Jueves, 18 de Octubre de 2018    
 
18/01/2018 [[Economía]]
Reforma Universitaria de Córdoba (Argentina)
¡Centesimus annus!
por Roberto Bertossi

Nuestro presidente Mauricio Macri dispuso que toda la documentación oficial contenga en su encabezamiento: “2018´ Año del Centenario de la Reforma Universitaria”.

Este centenario marca una fecha de relevante importancia en la historia universitaria nacional y sudamericana. Su rica savia, que sube desde aquella raíz, no se ha agotado con el paso de los años, sino que, por el contrario, se ha hecho más fecunda y vigorosa.

Tan notable suceso acaecido exactamente el día 17 de junio de 1918 durante el primer gobierno del radical Hipólito Yrigoyen (1916-1922), tuvo como protagonistas relevantes a estudiantes universitarios de derecho, medicina y ciencias económicas y hasta enfermeras del Hospital de Clínicas, los que desde Córdoba determinada e inclaudicablemente, protestaron entonces contra lo que consideraban prácticas autoritarias y dogmáticas de quienes regían sólo católicamente la organización y el funcionamiento universitario conocido y disponible.

El “Manifiesto Liminar” redactado por Deodoro ROCA y publicado por la Federación Universitaria de Córdoba el día 21 de Junio del año 1918, refleja y cincela las motivaciones e ideas de los estudiantes que participaron en el mentado movimiento reformista. En el epígrafe del mismo se lee: ´La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América: “Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla. Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia” (sic)

Preconclusivamente, si bien las motivaciones, principios e ideas de estudiantes y profesores que impulsaron y sostuvieron la Reforma Vg., autonomía universitaria, el cogobierno, la extensión universitaria, la periodicidad de las cátedras y los concursos de oposición, mayoritariamente siguen vigentes como logros indubitables en las universidades públicas argentinas, pues ya no basta con ocasionales membretes oficiales alusivos ni con meros actos o declaraciones recordatorias; mucho menos ante un evidente estancamiento universitario que viene no solo disolviendo la alcurnia propia de nuestra tradicional calidad académica, sino cuestionando el propio sentido y alcance de la insoslayable utilidad social universitaria.

En efecto, esta conmemoración resulta propiciatoria en orden a revalidar, reempoderar, transformar y relanzar la comunidad universitaria toda, para que así pueda afrontar airosamente los nuevos, tensos y dinámicos contextos interdisciplinarios hipermodernos, honrando su linaje, sus principios, sus escudos y banderas innegociables, baluartes que jamás resignarán igualdad, incentivos, inclusión e independencia tanto como repugnar todo ´Numerus clausus´

Finalmente, oteando este siglo XXI desde nuestra atalaya universitaria, recién cuando cada Universidad renueve su testimonio testimoniado de sí misma, habremos actualizado reinterpretadamente a don Miguel de UNAMUNO: "La Universidad no es nada si no es útil a la sociedad, y esta se negaría a sí misma si no entiende y ayuda a la Universidad. La Universidad debe educar, enseñar e investigar, para ser beneficiosa a la sociedad"

Prof. Roberto Fermín Bertossi

Investigador Cijs / UNC

Experto CoNEAU / Cooperativismo



 
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