Jueves, 22 de Agosto de 2019    
 
29/06/2010 [[Política]]
¿Sabemos gobernar?
Problemas y herramientas de gobierno
por Antonio Colomer Viadel

En la introducción a esta obra –“Problemas y herramientas de gobierno”-, el autor, Luis Carvajal Basto, manifiesta que pretende ocuparse de algunos asuntos y problemas que se plantean con frecuencia en la actividad de gobierno y proponer algunas herramientas para su mejor desempeño.

Este objetivo se fundamenta en un diagnóstico que también realiza el autor: el alto grado de improvisación con que se dispone de los recursos públicos.
Lo cierto es que aún reconociendo la buena voluntad de los que llegan al poder y su intención de acertar en su gestión –lo que es una presunción “iuris tantum”, según el añejo Derecho Romano, es decir, que admite prueba en contrario-, nada asegura que el éxito electoral implique una alta capacidad en técnicas de gobierno. Además, el gobernante se ve agobiado por la urgencia y la complejidad de los acontecimientos, por el asedio de los intereses contradictorios, por la solicitud de recompensas de aquellos que le apoyaron en la dura brega política, y por las expectativas creadas para beneficiarse de esa llegada al poder, del “grillerío” –por emplear la expresión mexicana- de solicitantes de empleo.

No es de extrañar que la mente y la voluntad se turbe, y que la ilusión de servir al bien común se difumine.

Para abordar estas cuestiones, Luis Carvajal, mi antiguo y brillante alumno de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid, tiene la ventaja de combinar el rigor académico y la experiencia política de gobierno.

De esta última se desprende el valor que le concede al “uso del tiempo”, que todo lo devora, si no somos capaces de ordenarlo, sistematizarlo, y disciplinarlo adecuadamente.

Algo parecido debemos decir respecto a las relaciones entre gobierno y legislativo, cuando destaca el término “cabildeo”. Se trata de una palabra que no goza de buena fama en el lenguaje coloquial, pero su definición en el diccionario subraya su enorme importancia política para un buen gobernante: “gestionar con diligencia y maña, para captarse voluntades en un cuerpo colegiado o corporación”. Es evidente que depende del uso que hagamos de tal habilidad para que nos deslicemos hacia la compra fraudulenta de opiniones y votos, o alcancemos los consensos necesarios en que todos tenemos algo que ceder para el beneficio común de nuestra comunidad.

La estabilidad de las sociedades depende, en buena medida, de esa capacidad de sus dirigentes para alcanzar tales consensos sólidos.

El autor destaca, asimismo, la trascendencia política de una buena estrategia de comunicación e imagen política, para mantener el apoyo de la opinión pública. Me parece evidente que un gobierno no puede funcionar eficazmente sin buena información sobre lo que piensa y siente su pueblo, y los diferentes grupos sociales que lo integran, pero por otra parte, se ha abusado demasiado del marketing político, de la promoción del liderazgo político como un producto comercial, con todo lo que tiene de engañosa tal publicidad.

Sin lugar a duda los problemas económicos y el modo de abordarlos es parte decisiva del equipo de un buen gobernante, y de ahí el relieve que se concede en esta obra a tales cuestiones. No necesariamente el líder que encabeza un gobierno debe ser un experto economista, pero sí disponer de un buen sentido común ante estos problemas, y la habilidad de rodearse de un equipo de competentes expertos en la materia.
Al llegar aquí quisiera destacar una cuestión que me parece una debilidad de los sistemas de gobierno en América Latina: La ausencia de una función pública cuyos agentes sean reclutados de forma objetiva e imparcial, según el mérito y la capacidad, y presten un servicio estable al Estado, más allá de los cambios de gobierno coyunturales.

En el último capítulo el autor nos describe una serie de métodos para ayudar en la toma de decisiones. Creo que estas útiles metodología son de interés en un segundo o tercer grado de gobierno, entre expertos y asesores. El gobernante en la cúspide no tendrá tiempo de tales análisis, pero si de ponderar las diferentes propuestas que se le presenten, y también recurrir a su intuición política.

En anexos, Carvajal incluye una amplia relación de sus columnas periodísticas sobre cuestiones de gobierno. Me parece de gran interés el recurso a este método de casos, desde la atalaya de la prensa, en el estilo informal, pero vinculado a la actualidad y a la cotidianidad más viva e intensa, desde la que incorporar enseñanzas más intemporales.
También recurre Luis Carvajal, en un segundo anexo, a reproducir algunas entrevistas significativas que realizó a dirigentes políticos, tanto colombianos como peruanos. Se trata del viejo método de Tucídides -el historiador griego que vivió hace dos mil 500 años y fundó la historiografía racional-, de reunir los testimonios de los protagonistas de esa Historia. Si despojamos a los mismos de la subjetividad de sus palabras, nos queda una fuente de primera mano que nos ilumina el camino.

Finalmente quisiera también destacar el valor para los gobernantes de tomar el pulso directamente a la buena gente del pueblo, y a su sentido común, involucrarlos en los procesos de toma de decisiones y señalamiento de prioridades. La combinación de democracia representativa y democracia participativa –he escrito en mi libro “Regenerar la Política” -, para que los ciudadanos conozcan la administración pública desde dentro, puedan aportar a ella su sugerencias, se ilusionen con sus mejoras, será el mejor antídoto contra las demagogias. Y el mayor estímulo para la conciencia ciudadana al servicio de la democracia.


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