Miercoles, 16 de Enero de 2019    
 
09/05/2016 [[Sociedad]]
CARA A LA SEGUNDA VUELTA
Las elecciones parlamentarias en España
por Manuel Martínez Sospedra

Manuel Martinez Sospedra.

Catedrático de Derecho Constitucional. UCH-CEU.



1.La parálisis institucional.


Las elecciones legislativas del 20 de diciembre se caracterizaron por un resultado en parte novedoso y en parte continuista. Son elementos novedosos la derrota de los dos partidos tradicionales, el surgimiento de dos nuevos partidos de tamaño mediano, la inexistencia de partidos de vocación mayoritaria y el éxito de movimiento populista, lo que genera un sistema de partidos de nuevos cuño: un sistema de pluripartidismo moderado. Son elementos continuistas la conservación de los puestos de cabecera por los partidos tradicionales, la continuidad en ellos del personal político propio del turnismo y la baja participación electoral. El resultado supone la quiebra del sistema de partidos existente desde las legislativas de 1993 y su sustitución por una fórmula entre nosotros inédita, toda vez que incluso en su fase fundacional el sistema de partidos pivotó en torno a dos de vocación mayoritaria.


El resultado expresa claramente la consecuencia debida de la acumulación e interacción entre tres crisis que han venido a coincidir: en primer lugar una crisis de representación, que hunde sus raíces cuanto menos en el período de dominancia socialista de los ochenta, debida a la generalización de un modelo de partido, el partido de electores, ineficiente como instrumento de comunicación, de pobre rendimiento en términos de provisión de personal y mal adaptado a las exigencias del sistema institucional; en segundo lugar, una crisis de estado que deriva en parte de la inadaptación del estado nacional al contexto de la globalización y en parte de las insuficiencias del proceso de unión europeo; en tercer lugar la liquidación de un modelo de desarrollo como consecuencia de la crisis económica, al que se une una repuesta ( las políticas de austeridad) que, a más de ser ineficientes, han causado un dolor y un daño social enormes. En el trasfondo de la crisis política se halla la contradicción entre un sistema institucional propio de una democracia consociativa y un cuasibipartidismo naturalmente inclinado a la política de adversarios. En el trasfondo de la crisis social la combinación entre un modelo económico agotado basado en actividades intensivas en trabajo de baja cualificación, y una respuesta contraindicada tanto en términos de política económica como en términos de política social.


En pocas palabras: aunque la crisis política viene de lejos y tiene hondas raíces, la oportunidad para su afloramiento y manifestación la ha proporcionado la gestión de estricto conservadurismo institucional asociada a una repuesta errónea , en parte – pero solo en parte – impuesta por la pertenencia a una UE de dominancia conservadora que impone una estrategia económica manifiestamente mejorable. Al efecto la comparación USA/ UE exime de todo comentario.


El resultado electoral del 20 de diciembre alumbró un escenario político complejo, en el que la formación de una mayoría gobernante y gobernable exigía una combinación de al menos tres partidos nacionales. Al efecto las posibilidades fundamentales eran: primera, una “gran coalición” de los partidos tradicionales, que podía contar con 213 escaños si solo entraban los dos, o 253 si la coalición comprendía al partido intermedio, esto es C,s ; segunda, una coalición de uno de los partidos históricos con el partido intermedio unida a la abstención del otro partido tradicional; tercera, la alianza reformista integrada por PSOE,C,s y Podemos. No era factible una alianza mayoritaria de izquierda, un “gobierno a la valenciana” porque el mismo quedaba lejos de los indispensables 176 votos, y es que si conjunto de PSOE,Compromis y PODEMOS tiene mayoría absoluta en las Corts, queda a 15 escaños de la misma en el Congreso.


La formación de una mayoría parlamentaria gobernante y gobernable no ha sido posible porque no ha sido factible hilvanar la coalición correspondiente. Como consecuencia de casi cuatro meses de marchas y contramarchas ha sido la parálisis. Y esta ha conducido a un resultado paradógico: una regla constitucional pensada para forzar la constitución de un gobierno ha venido a operar como mecanismo impediente de la formación de aquel.


La evolución del sufragio de los principales partidos en las tres últimas elecciones legislativas se ve así:


CUADRO I. Legislativas de 2008/2011/2015


PP 10.278.010 39,94 10.856.066 44,63 7.215.752 28,72

PSOE 11.289.335 43.87 7.003.511 28,76 5.530.779 22,01

IU/ICV 969.946 3,77 1.686.042 6,92 923.133 3,67

PODEMOS 5.189.463 20,66

Ciudadanos 3.500.541 13,93

Nota: Podemos, incluye las listas de esa denominación y sus confluencias.


El agregado de los dos principales partidos sobre voto valido emitido ha evolucionado del siguiente modo:


CUADRO II. Evolución del agregado de los dos mayores partidos


PP + PSOE 83,81 73,39 50,73



Como puede verse los dos grandes, si bien siguen siéndolo, han retrocedido sustancialmente. Asi los socialistas han quedado reducidos a la mitad de las papeletas que obtuvieron en la última elección en la que fueron vencedores y han caído del orden de un veinte por ciento entre las anteriores y las últimas, habiendo perdido en el ínterin algo mas de la mitad de su cuota electoral. Por su parte los conservadores se mantuvieron algo por encima de los diez millones de votos, avanzando muy poco en papeletas entre 2008 y 2011, y han venido a perder del orden de los tres millones y medio de sufragios, cayendo 16 puntos de cuota electoral y del orden de un tercio de los escaños. Con un par de victorias adicionales así, la extinción. Por su parte los recién llegados de la “nueva política” suman algo más de ocho millones y medio de votos y en el entorno del 35% de la cuota electoral. En conjunto los dos grandes han cedido 83 escaños respecto de la legislatura anterior. El caso de IU es el un resultado fluctuante: de hecho la actual legislatura se halla en posición similar a la del último gobierno Zapatero. La notable diferencia entre su cuota electoral y su cuota parlamentaria (0,58 del Congreso) se debe a una regulación electoral que penaliza severamente a los partidos nacionales de apoyo difuso.


Por su parte los dos partidos emergentes suman 109 escaños, empero como liberales y populistas se hallan muy distantes requieren de una tercero fronterizo con ambos, rol sólo desempeñable por el PSOE. Las coaliciones posibles en el Congreso salido de las urnas son:


a) la combinación entre los dos grandes con el complemento de Ciudadanos, que supondrían 253 escaños en conjunto, lo que les posibilitaría proceder no ya a la reforma constitucional, sino a la redacción de un texto nuevo previa reforma gravada.

b) La combinación reformista, constituida por el PSOE y los dos partidos emergentes, que se situaría en 189 escaños, una cómoda mayoría absoluta, pero insuficiente para proceder aun a la reforma constitucional ordinaria

c) La combinación de la se dicente izquierda, que sumaría a los socialistas, a IU y a PODEMOS y contaría con 161 escaños, a 15 de la mayoría absoluta, que resulta inalcanzable por la esterilización del voto nacionalista catalán por razón del secesionismo.

d) La combinación de centro-derecha entre conservadores y liberales, que sumaría 163 escaños y no tendría a su alcance ni la mayoría absoluta ni la requerida para la revisión constitucional ordinaria

e) La combinación centrista entre liberales y socialdemócratas, única que se ha materializado en un programa común y un candidato a Presidente, pero que con 131 escaños no tiene posibilidad de prosperar sin la abstención bien de los conservadores, bien de los populistas.

El panorama es aún mas complejo por cuanto tanto Ciudadanos, como PODEMOS, como IU, como el PSOE llevan en sus programas propuestas de reforma constitucional que, a menos en los casos de C,s y PSOE son centrales en su propuesta, y cualquier reforma constitucional ordinaria pasa por el apoyo del Partido Popular, no solo porque proceder a una reforma constitucional sin el apoyo del mayor partido del país no parece una buena idea precisamente, sino también porque la mayoría absoluta que el PP tiene en la Cámara Alta hace su concurso indispensable. Cuestión que nadie ha querido explicitar.


En términos parlamentarios hay dos coaliciones funcionales: la coalición reformista que puede gobernar porque tiene base para ello, pero que falla en la cuestión nodal de la reforma constitucional, y la “gran coalición” del conservadores, liberales y socialistas, que no tiene esa limitación, pero dejaría al partido populista como dominante en la oposición y le permitiría hacer figura de alternativa de gobierno. Empero las dos coaliciones funcionales tropiezan en la misma piedra: el Presidente. Por lo que toca a la coalición reformista esta aboca a un presidente socialista, no solo porque es el mayor partido, sino porque es el partido-eje de la coalición, y ello entra en contradicción con el proyecto estratégico de PODEMOS .Por lo que toca a la “gran coalición” el problema es similar, pero no idéntico, no se puede pedir a los conservadores su voto para un presidente socialista, ni a los socialistas el voto a un presidente conservador, la política de adversarios por ambos practicada es demasiado reciente para tolerar, por ahora, una salida así, a ninguno conviene la presidencia liberal. Por eso escribí en la anterior entrega que la solución racional exigía de un caballero blanco.


2.Los actores principales.


Los partidos son organizaciones con intereses propios, pero, además, requieren líderes, y no esta escrito que los interese de unos y otros tengan que coincidir necesariamente. Puede ocurrir, y a veces ocurre, que los intereses del líder no sólo no sean coincidentes, sino que lleguen a ser disonantes. Hoy por hoy sólo hay una formación política relevante en que ese no es un problema, es el caso de Ciudadanos. No ocurre así ni en PODEMOS, ni en IU, ni en el PSOE, ni en el PP. Mas vayamos por partes.


PODEMOS se ha dotado de una estructura absolutamente vertical preordenada a la subordinación necesaria de la organización al líder, que es, al tiempo, el fundador de la organización. Nada de extraño tiene que prima facie nadie en esta discuta su primacía, cosa que no ocurre en otros casos. Sin embargo el proyecto populista versión original veía las pasadas legislativas como la oportunidad de sobrepasar al PSOE, convertirse en el referente del cambio y cabeza de la oposición e imponer su hegemonía al efecto de llegar al gobierno. El surgimiento de Ciudadanos con la consiguiente mengua de transversalidad del populismo hizo fracasar la primera oportunidad, bien que por muy poco. A partir de ahí se abre una divergencia: ¿estamos ante una ocasión única e irrepetible, o bien nos hallamos ante la primera fase de un proceso de sustitución más largo? La primera ha sido y es la posición del sr. Iglesias, la segunda, la que se ha ido abriendo paso y encarna el sr. Errejón. La primera exige ir a la segunda vuelta, la segunda conduce a preferir un gobierno socialista débil y dependiente, al que PODEMOS sustituirá a medio plazo. Con independencia de cual este en lo cierto queda en pié que la opción del sr. Iglesias le compromete como caudillo populista, por eso necesita la segunda vuelta para procurar el sorpasso.


El sr. Sanchez nunca ha sido plenamente admitido como secretario general legítimo por el ala tradicional de su partido: no era uno de los barones ni ha llegado merced al apoyo de los barones, ni por su perfil es un apparatchik como los barones suelen ser. Su resultado electoral ha sido muy malo, el peor del PSOE desde 1977, si bien ha levantado el score del mismo si comparamos el resultado con las encuestas del pasado verano. Discutido en su partido y con la amenaza del relevo en favor de un barón apparatchik ( la señora Diaz), necesitaba acreditarse y mejorar sus apoyos. Su apuesta al aceptar el encargo del Rey tras la fuga del sr, Rajoy le ha permitido sobrevivir primero y mejorar sus apoyos después, explotando la fisura existente entre el conjunto de los barones y la militancia. De ahí su empeño en lograr la investidura a través de una coalición de centro-izquierda. Al sr. Sanchez una segunda vuelta es un riesgo y una oportunidad: si no mejora resultados tendrá muy difícil mantenerse en el puesto, si los mejora puede consolidarse, como todo indica que ha detenido el proceso de deterioro electoral del PSOE, pero tiene muy difícil mejorar su resultado se entiende bien porqué ha tratado de obtener la investidura hasta el último minuto.


El sr,Rajoy ha llevado al PP a su peor resultado desde 1993, cuenta con un gobierno dividido, un partido carcomido por la mixtura entre financiación irregular y corrupción, una militancia irritada y descontenta y un resultado electoral que deja a un PP sin socios abocado a la oposición si hay investidura. Su única posibilidad de supervivencia pasa por la repetición de las elecciones, si estas producen un cambio en la composición del Parlamento que haga posible una coalición dominada por el PP al extremo de mantenerlo en la Moncloa, aun al precio de no intervenir al efecto de revertir el proceso de descomposición que aqueja a su base política.


En cuanto a IU es, sin duda, el principal damnificado del éxito populista y vive un conflicto interno entre los partidarios de la continuidad ( en su centro el PCE) y los partidarios de una confluencia con PODEMOS aun corriendo el riesgo de absorción de la coalición. El sr. Garzon ha obtenido un resultado pobre, en la franja baja de los resultados de la coalición, tras el fracaso de su pacto con el sr. Iglesias y que este rompió el pasado otoño. Su supervivencia personal pende del posible deterioro de los apoyos podemitas que le haga un socio deseable con un límite: salvaguardar la identidad de IU, cosa difícil dada la diferencias sideral del apoyo de ambas fuerzas. Empero tiene a mano la posibilidad de concurrir solo, lo que le aseguraría una mejora de sus resultados.


Como puede verse el juego organizaciones/líderes es muy complejo ya que al menos dos ( los señores Iglesias y Rajoy) tienen fuertes incentivos para desear el fracaso de la legislatura y la segunda vuelta, uno , el sr. Garzòn, tiene una posición intermedia, y dos, los señores Rivera y Sanchez, tienen fuerte interés en evitar la segunda vuelta al efecto de ser gobierno ahora, pero mientras al primero la repetición no le perjudica, y puede beneficiarle al segundo la segunda vuelta es un ser o no ser.


Pasemos pues a las organizaciones.


3. El Partido Popular.


a) Los resultados.


Estos han sido rematadamente malos. Los datos arriba transcritos dejan poco espacio a la duda: 16 puntos de retroceso, del orden de sesenta escaños menos, pérdida de más de tres millones y medio de votos. Y todo ello en un contexto político en el que las políticas y las actitudes desplegadas por los conservadores la pasada legislatura les han atraído la enemistad universal y les ha llevado al aislamiento. El PP no tiene socios, y se enfrenta en esa condición a un escenario en el que el que no tiene socios esta condenado a la oposición.


b) Las contradicciones internas:


Como partido de vocación mayoritaria que ha sido el PP cuenta con una notable pluralidad interna, que se ve acentuada por la inexistencia en España tanto de un partido de derecha radical como de un partido de defensa de la religión. El modelo de partido impuesto por el sr. Aznar , inspirado en la idea de agrupar a “todo el no psoe”, lo que da lugar a un partido de centroderecha de dominancia conservadora, resuelve el problema del pluralismo interno mediante dos expedientes: la parálisis política de los militantes y una organización rigurosamente vertical y presidencialista.


El gobierno conservador saliente se ha tenido que hacer cargo de una situación económica , presupuestaria y fiscal en extremo complicada, que ha agravado aceptando una estrategia , la de la consolidación fiscal a cualquier precio como medio para generar confianza y recuperar el crecimiento, que ha fracasado rotundamente, que ha causado un daño social inmenso y que, además, ha repartido los sacrificios de un modo que la UE no ha impuesto, haciendo recaer el grueso del esfuerzo sobre las administraciones que prestan la casi totalidad de los servicios que el Estado proporciona a los ciudadanos: las autonomías. Y ello en un contexto en el que los conservadores gozaban de una posición ampliamente dominante en los niveles regional y local del sistema de gobierno. El contento de los cuadros regionales y locales del PP es, por ello, manifiesto.


Por ende la gestión de la mayoría popular se ha vistos enturbiada en primer lugar por una creciente separación entre el gobierno y el partido. Este ha sido desatendido, cuando no directamente marginado, en los procesos de toma de decisiones y ha sufrido una atonía creciente, con el consiguiente disgusto creciente de los cuadros del partido. Lo anterior se agrava por la aparición y crecimiento de una fisura en el seno del mismo equipo gubernamental que ha derivado en la competición abierta entre dos fracciones del mismo, cosa cuanto menos tolerada por el Presidente, afecto a la estrategia de gobernar soberanamente merced a la división de los subordinados.


Además la distribución asimétrica de los costes de la austeridad ( leves para la Administración General del Estado, fuertes para todos los demás) ha dañado directamente los intereses de los barones regionales y sus aparatos, al extremo de haber aflorado en público divergencias de fondo entre estos y el gobierno nacional , divergencias que una dirección del partido virtualmente ineficaz no ha podido reconducir.


En ese escenario han aflorado las consecuencias de un problema viejo: la financiación irregular del partido, destinada tanto a subvenir la organización del mismo y pagar un gasto electoral oculto muy elevado, como a compensar a unos dirigentes de extracción social elevada por la parquedad de unos salarios públicos manifiestamente insuficientes mediante el pago de sobresueldos. La existencia de una “ caja B” de ingresos y gastos ocultos y opacos ha posibilitado la proliferación de casos de corrupción, sobre todo en los niveles local y regional de la organización. El error de no afrontar el problema de la financiación paralela ( cuya justificación pública no era en principio muy complicada) deja al partido muy debilitado a la hora de afrontar los casos de enriquecimiento personal ilícito por parte de afiliados, cargos públicos y suministradores. Con el desgaste consiguiente.


Finalmente el PP adolece de una pobreza de discurso gravísima. Tal parece que la dirección ha escogido la opción de considerar que el orden social y político deseable sea el que hay, la realidad tal cual es, y, en consecuencia no queda mas que mantenerlo como esta, contra viento y marea. Así el PP carece de respuesta a la crisis de representación, no se le conocen posiciones propias acerca de las reformas institucionales pendientes, algunas de larga data, nadie sabe como piensa abordar la crisis fiscal ( el estado español gasta bastante menos de la media de UE e incurre en déficits porque recauda bastante menos que esa misma media) o que piensa hacer con el problema estructural del sistema de pensiones y así sucesivamente. El actual PP es un partido intelectual y programáticamente desierto.


Si alguien piensa que una situación así puede mantenerse de modo duradero no cabe duda de que se equivoca.


c) la estrategia: por la pasividad a la segunda vuelta.


¿Cuál ha sido la estrategia conservadora? De entrada el PP tenía dos cartas de triunfo: de un lado salió de las elecciones de diciembre como el primer partido del país en apoyo electoral y representación parlamentaria, del otro su conquista de la mayoría absoluta en el Senado le hacía socio indispensable de los partidos que aspiran a la reforma constitucional, esto es PSOE y Ciudadanos. La lógica indicaba que en esas condiciones nada mas cerrarse las urnas y conocido el resultado el PP debería haber desarrollado un intensa actividad negociadora con los posibles socios al efecto de producir una mayoría de gobierno. No ha sido así. Tras una conversación inicial con el PSOE de la que nada salió porque de ella nada podía salir, el PP ha incurrido en la pasividad más absoluta. Por ello cuando el Rey trata de darle al sr. Rajoy el encargo de formar gobierno como líder del mayor partido, este lo rechaza con el argumento de que no cuenta con los apoyos necesarios, apoyos que previamente no ha buscado, al tiempo que se filtra que el gobierno baraja la hipótesis de disolver las Cámaras si no hay candidato a la investidura ( cosa de inconstitucionalidad palmaria) .La táctica no funciona porque el Rey encarga la formación del gobierno al líder del PSOE. Sorprendentemente el mismo sr. Rajoy que propone una gran coalición se niega a hablar, contactar o negociar con los dos posibles socios necesarios para su proyecto: Ciudadanos y PSOE, y ello tanto por separado como cuando estos pactan un programa reformista de gobierno que cualquier conservador inteligente podría suscribir. El PP se niega tanto a formar gobierno, como a que la coalición PSOE/C,s la forme, al tiempo que combate una eventual coalición de izquierda que no cuenta con la base parlamentaria imprescindible . La pasividad es tal que ni siquiera “mueve ficha” cuando la propuesta de centro-izquierda abanderada por el sr. Sanchez fracasa a principios de marzo, y sigue sin hacer nada para formar la coalición mencionada que, en teoría, constituye su propuesta de salida, al extremo de negarse por segunda vez a intentar formar gobierno a quince días del fin del plazo constitucional.


A mi juicio los hechos son claros: el sr. Rajoy ha jugado desde el principio a que no haya gobierno, a que la legislatura fracase y a llevar al país, mediante una prolongada interinidad, a la repetición de las elecciones el próximo junio. Que el principio se fije el 20 de diciembre , o el 28 del mismo mes es bien poco relevante. Las elecciones se repiten porque el sr. Rajoy así lo quiere. Y si no ¿qué le hubiere costado pactar con el sr. Rivera un gobierno con el apoyo de 163 escaños y presentarse ante el Congreso? Con 163 escaños, siete más que los que tenia el sr. Aznar en 1996.



4. El PSOE.


a) los resultados.


El partido socialista venía de cosechar en 2011 una derrota si cabe tan contundente como la que sufrió el PP el pasado diciembre.: cayó del orden de los 16 puntos sobre voto válido emitido, perdió mas de cuatro millones de votos ( que no fueron al PP, que obtuvo casi el mismo resultado con el que perdió en 2008, en términos de voto popular). El pasado diciembre logró superar ese score: perdió un millón y medio de votos más y más de seis puntos y medio sobre voto válido, cayendo a 90 escaños ( perdió 20) y alcanzando el peor resultado desde 1977. No obstante ese resultado mejoró las expectativas previas, le permitió conservar la posición de segundo y evitó que PODEMOS le sobrepasara en voto popular. Como en el caso del PP la reducción del apoyo electoral se dio esencialmente en las grandes ciudades, entre las clases medias empobrecidas y entre la cohortes de menor edad.

b) las contradicciones internas.

La versión local de la socialdemocracia venía de una crisis interna que había dividido al partido casi al cincuenta por ciento ( congreso de Sevilla) , de la caída del anterior secretario general a causa del mal resultado en las europeas, y de un cambio organizativo capital: el secretario general ya no es elegido por el congreso del partido, controlado por las clientelas de los “barones” regionales, para pasar ser elegido por el sufragio directo de los militantes, de los no muy abundantes militantes. El sr. Sánchez obtuvo el cargo por estrecho margen y frente a dos candidatos de corte más tradicional. El nuevo secretario general no es un apparatchik que ha hecho carrera política en la organización, es un profesor universitario que ha ocupado cargos menores de elección y ha sido diputado nacional. Y que obtuvo la elección sin el respaldo de la mayor organización del partido, la andaluza, castillo roquero del socialismo tradicional y cuya secretaria general ( y presidente de la Junta de Andalucía) no ha ocultado su proyecto de restablecer la normalidad orgánica devolviendo a los profesionales y barones el control de las palancas del poder interno.


El PSOE se halla atrapado así en un conjunto de contradicciones y retos de nada fácil gestión. Al punto que la situación del partido recuerda poderosamente el proceso de descenso a los infiernos del socialismo tradicional francés ( la SFIO) en los años sesenta del pasado siglo.

La cuestión más importante no es propia del PSOE, es la crisis general de la socialdemocracia europea. Esta tiene al menos tres causas: en primer lugar la socialdemocracia ha perdido su horizonte utópico, el proyecto de un socialismo democrático, de la asociación entre una socialización general y estatista y la democracia constitucional, quebró con la caída del comunismo, que ha venido a descreditar tanto la estatización general de la economía como la planificación centralizada y vinculante. Y no ha sido capaz de diseñar un proyecto alternativo de socialismo democrático. Esa carencia priva de referente último a las políticas que sostiene, con lo que estas, perdida su orientación, se desdibujan y pierden identidad; en segundo lugar el proyecto socialdemócrata ha estado ligado desde su origen al estado nacional soberano, como esa forma política está hoy en crisis por su incapacidad para resultar funcional en el contexto de la globalización, fuera de los casos de tamaño muy grande ( y aun así no siempre), el proyecto socialdemócrata se resiente de la creciente debilidad e insuficiencia de aquel. La salida lógica, una potente apuesta por unos “Estados Unidos de Europa” como marco político para sus políticas apenas se halla en mantillas y cuenta con fuertes resistencias internas , amen de la dificultad electoral; en tercer lugar la respuesta socialdemócrata a la globalización desde el estado nacional ha consistido en un proceso de adaptación a una dinámica favorable a la burguesía, la desregulación, el aumento de la desigualdad y la erosión del “Estado de Bienestar”. En los casos en los que la socialdemocracia ha practicado un corporativismo defensivo de las conquistas anteriores ( países nórdicos) ha aguantado la crisis. En los casos en los que ha abandonado las políticas del primado del trabajo y las ha sustituído por las propias del conflicto de valores ha venido uniformemente a menos .En lo casos en los que ha abanderado las “reformas” de reducción de los niveles de protección social, traicionando los interese fundamentales del grueso de su base electoral ha visto caer en picado sus apoyos, como muestra con meridiana claridad el caso emblemático del antaño modélico SPD. Perder la confianza es fácil y rápido, recuperarla no.


En ese contexto el PSOE arrastra el peso de la pésima gestión de los gobiernos del sr. Rodriguez Zapatero. Durante el período anterior a la crisis de mayo de 2010 el PSOE respaldó un modelo político centrado en el conflicto de valores, con abandono total, completo y absoluto de las políticas propias de la procura de la igualdad social y económica ( de hecho la desigualdad creció durante esos años sin respuesta gubernamental) sin otra excepción que el asistencialismo de la discapacidad ( por lo demás mal instrumentada). Del mismo modo no hizo nada apreciable para abordar los problemas estructurales de la economía, de un modelo económico aquejado de fuertes desequilibrios internos y con un fuerte componente especulativo. El fin llegó con el tránsito a las políticas de austeridad a partir de mayo de 2010, nada de extraño tiene que el apoyo político al PSOE cayera en picado. Cuando los nuestros nos abandonan ¿ siguen siendo los nuestros ¿


El mal se agrava en el caso del PSOE por la esclerotización del propio partido. Este se ha venido a reducir a poco más que la combinación entre una todavía potente máquina electoral, una estructura burocrática nutrida de políticos profesionales ( que casi nunca han conocido ni tenido otro medio de subsistencia que la política) y una red de dirigentes locales y regionales y sus clientelas. Es significativo que su afiliación sea muy baja ( no alcanza los 200.000 afiliados , lo que viene a significar un inscrito por cada 27 electores con el pobre resultado de diciembre, más o menos). El resultado es que el partido como medio de comunicación entre sociedad e instituciones de gobierno no funciona, que es en extremo débil como asociación civil, que registra una carencia creciente de capacidad de producir y suministrar incentivos de identidad, con lo que los afiliados “creyentes” tiende a la baja y los que buscan “incentivos selectivos” tienen un peso cada vez mayor. Con el agravante del envejecimiento de la afiliación y el abandono de la misma por los profesionales y trabajadores de cuello blanco, que aun forman, con los obreros que se mueven en el ámbito de influencia de los sindicatos, el grueso de su base electoral. Lo que permite empezar a entender porqué el PSOE no ha sido capaz de capitalizar el fortísimo desgaste de los conservadores.

A lo anterior se suma un problema de liderazgo. El actual secretario general, el sr. Sanchez, no procede de la dirigencia tradicional, y ha llegado a la secretaría general de modo tardìo (apenas 15 meses entre su acceso y las elecciones) y al margen de los canales establecidos. Es cierto que su llegada, y el modo de la misma, indican que el PSOE aun conserva los recursos políticos suficientes para procurar su propia reforma, pero también lo es que un secretario general electo al margen del aparato y de la dirigencia tradicional tiene que moverse en el seno de una organización cuyo nivel directivo no está adaptado a las exigencias que comporta la elección directa del secretario general por los afiliados. Que el secretario general este en minoría en el Parlamento del partido ( el Comité Federal) expresa bien esas disfunciones. Por lo que aquí interesa ello limita muy fuertemente la capacidad de maniobra de un secretario general. Y mina su autoridad , tanto ad intra como ad extra.

Finalmente hay que anotar los errores estratégicos. Estos son cuanto menos cuatro. En primer lugar la mayoría de los cuadros y dirigentes del PSOE se han formado en la cultura propia de un bipartidismo caracterizado por una potente “política de adversarios”, en cuyo trasfondo se halla una concepción bipolar y dicotómica del espectro político. En los niveles altos de la organización predomina la convicción de que el PSOE dista un océano de los conservadores ( lo que no se justifica por lo que unos y otros hacen , distancia hay, pero esa no es insalvable). Para esa mentalidad las políticas de consenso con los conservadores son poco menos que anatema,( siempre que sean públicas al menos) y, desde luego excluyen una colaboración duradera. El PSOE cae así en una contradicción: en su proyecto la reforma constitucional ocupa un lugar central, pero esta no es posible sin un acuerdo y una colaboración duradera con el PP, bien que limitada. Al exigir el Comité Federal la exclusión de cualquier acuerdo con los conservadores el PSOE se siega la hierba bajo los pies; En segundo lugar la visión dicotómica del espacio político (que se halla en contradicción con la realidad y que se deja de lado cuando hay campaña electoral por medio) dificulta las relaciones con los posibles socios fuera del espacio genérico del socialismo, ello es así porque los actores políticos situados fuera de la esfera socialista compiten con el partido socialista. Es significativo que los únicos acuerdos estables y regulares del PSOE con otro partido se den con uno con el que el partido socialista no compite, esto es el PNV..Eso supone que acuerdos estables con conservadores y liberales sean difíciles de gestionar y cuenten siempre con una oposición interna que el secretario general no puede desconocer. De ahí la maniobra de someter a plebiscito el acuerdo con Ciudadanos. Pero como los posibles socios conocen ese hecho los acuerdos con terceros siempre serán frágiles y problemáticos. El resultado es que el PSOE aparece como un socio menos fiable de lo que debiera. Y eso tiene costes. En tercer lugar aquella negativa limita la capacidad de maniobra y debilita el poder de negociación del propio partido. Como se ha visto, obliga a dirigirse en una única dirección para tener la posibilidad de formar mayorías parlamentarias: estas pasa ineludiblemente por el partido populista. Asi el PSOE entra en la negociación sin alternativa creíble y el poder de negociación de PODEMOS crece exponencialmente. En rigor la única exclusión justificable es la de aquellos que se han excluido a si mismo previamente, esto es el secesionismo catalán. Finalmente las limitaciones se perciben como impuestas al secretario general, y ello debilita tanto la posición negociadora de este como la propia posición del PSOE .Aquí las tensiones internas imponen un peaje dañoso , tanto para el propio partido, como para la gobernabilidad.


c)La estrategia: por el activismo a la centralidad insuficiente.


En las condiciones citadas el PSOE lo tenía de entrada mal, en tanto que segundón dividido , con malos resultados y una doble competencia: de Ciudadanos por la derecha ( mas o menos entre un cuarto y un quinto de los posibles votantes del partido centrista se ubican en el centro-izquierda ) y de los populistas por la izquierda. El abandono del sr. Rajoy y la subsiguiente propuesta regia cambiaron el escenario radicalmente. De repente el sr. Sanchez y su partido se convierten en el eje de la política nacional, al ser candidato se abre la posibilidad de gobierno, y de gobierno de dirección socialista. Nada de extraño tiene que la dirección socialista desarrolle una actividad febril para procurar bien una mayoría parlamentaria , bien un gobierno en minoría con tolerancia de un tercero. A la vista de la escasa diferencia en el voto popular con PODEMOS lo indicado era llegar a un acuerdo previo con Ciudadanos. De tener éxito se formaría un bloque central de al menos 130 diputados, que superaría a un PP sin socios y pasaría a ser la primera fuerza parlamentaria, para pasar después a negociar, bien la tolerancia, bien el apoyo populista a un “gobierno del cambio”. La primera fase se completa con éxito, y con el escaño de Coalición Canaria ser forma un bloque central de 131 diputados. A partir de aquí el PP pasa a ser secundario , pero la llave recae en las manos de PODEMOS, porque el veto al PP impide no ya acordar, ni siquiera amagar, con una “gran coalición” de posible dirección, bien independiente, bien socialista. El resultado ya se conoce: un acuerdo PSOE-CS con vocación de permanencia ( para la legislatura dijo el sr. Rivera), que no alcanza el éxito por una mayoría dificultativa PP-PODEMOS. Como diría D. Nicolás. “mancó la fortuna, non la virtú”.





5.-Ciudadanos.


Ciudadanos es una de las dos formaciones emergentes. En rigor es la más emergente, dado que no contaba con el precedente del éxito espectacular que PODEMOS tuvo en las europeas, y que, además, tampoco contaba con las redes de apoyo que el partido populista había sabido tejer. De hecho el partido liberal comienza a aparecer en los sondeos entre diciembre de 2014 y enero de 2015, y ello con un nivel de apoyo bajo que le configuraba como un partido nacional de apoyo difuso. No obstante su trayectoria demoscópica es ascendente, de tal modo que para el verano ya obtenía un pronóstico marcadamente superior al nivel que determina la frontera entre la subrepresentación y la representación equitativa para un partido nacional ( en torno al 12,6 % del voto a candidaturas ) y se definía como un partido de tamaño mediano. Así un partido de origen catalán, con un líder asimismo catalán, que nace como un partido de la ciudadanía constitucional frente al nacionalismo étnico catalán, con presencia limitada a las elecciones autonómicas, decide expandirse y convertir en un partido de ámbito nacional.


a) los resultados.


Ciudadanos obtuvo algo más de tres millones y medio de votos y cuarenta escaños, con lo que su cuota electoral se aproxima mucho a su cuota parlamentaria, con la particularidad de que en buen número de circunscripciones medianas y pequeñas queda muy cerca de obtener la representación parlamentaria que no alcanzó. Consecuencias de tener un voto predominantemente de clases medias urbanas. Aunque el resultado es objetivamente bueno , no fue percibido como tal toda vez que a lo largo de la campaña electoral fue perdiendo fuelle y al final alcanzó un score significativamente más bajo que el que pronosticaban las encuestas. En consecuencia su cuota parlamentaria quedó por debajo de las expectativas. Y, además, siendo el cuarto partido en principio parecía que su representación en el Congreso iba a carecer de importancia política toda vez que, aritméticamente, era factible formar al menos dos mayorías de gobierno sin necesidad de contar con su apoyo. Adjetivos como “innecesario” o “prescindible” fueron frecuentes tras los comicios.


b) los problemas internos.


Ciudadanos arrastraba fuertes debilidades internas. Ante todo es un partido cuya expansión nacional ha sido muy rápida y se ha nutrido esencialmente de tres canteras: disidentes locales de otros partidos ( en especial del PP), ex militantes de UPyD y gentes sin experiencia política previa. Ello hace que su personal sea plural, portador de culturas organizativas distintas ( más vertical los exPP , más participativa los ex UPyD, y los sin experiencia previa, en términos muy generales) de orientaciones políticas no siempre coincidentes. En pocas palabras, ha surgido en poco tiempo como un partido de agregación, en el que no existe ni el amparo de una tradición política socialmente consolidada (una de las consecuencias negativas del franquismo ha sido la aniquilación social de la tradición liberal), ni el colchón que puede dar la transmisión intergeneracional de la afiliación. Gestionar esa pluralidad sin apenas apoyos externos no va a ser fácil, como ya se esta viendo.

A renglón seguido se trata de un partido con una estructura interna débil, inexperta en su mayor parte y poco asentada, al que, por ende, su vocación centrista sitúa al margen de la cultura dualista ( o izquierda, o derecha ) de amplia aceptación social y notable uso mediático. En otras palabras, padece de debilidad estructural y su consolidación organizativa y electoral no va a ser fácil. El espectro del flash-party habita en su seno. Como consecuencia de lo anterior registra un acusado déficit de personal apenas compensado por la aportación que pueda provenir de su base social, cuyo núcleo esencial esta formado por clases medias urbanas. Dotarse de cuadros y personal cualificado le llevará tiempo. Y tiempo es una mercancía de la que Ciudadanos no anda sobrado.

La debilidad estructural coloca a un partido de ubicación centrista, que opera en seno de una cultura política fuertemente dualista en la que se niega su especificidad, ante un contexto complicado de afrontar. La centralidad le somete a una doble competencia: con los conservadores de un lado y los socialistas del otro, en ambos lados el competidor es de mayor tamaño, cuenta con raíces sociales profundas y bien asentadas y goza del soporte de una tradición política. El riesgo es mayor, si cabe , si se tiene en cuenta que tanto los conservadores como los populistas tienen un interés manifiesto ( vital en el caso de PODEMOS) en reproducir una dinámica política dualista ( dicotómica dice el ar. Iglesias) en la que Ciudadanos no tiene espacio propio y que, de establecerse como dominante podría arrastrar su desaparición. Ciudadanos necesita, tanto para su permanencia como para su éxito, que se imponga una dinámica política centrípeta a través de la introducción de una democracia de consenso, en la que los partidos situados en la franja central del espacio político se tornen hegemónicos. Aquí y ahora eso arrastra como consecuencia que su política de alianzas está fuertemente condicionada: la imposición de un bloque central con posibilidades de ser ampliamente mayoritario exige un entendimiento duradero con el PSOE.

c) la estrategia: por una democracia de consenso a la centralidad.


Ciudadanos se ha acreditado en los últimos meses. De ser un partido poco menos que irrelevante y prescindible, como parecía en enero, se ha convertido en parte de un proyecto consociativo que , de tener éxito, podría llevarle a la condición de partido con vocación mayoritaria. Ha conseguido en pocas semanas situarse en el centro del debate político, aparecer como el único partido de tamaño cuya conducta postelectoral ha sido coherente con la manifestada en la campaña electoral previa, hacer figura de abanderado de la política de acuerdos de amplio espectro ( lo que sintoniza con una demanda ampliamente mayoritaria en nuestra sociedad ) y constituir un bloque central, todavía minoritario pero que tiene la posibilidad de dejar de serlo a medio plazo. Ha jugado sus escasas cartas con coherencia y habilidad y ha pasado de la periferia al eje del sistema de partidos. Cabe augurar que la estrategia de acuerdos supermayoritarios de los partidos “del arco constitucional” centrados en un programa pactado de reformas que ha seguido va a tener continuidad. A la postre le va la vida en ello.


Al partido centrista le sucede que sostiene la posición más racional de cara a la gobernación la próxima legislatura: constatando que el sistema político exige una reparación a fondo, una gran carena , por decirlo en términos náuticos, lo idóneo es pactar una legislatura corta, con un programa que comprenda reforma constitucional, reformas fiscal y del sistema de pensiones, nueva ley electoral y afrontar un cambio de política laboral ( en sus doble cara de políticas activas y pasivas de empleo), a cargo de un acuerdo entre los partidos “ del arco constitucional”. Pero eso exige, de un lado, un cambio de la cúpula directiva del PP, dado que la actual no resulta creible a estos efectos – corrupción y caja B aparte- y del otro que el PSOE admita la necesidad de incluir a los conservadores en el programa de reformas. Y que ambas cosas sucedan en escaso e inmediato tiempo. Si esas condiciones no se da el conjunto del sistema se encamina a un pantano y el partido centrista va a necesitar de un pilotaje muy experto para no naufragar.


6.- PODEMOS.


La irrupción de un movimiento político populista que procura la “latinoamericanización” de la política en el Europa del Sur, según confesión propia, es , sin duda, la variable de mayor novedad a la hora de entender la profunda mutación del paisaje político, cuanto menos a partir de las pasadas europeas. Ahora bien, el proyecto populista exige, de un lado, que el movimiento se convierta en partido de vocación mayoritaria al punto de contar con la posibilidad de formar gobierno por sí o con la colaboración de satélites; del otro que el sistema se revele incapaz de reformarse y que los intentos de “cambio constitucional” que caracterizan a la fecha a Ciudadanos y PSOE fracasen. El movimiento sólo puede tener éxito si consigue imponer una dinámica de polarización política que de lugar a una estructura dicotómica del espectro político. Ello exige, cuanto menos, superar primero y arrinconar después a la socialdemocracia, y detener cuanto menos, el progreso del partido liberal.


a) los resultados.


Si bien desde el punto de vista de un observador externo pudiera parecer que con algo mas de cinco millones de votos, a menos de medio millón del PSOE, y 69 escaños obtenidos en la primera comparecencia, se trata de un resultado brillante, si no espectacular, desde la perspectiva del movimiento las cosas son bastante más grises. Por de pronto no se ha logrado una posición en el tablero que permita desplazar al PSOE, en segundo lugar la irrupción de Ciudadanos le ha impedido expandirse en el área templada , cuya conquista es necesaria para alcanzar la condición mayoritaria, lo que, además, le priva de transversalidad acantonándole en el lado izquierdo del espectro; finalmente los resultados revelan que el impacto del movimiento por sí mismo es mejorable: algo más de tres millones de votos y 42 escaños, como Ciudadanos, de su resultado dos millones de votos y cas treinta escaños provienen de las candidaturas formadas por el movimiento y formaciones satélites o en trance de serlo, de las cuales solo una- Compromís- tiene los recursos políticos y organizativos indispensables para conservar un margen de autonomía. Si se trata de emular al MAS boliviano, al justicialismo argentino y demás el resultado es mas bien insuficiente.


Esa insuficiencia alimenta un debate interno entre quienes estiman que la crisis del sistema brinda una oportunidad única, que no se va a repetir, y que esa oportunidad es ahora, y quienes estiman que el sistema no se va a poder recuperar merced a su conflictos internos y que si bien la oportunidad comienza ahora, esta va a estar abierta un período de tiempo mayor: al menos la siguiente legislatura.


b) Los problemas internos.


La ambigüedad del resultado obtenido incide sobre el movimiento. Por de pronto este ha dado el paso de ser un movimiento puro a dotarse de una maquinaria electoral, pero aun no ha completado el proceso que le lleva a convertirse en un partido político, y no está asegurado que lo consiga. Por de pronto hay que anotar que la definición de PODEMOS en términos de “leninismo amable” hecha por el sr. Monedero sólo es parcialmente cierta. El movimiento tiene una dirección y un aparato leninistas, y en este aspecto aquella definición es correcta, a mi juicio no lo es exactamente en su segunda parte. En esta el juicio sería correcto si con ello se quiere significar que el proyecto podemita no es comunista ( aunque le apoyen no pocos), aquí no se trata de proponer la revolución, ni la construcción del socialismo, ni nada semejante. En este sentido el movimiento es postmarxista. Lo que se propone no va mucho más allá de una recuperación nacional-popular de la soberanía al efecto de posibilitar una versión algo más radical que la tradicional del Estado de Bienestar. Se trata de un proyecto de recuperación de la centralidad del estado nacional y sus políticas redistributivas en el contexto de la globalización. Leninismo sin marxismo, por tanto, leninismo mas un keynesianismo radical, mas bien. Su condición de posibilidad ha radicado en el abandono por el PSOE post-Gonzalez de cualquier vocación significativa de impulsar las políticas propias del “primado del trabajo” y la incapacidad de IU para aprovechar la ventana de oportunidad que ese vacío abre.


Ahora bien ese proyecto adolece de dos clases de contradicciones internas: de un lado propone una utopía inviable: en el contexto de la globalización en estado nacional es demasiado pequeño y débil como para poder imponer la lógica redistributiva a los mercados, y la propuesta nacionalista- intrínsecamente anti-europea, aunque ello ahora no se muestra – es por ello constitutivamente inconsistente, por no decir regresiva; del otro el modelo leninista es antagónico respecto de las demandas de participación ciudadana efectiva, procura del consenso y criterios de justicia electoral, de por si constitutivamente proporcionalistas. Y esas contradicciones conducen a la producción de errores, como un programa económico hecho a espaldas de los compromisos europeos. La evolución electoral le ha venido ha generar un problema adicional: para ser hegemónico el proyecto populista tiene que ser transversal, de ahí el empeño de situar como línea de fractura principal la que divide y separa las élites de la gente común, esa transversalidad exige salir de coto cerrado de la base y la mentalidad de la izquierda y ampliarse al centro e incluso el sector màs moderado y popular de la derecha, empero su apoyo electoral se reduce al ámbito de la izquierda, con predominio claro de la vertiente màs radical de la misma. En otras palabras: la clientela principal del movimiento es de izquierda acentuada e incluso radical, pero el proyecto político que apoyan no lo es. De lo que se sigue que o bien la propuesta populista se impone, lo que implica perder apoyos en la izquierda radical para crecer en áreas más templadas, o bien los apoyos existentes tienen la capacidad de cerrar el “camino al centro” que es el “camino al pueblo”, en cuyo caso PODEMOS devendrà una suerte de tercera edición , corregida y aumentada, del proyecto original de Izquierda Unida.

El leninismo organizativo arrastra como lógica consecuencia la generación del fenómeno del caudillo. En este caso no se trata de una tendencia inherente al modelo organizativo, se trata de una finalidad política abiertamente perseguida desde la misma cuna del proyecto. No es que el modelo genere caudillo, es que se adopta el modelo para producir el caudillo. El partido como soporte organizativo del liderazgo mediático unipersonal. En estas condiciones la dependencia del movimiento respecto de líder es constitutiva. Cohonestar eso con el pluralismo intrínseco de una movimiento generado como reacción frente a la esclerosis política del sistema no está siendo fácil. Y el verticalismo no es compatible con la participación .Esa es una potente fuente de debilidad.

A ello se une algo ya señalado: el resultado obtenido es insuficiente para sacar adelante el proyecto populista. En si mismo es un resultado insatisfactorio por dos razones diferentes: de un lado porque no se ha logrado superar primero y satelitizar después al PSOE; del otro porque le ha surgido un competidor inesperado por la bandera del cambio democrático: Ciudadanos. El resultado obtenido es un éxito a medias y por ello es un fracaso. Si se considera que más de un tercio de los votos y los escaños se han obtenido no por el movimiento en sí, sin por las “mareas” no parece que el resultado sea para tirar cohetes. Tal vez sea oportuno recordar a Laclau: el proyecto populista no puede tener éxito allí donde previamente existe un estado de bienestar eficiente.


Por último el acceso a posicione de influencia en los niveles regional y local de gobierno está sacando a la luz progresivamente no sólo los conflictos internos propios de un movimiento plural, sino también las carencias de equipamiento y habilidades de buena parte del personal político podemita, que tiene que afrontar el salto que existe entre la lógica del asambleísmo y la propia de la gestión en instituciones consolidadas.

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c) La estrategia: la necesidad de la segunda vuelta.


La estrategia seguida por la dirección podemita a la vista del resultado de las elecciones de diciembre ha sido clara, constante y coherente: como el mapa político resultante no es satisfactorio y el movimiento ha remontado las expectativas demoscópicas a partir del verano de 2015 a PODEMOS lo que le interesa es claro. Si se tiene en cuenta lo dicho se entiende bien que, desde la misma noche del 20 de diciembre, se establecieran condiciones que se sabían de antemano inaceptables para negociar y acordar, que se exigiera la parte de león de un gobierno de coalición sin decir nada a los posibles socios, se argumentara que ello era necesario porque el socio no era de fiar, o no se llegara a negociar en serio en ningún momento. Y por lo mismo se entiende su negativa a tolerar un gobierno reformador de centro-izquierda: si este tiene éxito el movimiento esta acabado. La lógica del movimiento lleva a una conclusión, y los hechos acreditan la misma: desde el 20 de diciembre PODEMOS ha apostado por la repetición de las elecciones.


Es cierto que ello comporta llegar a un entendimiento tácito con el partido conservador, al que se mantiene indirectamente en el poder como gobierno en funciones, empero eso es resulta funcional porque, más allá de la coincidencia estratégica, ello facilita un escenario de confrontación al que ir según una lógica bipolar, que es la propia tanto de la estrategia política podemita como de su concepción misma de la política, y la imposición de una dinámica de confrontación alimenta a los extremos y debilita a los moderados, que son el obstáculo principal para que el movimiento conquiste el poder, y ,con el ,el Gobierno.


En el intervalo se han producido tres novedades, todas ellas negativas para el movimiento: en primer lugar la gestión mediática del liderazgo podemita ha sido rotundamente mala, lo que no deja de sorprender. Se ha trasmitido una imagen de dureza, intransigencia y malo modos que ha dañado una formación tan dependiente de su imagen mediática como PODEMOS. En segundo lugar han aflorado las diferencias tácticas en torno a la gestión de la interinidad, que responden a dos visiones distintas de la “ventana de oportunidad”, lo que ha transmitido una imagen de división. Finalmente el más que discreto balance de la gestión en los niveles inferiores de gobierno ha comenzado a reducir la aureola de cambio. No sorprende que prácticamente no haya sondeo que les de mejora y la tendencia dominante apunta a una reducción de apoyos. Tal vez por eso se ha retomado una propuesta de acuerdo, el de alianza con IU ,que PODEMOS rompió el pasado octubre.



7.- Izquierda Unida.

Referente tradicional de la izquierda la irrupción de PODEMOS le ha situado en una posición crítica, al punto que ni siquiera resulta clara su supervivencia. Aquejada de una crónica división interna y con su soporte principal, el PCE, debilitado ya ha visto como algunas de sus federaciones han optado, bien de modo consentido, bien de modo traumático, por romper con la formación. Con una imagen pública envejecida IU no ha sido capaz ni de canalizar el voto de protesta, ni de evitar que el grueso del electorado de izquierda se haya desplazado al apoyo al populismo.


a) los resultados.


En las últimas legislatura el apoyo electoral de IU viene oscilando entre algo menos del millón de votos y dos escaños y el logro de un millón y medio largo de sufragios y la posibilidad de contar con grupo parlamentario. El resultado del 20 de diciembre es el correspondiente a IU en fase recesiva. Como arquetipo del partido nacional de apoyo difuso IU esta severamente perjudicada por la ley electoral, al punto de no rentabilizar mas sufragios que los obtenidos en una sola provincia. Madrid, con una tasa de esterilización del voto situada en el entorno del ochenta por ciento. En la legislatura que va a morir no ha tenido la posibilidad de contar con grupo parlamentario y su situación económica es dramática, como ya sucedió en 2008, cuando obtuvo un resultado prácticamente idéntico al actual.


b) los problemas internos:


IU adolece desde siempre de un pluralismo interno no siempre bien gestionado, como organización padece un fuerte deterioro, su afiliación ha bajado muy significativamente y ha perdido buena parte de su capital humano. El recurso sistemático a confluencias con otras formaciones regionales de izquierda ha ocultado en buena medida el deterioro citado, al que no se ha puesto remedio. A los ojos del electorado aparece como una fuerza política declinante y envejecida, con escasa capacidad programática y dificultades de adaptación a un entorno político fluido y en constante cambio.. En esas condiciones no resulta difícil de entender porqué un grupo de jóvenes profesores formado políticamente en la misma IU ha sido capaz de crear una organización que aparece como novedosa y sugerente, primero, organización que ha sido capaz de arrinconar a la casa madre después. IU ha perdido la condición de referente primario de la izquierda radical en beneficio del movimiento populista, que ha logrado heredar buena parte de su patrimonio electoral y sustituirlo como referente de la izquierda ubicada más allá de la socialdemocracia. Para agravar la situación IU padece una OPA hostil en toda regla procedente de una formación que multiplica por seis su apoyo electoral.


En buena medida en la base de la situación critica de IU se halla un problema de índole programático: la obsolescencia de su proyecto político. Muerto el “socialismo realmente existente” IU ha perdido el modelo de referencia y no ha sabido sustiuirlo por otro. Las vagas referencias al “ecosocialismo” no puede ocultar que la izquierda radical carece de un proyecto político propio que vaya más allá de un versión algo mas agresiva de las políticas redistributivas propias del “Estado de Bienestar”. Es cierto que PODEMOS también adolece de esa carencia, empero el proyecto político populista no se define por sus políticas económicas y sociales, sino por la voluntad de imponer una visión dicotómica de la política y la competencia electoral que permita su acceso al poder, y no solo al Gobierno. Desde esta perspectiva los intentos de la actual dirección de postular una suerte de proyecto populista sin los preocupantes contenidos autoritarios del mismo parece un camino a ninguna parte. Si se da a elegir entre el original y la copia no debe sorprendernos que los electores prefieran el original. Un populismo sin la visión de la política como mera confrontación, que sigue un schmittianismo apenas revisado, y en el que el contenido de las propuestas programáticas desempeñan el papel de “significantes flotantes”, es un pastel de liebre sin liebre, porque el contenido esencial del populismo es ese y no aquellas.

c)La estrategia: marcar distancias para sucumbir ¿


IU ha gestionado razonablemente bien el magro capital político que obtuvo en diciembre. Consciente de su papel secundario ha jugado cas la única carta que tenía a su disposición: la de una izquierda dialogante con capacidad de mediar entre socialdemocracia y populismo al efecto de generar una mayoría parlamentaria de cambio con capacidad para sostener un gobierno reformista. Jugar el rol de una izquierda consensual le ha servido para recuperar espacio político y visibilidad social, y, si hacemos caso de los sondeos, si se cebaran elecciones hoy IU multiplicaría por al menos tres sus escaños, recuperaría grupo parlamentario y tendría la posibilidad de seguir desempañando ese rol, ahora reforzado, en la próxima legislatura. IU ha logrado lo más difícil: sobrevivir en un entorno francamente hostil.


Vistas así las cosas no se acaba de entender la orientación actual de la dirección de procurar una confluencia con PODEMOS, porque esa operación condenaría a IU a un papel de comparsa en el mejor de los casos, y a la extinción en el peor.


8.- Conclusión. La necesidad de una democracia de consenso y la tentación bipolar.


España lleva arrastrando desde hace al menos una década una crisis institucional de naturaleza política, cuyo núcleo esta formado por unos partidos principales organizados según el modelo de partidos de masas electorales cuya capacidad de representación es a la vez escasa y decreciente. A esa crisis se ha asociado un modelo de competencia política bipolar caracterizado por el uso intensivo de la política de adversarios, que es rechazada por cerca de los tres cuartos de los electores. Finalmente los ajustes institucionales pendientes desde la generalización de las autonomías generan ineficiencias crecientes. Sobre ese escenario ha venido a impactar la crisis económica, con sus consecuencias de recesión, aumento del paro, crisis fiscal, insuficiencia de recursos y crecimiento de la deuda. Ese impacto se ha visto agravado por una estrategia económica, la austeridad, que no ha funcionado y ha ocasionado deterioro de los servicios públicos y un enorme sufrimiento social. Todo lo cual ha sido gestionado por un partido conservador con mayoría absoluta que en cuatro años no ha hablado con nadie, no ha negociado en serio con nadie y ha impuesto sus preferencias políticas sin consideración a los intereses de los demás partidos ni de la mayoría de los electores. El juicio emitido por los ciudadanos el pasado 20 de diciembre, que en esencia se mantiene inalterado a la fecha, es claro: mas de eso no, queremos cambios.


Por una combinación de herencia recibida, intereses personales de las cúpulas partidarias, estrategias políticas, y el peso del pasado, el doble mandato: cambio y democracia de consenso, se esta viendo desatendido. La responsabilidad de ese fiasco alcanza a todos, pero no por igual. Tanto IU como Ciudadanos han tratado de facilitar los acuerdos conducentes a la formación de mayorías parlamentarias, y todo apunta a que los electores se lo pueden premiar. El PSOE ha tratado de construir una mayoría parlamentaria transversal, con preferencia por una coalición “del cambio”, que alcanzaba la mayoría parlamentaria respecto de una “unión de la izquierda” que no la daba. A tal efecto aceptó el encargo regio de intentar formar una mayoría, se presentó a la investidura y la perdió. La operación esta a la fecha cerrada, si bien hay indicios que apuntan a su eventual reiteración si, como todo apunta, vamos a nuevas elecciones. Empero el PSOE ha cometido un error que es al tiempo estratégico y táctico: excluir de entrada al Partido Popular de cualquier acuerdo. Esa decisión es lo uno porque sin la colaboración del PP y su voto favorable no es posible la reforma constitucional, de la que penden buena parte de las soluciones posibles a la crisis institucional, al vetar al PP el PSOE cierra la puerta a aquellas reformas institucionales que exigen cambio constitucional o que lo hacen aconsejable. Ya me contarán que puede quedar del proyecto federalista en estas condiciones. Además constituye un error táctico, porque limita su capacidad de acción y negociación y, con ello, fortalece la posición negociadora de PODEMOS, cuyo apoyo resulta necesario en cualquiera de las dos salidas planteadas.


PP y PODEMOS han sido coherentes con sus intereses y su visión de la política. Uno y otro eran bien conscientes que con el resultado electoral el eje de la política nacional se desplazaba hacia el centro, las políticas reformistas, las coaliciones y la política consensual. Y ambos repugnan ese escenario. Para PODEMOS la única posibilidad de imponer su agenda pasa por superar primero y arrinconar después al PSOE, el resultado electoral no permitía lo primero ,y, por ello, no hacia factible lo segundo. Por eso ,desde la misma noche electoral, cuando estableció como innegociable la consulta secesionista que ningún partido de gobierno puede aceptar, optó por impedir la formación de mayorías y procurar la repetición de las elecciones. La posterior apertura a IU, cuya coalición rechazó en octubre de 2015 cuando tenía el viento de cola, se entiende por la regresión de los apoyos electorales que las encuestas pronostican. Sentado aquello su conducta estos tres meses ha sido coherente: bloquear cualquier posibilidad de negociación en serio, y con ella la de pactos, para forzar unas nuevas elecciones al efecto de conservar la oportunidad del “sorpasso”.


Por su parte el PP cometió el aparentemente inexplicable error de no aceptar la propuesta regia de encargarse de formar gobierno ( y por dos veces), con lo que abrió la puerta a la recuperación socialista y a la salvación del sr. Sanchez. Pero ese error no era tal. Cuanto menos desde el 28 de diciembre el sr, Rajoy era consciente de que con el presente parlamento no había combinación posible que le permitiera formar una mayoría y continuar en el poder. La consecuencia cae por si misma: si con este parlamento no puedo gobernar habrá que procurar que haya otro. Y así lleva camino de ser.


Los señores Rajoy e Iglesias prefieren la política bipolar, las mayorías absolutas y la política de adversarios. Esta muy puesto en razón que hayan impedido la formación del gobierno, con la colaboración de la torpeza socialista. Ya veremos si la intransigencia paga o si recibe castigo en las urnas el próximo junio.


Porque mucho me temo que quienes han tenido un papel principal en el bloqueo político que lleva a la repetición de las elecciones no van a ser castigados en las urnas. Al menos no en la dimensión que se requeriría. La vida no tiene porqué ser justa, y normalmente no lo es.


Alfara del Patriarca, abril de 2016




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