Viernes, 19 de Julio de 2019    
 
20/06/2019 [[Sociedad]]
DESIGUALDAD: desafíos solidarios
Cooperativismo en modo economía popular e Igualdad
por Roberto Bertossi

Sumario: Introducción.- Cooperativismo, Economía popular e Igualdad.- El mercado y la ausencia estatal como causa de desigualdades.- Principios cooperativos.- Conclusiones y propuestas.

Introducción:

El notable incremento de desigualdades provenientes de un capitalismo ávido y sin regulación, de crecientes brechas en la apropiación del excedente entre capitalistas y trabajadores, de la corrupción, de extravagantes índices de inflación, de voluntarismos políticos o tiranuelos mesiánicos de turno, de la incapacidad e ineficiencia gubernamental, de las profundas inequidades en el mundo del trabajo como de efectos perversos provenientes de diversas estrategias de redistribución -entre otras causas determinantes-, conforman e identifican un hito inequitativo insensiblemente intensificado durante las últimas décadas como resultado de regresivas reformas tributarias que aliviaron impositivamente los sectores más poderosos de la sociedad, desguarneciendo más aún y simultáneamente a aquellos más vulnerables.

Más allá de ufanarnos en principios abstractos de soberanía política, de independencia económica y de justicia social, resulta imperativo redistribuir sin demora más y mejor porque la desigualdad es un obstáculo para el desarrollo humano de los países y de las sociedades en términos personales y comunitarios.

En pos de mitigar, revertir e impedir la gestación y/o profundización de desigualdades e inequidades, resulta imprescindible elegir y activar el mejor contrafuegos, el más eficaz en tanto traducible y replicable mediante las mejores herramientas disponibles para la redistribución de la riqueza.

Complementariamente y en nuestro caso, para la gestión de necesidades, bienes e intereses comunes, hemos reparado en dos de las mismas en tanto y en cuanto han cooperado y cooperan substancialmente en el combate contra las desigualdades y la pobreza.

Nos referimos puntualmente al cooperativismo en modo economía popular. Fundamental y básicamente, ambas se nutres de la misma cultura de la satisfacción.

Cooperativismo, economía popular e Igualdad:

El cooperativismo en tanto nave insignia de la economía solidaria civil, promueve la libre asociación de personas y familias con necesidades e intereses comunes. Su propósito es conformar una empresa solidaria civil –sin intermediarios ni fines de lucro- en la cual todos sus miembros tienen igualdad de derechos y en la que los beneficios obtenidos se reparten entre sus asociados con justicia distributiva, ello conforme el trabajo, la producción, los usos, los consumos u otros aportes personalizados entre cada cooperativista con ´su cooperativa´

Claramente, tanto la autogestión como la acción comunal son características principales distintivas que informan, fundamentan y sostienen el auténtico cooperativismo a lo largo del tiempo, urbi et orbi´

Elementalmente, la economía popular es una forma de organización económica, donde sus integrantes, individual, colectiva y/o barrialmente, organizan y desarrollan solidaria e igualitariamente, procesos de producción, intercambio, comercialización, financiamiento y consumo de bienes y servicios, para satisfacer sobriamente necesidades compartidas y, en lo posible, generar ingresos compartibles entre sus adherentes activos con el firme propósito de aliviar y favorecer sus economías domésticas.

Igualdad: la misma básicamente implica y significa que todo contrato social debe ser igual para todos en igualdad de circunstancias, no debiéndose otorgar excepciones o privilegios que excluyan a unos de lo que se reconoce a otros en igualdad de condiciones.

El mercado y la ausencia estatal como causa de desigualdades.

¿Cómo evitar este resultado?

Siguiendo los lineamientos de Mario Bunge, la difícil dialéctica entre igualdad, libertad y fraternidad cuestiona la propia eficacia de la solidaridad. De un mercado sin derrame como de la ausencia del Estado, dependerá en gran medida una tragedia de los bienes comunes al ser apropiados sectorial e injustamente.

La mejor solución es el autogobierno con la conformación de un tribunal imparcial que resuelva racionalmente los conflictos de intereses entre las partes. Esta es la solución que propuso Elinor Ostrom (1990) y que le valió el Premio Nobel de economía de 2009´

Semejante autogobierno de recursos compartidos antepone la igualdad a la libertad, lo que corrobora el principio de que la igualdad precede a la libertad y a la solidaridad.

El que este principio sea rechazado tanto por los autodenominados libertarios de izquierda o anarquistas como por los de derecha o republicanos, sólo sugiere que estas ideologías no respetan los hallazgos de la ciencia social. Tampoco los respetan los marxistas, quienes jamás han imaginado experimentos para poner a prueba sus hipótesis, pese a lo cual pretendieron apoderarse de la expresión: ‘socialismo científico’.

A todo ello, el dilema de libertad sin igualdad también vale para igualdad sin libertad o para solidaridad sin igualdad ni libertad. Esto mismo se confirma pensando experimentos en los que un grupo de agentes sociales se sujeta por caso a solo dos de los mandamientos de la triada “Libertad, igualdad, solidaridad.” No es casual el que esta triada sea más prestigiosa y practicable que cualquiera de sus componentes, individualmente considerados.

Más temprano que tarde, toda libertad sin igualdad, será precaria pudiendo extinguirse o limitarse de uno u otro modo, directa o indirectamente.

Ahora bien, ¿qué sucede con el comunitarismo, o el ideal de la solidaridad o responsabilidad social del individuo? En realidad no parece practicable, ya que la práctica de la fraternidad involucra sentimientos de hermandad, de vecindad y generosidad, que no son fáciles de despertar ni de controlar cuando habitamos un mundo personalmente incomunicado pero tecnológicamente harto conectado. No es casual que el comunitarismo fuese propugnado por unos pocos filósofos idealistas como Hegel, quien también fue estatista. (Recuérdese su tesis “El Estado es la sombra de Dios sobre la Tierra.”)

Principios cooperativos:

Puntualmente, para entender cabalmente el fenómeno cooperativo en general, es preciso acudir a los principios cooperativos reformulados en Manchester en el año 1995´

Entendemos por principios cooperativos las bases fundamentales que informan o deben informar la constitución, el funcionamiento y la regulación de las cooperativas, en la doble concepción de éstas: como persona jurídica privada o sujeto de derecho (art. 148 Código Civil y Comercial Argentino) y como empresa u organizaciones de intereses comunes.

Tales principios consisten en: asociación abierta y voluntaria, gestión democrática de los asociados, participación económica igualitaria o justicia distributiva, autonomía e independencia, educación, entrenamiento e información, cooperación entre cooperativas y compromiso con la comunidad o responsabilidad social cooperativa.

Cuando los principios cooperativos son encarnados por una masa crítica solidaria, estos se asocian con cooperativas genuinas.

Las recomendaciones para lograr cooperativas puras y exitosas se basan tanto en la fiel aplicación de sus principios rectores como en la instrumentación de modelos organizativos flexibles adaptados a cada realidad socio-económica de los asociados.

Los principios a que venimos refiriendo, tratan de verdades o directrices, no dogmáticas, sino nacidas de la experiencia cooperativa; inducidas de la observación y proyectadas por deducción al mundo cooperativo en general.

No es cerrada su formulación, sino abierta; y no utópica, sino objetiva y real, de acuerdo con las necesidades y demandas de cada momento histórico, (1937, 1966 y 1995).

Ahora bien, habiendo consumido ya –poco menos- un cuarto de este siglo XXI, lo afirmado sobre el marco axiológico cooperativo vigente compuesto de principios liminares -fruto del pragmatismo evolutivo de la realidad, cultivada sobre las razones que fundamentan la institución-, nos obliga a efectuar un firme reclamo académico puntual sobre la necesidad y conveniencia de una revisión de la última reformulación de los principios cooperativos ocurrida en Manchester durante el año 1995´, esto es, cuando ya han transcurrido veinticuatro años desde entonces, casi 25 años profundamente revolucionarios y transformadores en términos demográficos, genéticos, ecológicos, tecnológicos/digitales, económicos (vg., crisis financiera mundial o gran recesión 2008/2015´, criptomonedas: Bitcoin, Ether, Libra, etc.) tanto como en fenómenos sociales, migratorios, de usos y consumos, de género o culturales entre los más relevantes.

Como señalamos precedentemente al conjeturar y cavilar sobre los principios cooperativos, su establecimiento o determinación se logra mediante el procedimiento o método sociológico de la observación, hasta sintetizar y condensar técnicamente de “la vida” de las cooperativas y de su régimen, aquellas notas fundamentales que les son más típicas y connaturales.

Acotamos finalmente que nuestro reclamo revisatorio ut supra, está fundamentado en verosímiles amenazas actuales de vetustez e incompletud en los mismos principios cooperativos oficialmente regentes, reiteradamente relacionados o aludidos precedentemente.

Conclusiones y propuestas:

· Preconclusivamente y teniendo como norte “la noble igualdad”, sería ilusorio y contraproducente atribuir toda la inequidad del capital humano a fenómenos de tipo discriminatorio, o toda la debilidad de los salarios al poder monopsónico e manos de empleadores. Si bien es indispensable identificar las redistribuciones eficaces allí donde existen como acontece y sucede con auténticos cooperativismos y vigorosas economías populares, a veces denunciar en cada desigualdad la marca de una grosera ineficacia a la cual un voluntarismo algo mítico podría poner fin, puede “disculpar” del pago de los impuestos necesarios para financiar injustas transferencias fiscales. Estas, aunque no pueden poner fin a la desigualdad “irreal”, al menos atenúan de manera cierta la muy real desigualdad en las condiciones de vida de “los invisibles” privados de igualdad.

· Pensemos entonces junto al maestro Antonio Colomer Viadel en términos de Igualdad, la importancia de un Estado social y democrático de derecho en el que los ciudadanos puedan tener acceso mediante cooperativas a bienes para su consumo o servicios eficientes de agua potable, de lactancia y nutrición, energía eléctrica, transporte, gas, comunicaciones, además de educación, sanidad, vivienda, etc., y que ello se haga en condiciones de costos que tiendan a la gratuidad o, al menos, asegurar un costo mínimo para que no se continúe produciendo la exclusión en aquellas capas sociales lindantes con la pobreza, y por el contrario sea factor de inclusión social.

· Pensemos cuán importante será lograrlo mediante el incremento y empoderamiento de auténticos cooperativismos en modo economía popular. Para ello resulta clave, esencial e ineludible el impulso de la educación cooperativa entendida como aquella que consiste en la adquisición del hábito de pensar, de ver, de actuar, de hacer y evaluar de acuerdo con los principios cooperativos y su marco axiológico. También sumará asimilar y “difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza". (Carta Encíclica del Santo Padre Francisco, “Laudato si´”, sobre el cuidado de la casa común).

· Pensemos al mismo tiempo, la importancia que tiene para la dignidad personal el intervenir con un protagonismo consciente en la autogestión para la provisión de bienes para el consumo y el suministro de los servicios esenciales desde la perspectiva emancipatoria de dependencias e insensibles exclusiones, diluyendo hasta abolir toda cultura del descarte.

· Pensemos ahora en una igualdad de oportunidades en la cual todas las personas en cualquier territorio y bajo cualquier circunstancia, tengan posibilidades concretas de acceder a bienes, productos y servicios esenciales, especialmente aquellas personas que habitan zonas de difícil acceso, que tengan limitaciones físicas, geográficas o necesidades sociales especiales.

· Pensemos también en los beneficios de la articulación federativa y confederativa de los distintos sectores de la economía popular cooperativa de bienes, productos y servicios públicos en los diferentes ámbitos territoriales, como para la mejor vinculación de personas y oportunidades con las cooperativas de producción o de trabajo decente asociado, de servicios, de crédito, de vivienda y de consumo.

· El fin sería crear un verdadero sector de economía solidaria civil abierto a una estrategia de afines, incorporando otras formas solidarias de organización empresarial e incluso empresas familiares, para alcanzar ese punto de masa crítica, que permitiera una cierta invulnerabilidad del sector cooperativo frente a competencias abusivas desleales, y reivindicara instrumentos de apoyo para este sector de la economía, de carácter agrario, financiero, comercial, tecnológico, de seguros, de las telecomunicaciones, de genuinos fondos de inversión y de formación, que les permitiera una cierta igualdad en esa competitividad de mercados con los sectores privados, populares y públicos de la economía, mostrándose así como ´otro´ sector vigoroso, como una opción y cuña promotora, reivindicativa, redignificante e inclusiva, entre las polarmente prevalecientes como el mercado o el voto, (Thomas Piketty)

· La sinergia de esta alianza tendría, sin lugar a dudas, un efecto multiplicador y un beneficio para todos los ciudadanos por la reducción de costos y el incremento de beneficios, ya que no son estos últimos los motores movilizadores del sector cooperativo ni de la economía popular sino, una noble y cabal redistribución equitativa en el marco de la reciprocidad mutual.

· Por último pensemos también en un replanteamiento del principio democrático hacia un constitucionalismo solidario que nos ofrezca la disponibilidad de unos instrumentos tan útiles para lograr finalmente, buena parte de todo proyecto transformador y humanamente útil como son las verdaderas cooperativas en su combate cotidiano contra la desigualdad, la pobreza y la cultura del descarte.

Roberto Fermín Bertossi

Experto CoNEAU / Cooperativismo

Investigador Cijs/Fac. de Derecho/UNC



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