Viernes, 25 de Mayo de 2018    
 
01/02/2018 [[Editorial]]
La colección LINCE-O y Padua, la ciudad de los prodigios
La aparición de nuevas colecciones como acontecimiento singular
por Antonio Colomer Viadel

Antonio Colomer Viadel

(Valencia, enero de 2018)

I. Introducción

Un acontecimiento académico notable es la aparición de esta colección de libros, destinada a marcar un hito en el mundo del pensamiento. Antes de describir su origen y fundamentos, considero necesario referirme al lugar donde nace: la ciudad de Padua, en el norte de Italia, próxima a Venecia, y la aureola que la envuelve por una sucesión de prodigios que crea en ella un clima propicio a la excelencia.

La ciudad de Padua (Padova, en italiano), dice la leyenda que fue fundada por Antenor, refugiado de Troya, antes del 300 a.C. y ya resulta extraordinario que en una de las calles céntricas de la ciudad exista sobre cuatro columnas un sarcófago con los restos de esta leyenda.

Desde este siglo IV a.C. la llamada entonces Patavium era una de las ciudades más prósperas del Imperio Romano. Fue destruida por los longobardos.

Renace como una comuna libre que en el siglo XV se vincula a la República de Venecia.

II. Primer prodigio

Esa red de prodigios que le imprimen una atmósfera especial se inicia tal vez con la llegada de aquel fraile franciscano, nacido en Lisboa en 1195 y que tomará el nombre de Antonio de Padua para morir en esta ciudad y alcanzar de forma relampagueante la santidad y el título de doctor evangélico.

El encuentro entre Antonio y Francisco en Asís (1221), -los futuros santos admirables- es otro acontecimiento crucial. A partir de entonces Antonio deslumbra a las muchedumbres por la elocuencia de sus predicaciones que conmueven a las gentes como no se había visto y oído hasta entonces. Este franciscano denuncia especialmente la avaricia y la usura, promueve la justicia y conmueve con su palabra a los pueblos. El futuro santo vive episodios místicos, como la bilocación que supone ser entendido por los peces, a los que predica, cuando algunas gentes desprecian sus sermones.

Muere a los 35 años, el 13 de junio de 1231, a las puertas de Padua, con fama de santo universal, famoso por sus milagros y sus predicas conmovedoras.

La ciudad de Padua va a construir en su honor una notable Basílica gótica, con cúpulas de estilo bizantino, de una extraordinaria belleza exterior e interior, donde se conserva el sepulcro del santo, objeto de peregrinaciones hasta nuestros días y una Capilla de sus reliquias -y las de otros santos-, entre las que destaca la lengua incorrupta de San Antonio, tal como se descubrió al abrir su sepulcro años después de su muerte. Esta aureola franciscana envuelve a la ciudad y es uno de sus primeros prodigios.

III. Segundo prodigio

Es necesario recurrir a otro signo de excepción en esta sucesión de prodigios. Me refiero a la Capilla de los Scrovegni o también llamada capilla de la Arena, mandada construir por Enrico Scrovegni, por los pecados de su padre, un destacado usurero. Los frescos que cubren completamente el interior de esta capilla los pintó entre 1305 y 1306 Giotto y van a suponer el salto desde la pintura medieval al inicio del Renacimiento y de la pintura del mundo moderno. Los 36 cuadros que recubren las paredes representan la vida de San Joaquín, de Santa Ana y de la Virgen, así como de la vida de Cristo, y por debajo, alegorías de las pasiones, de los vicios y las virtudes, con figuras tridimensionales que tienen gestos y expresiones de personas en crisis o bajo presión, que manifiestan las diferentes pasiones como no se había pintado ni visto hasta entonces. Al fondo, una prodigiosa representación del Juicio Final al que están destinados tanto los portadores de virtudes como de vicios y donde aparecen figuras humanas y de bestias tan sobrecogedoras que nos hacen pensar que el Bosco debió inspirarse en algunas de ellas para su Jardín de las Delicias.

Esta capilla de la Arena o de los Scrovegni es otro de los prodigios de Padua, que le da una posición única en la historia del arte.

IV. Tercer prodigio

En este triángulo mágico de los prodigios de Padua, hemos de referirnos, finalmente, al nacimiento de su Universidad en 1222. La historia nos cuenta que pocos años después de que se creara la Universidad de Bolonia, estudiantes y profesores de ésta, disgustados por la falta de libertad y la opresión de ideas, la abandonaron- la cual cerró unos años- y se trasladaron a Padua, en donde se les permitió crear una nueva como un espacio de respiración libre, de libertad de conciencia y de pensamiento y también de responsabilidad porque fue gobernada por los propios estudiantes, los que reconocían y respetaban la valía de los mejores maestros, a la vez que exaltaban la verdad y libertad de pensamiento.

En medio del oscurantismo de la época, de tantas formas de fanatismo y las hogueras que quemaron a no pocos mártires de esa libertad de conciencia y pensamiento, Padua se convierte en un faro de atracción al que acuden, ansiosos tanto de esa libertad como de la calidad de la enseñanza y la investigación, alumnos de toda Europa. En la Sala dei Quaranta se representa este número de los más destacados alumnos de las diferentes naciones que allí acudieron. En esta Sala se muestra también la cátedra de madera que los estudiantes construyeron para oír las lecciones de unos de sus maestros más egregios, Galileo Galilei, que dijo que allí vivió los 18 años más felices de su vida y pudo explicar e investigar sin trabas sus revolucionarias ideas sobre la teoría del Sol como centro al cual giraban los planetas y entre ellos, la Tierra. Le había precedido, años antes, como alumno, Nicolás Copérnico, que fue un precursor de estas ideas.

Otro dato excepcional en el mundo de los portentos de esta universidad es que allí se doctoró la primera mujer en la historia universal. La veneciana Elena Lucrezia Cornaro, nacida en 1646, realizó en Padua estudios de matemáticas, gramática, filosofía y teología, y el 25 de junio de 1678 defendió su tesis de doctorado en un discurso en latín clásico sobre las ideas de la física en Aristóteles, siendo aclamada por su brillantez como la primera mujer doctora en la historia universitaria, en el mundo. Fue profesora en distintas universidades europeas para retornar a enseñar matemáticas en su Universidad de Padua y en esta ciudad fue enterrada, porque era su deseo, en el Monasterio de Santa Giustina.

Y los prodigios de esta universidad continúan al ser forjadora del pensamiento médico científico moderno, a partir del siglo XVI, con figuras como Vesalio, Colombo o Harvey. Se creó allí el famoso Teatro Anatómico –Aula de Anatomía-, en 1594, y florecen técnicas médicas de todo tipo y conocimientos destacados. Recordemos la figura de su alumno, el inglés Harvey y sus estudios sobre la circulación de la sangre. La Escuela Médica de la Universidad de Padua sigue siendo un centro propulsor de ideas innovadoras hasta nuestros días.

V. Los prodigios y las Colecciones recién creadas

El entrecruzamiento de todos estos prodigios crea una atmosfera creativa peculiar y ello da razón, entre otros acontecimientos, de la aparición, a finales de 2017 de esta notable colección LINCE-O. Es de justicia reconocer el papel impulsor de su creadora y directora, la Profesora Antonella Cancellier que, desde su cátedra de Lengua y Traducción (Lengua Española) de esta Universidad de Padova, y como especialista en lingüística y semiótica en el campo de la lengua española, así como del análisis crítico de la literatura hispanoamericana, ha dado testimonio de un afán de perfeccionamiento y rigor en sus investigaciones que ahora culmina con estos proyectos hechos realidad. En la dirección le acompañan el profesor Vincenzo Milanesi, catedrático de Filosofía Moral, ex Rector de la Universidad de Padova y el profesor Telmo Pievani, catedrático de Filosofía de las Ciencias Biológicas y delegado del Rector de la Universidad de Padova para la comunicación científica.

Tal vez habría que recordar aquí aquella idea del filósofo Benedetto Croce, “solo la plenitud del pensar puede dar sentido a la vida”. Ciertamente también la sensibilidad y realizar –como el título de otra obra suya- “La historia como hazaña de la libertad”.

Tenemos necesariamente que hacer referencia a un antecedente próximo, también del 2017: la creación de otra colección precursora “Las Nubes de Magallanes, colección de estudios transatlánticos”, creada por la profesora Cancellier (Viterbo, Sette Città), y dirigida por ella y la profesora Marisa Martínez Pérsico. Este título nace de una constelación formada por dos galaxias, de pequeñas dimensiones, conectadas con un puente luminoso y visibles desde el hemisferio austral. Fueron descritas por primera vez por Antonio Pigafetta, nacido en la ciudad de Vicenza, próxima a Padua y participe en aquella expedición, que duró tres años, 1519-1522, que inició Magallanes y culminó Juan Sebastián Elcano y supuso el primer viaje alrededor del globo terrestre. Es decir, otro prodigio que iba a cambiar la concepción de nuestro mundo.

Pigafetta, primero en su diario, y luego en la “Relación del primer viaje alrededor del mundo” (Venecia, 1536), dio testimonio de este acontecimiento excepcional.

Las dos galaxias que inspiran el nombre de la Colección, metafóricamente también lo hacen a los contenidos de la misma, cuya principal propuesta radica en la circulación de ideas y pensamientos, el discurso interdisciplinar y el sentido de la complejidad, así como las relaciones entre Europa y América.

En esta narración de excepcionalidades que pareciera exagerada, hay que decir que el primer número de esta Colección, ya publicado, supone una reedición de la versión bilingüe, español e italiano, de la obra de José Enrique Rodó, “Ariel”. Traducción cuya primera versión al italiano ya realizó en 1999 la doctora Cancellier y ahora ha renovado en sus notas actualizadas y consta con la nueva presentación de otro gran maestro, el doctor José Luis Abellán.

En 2017 se cumplía el centenario de la muerte de Rodó en Palermo, Sicilia, y el “Ariel”, escrito en 1900, y dedicado a la juventud de América, es otro prodigio a destacar, tanto por su estilo y riqueza lingüística, como por el reclamo de la lucha por la identidad iberoamericana, inspirada en los valores del mundo clásico.

VI. La Colección LINCE-O

Llegamos ya a nuestra colección LINCEO-O. Su nombre evoca también la figura de ese animal de prodigios, el lince, que en la Península Ibérica está encontrando uno de sus últimos refugios.

La colección, según la profesora Cancellier, su directora y creadora, se propone interrelacionar la ciencia con el arte, la literatura y las múltiples formas de la cultura. No se queda ello en un enunciado teórico, sino que su mejor testimonio son los tres primeros libros que acaba de publicar.

Los dos primeros son los poemas de una autora excepcional, Clara Janés, enamorada de Padua y fascinada por Galileo y verdadera adelantada como poeta en lengua española, de la evocación poética en la naturaleza y en la ciencia, de los elementos materiales y orgánicos que la componen y de sus restos originarios, en dos libros extraordinarios de poemas titulados “Lapidario” y “Fósiles”, cuya traducción y edición son realizados también por la profesora Antonella Cancellier.

El tercer volumen de la Colección, con más de 600 páginas, pero que aparece simultáneo a los dos primeros, se titula “El Corazón es Centro,”, que es un verso de María Zambrano, y que dio también título al Coloquio Internacional e Interdisciplinario celebrado en Padua del 6 al 8 de octubre de 2016, organizado y presidido por la profesora Cancellier en torno a las narraciones, representaciones y metáforas del corazón en el mundo hispánico. Se recogen en él, pues, trabajos (la gran mayoría en español) tanto en el campo de la medicina como de la política, de la lingüística, de la literatura, de las artes visuales, de la filosofía y de la antropología cultural del mundo hispánico. Prestándose atención a las emociones, las pasiones y los sentimientos del corazón que tanto se han evocado en el mundo creativo de la ciencia y también de la literatura.

Ahora bien, si esta es la atmosfera que como una emanación natural da nacimiento a estas dos colecciones y en especial a la de LINCEO-O, no quiero terminar de evocar este mundo prodigioso sin exponer las claves, orígenes y fundamentos que para mí tiene este título.

VII. Claves y fuentes de LINCE-O

Hay dos fuentes inspiradoras de ésta Colección: una, antigua, en la mitología griega. Allí se encuentra la figura de Linceo, hijo de Afareo, rey de Mesenia, que junto a su hermano Idas, participó en la expedición de los Argonautas, a la búsqueda del “vellocino de oro”.

Apolonio de Rodas (295 a.C. - 215 a.C.), autor del poema épico “El viaje de los Argonautas”, escribe (Libro I, 157-155):

“Venían desde Arena (…) Linceo y el orgulloso Idas (…). Linceo sobresalía sobre todo por su agudísima vista, si es verdad la noticia que decía que el héroe podía ver con toda facilidad, incluso debajo de la tierra”.

Esa mirada prodigiosa, que atravesaba los objetos, puede ser la de la ciencia y el arte, una forma de leer el mundo.

La finura de la estampa felina del lince, realzada por la brillantez de sus ojos, es nuestra enseña.

La otra fuente más próxima, es la de la Accademia Nazionale dei Lincei, fundada en 1603 por el noble Federico Cesi, y otros tres amigos, en Roma. Abierta a todos los saberes –primero las ciencias naturales y más tarde las sociales y humanas--, defensora del espíritu innovador e indagador. La Accademia adoptó el lince de la cubierta del libro “Magia Naturalis” (1558), de Giambattista della Porta, a la vez que integraba al autor de esta notable obra.

En aquella época (Venecia, 1610) Galileo había publicado su obra “Sidereus Nuncius” (El Mensajero Sideral), donde ya enunciaba la revolución heliocéntrica. Este gran científico y profesor de la Universidad de Padova, es incorporado al año siguiente, como quinto miembro de la Accademia Nazionale dei Lincei, que lo apoyó y defendió contra todas las acechanzas y persecuciones. Allí publicó su extraordinario libro “Il Saggiatore” (1623). Desde su integración firmó como Galileo Galilei Linceo.

La aguda visión del lince simboliza la destreza para la observación de la realidad y de sí mismo, requerida para la ciencia, el arte y toda la cultura.

Creo que todas las ciencias y las artes suponen una tarea cooperativa y de apoyo mutuo. Incluso los grandes solitarios escriben en la añoranza de los otros, y de mejorarse en su comunicación.

Artistas, científicos, literatos, en prosa o en verso, reciben información del mundo y sus gentes y de las experiencias de su entorno. La agudeza de su perceptividad de los estímulos, los saberes, las vivencias y sensibilidades de los demás, es clave de su obra creativa.

La vista del lince supone, por tanto, un entendimiento sagaz y perspicaz. Agilidad física y mental. Tal vez más necesaria en esa especie de los linces, de frágil naturaleza, y por ello, gran vulnerabilidad, y riesgo de supervivencia. En ello existe una indudable analogía con la especie humana, perseguida por tantos peligros, en un entorno autodestructivo.

Habrá, pues, que acoger aquí, en esta notable colección, todas aquellas miradas penetrantes que indaguen sobre los caminos de salvación y superación de nuestra especie, que deberán aferrarse a asideros de ayuda mutua.

Solo así descubriremos esa nueva estrella que nos ilumine, como faro inextinguible, en ese mestizaje de ética, conocimiento y belleza.

Tal como fue la nueva estrella de la cual la Accademia Nazionale dei Lincei, dio noticia en su primera publicación (1605).

Ningún valor humano nos es ajeno.

Nota: Para más información sobre los Comités Editoriales y Comités Científicos Internacionales, normas de publicación y de aceptación de originales en estas Colecciones, se pueden dirigir a su directora (antonellacancellier@yahoo.it)



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