacer. Si a la crisis de representación que ello comporta se agrega la presión adicional de una política económica dañosa e ineficaz, que se percibe como impuesta desde el exterior por actores políticos ajenos al marco del estado nacional ,la combinación consiguiente, de la que es de esperar una creciente tintura nacionalista,se halla dotada de una potencia notable. No pertenece al reino de la casualidad que propuestas programáticas de naturaleza político-institucional tenga el muy destacado papel que tienen en la oferta política de PODEMOS. Ni que a la postre este venga a reclamar nada menos que un nuevo “proceso constituyente”.
Hasta aquí no parece haber gran diferencia entre PODEMOS y los demás partidos: uno y otros existen, entre otras cosas, para procesar demandas sociales y darles expresión política mediante propuestas programáticas ofertadas a los electores e implementadas en caso de éxito electoral desde las instituciones de gobierno que del sufragio proceden. La diferencia específica del populismo que PODEMOS encarna radica en el modo particular de afrontar la tarea señalada. Los partidos populistas difieren aquí sensiblemente de los demás, y lo hacen especialmente en aquellos casos, como el que tratamos, en que hay una marcada preferencia por la forma “movimiento”, en detrimento de la forma “partido”. De hecho un rasgo importante que diferencia a PODEMOS de otros populismos europeos ( con la excepción de los “grillini” italianos ) radica precisamente en esa preferencia movimientista que aproxima a PODEMOS a los populismo latinoamericanos.
El modus operandi de los partidos tradicionales se define en la literatura existente esencialmente como un trabajo de articulación de demandas, jerarquizando las mismas y fijando entre ellas distintos grados de preferencia, al efecto de poder proponer programas de actuación coherentes y consistentes. Al menos en teoría son el discurso propio del partido y la gama de intereses que expresa políticamente los que proporcionan los medios para operar esa agregación y jerarquización. El populismo no funciona así. En efecto, si partimos de la consideración de que se hizo mención en su lugar, según la cual nos movemos en una sociedad de identidades clasistas débiles y difusas y en la que las propuestas ideológicas parecen desdibujadas ni el discurso del partido ni los intereses sociales que trata de expresar proporcionan por si mismo los instrumentos necesarios para el correcto desempeño de la “función programática”. En Europa Occidental la respuesta de los grandes partidos de la familia socialista ha consistido o bien en refugiarse en una suerte de defensa corporativa de los intereses de los asalariados en el marco de una economía globalizada gestionada mediante políticas económicas de orientación neoliberal, o bien en recurrir a una silenciosa sustitución de fines buscando la diferencia específica en el conflicto de valores. Como en ambos casos las demandas específicas de las clases dominadas o bien son insuficientemente defendidas o bien no lo son en absoluto, se genera un vacío político entre partidos que cada vez representan peor y menos, y demandas que carecen de expresión política: ese es el espacio en el que crecen los populismos.
El modus operandi populista, que es una estrategia política y no una propuesta ideológica, no puede ajustarse al modelo tradicional señalado porque faltan los recursos para ello. En este sentido los dirigentes de PODEMOS son claros: nosotros venimos de la izquierda , pero constatamos que los valores de la izquierda son minoritarios y que con ellos por bandera no se puede ganar. Con los valores de la izquierda se hace política identitaria, pero nada más, porque como con ellos no se puede ganar con ellos nunca se gobierna. Y nosotros queremos gobernar porque es el único medio de ser efectivos. La solución que se adopta, y que el maestro describe como la “cadena equivalencial” consiste en aceptar y reunir las demandas dispersas que el sistema político existente no satisface al efecto de traer el apoyo político de todos los que las plantean, pero sin operar una jerarquización, una articulación sistemática entre ellas. La técnica populista difiere de la tradicional en que no busca extraer un orden del caos de demandas planteadas, lo que busca es reunir a todas las demandas en seno del movimiento, de un movimiento que es por ello constitutivamente plural.
Obviamente el puro agregado de demandas sin jerarquización puede proporcionar una buena base para la agip-prop, pero por si misma no puede proporciona una guía estable y precisa para la acción, la técnica populista tiene que buscar la solución al problema en otro lado. Si las demandas se agrupan en una “cadena equivalencial” precisamente porque las distintas demandas son “equivalentes” su ordenación no puede provenir de una o unas demandas prioritarias, debe venir de otro lado. Ese lado no puede definirse por una demanda o un grupo de demandas, por lo tanto es necesario que sea un “significante vacío” porque solo un significante así puede eludir los riesgo de la jerarquización y conservar la equivalencia. Ese elemento es el caudillo.
Obsérvese que no he escrito “ el líder” porque el fenómeno del liderazgo es común y dista mucho de ser peculiar del populismo. Lo que es peculiar de este último no es la personalización de la dirección política, que tanto agrada a los profesionales de la “comunicación política” y que es fenómeno de alcance general y por ello se dá incluso en sociedades en las que la cultura política no es tan acusadamente fulanista como la nuestra, lo que es peculiar del “movimiento popular” es que el líder es el centro de articulación de la orientación y de las políticas públicas que en cada momento sostiene e impulsa el movimiento. Como ese liderazgo no puede fundarse en la comunidad de intereses ( que es débil o no existe), ni en la comunidad de ideas ( que no se da) sólo puede fundarse en el carisma del jefe. El populismo exige liderazgo carismático a cargo de un personaje que no estando identificado con las diversas demandas y corrientes del movimiento esta en condiciones de expresarlas y representarlas a todas. Lo que supone obviamente que el “movimiento popular” conduce directamente a algunas clase de dominación personal. El maestro escribe gráficamente que su autoridad se funda en el “afecto” de los seguidores. En otras palabras la técnica populista conduce a un producto político en el que el líder es central y goza de una autoridad personal y carismática, y el “movimiento” es su séquito. No pertenece al reino de la casualidad que el logo que encabezaba las papeletas de PODEMOS en las pasadas europeas fuera….la imagen del sr. Iglesias.
Después de lo dicho fácilmente se comprenderá que las acusaciones de carencia de programa y de oportunismo dirigidas a PODEMOS yerran el blanco. Aquí no puede haber oportunismo si por tal entendemos el abandono o preterición del programa propio para endosar una demanda que se estima popular y políticamente provechosa, porque sencillamente no existe el presupuesto mismo de la práctica oportunista: el proyecto político definido en el ejercicio de la función programática del que nos desviamos por razón de oportunidad. La indefinición programática y con ella la fluctuación de la frontera que separa a la “unidad popular” de “la casta” ( el “significante flotante” del maestro) son esenciales a la práctica populista. Por eso un comunista, ortodoxo o no, y un fascista puede hallarse cómodos en el seno de un movimiento populista siempre que satisfagan dos condiciones: aceptar el caudillaje del jefe y abandonar su “vocación de totalidad”. El peronismo mismamente.
X.- BALANCE Y PERSPECTIVAS.
¿Qué papel va a desempeñar PODEMOS en un futuro próximo en el mapa político español?. Si no me equivoco aquí van a jugar tres clases de variables: en primer lugar la que traen causa del contexto europeo; en segundo lugar las que la traen del contexto político nacional; en tercer lugar las que derivan del diseño mismo del proyecto PODEMOS efectuado por su creadores.
a) El contexto europeo.
La variable fundamental es la pertenencia a la UE y, sobre todo, al euro. Resulta innegable que PODEMOS es una respuesta a la crisis económica y política de España agravada por las políticas de austeridad impuestas por las instituciones europeas y, mediante ellas, por la hegemonía conservadora germana. Aunque las manifestaciones de nacionalismo “nacional-popular” que asomaron con motivos de las elecciones europeas, con inclusión de las críticas al “IV Reich” y la definición de la UE como un “tinglado semicolonial”, han sido discretamente marginadas su núcleo fundamental, a saber la invocación de la “soberanía popular” nacionalmente definida y su rol clave como pilar de la democratización del sistema político alimentan un silencioso y eficiente euroescepticismo, ahora moderado parcialmente mediante la introducción de una nueva frontera entre la izquierda del norte y la izquierda del sur, donde se ubica el movimiento. El éxito de PODEMOS y aun su continuidad dependen de la permanencia de la política de austeridad y se verían favorecidos si la experiencia de un gobierno SYRIZA en Grecia fuere exitosa, por más que la formación griega se confiesa de izquierda radical desde la etiqueta y se asemeja mucho más a IU/ICV que a PODEMOS. En otras palabras, si se produjera un viraje de las políticas de la Unión desde la austeridad a la expansión, una de las fuentes que alimentan el fenómeno se secaría progresivamente y, aunque el movimiento podría adaptarse a un escenario así, en especial si el viraje fuere perceptible tras las legislativas, no cabe duda que debilitaría sus apoyos entre el electorado. Téngase en cuenta que el viraje hacia las políticas expansivas es postulado con mayor o menor intensidad por todos los demás partidos en el interior y por los principales estados y organizaciones económicas internacionales en el exterior..
El eventual éxito de SYRIZA en las legislativas griegas y, en su caso, el éxito aun parcial de su gestión en los próximos meses operaría en todo caso como un factor favorable a los intereses del movimiento, entre otras razones porque rompería clamorosamente con el tópico de la ausencia de alternativas y mostraría que, pese a los muy potentes intereses a favor del mantenimiento del “austericidio”, otras vías son posibles. Dado el compromiso explícito del PP con las mismas y la muy confusa posición del PSOE, que ha abanderado primero, criticado después, y postulado finalmente su abandono, un escenario europeo de giro hacha las políticas de impulso al crecimiento sería favorable , cuanto menos a corto término. Y es en el corto término donde PODEMOS se la juega.
b) El contexto nacional.
Que es el fundamental. PODEMOS ha irrumpido con la fuerza con que lo ha hecho en el panorama político nacional porque previamente a su irrupción el sistema político español atravesaba un crisis de suma gravedad. El movimiento trae causa de la misma y el éxito obtenido hasta la fecha se explica por su habilidad para explotar la misma. En resumidas cuentas el sistema político acuñado en los setenta y reformulado en los noventa lleva cuanto menos una década en crisis, si no más, por la confluencia de cuatro factores:
Primero. La sociedad española ha cambiado y su realidad política también. El diseño institucional fundacional era implícitamente transitorio por dos razones: porque no había seguridad de cual sería el sistema de partidos resultante de las elecciones, y porque dos partes esenciales de la Constitución: la organización territorial y su consecuencia la estructura y funciones del Parlamento, contenían regulaciones en esencia transitorias. La actualización del diseño institucional no se ha afrontado por ausencia de voluntad política derivada de la acomodación y de la falta de ideas que es consecuencia de la negativa al debate público. El resultado no puede ser otro que el obtenido: un fuerte desgaste institucional.
Segundo. El diseño constitucional esta pensado para que las prácticas consociativas que alumbraron la Constitución tuvieran continuidad en el tiempo. Es más, el elevado aprecio de la transición que los sondeos muestran de modo poco menos que constante se debe precisamente a ese rasgo y a la voluntad de concordia que el mismo supone. Esa demanda consensual se ha visto burlada de dos modos cuanto menos: de un lado mediante la manipulación de las reglas diseñadas para procurar acuerdos mediante prácticas desviantes como el “ sistema de cuotas”, que ha terminado por erosionar la legitimidad y utilidad de las instituciones de control, para las que la independencia es exigencia ineludible; del otro mediante la introducción de la “política de adversarios” en las relaciones entre los principales partidos, consecuencia debida del bipartidismo impuesto a partir de 1993.
Tercero. Al menos desde principios de los noventa los sucesivos gobiernos han abandonado de facto las políticas públicas destinadas a corregir las desigualdades que inevitablemente produce una economía capitalista. Si descontamos iniciativas loables pero no bien instrumentadas como la ley de dependencia, el panorama es muy poco favorable: el gasto social es sistemáticamente bajo y sin tendencia alguna al crecimiento, lo que nos sitúa tanto en empleo como en protección social por debajo de la media de la UE, al extremo que hay problemas de largo recorrido muy graves ( el demográfico por ejemplo) que ni siquiera se plantean. De otro lado se ha producido una clara regresión en lo afectante al ingreso público: este ha retornado lenta pero de modo constante a basarse en la fiscalidad sobre rentas de trabajo y consumo general, perdiendo progresivamente su rol redistributivo y generando un problema crónico de insuficiencia fiscal. Con la repercusión consiguiente sobre las deficiencias en los servicios públicos, a comenzar por la justicia ,seguir por la defensa, continuar por la protección a la conciliación familiar y acabar por insuficiencia crónica del gasto sanitario presupuestado. Las demandas sociales correspondientes desatendidas se ido embalsando hasta que unas políticas de austeridad centradas en la reducción de gasto social y el deterioro del estatuto de los trabajadores han detonado una crisis de legitimidad, de la que se alimenta el movimiento.
Cuarto. La imposición de un modelo de partido carente de militancia efectiva con influencia y funciones políticas de importancia, ideológicamente vacíos, que proveen personal mediante recursos clientelares, que se sostienen en esencia por la combinación de subvenciones públicas y financiación privada irregular ( que en tanto que oscura favorece el desarrollo de la corrupción), que han dejado de funcionar como medios de comunicación entre sociedad civil e instituciones de gobierno y a los que votamos pero por los que no nos sentimos representados.
El resultado de una crisis de representación, que por ello lo es de legitimidad, es una desafección generalizada, que en los últimos años se ha venido expresando mediante iniciativas y movilizaciones populares al margen de la política institucionalizada y a la que el movimiento comienza a dar expresión política.
c) Autoconcepción y fines de PODEMOS.
El movimiento ha surgido de un grupo de profesores y activistas de la izquierda radical, buena parte de los cuales tienen experiencia política derivada del asesoramiento a gobiernos populistas latinoamericanos ( Ecuador, Bolivia, Venezuela ), en la comunicación política y en diseño e implementación de campañas, que han asumido que un posicionamiento explícito de izquierda radical es intrínsecamente minoritario, que por ello un posicionamiento así está imposibilitado para gobernar y que, siendo el gobernar el requisitos necesario para imponer las propias políticas públicas, es necesario recurrir a procedimientos políticos distintos para alcanzar el éxito. El conocimiento directo de movimientos populistas exitosos les ha movido a usar de ese tipo de procedimientos para tratar de conquistar el poder.
Hay que tener claro que, como se ha señalado ya, el populismo no es ninguna clase de discurso o ideología determinada, antes bien es un conjunto de herramientas políticas que son compatibles con una notable variedad de discursos políticos y, por ello , pueden ser usadas para fines diversos. Obviamente aquel instrumental tiene implicaciones de contenido político nada despreciables, como hemos visto ya, pero cuentan con una flexibilidad y capacidad de adaptación más que notables. PODEMOS es populista, como lo es el movimiento de los “grillini”pongamos por caso, pero eso no significa que sean iguales.
PODEMOS ha podido nacer y desarrollarse en un contexto de grave crisis política, agravada por otra económica que contribuye a abrevar la primera. En principio es la expresión de la desafección y protesta preexistentes. Estas, que ,insisto, al movimiento le vienen dadas, le proporcionan el conjunto de “demandas democráticas” que se presentan separadas entre sí y conectadas únicamente de modo negativo por la crisis que subyace, proporcionando asì los materiales de la “cadena equivalencial” que el propio movimiento define. Se sigue de lo anterior que el movimiento ni le interesa tener, ni tiene, un programa preciso y definido. El movimiento incorpora las demandas que toma de la realidad social y política y las asume como propias. Como su propósito último es la conquista del poder no cabe esperar que acabe por elaborar algo semejante a un programa definido en la medida en que hacerlo supone renunciar a asumir alguna o algunas “demandas democráticas”, limitando con ello su capacidad de expansión. Si se desea un ejemplo de la praxis véase el discurso del sr. Iglesias en su reciente mítin barcelonés.
¿Cuál es su programa? Sencillamente las demandas desatendidas y la protesta consiguiente.
Para vehicular las demandas el movimiento no ha podido desarrollar su propio aparato sindical, o su propia red de ONG,s porque el terreno disponible en su mayoría está ocupado. Las exigencias de la técnica política que ha adoptado le hacen problemático el desarrollo de una estructura de partido basada en una militancia ideológicamente motivada y políticamente activa, por ello ha optado por asumir y limitarse a una forma política más flexible: la del movimiento, aun cuando ello implique un flujo de entrada y salida de miembros de una acusada rotación ( y por ello de limitada estabilidad ). Las necesidades de organización y comunicación, que siguen planteadas, se afrontan mediante una solución mixta.
La conexión con la base se opera esencialmente mediante la interacción entre la presencia en los medios ( primero mediante programas propios, después mediante estos y la presencia en los ajenos) en especial de la TV toda vez que esta es el principal medio de información de la población. Como dicho medio permite llegar una gran parte de la población pero sus mensajes son muy débiles se requiere un medio de apoyo que otorgue la estabilidad y fuerza que la pequeña pantalla no aporta, y aquí parece el uso, por cierto muy profesional, de las redes sociales. Ello permite, de un lado, ofrecer una fachada de deliberación y participación amplia y abierta, del otro mantener un estrecho control del flujo de información por parte de la directiva de la organización.
La dirección política y, con ella, la adopción de las decisiones propias del movimiento se satisface mediante un modelo organizativo rigurosamente vertical y centralizado de acceso reservado a una élite vinculada a la fracción mayoritaria del grupo fundador y en la que opera como elemento dominante el líder del partido, cuyo control de la organización le posibilita aspirar a la representación de los intereses integrados en la “cadena equivalencial”. Una mixtura de uso de losmass media y redes sociales de un lado y aparato político vertical al servicio de un caudillo por el otro.

La configuración adolece, al menos por ahora, de cuatro debilidades:
Primera. La muy fuerte limitación del numero de personas que buscan y obtienen información política en las redes sociales. Si el CIS tiene razón sólo algo más del 17% de la población busca información política en internet. De entrada esa limitación es una fuente de debilidad muy notable porque deja a una parte sustantiva de la población fuera de área de posible influencia directa del movimiento. Si se tiene en cuenta que la población que busca información política en la red es esencialmente urbana, habitante de poblaciones medias o grandes, de edad asimismo mediana, en la están subrepresentados autónomos, pequeños empresarios, campesinos y obreros, y están sobrerepresentados clase alta y media alta y ,menos, trabajadores de cuello blanco fácilmente se entenderá que el movimiento va a tropezar con fuertes obstáculos en su aspiración de ser mayoritario, y se entiende asimismo sin gran dificultad que los encuestados que admiten la posibilidad de votar PODEMOS se ubiquen a sí mismos y ubiquen la partido en la izquierda radical – si bien no extrema-Y como dice con razón el sr. Iglesias con eso no se gana.
Segunda. Como el movimiento no ha tenido ningún papel significativo ni en la generación del descontento, ni en la dinámica de la manifestación del mismo , sino que ha nacido a posteriori y cuenta con una organización todavía incipiente, y, además, su posicionamiento no responde a ninguna tradición política preexistente el movimiento es muy fuertemente dependiente de una desafección que es en muy gran medida independiente de el y que el mismo no controla. Si los partidos tradicionales no reaccionan y/o no aparecen otros actores políticos competitivos con éxito una parte sustantiva de su posible base electoral se hallará disponible y podrá ser atraída, pero si los partidos tradicionales reaccionan y/o entran en escena competidores con aceptación social las posibilidades de alcanzar la posición de partido con vocación mayoritaria serán escasas. Una parte de las posibilidades del movimiento solo se materializarán si los competidores no reaccionan.
Tercera. En buena medida como consecuencia de lo dicho las encuestas muestran que una parte sustantiva de los electores que confiesan tener simpatía y/o apoyar al movimiento no lo hacen por su identificación con él, sino que manifiestan en su favor una preferencia negativa: el apoyo a PODEMOS no sino un medio de manifestar el rechazo al bipartidismo y sus obras, pero no creen en que sus políticas sean ni adecuadas ni posibles. En otras palabras, si del orden de la mitad o algo más de mitad de los encuestados que afirman preferir PODEMOS lo hacen por rechazo a los demás no parece que el suelo sobre el que el movimiento esta edificando sea muy estable precisamente. Y si algo no puede permitirse un partido es una situación de vulnerabilidad así.
Cuarta. Se recordará que el maestro ha escrito que el populismo es de éxito imposible allí donde hay un “Estado benefactor”, toda vez que la mera existencia de este limita la posibilidad del surgimiento de las demandas que alimentan el movimiento y si aquel tiene las dimensiones efectivas necesarias puede privar al movimiento populista de su esencial condición mayoritaria. Si no me equivoco eso es lo que esta pasando con todos los populismo europeos, y al respecto PODEMOS no es una excepción. A la fecha ningún partido populista europeo ha alcanzado la tasa de apoyo electoral que le permite constituir mayoría parlamentaria ( por si o con complementos), por no hablar de la mayoría electoral. Si ese hecho se confirmara sería difícil evitar el concluir que PODEMOS está condenado a ser un partido de protesta. Y poco más.
Aunque la crisis política que atraviesa España ha producido un licuefacción de los apoyos de los distintos partidos políticos, y con ello pone en cuestión la utilidad de las técnicas usadas hasta ahora en los estudios demoscópicos a la hora de operar la asignación de indecisos la serie más completa de sondeos recientes disponibles dibuja para PODEMOS el siguiente escenario:
E.P.Europeo Agosto Octubre Noviembre Diciembre
%VVE
7,97
10,7
13,8
27,7
25,0
Posición
cuarto
cuarto
cuarto
primero
segundo
Nota: sondeos efectuados por METROSCOPIA para El Pais.
Lo que no resulta muy distante del score del movimiento populista europeo de estructura semejante: el italiano 5 Estrellas, que obtuvo un 21,5% VVE en las europeas y un 25,55 %VVE en las legislativas de 2013.
Si nos ceñimos a los datos de los sondeos trimestrales del CIS, de mayor calidad técnica, la evaluación de los posibles resultados electorales de PODEMOS se ve del siguiente modo
Julio 2014 Octubre 2014
Voto directo
11.9
17.6
Voto + Simpatía
13,1
19,3
Estimación del CIS
15,3
22,5
Datos que muy probablemente mejorarán en el sondeo de enero de 2015 tras la acumulación de escándalos de noviembre y las expectativas abiertas por el posible triunfo de SYRIZA en las legislativas griegas. En resumidas cuentas el escenario se presenta como abierto y en él el rol definitivo que la presente versión española de la política populista pueda desempeñar está por definir. Si no me equivoco la cuestión que PODEMOS plantea de mayor interés radica en si resulta correcta o no la apreciación que late en los primeros párrafos del documento político acordado en Octubre: que 2015 ofrece al movimiento una ventana de oportunidad para alcanzar el poder, y que esa oportunidad es poco menos que única.
Alfara del Patriarca, 9 de enero de 2015.


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