Jueves, 20 de Junio de 2019    
 
25/05/2019 [[Sociedad]]
Seguridad alimentaria… ¡de eso no se habla!
Las inadmisibles e inaceptables hambrunas humanas
por Roberto Bertossi

“Si no puedes alimentar a un centenar de personas, alimenta a una sola.

Entonces, vive sencillamente para que otros puedan simplemente vivir”

Madre Teresa de Calcuta

Hace meses que en la antesala político-electoral argentina, la centralidad de sus debates se centrifuga en un festival de egos sin ninguna referencia principal ni programa fundamental para la población; y de esta, la más acuciante e indignamente hambreada y empobrecida, virtualmente descartada cuando hace demasiado tiempo carece del pan suyo de cada día.

La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen acceso en todo momento a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y a las preferencias culturales para una vida sana y activa.

Naturalmente conforman seguridad alimentaria, los medicamentos, las cobijas y los servicios esenciales imprescindibles para conservar cada vida sana personal, familiar y comunitaria.

Esta impunidad del poder tanto por recurrentes defraudaciones electorales cuanto por omisión como por incumplimiento de los deberes de funcionario público para asegurar los beneficios de la libertad y de los merecimientos constitucionales del bien común, explican y predicen al “Hambre y Pobreza 0´” como condenable fetiche politiqueril.

En “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe leemos: ´las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí mismas poco susceptibles de análisis. Sólo las apreciamos a través de sus resultados. Entre otras cosas sabemos que, para aquel que las posee en alto grado, son fuente del más vivo goce´.

Sin dudas, tal lectura es un aporte que contribuye substancialmente a revelar la ausencia de inteligencia política vernácula como fuente indolente e insensible de tanto incomprensible sufrimiento, de tanta hambre, pobreza e indigencia argentinas; sin perjuicio de los cinismos y canalladas del caso.

Adentrándonos en “El hambre”, un libro de Martin Caparrós de editorial Anagrama, personalmente podemos leer inquietantes interrogantes como: ¿se imagina no saber si va a poder comer mañana? ¿Se imagina cómo es una vida hecha de días y más días sin saber si va a poder comer mañana? ¿Se imagina una vida que consiste sobretodo en esa incertidumbre y el esfuerzo de pensar cómo paliarla?

Sorprende la facilidad con que los argentinos convivimos con la miseria y la vulnerabilidad ajena encarnando objetablemente esa idea que más de uno enunció de más de una manera: “es una vergüenza ser feliz con tanta miseria alrededor”, con tantas angustias y aflicciones (no solo en villas miserias y asentamientos) que parecieran sernos tan lejanas, casi extrañas.

Ante semejante estado de cosas, el dantesco espectáculo de la dirigencia política nacional (así lo acaba de admitir Sergio Massa), pretende sostener que en las listas y candidaturas para las próximas elecciones habrá renovación política como si ello fuera una cuestión cronológica derivada de la biología humana. Claramente, renovar es quebrar la línea, inutilizar las ideas presentes que nos empacharon de ascuas, postergación e indignidad, renovar es espíritu crítico, es replantear la realidad; renovar no es imponer a un candidato, renovar es proponer un plan de desarrollo humano con futuro pero no presentar una y otra vez los mismos candidatos infectados del pasado, de la pesadez y embriaguez para conservar egoístamente tan nefasto status quo.

Entre nosotros los argentinos, “Renovar” es arriesgarse a probar algo nunca vivido para lograr finalmente afiatar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la amistad cívica, la paz interior y el bienestar general de todos los todos del todo social, porque renovar jamás será “más de lo mismo” ni, o peor aún, ¡más de menos!

Preconclusivamente, lo más urticante para las camarillas y castas políticas que deciden el futuro de los argentinos, es sinónimo por antonomasia de elitismo y sectarismo, alimentando un tufillo nauseabundo de oligarquía feudal (nacional, provincial y municipal), con la ratificada figura: “Mesa Chica”, la cual describe con mayor verosimilitud, la manera, el mecanismo y la forma como se resuelven las ´alquimias´ de ofertas electorales que nos impusieron y nos impondrán consuetudinariamente, quebrados partidos políticos para elegir autoridades y representantes a lo largo y a lo ancho del país; politiquerías responsables de toda declinación y derrumbe de aquellos hidalgos índices estadísticos (vg., pobreza, desocupación, inflación, etc.) que exhibió el sencillo y humanista gobierno (sin distracciones) de don Arturo H. Illia a la fecha.

Finalmente con Caparrós, sostenemos que el hambre es el mal que más personas sufren –después de la muerte, que sufren casi todas. Y es, por eso, el que más mata –sí, después. No tienen plata, no tienen propiedades, no tienen peso: no suelen tener formas de influir en las decisiones de los que toman decisiones. Hubo tiempos en que el hambre era un grito, pero el hambre contemporánea es, sobre todo, silencioso: una condición de los que no tienen la posibilidad de hablar. Hablamos –con la boca llena– los que comemos. Los que no comen generalmente callan. O hablan donde nadie los escucha.

Roberto Fermín Bertossi

Investigador Cijs // UNC

Experto CoNEAU / Cooperativismo



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