Sábado, 23 de Marzo de 2019    
 
17/01/2017 [[Sociedad]]
ACERCA DE LAS RECIENTES MASACRES EN PRISIONES BRASILEÑAS
El caos criminal que no cesa
por Cesar Barrios Leal

¿Qué puedo decirles, sobre la cuestión penitenciaria, que ahora disfruta, en mi país, de sus quince minutos de evidencia, potencializada por los medios de comunicación, las redes sociales, antes que un nuevo hecho, ajeno a este universo, de enorme repercusión social, les quite el foco y la haga retornar al lugar que siempre le cupo en el curso de décadas, impuesto por la indiferencia de la sociedad y de los gobernantes? En su miopía, en su omisión, crearon un monstruo de muchas cabezas y ahora, en definitiva, no saben qué hacer. Están perdidos. Presentan una plétora de propuestas, algunas superficiales y/o ridículas, otras serias, peros incapaces de responder a la amplitud y complejidad de un problema que no se agota entre las cuatro paredes de una institución penal ni tampoco en los límites de un derecho penal populista, tan obsoleto como ineficaz. En verdad, estamos pagando un precio muy alto por nuestra incompetencia en un territorio de nadie que nunca ha sido visto con atención (muy al revés), como se exige de una temática indisociable de la seguridad pública. El escenario brasileño es el mismo de la gran mayoría de los países latinoamericanos, donde las prisiones, saturadas, conviven con idénticos problemas: sobrepoblación (la reina de los males), exceso de presos provisionales, falta de separación, insuficiencia cuantitativa y cualitativa del personal, ociosidad, corrupción, violencia, a que se suma el señorío creciente de las pandillas, cada vez más desenvueltas, más voraces, peleándose por el poder. Es la metástasis del mal, cuya anatomía se exhibe de múltiples formas, mayormente por las vísceras expuestas, los cuerpos mutilados, sin cabeza, el corazón arrancado de quien sucumbe en la barbarie de las masacres, crónicas de tragedias anunciadas, que se reiteran en las sucursales del infierno en las que se convirtieron nuestras prisiones, cementerios de teorías, normativas e ilusiones. Algo más debe ser dicho acerca de esta vieja historia, bañada de errores, desaciertos, desafíos perseguidos y casi nunca alcanzados: no es tarea para amadores, para iniciantes, ni tampoco sus respuestas (no me gusta el término “soluciones”) son así tan fáciles. Ello, de hecho, es incumbencia para generaciones, de las cuales se espera un avance lento, progresivo, rumbo a un sistema penitenciario más humano. Nunca olvidemos de Leibniz: la naturaleza no da saltos. Aquel que escribe (sobre todo) y muchos de mis amigos, a quienes ahora escribo, difícilmente vivirán este tiempo, ya presente en otras latitudes, donde la cárcel nada más es que la privación de la libertad. Treinta años visitando prisiones, en cuatro continentes, me autorizan a ser realista, aunque sienta, en las entrañas de mi fe, que nunca perderé la capacidad de soñar. (César Barros Leal)



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