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14/11/2015 [[Sociedad]]
2016 a 2020 ... Quinquenio de educación cooperativa productiva
Reflexiones, desafíos y propuestas
por Roberto Bertossi

Introducción:
La Cooperativa debe servir a la sociedad y para ello, uno de sus objetivos ha de ser no solo producir bienes y brindar servicios sino, asimilar y reproducir educación, saberes y tecnologías para afrontar nuevos desafíos socioeconómicos que aparecen constantemente, intentando hermanar rigor y prontitud en el diagnóstico de las cambiantes situaciones; vivificando en definitiva una cultura solidaria a través de un contacto permanente con las cuestiones más candentes de la realidad, los desafíos y las inquietudes de mayor actualidad (nutrición, educación, trabajo, vivienda, consumo, servicios públicos –agua potable, energía, gas, transporte, cuidados ambientales, etc.).
La educación cooperativa consiste básicamente en la adquisición del hábito de pensar, ver, actuar y evaluar de acuerdo con los principios cooperativos y su marco axiológico porque si no, "La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza". (Carta Encíclica del Santo Padre Francisco, “Laudato si´”, sobre el cuidado de la casa común).
El cooperativismo ha sido parco, esquivo y poco generoso con la inversión en educación, no obstante las previsiones pedagógicas y financieras contenidas en la Ley 23.427 y, a pesar de las gravísimas distorsiones, bastardeos y delitos cometidos por cooperativas y mutuales o por arteras y viles pantallas de las mismas.
Eso mismo explica y predice un marcado absentismo cooperativo, el que por cierto, obedece a la ausencia de consciencia plena en los cooperativistas respecto a sus deberes y derechos cooperativos, sin perjuicio del hartazgo producido por recurrentes defraudaciones cooperativas, aún de aquellas supuestas cooperativas señeras, emblemáticas u otras, totalmente politizadas.
Entonces, sin educación, sin participación, sin legitimidad, sin control interno ni externo, podemos considerar cuasi abstracto y puro juego de palabras toda propuesta educativa sobre valores cooperativos: Vg., democracia, justicia distributiva, libre membresía, integración, autonomía, independencia, interés por la comunidad; aspectos estos que solo podrán lograrse satisfactoriamente a partir del momento que los asociados a una cooperativa, pueda conocer y saber de qué se trata cuando se habla de pertenecer a una cooperativa; cuando sepan y tengan `memoria activa´ de cuál es el origen, el espíritu, la organización, el funcionamiento, la perspectiva y la prospectiva de este modo solidario e iterativo peculiar, propia de una economía solidaria civil.
Sin ello, cuantos remedios se propongan, no pasarán de ser meros apósitos ortopédicos, en tanto la gran mayoría de cooperativas en su devenir, continuaran `cojeando´, pero muchas otras, ya habrán desaparecido.
Los principios cooperativos son: 1) Libre membresía; 2) Democracia cooperativa –un hombre, un voto-; 3) participación económica de todos los asociados y justicia distributiva; 4) Autonomía e independencia de toda injerencia política; 5) Educación, información y capacitación; 6) Integración entre cooperativas; 7) Compromiso e interés con la comunidad; 8) Cultura ambiental y Biodiversidad; 9) Responsabilidad social cooperativa y, 10) Promoción y fomento de indigentes e inmigrantes, de aborígenes, excombatientes y refugiados.
Los mismos configuran un marco axiológico admirable pero, estas reglas rochdalianas no pueden ofrecer –por sí mismas- más que la autenticidad formal de una cooperativa en cuanto tal.
Es que su carácter realmente cooperativo depende principalmente de la presencia de personas físicas con vivido espíritu cooperativo, de cooperativistas genuino pero nunca provendrá de `cooperativas sin cooperativistas´.
Definitivamente, una cooperativa sin cooperativistas, es decir sin mujeres, hombres y jóvenes que cultiven la ética cooperativa traduciéndola con eficiencia en normas equitativas e igualitarias de comportamientos solidarios, productivos y económicos, siempre será frágil y no podrá desarrollar plenamente el importante rol humano, económico y cultural al que históricamente fuera convocada.
Como ciudadanos, como titulares de derechos y garantías en un Estado representativo, republicano y federal, nos inquieta y mucho la inejecutoriedad de leyes cooperativas democráticas como la 1.420, la 16.583, la 23.427 como últimamente la de la Ley Nacional de Educación Nº 26.206 en su artículo: “ARTÍCULO 90.- El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología promoverá, a través del Consejo Federal de Educación, la incorporación de los principios y valores del cooperativismo y del mutualismo en los procesos de enseñanza/aprendizaje y la capacitación docente correspondiente, en concordancia con los principios y valores establecidos en la Ley N° 16.583 y sus reglamentaciones. Asimismo, se promoverá el cooperativismo y el mutualismo escolar”
Nos desasosiega un parejo desaire gubernamental, legislativo, judicial, periodístico y académico a todo este complejo normativo, principalmente de la ley 23.427 de creación del fondo federal para educación y capacitación cooperativa, -con expresa y especifica afectación de fondos tributarios-, fondo coparticipable que prescribió la enseñanza y el financiamiento obligatorios de la cooperación en todos los establecimientos educativos del país, leyes por lo demás a las que adhirieron sin reparos todas las provincias argentinas desde su propia y autonómica normativa federal.
Ahora bien, con la nueva Constitución Nacional, (CN) de 1994, la solidaridad adquirió características de `supremacía´ inspirando varios dispositivos e incisos magnos de la misma -en sus nuevos derechos y garantías-,Vg., en los artículos 14, 41, 42, 43, 75 incs. 18, 19 y cc..
Frente a los peligros actuales que constituyen rechazos explícitos de la lógica moderna, la hipermodernidad surge como una nueva modernidad -potenciada y superadora-, en la que se procura renovar la defensa de los derechos del hombre amenazados como nunca –entre otras cosas- por una apabullante red de Internet con sus `empachos audiovisuales´, mercados ampliados más allá de toda frontera, de toda prudencia, de todo escrúpulo, de toda pudicia; de todo humanismo.
La conformación de este conjunto difuso ha facilitado y favorecido la globalización de un reino virtual-financiero insaciable, ícono de la incertidumbre y quizás, por eso mismo, este hombre apabullado, está saliendo sin aspavientos a encontrar certezas, a recuperar y cohesionar dignidad, identidad, progreso, límites, exigencias, autonomía e independencia, para acceder razonable y responsablemente a `compartir´ soberanía pero solidarizando e integrando una economía solidaria civil a la globalización o mundialización, regulando mercados y servicios e integrando a la Sociedad Civil en la mesa chica de la responsabilidad pública, tanto para diseñar, para gestionar como para fiscalizar acciones, conductas, planes, programas y proyectos educativos y económicos de interés público.
Así pues, la educación cooperativa, solidaria e inclusiva por excelencia, ya no debe admitir moras institucionales ni abusos del derecho, del poder ni daño por omisión ni en cualquiera otra forma, clase y grado de manifestación.
Ciertamente entonces, luce urgente educar para la cooperación, para la solidaridad y para un consumo responsable, singularmente, entre las comunidades vecinales locales y regionales.
Para ello, esta propuesta contiene la perspectiva-prospectiva de encontrar nuevos e ingeniosos mecanismos para la inclusión, mediante una renovada educación cooperativa con estrategias pedagógicas productivas, propias y apropiadas, mancomunando resiliencia y tensegridades solidarias civiles, adecuando e integrando sus rasgos más esenciales y caracterizantes con las nuevas cosas de hoy.
El derecho de asociarse con fines útiles:
El asociativismo cooperativo se finca en la declaración, derecho y garantía constitucional –Art. 14 y cc. CN.- de asociarse con fines útiles, lo que en nuestra hipótesis se traduce en la reunión voluntaria de personas con la finalidad de complementarse mediante un proyecto común para auto suministrarse al costo, bienes y servicios a precio justo en orden a lograr paulatinamente de este modo, su adelanto, prosperidad y bienestar; es decir, mejorando su propia calidad de vida personal y familiar traducible en mejores índices del desarrollo humano.
Por eso, toda asociación cooperativa debe ser la base de un microestado fraterno, capaz de unir y reunir personas libres y emprendedoras para un fin económico solidario civil determinado.
Estrategias educativas:
Para ello nos hemos de proponer objetivos mediatos e inmediatos, menos ambiciosos pero que están a nuestro alcance. Es decir, sin dejar de proyectarnos en lo posible sobre el entorno local y regional, nuestro cometido y actuación educativa debe plasmarse en un proyecto concreto, debe centrarse prioritaria y decididamente dentro de cada cooperativa por pequeña que fuere.
Con esa perspectiva, tenemos todas las probabilidades de que, a medida que el esfuerzo solidario, fraterno y mancomunado produzca resultados positivos, sus efectos serán uniformemente acelerados, multiplicados e imitados en el marco neutral de una mirada sin límites a partir, Vg., nuevas cooperativas, apadrinamientos públicos-privados, cooperadoras, cooperativas escolares, otros asociativismos; financiamientos y discriminaciones tributarias positivas, etcétera.
Pero antes de adentrarnos en el tema, hemos de reiterar que la reforma constitucional de 1994, entre otras cosas, constituyó un hito de vital importancia para el futuro de la educación y el progreso en general.
Precisamente, la mejor interpretación del inciso 19 del artículo 75 de nuestra Constitución Nacional, no desdeña sino, implica la incorporación de la cláusula de la educación/formación profesional, prosperidad, crecimiento armónico federal, progreso y mucho más.
En realidad esta cláusula fue concebida en la Constitución de 1853 tomando las ideas de Juan B. Alberdi para conducir el progreso del país promoviendo el bienestar a partir del fomento de la educación general.
En tal sentido -si bien no excluyente-, nos parece de la mayor importancia, resaltar que es pacífico el reconocimiento al cooperativismo en tanto artífice del desarrollo urbano y rural, como también son parejas las valorizaciones constitucionales provinciales e internacionales de esta metodología económica solidaria civil.
Y así, como la educación es considerada un bien público, un servicio esencial; en cada cooperativa y desde sus propios orígenes formales, es una exigencia indispensable y condicional, para el logro mejor de un auténtico cooperativismo.
Para educar en la cooperación tenemos que adecuar/actualizar los programas formativos en su estructura, objetivos, modos, recursos pedagógicos y destinatarios ya que, respecto de esto último, ningún estamento ni sector cooperativo puede quedar fuera de la formación, información y capacitación cooperativas continuas.
Entre otros, un objetivo esencial ha de ser no solo la ilustración, calificación y cualificación para el consumo y para los usos sino, luce fundamental una educación cooperativa vinculada con el trabajo en los sectores primario, secundario y terciario de la economía, con los consumos necesarios, con el crédito solidario, con el comercio justo, con la industria nacional, con los servicios, con las tecnologías sin menoscabo de la revolución producida en el campo de las telecomunicaciones.
Asimismo, privilegiada atención merece la educación a los asociados en tanto ´fundadores´, e integradores de la mística cooperativa, titulares de un proyecto y miembros insustituibles del máximo órgano democrático de poder cooperativo, es decir: `la asamblea´.
En este sentido, la clave del éxito para un regular funcionamiento democrático descansa en la base, porque si los asociados cooperativos están debidamente formados e informados sobre sus derechos y deberes democráticos, todo el sistema cooperativo, incluso en los grados superiores de concentración o federación, funcionará democráticamente, ya que las decisiones participadas, deliberadas y conscientes de todos los asociados han de animar, alentar e impulsar responsablemente las decisiones cooperativas para asegurar que la eficiencia de su ejecutoriedad asegure la propia eficacia axiológica en cada cooperativa, urbana y rural; todo ello sin desdeñar sanas y prudentes alternancias.
Asimismo, al involucrarse también a los asociados en determinadas subfunciones y actividades cooperativas, indirectamente se ha de lograr que se interesen, integren y complementen con el consejo de administración en actividades secundarias, para que este último pueda entregarse de lleno -ya más aliviado-, a lo que debe ser su primera obligación: “La gestión eficiente de la cooperativa en cuanto empresa económica solidaria civil”
Es recomendable asimismo que en ninguna cooperativa falte su periódico institucional (aún modesto de medios y como se pueda) de aparición semanal o quincenal, sin descartar por cierto, en la medida de las posibilidades, la implementación de la propia página Web.
En tal caso, una comisión de asociados se encargaría de la redacción y, no se alegue la dificultad de la tarea, porque siempre se tiene a mano un buen excooperativista con experiencia y trayectoria, un libro cooperativo para reproducir un comentario teórico y/o práctico e información Vg. vía Internet), resumiendo, para informar a sus asociados sobre servicios en general, mercados, tarifas y precios que pudieren interesarles.
Igualmente, cuando se produjeran cambios de administradores, síndicos o gerentes, se les podría presentar en entrevistas tan amenas y familiares como se sepa hacer, en las que el entrevistado (entrante o saliente) desde su propio punto de vista, exponga su programa, y/o lo realizado; autocríticas, fortalezas, oportunidades, debilidades y posibles `encrucijadas´ para la cooperativa.
Desde una simple hoja hasta una moderna impresión, existe una amplia gama de posibilidades al alcance de todo presupuesto cooperativo y, aún cabría agregar que si la cooperativa es importante y se vale de publicidad, podría conseguir que la tirada de la hoja, folleto, boletín o periódico no cueste un centavo; todo ello sin perjuicio del uso de redes de correos electrónicos, de grupos WatsApp, etc.
El periódico seria también el órgano para anuncio de los actos cooperativos: convocatoria de asambleas, orden del día, resoluciones adoptadas, la propuesta de nuevos servicios -con sus fundamentos, ventajas y claro modo de financiamiento-, como otros tantos aspectos que involucren directa o indirectamente, aspectos substanciales del quehacer cooperativo, Vg., en materia de tarifas, tributos, cuestiones laborales, seguros, regulatorias, viáticos, retribuciones de consejeros, gerentes, síndicos, asesores de la cooperativa, etc..
También sería útil en materia de relaciones sociales e institucionales para el interés no solo de sus asociados sino, para toda la comunidad en su conjunto.
La habilidad de la comisión redactora –que no es necesario que esté formada por profesionales ni eruditos cooperativos o periodísticos-, sólo requiere entusiasmo para hacer de tal periódico, algo ameno y esperado por los asociados, autoridades municipales, sindicales, ONG´s, y terceros en general.
Organizar encuestas sobre otros temas de actualidad e interés en un capítulo de `Espacio comunicacional entre administradores y Asociados” Vg., banco de sangre, bolsa de trabajo, VH-SIDA, contaminación ambiental, calidad y confiabilidad de los servicios cooperativos, roperos comunitarios, etc.
Uno de los administradores –quizás ni siempre ni únicamente el presidente- debería dedicar alguna hora de cada día o de cada semana para recibir asociados y escuchar sugerencias, canalizar quejas o reclamos como la información sobre las decisiones adoptadas, incluso, receptando propuestas y proyectos para el tratamiento institucional cooperativo.
Podríamos decir así que con la adopción de estas y otras medidas afines y complementarias, prontamente se llegaría a formar en los asociados cooperativistas una auténtica conciencia cooperativa, y sólo entonces, la democracia cooperativa será efectiva y los problemas que hoy obsesionan a teóricos y prácticos del sector –en tanto no solo distorsionan el alcance y el sentido de una cooperativa sino que vienen enriqueciendo ilícitamente a grupúsculos burocráticos mimetizados en la misma-, habrán sido superados, airosa, legítima e inclusivamente.
Por cierto, la tarea propuesta no parece fácil. Es verdad, abordarla responsable e integralmente requiere de espíritus selectos y vocaciones a prueba de fracasos.
Pero, si hemos de sentirnos ganados de antemano por el desánimo ante dificultades o anomalías, mejor será no constituir una nueva cooperativa o, si ya estamos enrolados en ella, continuar conformándonos con sus decisiones mediocres, arbitrarias, abusivas y discrecionales.
Por eso, en tales supuestos, no nos engañemos creyendo que servimos los altos ideales que inspiran, justifican y tratan de servir el genuino cooperativismo como sub-sistema económico-solidario civil ni, tampoco, de que cumplimos una democracia cooperativa la que si bien puede ser formal y reconocida por los estatutos y por la ley, su realidad no es más que pura y lastimosa ficción.
Consejos Regionales para la Educación Cooperativa:
Estos consejos deberían avocarse inicialmente a tareas pedagógicas formativas, al menos en materia de: 1) Asociados cooperativos; 2) Administradores y síndicos; 3) Gerentes, operarios, administrativos y técnicos; 4) Integración entre cooperativas; 5) Desarrollos y emprendimientos comunes; 6) Fondo solidario para asistencia y garantía recíproca ante riesgos eventuales; 7) Asesoramientos compartidos; 8) etcéteras.
Formación de asociados, de mujeres y de jóvenes:
Para la formación, información, capacitación y educación de los asociados o aspirantes a serlo, se podrían utilizar no solo las instalaciones cooperativas sino aquellas otras áreas educativas gubernamentales o de otras organizaciones intermedias locales o regionales.
La formación de asociados podría también recurrir a acciones de escuela móvil (charlas y cursos de tres o cinco días con medios audiovisuales, tele conferencias, etc.).
La formación cooperativa debe impulsarse también, mediante el sistema de enseñanza a distancia a través de cursos básicos de cooperativismo (Vg. de lectura y comprensión de estatutos, reglamentos, derechos, deberes y responsabilidades, etc.) por correo electrónico o tradicional; todo ello en cuatro o cinco fascículos con controles periódicos de lectura y la elaboración de un trabajo-proyecto-propuesta final y una duración mínima de tres (3) meses.
Formación de Administradores y Síndicos:
Esta formación comprendería aspectos básicos del cooperativismo tales como historia, doctrina, legislación, gestión, regulación, normas ISO de gestión, calidad y medio ambiente, producción, innovación, técnicas, prácticas cooperativas; etc.
Ello no excluye la formación cooperativa auténtica que impartan federaciones y confederaciones del sector, cursos específicos externos, pasantías; carreras universitarias terciarias y todo eso no solo en materia cooperativa sino, en también en aquello convergente, siempre y cuando se integren, complementen y logren objetivos cooperativos.
Dicha formación podrá suministrarse interna y externamente, en ambientes públicos y privados: Vg., espacios cooperativos, académicos, universitarios, tecnológicos, de ONG`s, etcétera.
Formación de gerentes, operarios, administrativos y técnicos:
Esta formación consistirá básicamente en aspectos históricos, doctrina, administración, alcance y sentido de los estatutos, reglamentos cooperativos; gestión, productividad, competitividad, innovación, mercados, legislación, regulación, contabilidad regulatoria, cuestiones laborales, sindicales, tributarias, previsionales, ambientales; relaciones empresariales, públicas e institucionales; trámites y requisitos exigidos por el nuevo organismo de supervisión y control de legalidad federal, esto es cada Dirección de Personas Jurídicas provincial (o delegación municipal) conforme a los artículos 142, 148 y cc. del nuevo Código Civil; procedimientos por infracciones y sanciones; asociaciones con personas de otro carácter jurídico, alianzas estratégicas, nuevos asociativismos, etc.
Enseñanza básica, media, terciaria y universitaria:
El Sector cooperativo debe ser invitado sin demoras ni cortapisas a la discusión, formulación y evaluación de todo los proyectos ejecutivos o legislativos en materia de educación en general y cooperativa en particular, y eso mismo, en todas las instancias de poder para reivindicar su lugar y así, consecuentemente, ocupar idónea y competentemente espacios propios, que vienen siendo `okupados´ hasta hoy por voluntaristas, forasteros, periodistas de actualidad e intrusos, (contratados irresponsable y “cholulamente” por gerentes corporativos), los que generalmente ignoran hasta el origen, los principios, la doctrina, las prácticas, la realidad y la regulación cooperativa especifica.
Cada cooperativa o cooperativas integradas deberían entonces y en las medidas de sus posibilidades, ir logrando o incrementando, sólidas vinculaciones con universidades, establecimientos, escuelas e institutos cooperativos existentes, etc.; todo ello sin perjuicio de participar y de ser escuchados todo lo vinculantemente posible, en las comisiones legislativas pertinentes.
Formación de formadores, mentores e instructores cooperativos:
El Ministerio de Educación de la Nación mancomunadamente con el ministerio directamente competente en materia cooperativa; los ministerios de educación y producción provinciales, los municipios y comunas, el INTI, el INTA, etc., deben asumir clara y contundentemente la programación de las actividades formativas a través de genuinos esquemas de enseñanza/aprendizaje cooperativos generales básicos e incentivando la creación, desarrollo y expansión de novedosas cooperativas escolares (las que ya fueran previstas en la histórica Ley de Educación Común Nº 1.420 en el año 1884) y juveniles, convocando a expertos, investigadores, docentes y formadores cooperativos de reconocida trayectoria y solvencia en materia de educación cooperativa.
Por su parte, la importancia de contar con mentores docentes cooperativos deriva de que, el ejercicio como docente mentor, consiste en generar espacios de confianza y empatía para que un joven docente cooperativo observe sus propias prácticas a través de actividades de autorreflexión y expresión que permitan el descubrimiento y planteamiento de nuevas estrategias y caminos para lograr el aprendizaje cooperativo de sus estudiantes, formales e informales.
Por su parte, con seminarios especializados, con intervención de especialistas y –reitero- expertos cooperativos, pedagogos, técnicos, inspectores de educación general básica y media, cooperativistas y funcionarios en general, bien se podría diseñar un estatuto tipo, propiciatorio para estas cooperativas como, asimismo, un manual cooperativo para los alumnos, los maestros rurales, los docentes, profesores, formadores, etcétera.
Adicionalmente, se pueden organizar jornadas regionales conducentes a la creación de centros especializados en materias educativas y técnicas, estudios doctrínales, medios de comunicación cooperativos, técnicas contables propias y apropiadas, enseñanza en materia de cooperativismo escolar, de ética, sobre la cuestión ambiental, la cultura democrática, los deberes humanos, etc.
Oportunamente deberían encontrarse disponibles materiales para todos los cursos y enseñanzas en todos los niveles, Vg.: carteles, cartillas, manuales, colección de libros, libritos de bolsillo, textos, filminas, programas informáticos cooperativos, aparatos reproductores, aplicaciones en celulares y demás adminículos tecnológicos.
Considero esencial la disponibilidad de bibliotecas básicas reales y virtuales puestas en red, cuyo fondo se incremente periódicamente con publicaciones especializadas en temas cooperativos como tantos otros afines y complementarios.
Preconclusivamente, informatizar una base de datos mediante redes y `chips tecnológicos´ para la formación cooperativa que recoja nuevos datos legales, bibliográficos y estadísticos; nuevas necesidades, gustos y preferencias; nuevas tendencias demográficas, ambientales, culturales, etc.; información de instituciones y participantes en los actos cooperativos, en las actividades y cursos propuestos y más.
Educación cooperativa para usos y consumos:
La reforma constitucional producida en 1994 incorporó explícitamente, en el artículo 42 de la CN, los derechos del consumidor y de los usuarios de bienes y servicios en general.
Paradójica y concomitantemente, la primera cooperativa formal de Rochdale fundada el día 24 de Octubre de 1844, entre sus objetivos, señalo que la misma tiene por fin y objeto la prestación de bienes y servicios al contado, con peso, calidad y medidas justas, sin intermediarios ni fines de lucro, todo ello en orden a mejorar las angustiantes condiciones vitales, hogareñas y sociales de sus miembros fundadores (28 operarios textiles hambrientos, despedidos de una fábrica de franela en Inglaterra), impulsando la educación y el fomento de “la sobriedad”
En este punto, adviértase la importancia del principio cooperativo: `ventas al contado´.
¿Qué se trataba de conseguir con este principio, al que fueron fieles los primeros cooperadores y al que aún respetan, en términos generales, las cooperativas de consumo en todo el mundo?
Sencillamente evitar las perdidas por deudas no pagadas, los gastos de contabilidad y administración, la especulación y al mismo tiempo, favorecer el ahorro porque, la venta a plazos estimula la compra de cosas innecesarias.
Retomando nuestra Constitución Nacional esta es una concreta educación para el consumo, la que así puede prevenir y proteger la salud, la seguridad y los intereses económicos del ciudadano.
Esta educación debe asegurar una información disponible, adecuada y veraz, objetiva y sencilla, detallada, suficiente y exacta.
Esta educación debe hacernos tomar cabal conciencia sobre el derecho a condiciones de trato equitativo y digno.
La justificación de este nuevo derecho constitucional se fincó en la comparación de la situación de las partes en sus relaciones de consumo con las existentes en el ámbito de una vinculación laboral.
En esa oportunidad se sostuvo que el derecho del consumidor nace de la necesidad de restablecer el marco de equilibrio en la relación de consumo, que surge de una debilidad estructural por parte del consumidor.
Allí se argumentó que tal como se había reconocido en su momento la debilidad intrínseca del trabajador frente a la otra parte de la relación laboral, y como consecuencia de ello, había surgido un régimen tuitivo para el primero, lo mismo ocurría ahora en la relación de consumo, dado que malos y superpoderosos proveedores hacen que el consumidor no tenga capacidad real y efectiva para una vinculación simétrica, sin que tampoco existan defensas efectivas en general para luchar contra un deficiente producto ni con la falta de eficiencia o la mala calidad del bien o servicio de que se trate.
Con anterioridad a lo expuesto, en 1993, la ley 24.240 de Defensa del Consumidor había iniciado embrionariamente este camino de ética, justicia y equidad el que a la fecha, revela la prevalencia de su voluntarismo ante la inejecutoriedad de sus normas a punto tal que acaban de ser reformuladas y repotenciadas desde la matriz constitucional de los artículos 41, 43 y 75 inc. 19 por el nuevo Código Civil y Comercial (CCC) en sus artículos 894 inc. b), 963, 1075, 1092, 1093, 1094, 1095, 1096, 1097 hasta el 1122 y concordantes.
A todo esto, bien podríamos sostener que una correcta educación para el consumo sólo se logra cuando cada asociado adquiere pleno conocimiento de sus posibilidades, de las características esenciales de los bienes, productos y servicios que le ofrecen, cuando toma conciencia y elige un producto, bien o servicio que utiliza mano de obra e insumos nacionales y no extranjeros; cuando se asegura que dichas cosas y servicios sean suministrados o prestados en forma tal que, utilizados en condicione normales de consumo, no representen peligro para la salud, los intereses económicos, la seguridad ni para la integridad física de personas, familias, vecinos ni prestadores.
Esperamos confiados entonces que con una concreta educación cooperativa para el consumo, se pueda desactivar y revertir, gradual y paulatinamente, tanto `analfabetismo consumista actual´
Algo sobre la importancia vigente del cooperativismo.
Ahora bien, muchas expresiones económicas han tenido y tendrá la humanidad para andar su camino. “¡¡¡El cooperativismo es una de ellas!!!”
En efecto, su presencia en el escenario económico, su actividad mancomunada, relevante y peculiar en los ambientes vecinales y senos familiares, la ausencia de intermediarios y del fin de lucro –no de eficiencia- la hicieron `presa´ de toda clase y tipo de persecuciones por pseudo-teorías económicas, neoliberales, precisamente, contrapuestas e insaciables y todo ello dado que el cooperativismo puede no sea la solución pero sin dudas, es una buena parte de la misma conforme lo acreditan sus excelentes antecedentes seculares.
Por todo eso y ante el `apabullamiento del `vulgo por las cadenas de megamercados de alimentos, de medicamentos, de vestimenta, de electrodomésticos, etc., hoy más que nunca, el propio valor de una auténtica cooperación requiere un contundente fomento y promoción de la educación cooperativa, una educación cooperativa que deberá atender también la exigencia de potenciar cuanto favorezca al desarrollo de la actividad empresarial de las cooperativas, el perfeccionamiento o la creación de sistemas que estimulen en estas empresas el incremento de los recursos financieros propios fortaleciendo, simultáneamente, las garantías de los asociados y de los terceros en sus relaciones económicas cooperativas, ampliando los mecanismos de control sobre la gestión y aceptando con pragmatismo las realidades del mercado.
Analógicamente, esta educación para el sector cooperativo debería adecuarse e integrarse activamente al espíritu y finalidades de las leyes de Ética Publica, 25.188, sin perjuicio de las adhesiones pertinentes a las Convenciones internacionales contra la corrupción y el lavado de activos que se han verificado en el ámbito de no pocas seudocooperativas y mutuales, delitos deleznables y matrices de tanto desastre ecológico que vienen provocando tantas pandemias y metástasis humanas en el tejido social, todo por un narcotráfico y una contaminación ambiental fuera de todo control, con criminales y escandalosas complicidades gubernamentales.
Proponemos esta educación para que sea ocupación central, permanente y solícita en cuanto atender con respuestas acertadas y oportunas a la comunidad circundante de cada cooperativa y también, para la construcción de propuestas superadoras, transformadoras, sostenibles y complementarias en los diferentes ámbitos de la vida económica, productiva, social y cultural del `ejido cooperativo´ y sus suburbios.
Resumidamente, exigimos calidad educativa, vinculación, fortalecimiento e identidad institucional, gestión y desarrollos productivos, financiamiento y pensamiento propios pero fundamental y esencialmente ¡cómo hacerlo!, toda una clave cooperativa.
La ´clave cooperativa´ “o” ¡cómo podríamos hacerlo!
Pensemos con el maestro Antonio Colomer Viadel en la importancia de un Estado social y democrático de derecho en el que los ciudadanos puedan tener acceso a bienes para su consumo o servicios eficientes de agua potable, de lactancia y nutrición, energía eléctrica, transporte, gas, comunicaciones, además de educación, sanidad, vivienda, etc., y que ello se haga en condiciones de costos que tiendan a la gratuidad =bienes y servicios sin intermediarios ni lucros= o, al menos, asegurar un costo mínimo para que no se continúe produciendo la exclusión en aquellas capas sociales lindantes con la pobreza, y por el contrario sea factor de inclusión social. Al mismo tiempo, la importancia que tiene para la dignidad personal el intervenir con un protagonismo consciente en la auto organización para el auto suministro de bienes de consumo o servicios esenciales en términos emancipatorios de dependencias y de espantosas exclusiones sociales.
Pensemos para que todos los habitantes de la República Argentina, en todo el territorio nacional y bajo cualquier circunstancia, tengan posibilidades concretas de acceder a los bienes, productos y servicios, especialmente aquellos que viven en zonas de difícil acceso, que tengan limitaciones físicas o necesidades sociales especiales.
Las cooperativas de consumo, de trabajo, de crédito, de vivienda o de servicios públicos, son personas jurídicas privadas que promueven la integración de toda la nación y a la vez, al ser bienes y servicios “autoprestados”, garantizan una determinada calidad y un precio justo. De ahí también que merezcan un tratamiento financiero y fiscal favorecedor de su permanencia y desarrollo que permita sostener precios justos y tarifas solidarias, especialmente para los ciudadanos con carencias e incluso en situación de indigencia.
Pensemos también en la articulación federativa de los distintos sectores de cooperativas de bienes, productos y servicios públicos en los diferentes ámbitos territoriales vinculando personas y oportunidades con las cooperativas de producción o de trabajo asociado, de crédito y de consumo. El fin sería crear un verdadero sector de economía solidaria civil abierto a una estrategia de afines, incorporando otras formas solidarias de organización empresarial e incluso empresas familiares, para alcanzar ese punto de masa crítica, que permitiera una cierta invulnerabilidad del sector cooperativo frente a competencias abusivas desleales, y reivindicara instrumentos de apoyo para este sector de la economía, de carácter agrario, financiero, comercial, tecnológico, de seguros, de las telecomunicaciones, de los genuinos fondos de inversión y de formación, que les permitiera una cierta igualdad en esa competitividad de mercados con los sectores privados y públicos de la economía, mostrándose así, vigoroso, como una opción y cuña promotora, reivindicativa, redignificante e inclusiva, entre las polarmente prevalecientes como el mercado o el voto, (Thomas Piketty)
La sinergia de esta alianza tendría, sin lugar a dudas, un efecto multiplicador y un beneficio para todos los ciudadanos por la reducción de costos y el incremento de beneficios, ya que no son estos últimos los motores movilizadores del sector cooperativo sino, una noble y cabal redistribución equitativa en el marco de la reciprocidad mutual.
Por ultimo pensemos también en un replanteamiento del principio democrático hacia un constitucionalismo solidario que nos ofrezca la disponibilidad de unos instrumentos tan útiles para lograr finalmente, buena parte de todo proyecto transformador y humanamente útil como son las verdaderas cooperativas.
Conclusiones y propuestas:
A modo conclusivo, sólo logrando la propuesta de este quinquenio educativo cooperativo, recién entonces podremos esperar sin ingenuidad y con noble orgullo, un saber mirar, escuchar y recibir todas las inquietudes, necesidades y preocupaciones por los problemas sociales, brindando desde cada cooperativa y asociación de las mismas, las respuestas, los servicios y los aportes más satisfactorios y baratos posibles.
Sólo a partir de ese momento, nuestras auténticas cooperativas comenzarán a sentir en sus entrañas, la alegría de servir y con su aporte, ayudar a transformar la vida de sus asociados y de su región cuando ahora sí, los bienes, productos y servicios cooperativos sean mucho más accesibles y ya, nunca más, resulten más caros o valgan igual que los de empresas comerciales lucrativas.
Resulta auspiciosa para este proyecto docente cooperativo un logro especifico extraordinaria atento la ausencia de antecedentes mundiales similares. Se trata de la Resolución del Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, Nº 269/03 aprobando nuestra propuesta de la asignatura opcional del “Derecho Cooperativo”, (Expediente Nº 05-03-03069), Diciembre/03; logro académico reconocido expresamente por el Consejo Interuniversitario Nacional (C.I.N.), Nota S.T. Nº 221105 - Buenos Aires, noviembre 22 de 2007.
También lo es, que la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CoNEAU), nos haya otorgado la calidad de Expertos para Evaluación de Proyectos Académicos de Economía Solidaria del Tercer Sector y Cursos de Postgrados Universitarios; CONEAU, Acta No. 299 - 16 y 17 de Noviembre de 2009; www.coneau.gov.ar / archivos / 1487/ (pdf)
Adicionalmente, la definición, aprobación y puesta en marcha del Proyecto Estratégico para Educación a Distancia soportada por Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación, amplía las oportunidades para ofrecer nuestra acción educativa cooperativa y para desarrollar nuevas competencias entre nuestros vecinos, conciudadanos, estudiantes, organizaciones de base e intermedias, instituciones y académicos.
Pero sin dudas, la instrumentación del mismo, sólo podrá lograrse con la conjunción de varias instancias -a que hicimos referencia- que poseen la lozanía necesaria para sustentar y apoyar responsablemente, este programa educativo cooperativo, para lograr no solo la eficacia de los dispositivos constitucionales aludidos sino aquellos otros cualitativos, derivados de leyes nacionales democráticas como la 23.427 y la 26.206 en su artículo 90 y cc..
Convergentemente, en un ambiente de libertad y de activa participación de la comunidad del sector cooperativo, sumados y multiplicados a través de acciones, actividades y trabajos pedagógicos de cooperadoras y cooperativas escolares, de escuelas, academias y organismos colegiados, se deberían compartir experiencias y reflexiones que favorezcan y faciliten esquemas y metodologías de excelencia para la formación solidaria del ciudadano, de futuros cooperativistas, de estudiantes solidarios, de docentes solícitos y más.
Oportunamente, con la implantación de un Sistema Institucional de Ponderación Docente con evaluación continua y en línea de un cuestionario de apreciación estudiantil, más la revalorización y el reconocimiento a la Innovación Educativa entre otros recursos, se dispondría de elementos operativos suficientes para valorar y hacer realidad viable la calidad educativa de esta propuesta.
Finalmente, la `raza cooperativa´ es una gran comunidad humana, con virtudes, con aciertos, con errores pero, siempre con ánimo para crecer y mejorar más y más, mucho más cuando posee el tesoro de una sapiencia irrefutable: “…la de que con múltiples y diversos poquitos siempre se pudo hacer “un mucho”… “
Secularmente, no obstante algunos contratiempos y adversidades, el “hacer cooperativo” siempre evidenció tesón y tenacidad en la búsqueda de horizontes propios, manifestando múltiples deseos de seguir creciendo con más bienes y servicios de calidad, a un precio justo; de seguir siendo coherentes, de proseguir abriendo nuevos espacios solidarios ante un mundo globalizadamente insolidario, de perseverar en la búsqueda de nuevos intersticios donde aportar más bienestar para una nueva sociedad más satisfecha, mas saciada y más atractiva.
Para todo esto, al fin y al cabo, la educación continua siendo “la regla de oro y la medida de platino” del cooperativismo de verdad.


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