Viernes, 19 de Julio de 2019    
 
30/04/2019 [[Sociedad]]
Contrafuegos cooperativos...
Un recurso comunitario ante la crisis argentina
por Roberto Bertossi

Oficialmente, 4,7% fue el índice de inflación que arrojó el mes de marzo pasado, configurando una asombrosa y ridícula inflación interanual cuyo guarismo alcanzó 54,7% (casi el doble de lo que era hace dos años cuando el peso argentino perdió más de la mitad de su valor), ratificando así la profundización de la crisis argentina.

A partir de las penurias sociales causadas por esta “Macrisis”, nuevamente la predisposición del cooperativismo auténtico es un recurso común a esgrimir para contribuir a paliar sus consecuencias.

Al punto, cabe recordar aquí que el punto de partida efectivo del movimiento cooperativo se inicia el 24 de octubre de 1844 en Inglaterra cuando un grupo de 28 trabajadores (27 hombres y 1 mujer) de la industria textil de la ciudad de Rochdale que se habían quedado sin empleo, constituyeron una empresa que se llamó Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, a la cual aportaron cada uno la cantidad de 28 peniques.

Desde sus comienzos, el cooperativismo cimentó sus actividades entre atemperar y liberar de hambrunas y desocupación hasta la satisfacción de necesidades básicas esenciales, lo cual caracterizó su compromiso e interés por la comunidad, constituyendo precisamente este último, el séptimo principio cooperativo vigente.

Consecuentemente, bregando para mitigar y/o impedir que se propague esta crisis tan severa como parece con sus secuelas de escasez y desabastecimiento entre otras, se torna propicio promover y fomentar cooperativas que actúen de “contrafuegos” en materia de producción, de trabajo y de consumos responsables, con el firme propósito de controlar en lo posible, adversidades críticas que cotidiana e imparablemente atrapan, empobrecen y excluyen -de una u otra manera- a más conciudadanos.

Pensamos en “contrafuegos cooperativos” para acotar y eliminar brechas tan gravosas e innecesarias entre productores, trabajadores y consumidores, a la postre los únicos dos actores esenciales e imprescindibles de toda cadena económicamente productiva pero, paradójicamente, los más perjudicados en este critico escenario actual a merced de la intermediación y los especuladores. Así entonces, claramente resultan algo mucho más eficaces y auspiciosos que el reciente acuerdo unitario y voluntarista sobre precios esenciales de alimentos vitales, anunciado in extremis para poder de alguna manera, enrevesadamente, llegar a las próximas elecciones nacionales.

Concomitantemente, según la Organización Internacional de Cooperativas en la Industria y los Servicios (Cicopa), en el mundo se verifica -casualmente- la reaparición del cooperativismo, principalmente en los campos de la provisión de alimentos para el consumo, de los servicios sociales como de la reintegración laboral.

Reitero, impulsar determinadamente la autogestión de un cooperativismo para la crisis puede resultar una respuesta eficaz para agudas necesidades y carencias emergentes, enraizada en los valores y principios internacionalmente reconocidos a las cooperativas por la Declaración de Identidad Cooperativa y la Recomendación 193 del 2002 dispuesta por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la Promoción del Cooperativismo.

Entre los estándares mundiales señalados por esa organización para el cooperativismo, relucen como rasgo distintivo sus prácticas asociativas solidarias, las cuales suponen una misión de interés general (singularmente en tiempos de crisis) como propósito primario, realizándose la misma mediante la producción, los usos o consumos de bienes y servicios cooperativizados directamente entre los afectados, sin intermediarios ni fines de lucro.

Aquí la acepción “interés general” implica que ellas han de integrar, involucrar y beneficiar a grupos socialmente vulnerables, vg, desocupados, changarines urbanos y rurales, jubilados, pensionados, habitantes de la calle; sus grupos familiares y de pertenencia.

Concomitantemente ante esta crisis que nos abruma, activar cooperativismos para la crisis, será un modo inclusivo para acompañar y promover a personas que se encuentren en estado de vulnerabilidad, mediante el más noble abordaje de su problemática con el propósito de contribuir a mejorar y asegurarles un digno goce de sus derechos, una mejora en su calidad de vida y un acceso efectivo a las instituciones que les suponen y justifican.

Finalmente, es inadmisible tanta insensibilidad ante tanto sufrimiento de una creciente plantilla de pobres e indigentes, mucho menos en el bendecido país del pan.

Roberto Fermín Bertossi

Experto Coneau / Cooperativismo



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