Lunes, 12 de Noviembre de 2018    
 
05/11/2018 [[Sociedad]]
PONGAMOS NUESTROS TALENTOS AL SERVICIO DEL PAIS
Nuevos desafios para Venezuela
por José Gregorio Delgado Herrera

Hoy amanece en mi teléfono un mensaje con referencia al Evangelio del día, relativo a los talentos del Reino, la verdad es que no tengo claro si corresponde a ayer o es de hoy, ya no es confiable la certeza de los mensajes con los fallos en la plataforma. Pero, trae a mi memoria un trabajo previo que presentamos y actualizamos hace algunos años, en el contexto de campañas electorales municipales, y que hoy tiene plena vigencia, ante el deterioro de las ciudades que conforman nuestra querida Venezuela, aunque, también se podría decir de las poblaciones rurales, la mayoría de nuestro territorio, donde está presente una autoridad municipal.

El trabajo lo titulamos: “El Municipio participativo: Escuela de la Democracia”, cuánta falta nos hace esta propuesta en la Venezuela de hoy, con un déficit democrático evidente. Para el encabezamiento del texto, se mencionaba parcialmente la lectura del Evangelio según Lucas, capítulo 19, versículos 11 al 28; para destacar la referencia al gobierno de las ciudades. Hoy se piensa desde otra perspectiva, una reflexión sobre la ciudad oculta en un pañuelo, sin cambios y logros.

El país, encuentra su célula primaria en los municipios, y en medio de la diáspora venezolana, se hacen presentes tantos conciudadanos que han optado por emigrar a otros países, para salirle al paso a la situación que tenemos. Dejan atrás la ciudad de nacimiento y su familia. Aunque, comunicacionalmente, los voceros oficiales intenten convencer de la movilidad migratoria de los venezolanos, en este país, como un hecho normal y común al resto de América Latina.

Es que acaso, pretende la versión oficial, que la diáspora venezolana sea solo una percepción y una campaña mediática, y que tantos compatriotas en fuga de nuestro territorio, no representan un problema global, cuando están haciendo un largo camino para llegar a cualquier país, tomando en cuenta sus posibilidades de movilización y su proyecto de una vida. Esa pretensión, recuerda a las personas que intentan “tapar el sol con un dedo” o quienes hacen de su realidad una “burbuja”.

En consecuencia, estas líneas son un llamado de atención, para quienes nos quedamos en Venezuela, y recibimos la misión de hacer efectivo el deseo por un país diferente, de quienes se despiden de esta linda Venezuela, con la esperanza de volver. De nosotros depende, un cambio desde adentro, hacer las cosas diferentes.

Pero volvamos a la narrativa de los talentos y su relación con el gobierno de las ciudades, de interés para quienes asumen responsabilidades en la gestión de los municipios, en términos democráticos, la población ya se ha olvidado en muchos casos de los alcaldes y concejales al servicio del pueblo, aunque, las elecciones municipales ocasionalmente nos recuerdan esta misión para los elegidos, sin olvidar otras instancias gubernamentales. Para los que desconocen o han olvidado la lectura en referencia, un recordatorio de las Palabras de Jesús, para ayudar a la reflexión y la acción en consecuencia:

“Como la gente lo escuchaba, añadió una parábola; porque estaban cerca de Jerusalén y ellos creían que el reino de Dios se iba a revelar de un momento a otro.
Él les dijo:
—Un hombre noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver. Llamó a diez sirvientes suyos, les entregó cien monedas de plata y les encargó: Háganlas producir hasta que yo vuelva.
Sus compatriotas, que lo odiaban, enviaron tras él una comisión encargada de decir: No queremos que ése sea nuestro rey.
Volvió una vez nombrado rey y llamó a los sirvientes a quienes había entregado el dinero para ver cómo había negociado cada uno.
Se presentó el primero y dijo: Señor, tu dinero ha producido diez veces más. Le respondió: Muy bien, sirviente diligente; por haber sido fiel en lo poco, administrarás diez ciudades.
Se presentó el segundo y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más. Le respondió: Pues tú administrarás cinco ciudades.
Se presentó el tercero y dijo: Aquí tienes tu dinero, que he guardado en un pañuelo. Te tenía miedo porque eres riguroso: retiras lo que no has depositado, y cosechas lo que no has sembrado.
Él le respondió: Por tu boca te condeno, sirviente indigno. Sabías que soy riguroso, que retiro lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado. ¿Por qué no pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver yo, lo cobrara con los intereses?
Después ordenó a los presentes: Quítenle el dinero y dénselo al que consiguió diez veces más. Le respondieron: Señor, ya tiene diez veces más. Yo les digo que a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene.
En cuanto a esos enemigos, que no querían que fuera su rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia.
Dicho esto, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén”.

(Evangelio de Lucas, 19, 11-28)

Esta parábola de Jesús, pone en evidencia un mensaje, al cual no podemos hacer “oídos sordos” o simplemente dejar en el olvido, al estilo del mono sabio, que, “tapa sus ojos”, para no ver la realidad que le rodea. En tiempos de Jesús, existían las ciudades-Estados. Allí se fundamenta la llamada a una regeneración democrática: Pongamos nuestros talentos al servicio del País, desde la ciudad.

El punto de partida, en las decisiones y acciones, se encuentra en la ciudad donde habitamos y el gran reto es: transformarnos de habitantes a ciudadanos, para exigir a nuestros gobernantes locales, el fiel cumplimiento de la misión encomendada. Y entreguemos cuentas productivas, como vecinos y funcionarios a nuestros compatriotas de vuelta.

Esta búsqueda colectiva de un país “normal”, en términos democráticos, encuentra su expresión real en la vida de la ciudad en la cual nos desenvolvemos, de allí la importancia de acercarnos a la vida de nuestros municipios para hacerlos participativos.

Cada uno de nosotros, tiene sus propios talentos como ciudadanos, otorgados por el hecho de ser vecinos del municipio, tener nuestras casas y nuestros trabajos en el ámbito de la localidad. Igualmente, las autoridades municipales tienen sus talentos propios, al servicio de la comunidad municipal, otorgados en función de sus responsabilidades legales, atendiendo a unas elecciones locales y el desempeño de las funciones propias del Poder Público Municipal. Poner nuestros talentos al servicio del país, significa una responsabilidad compartida entre los vecinos y las autoridades en cada Municipio, para hacer realidad una propuesta de vida en democracia, un modelo de democracia integral que sea productiva, en favor del gobierno de la ciudad y que sea un factor determinante de cambios para el país.

Según la narrativa del Evangelio “Un hombre noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver”. Hoy este hombre noble, está representado en cada persona que se fue a un país lejano, para ser nombrado en función de su propia dignidad humana, con la esperanza de volver. Ya no como Rey, sino como un ciudadano con pleno respeto de sus derechos inherentes. Siguiendo la narración bíblica, “Llamó a diez sirvientes suyos, les entregó cien monedas de plata y les encargó: Háganlas producir hasta que yo vuelva”. Hoy los “diez sirvientes”, están representados en los “servidores públicos”, responsables de 335 municipios. Hoy las “monedas de plata” simbolizan el “talento humano”, en cada ciudad y en cada centro poblado, para el beneficio colectivo de cada comunidad municipal, atendiendo a la condición de vecinos – ciudadanos o funcionarios municipales. En respuesta a una misión: “Háganlas producir hasta que yo vuelva”.

Quienes conforman la diáspora venezolana, en términos conservadores entre 3 y 5 millones de venezolanos en el exterior. Algún día volverán y nos pedirán cuenta, sobre de lo que hicimos en favor del país productivo, comenzando en nuestra propia ciudad o población, por eso, la necesidad de establecer y ejecutar la propuesta de los municipios participativos en la democracia local.

En la narrativa, a los “sirvientes talentosos” se les da la administración de cinco y diez ciudades, como recompensa; pero, se destaca el “sirviente indigno”, que no hace producir sus talentos. Esperemos que nuestros compatriotas al volver, no reprochen, la poca productividad o el abandono de los talentos otorgados, que, tendemos “guardados en un pañuelo”, por temor o falta de compromiso, con nuestros vecinos y autoridades locales.



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