Lunes, 3 de Agosto de 2020    
 
07/05/2020 [[Política]]
LA FAZ NEOLIBERAL DEL VIRUS
Manipulación y mentiras en tiempos revueltos
por José Luis López González

- “Existe un virus todavía peor que el coronavirus: el egoísmo indiferente” (Papa Francisco).

- “En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8, 31-42).

- “Jamás se debe dejar de decir la verdad, aun a costa de provocar escándalo” (San Antonio de Padua).

- “No es de extrañar que la confianza se debilite, pues ésta sólo se afianza con honestidad, con honor, con el carácter sagrado de los compromisos, con la protección insobornable, con la conducta desinteresada. Sin éstos, agoniza” (Franklin Delano Roosevelt).

- “No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho” (Aristóteles).

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1. La crisis y sus consecuencias

Con carácter previo a cualquier otra consideración, me gustaría dejar patente mi sincero deseo de que todos los enormes esfuerzos de nuestros conciudadanos se vean compensados por la consecución del más importante de todos los objetivos en este excepcional momento histórico: que España supere esta crisis sanitaria tan imprevista como terrible.

Mención especial merecen los afectados por este virus en su salud, o en la de sus seres queridos, que siguen luchando contra esta devastadora enfermedad. La mejor de las consideraciones merecen los profesionales de la Sanidad, la Policía, Guardia Civil, Protección Civil, Bomberos y demás personal adscrito a la producción y transporte de personas, bienes y servicios esenciales para la comunidad. En definitiva, todos aquellos que tienen que seguir trabajando para cubrir nuestras necesidades.

El nuestro es un gran país como lo está volviendo a demostrar en estos difíciles momentos en los que se mezcla el dolor con los problemas económicos, la mentira y la grosera manipulación de algunas informaciones.

La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha pronosticado que la crisis generada por el Covid-19 tendrá las “peores consecuencias económicas” desde la Gran Depresión que tuvo lugar en los años 30 tras el estallido de la crisis bursátil de 1929. Nos enfrentamos a una incertidumbre excepcional sobre la profundidad y duración de esta crisis. El crecimiento mundial se tornará marcadamente negativo en 2020. Aunque la crisis que se avecina se antoja muy profunda en algunos países europeos, como Italia o la propia España, el FMI teme que la peor parte se la lleven regiones de mercados emergentes y de bajos ingresos, como Latinoamérica, África o gran parte de Asia, debido a sus frágiles economías y sistemas de salud. Según los cálculos del FMI, en los dos últimos meses, los países emergentes han registrado unas notabilísimas fugas de capitales.

La pandemia conocida como Covid-19 ha generado en Europa, y especialmente en España, la peor crisis sanitaria y económica desde la II Guerra Mundial, por el elevado número de muertos, por el impacto negativo sobre la economía y por la alteración sustancial que se ha producido en nuestras vidas cotidianas, como consecuencia del confinamiento aplicado como único medio eficaz para contrarrestar los efectos negativos del virus. Son palabras pronunciadas por la Canciller de Alemania, Angela Dorothea Merkel, doctorada en Química Cuántica, cuyo sentido de la racionalidad y capacidad para estimular la concertación y llegar a acuerdos le ha proporcionado elogios, dentro y fuera de Alemania, por su eficaz gestión.

Como consecuencia de todo lo anterior, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Merkel, cuenta ahora con su mayor respaldo electoral desde 2017. Eso sí, la Canciller alemana, fiel a su histórica aversión al endeudamiento, sigue oponiéndose a los eurobonos; es decir a una mutualización de la deuda, como instrumento para ofrecer una respuesta a la grave situación de otros socios comunitarios.

En el caso de España, la principal amenaza que se cierne sobre nuestra economía es la de la pérdida de facturación en el sector del turismo. De hecho, será muy difícil que se puedan repetir las cifras de ingresos y de visitantes registradas en 2019. Esta circunstancia tendrá previsiblemente un sensible impacto en el crecimiento y en el empleo de nuestro país.

¡Qué extraordinaria es la normalidad, valga la paradoja! Hemos redescubierto toda la magia y esplendor del orden y la planificación de nuestras actividades. No utilicen nunca más para definir esta “maravilla de nuestra existencia” un vocablo tan poco amable como “rutina”. Hablemos siempre de “normalidad” mejor que de rutina. Porque el término “normalidad” abraza todo lo positivo y conlleva esencialmente tres grandes beneficios: salud, bienestar y equilibrio.

En la prevención y gestión de la pandemia no hemos acertado. Países como Hungría, Portugal, Nueva Zelanda, Finlandia o Alemania nos han superado amplísimamente en prudencia y atención a los conocimientos científicos por encima de caprichos y ambiciones políticas más o menos confesables. Es este, además, un virus con denominación evocadora de producto de limpieza o mascota olímpica. Pero ante todo, es un virus de marcada naturaleza “neoliberal”. Nos tapa la boca literalmente. La distancia y el culto a lo individual ante todo. Y ello como garantía de salud (también económica). El neoliberal no necesita compartir sentimientos ni expresar ideas. Se conforma con ser plenamente consciente del encanto personal que comporta y hacérselo saber a los demás. Basta con producir más que el de al lado. Y su corolario correspondiente: “consumo mucho y compulsivamente, luego existo” (con perdón del clásico y con la única intención de aportar a la cuestión una chispa de humor ingenuo a la par que tierno y elemental).

En las grandes ciudades se recomienda la utilización del transporte privado o la privatización del público (“si utilizas el transporte público sepárate –si puedes, claro- dos metros del viajero más próximo”). Se trata de una de las modalidades del denominado distanciamiento social. Por distanciamiento social entendemos una muy significativa reducción del contacto cercano entre las personas. La medida más significativa es el denominado confinamiento. Se trata de permanecer el mayor tiempo posible en el domicilio propio. Se concibe como una forma muy eficaz de disminuir la propagación de este virus.

El virus tiene efectos ciertamente inesperados en lo que atañe a la nueva obligación de aportar datos si se desea utilizar el ferrocarril para desplazarse en distancias considerables. En efecto, el transporte ferroviario ya no garantiza la privacidad del cliente: nuestra “licencia para recorrer la distancia entre dos ciudades en tren” (billete) ha de incluir nuestro nombre y teléfono. Lo hacen por nuestro bien. Se ha dejado de creer en la buena intención y en la normalidad. De tal suerte que el adolescente (ciudadano), si sale de noche (viaja en tren), ha de llevar siempre el móvil (disponible) para no preocupar a sus padres (Estado). Creo que la medida no decaerá ni con la superación de la pandemia. Pierdan Vds. la esperanza, no hay luz al final del túnel. La compañía ferroviaria nos ha despojado de por vida de nuestra privacidad.

Las mascarillas tienen diferentes niveles de protección y de sofisticación. La igualdad para comunistas y otros desechos sociales, pensará Donald Trump con el nivel de sensibilidad y empatía que le han aupado a su cargo, en una demostración de que los electores no siempre tienen razón.

Algunos de los líderes más aplaudidos y mejor valorados por el neocapitalismo rampante, como Donald Trump o Boris Johnson, consideran que un problema de salud pública, por más grave que resulte, no puede poner coto al frenesí capitalista (que no te manipule ni paralice el detalle insustancial de la salud). El célebre Titanic se podrá hundir, pero el baile y los felices acordes musicales neoliberales, como la vida misma, deben continuar.

Estos dos gobernantes impresentables del mundo anglosajón han sido elegidos democráticamente. En efecto, fatalmente, el pueblo soberano de esos dos Estados ha decidido, en términos coloquiales, “encomendar a la zorra el mimo, protección y cuidado de las gallinas”.

Protección sí, pero también diseño: las mascarillas se han convertido en el nuevo modelito de temporada. Una conocida diseñadora ya está preparando la nueva línea “primavera-verano”. Se las quitarán de las manos. Hablando de manos, guantes obligatorios antes de que se los quiten también.

Ante todo sofisticación: que la mascarilla no malogre tu belleza natural. Tú lo vales y lo vales mucho más con una “Mascarilla Premium”, técnicamente denominada “quirúrgica”. Y es que, en definitiva, las mascarillas tienen diferentes niveles de sofisticación en función del nivel socioeconómico del sujeto protegido.

En el supermercado la gente se mira bajo sospecha. ¡Ese de ahí, no lleva una mascarilla de alta gama! Deberían echarle (“no te separes de mí, hijo”). Sólo se puede salir si el desplazamiento es “neoliberalmente rentable” (licencia para comprar, pero para comprar “mucho”, si es “poco” se es sospechoso de “quebrantamiento de confinamiento”). Ante todo rentabilidad.

Mientras, el Gobierno de España y los de las Comunidades Autónomas se acusan mutuamente por una responsabilidad compartida. Como casi siempre sucede en política, los dos tendrán razón diciendo lo contrario, ninguno asumirá responsabilidad de ningún género y ambos saldrán reelegidos en las próximas elecciones. El pueblo es el titular de la soberanía. Ahora bien, como puede comprobarse, dicha titularidad no siempre se traduce en las mejores decisiones.

Creo en las personas pero no en las masas movidas de manera compulsiva por el temor compartido. Creo en las vocaciones ejercidas en durísima pugna con el virus en la corta distancia. Una presencialidad portadora, como se sabe, de riesgo para la salud de los trabajadores en el marco de unas actividades consideradas esenciales. Curiosa y lamentablemente, las actividades más castigadas por la crisis que comenzó a mostrarse sin pudor en agosto de 2008. Una crisis conocida, si se me permite la ironía, con una denominación evocadora de lo que podría ser la denominación de un grupo musical contemporáneo. Me refiero a Lehman Brothers, empresa global de servicios financieros de Estados Unidos, fundada en 1850. Destacaba en banca de inversión, gestión de activos financieros e inversiones en renta fija, banca comercial, gestión de inversiones y servicios bancarios en general. .

Nunca fue una crisis de producción. Siempre fue una crisis de especulación financiera provocada por un virus de corrupción, ansia desmedida de lucro económico y, en fin, un comportamiento incompatible con la honestidad y el respeto a los intereses generales.

Creo, finalmente, en los religiosos y seglares que se solidarizan aportando su sentida oración, su solidaridad y su consuelo a familiares, amigos y vecinos. Las actividades descritas tienen un denominador común: la bondad. Ese y no otro, más allá de cualquier crisis sanitaria o económica, es el verdadero marchamo de calidad de un ser humano.

Permanezcamos atentos a quienes van a medrar desde el minuto cero del post-confinamiento. ¿De dónde vienen las mascarillas? China debe homologarlas. Hay que dejar que hablen los especialistas. Me refiero a los “técnicos” en máscaras –mentiras-, mascarillas –de calidad reconocida, alta protección y modelos “top” o “premium”-, “más baratillas” –sucedáneos de papel u otros materiales, “de baja categoría”, pensados para los de recursos escasos y de natural incapacitados para apreciar la calidad y el diseño de este “nuevo complemento de moda”- y en “mascaradas” – las ruedas de prensa del Presidente Sánchez con preguntas preseleccionadas que provocaron el plante de los principales medios de comunicación -.

No somos tan poderosos como pensábamos. La solución en la emergencia ha sido recurrir a la misma medida que se tomaba en la Edad Media ante las pestes: el confinamiento o aislamiento de las personas en sus casas. Por su parte, los estados han decidido el cierre de fronteras, la limitación de la producción sólo a industrias consideradas clave, la prestación reducida de servicios públicos y privados, restricciones en materia presencial en los comercios, Todo ello a un alto coste en forma de crisis económica que guarda similitud con las acaecidas en 2008 y 1929.

Muchos cambios en los modos de producción, sistemas de enseñanza y relaciones humanas han llegado para quedarse. El trabajo y las videoconferencias se están utilizando masivamente. La docencia en línea ha intensificado y expandido el protagonismo que desde hace tiempo había alcanzado.

La crisis sanitaria ha hecho cobrar un protagonismo de crecimiento exponencial a la telemedicina.

La Administración Pública debería emplear la tecnología para agilizar y simplificar trámites, aunque sin renunciar por ello a las ventajas de la atención presencial en todas aquellas ocasiones en que mejore la atención al ciudadano.

En definitiva, lo que empezó siendo una crisis sanitaria terminará por modificar la organización económica, social y política de las sociedades occidentales.

2. Una crisis sanitaria con “noticias falsas” o “bulos” en inglés. Uso y abuso del idioma de la ciencia y los negocios

El gobierno de España cambia de criterio constantemente a la hora de aportar datos sobre la crisis sanitaria. Carece de un plan para afrontar la pandemia. Para ello emplea el lenguaje al servicio de la manipulación de la realidad. El Ministro de Sanidad se refiere a una “nueva normalidad” para enmascarar precisamente la ausencia de la misma.

Proliferan hoy, en efecto, las noticias falsas desde los ámbitos público y privado. Así el presidente de EE.UU, Trump se preguntó si no sería una buena idea inyectar en el cuerpo de los pacientes de Covid-19 un desinfectante, del tipo lejía, o aniquilarlo mediante la sencilla y contundente aplicación de una “tremenda luz ultravioleta”. Con toda lógica, la comunidad científica se apresuró a desmentir ambas falsedades. En idéntico sentido se manifestó el demócrata, Joe Biden, al poner de manifiesto, en su literalidad: “No me puedo creer que tenga que decir esto, pero por favor no beban lejía”.

El origen de la mayoría de los bulos extendidos por España se encuentra en servidores rusos. Son falsedades o medias verdades, que cuentan con el efecto multiplicador de las redes sociales, de carácter lesivo para el sistema institucional y la imagen exterior de nuestro país. Además, las desinformaciones tratan de deslegitimar el proyecto europeo. En efecto, la mayoría de las falsedades se refieren a que la Unión Europea está fracasando definitivamente, confirmando la lentitud y falta de determinación que ya puso de manifiesto a la hora de afrontar la crisis económica del 2008. Se trata, de esta manera, de presentar una Unión Europea constituida a partir de una yuxtaposición de socios egoístas, esto es, una organización supranacional carente de vertebración y solidaridad. Frente a esa Europa deteriorada por su falta de cohesión, de lo que se trata es de destacar un presunto mayor prestigio de Rusia y China que se presentan como más eficaces al obtener mejores resultados en la gestión de la Covid-19.

Disculpe el amable lector que al aludir a los “bulos” o “noticias falsas” me niegue a emplear la innecesaria expresión inglesa al uso (“y al abuso”), fruto de nuestro “papanatismo patrio” o, en términos psicológicos, de nuestro complejo cultural de inferioridad. Las tonterías se pueden expresar en varios idiomas y no por ello dejan de ser tonterías. Un papanatismo, materializado en el uso innecesario, subrayo lo de innecesario, de la lengua inglesa cuando se habla en castellano (y ello resulta extensible al caso de otras lenguas) que no es ninguna casualidad. Antes al contrario, forma parte de una premeditada, calculada y muy bien urdida estrategia de colonización e imperialismo cultural angloamericana que arranca a partir de la firma de la Carta del Atlántico, entre Churchill y Roosevelt, en 1941.

En España, fue el Tratado bilateral con EEUU, de 1953, el que abrió el camino a este proceso de colonización cultural. El Tratado ponía los medios para que los líderes, intelectuales y estudiantes comprendieran y apreciaran los logros culturales, sociales y económicos de Estados Unidos, contribuyendo así a los objetivos en España de su política: (1) crear un clima de opinión favorable para las bases norteamericanas en España; y (2) afianzar la confianza de España hacia Estados Unidos como amigo y aliado, con capacidad para liderar la lucha común contra la agresión comunista. El reto esencial consistía en incrementar la influencia de Estados Unidos entre los grupos que pudieran emerger con capacidad de liderazgo nacional. Por otro, se utilizarían los programas de información, cultura, intercambio de personas y cooperación técnica como una ventana abierta hacia los esquemas y valores de Estados Unidos.

La articulación de estas acciones de penetración profunda en la cultura española se materializaba a través de los denominados “circuitos”. Dicha técnica consistía en ganarse a sectores claves de opinión, favoreciendo su identificación con los objetivos y el modo de entender la vida de Estados Unidos. En este sentido, las autoridades norteamericanas se referían a «La estratégica posición de España y nuestra considerable inversión e interés militar y económico acentúan la importancia para nosotros de la opinión pública en este país». La cuidadosa selección de «profesores, estudiantes, líderes y especialistas» que cruzaban el Atlántico estaba destinada, entre otras cosas, a que actuasen a su regreso como «formadores de opinión» en un sentido favorable a Estados Unidos. Es más, “esa potencialidad era uno de los criterios en la elección de los becarios». Esa labor se concebía como un instrumento para reforzar la influencia norteamericana más allá de la situación política del momento, anclando a las élites españolas en la órbita del liderazgo internacional de Estados Unidos”. Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla ¿El "amigo americano"?: España y Estados Unidos durante el franquismo. Revista Studia histórica. Historia contemporánea. Número 21, 2003 (Ejemplar dedicado a: Las dictaduras del Sur de Europa: Grecia, Portugal y España), páginas. 231-276. En especial, se recomiendan, a estos efectos, las páginas 273-274.

En efecto, como escribía Juan Mainer Baqué, defender la educación pública pasa por cuestionar la paranoia anglofílica que nos invade y discurre paralela al deterioro de la enseñanza de la lengua española en nuestros colegios e institutos. Una lengua es muchísimo más que un vehículo de comunicación entre humanos (algo que, de por sí, ya es mucho). Es un vehículo de ideologías, de cultura, de maneras de reconocerse, es identidad, son valores. Emplear una lengua, es utilizar o adquirir una forma de estar, pensar e interpretar la realidad. Se trata de la conversión del idioma en auténtico caballo de Troya del pensamiento neoliberal hegemónico y de las políticas educativas que estamos padeciendo. Tales políticas, por desgracia, han culminado en la segregación de materias tan imprescindibles en el pensamiento humano como la Historia o la Filosofía, por no hablar ya de las lenguas clásicas, siempre culturalmente jóvenes y pujantes a la par que imprescindibles en una formación académica de base que merezca ese nombre: me refiero, claro es, al Latín y al Griego.

Como con toda razón sostiene Darío Villanueva, que la utilización de términos como “influencer”, en español “persona influyente”, es una “verdadera cursilería de tomo y lomo. Además, en este caso, la palabra procede del Latín: el “influencer” procede de la misma raíz latina de donde viene influyente” (El Universal. Sección Cultura. 6 de junio de 2018). Un último ejemplo de esta colonización a través del idioma nos lo proporciona la utilización abusiva del término “expertise”. Su significado se construye a través de sinónimos como experiencia, pericia o el propio término inglés que incluso se castellaniza con la denominación “experticia”. De este modo, los términos experiencia, pericia y experticia constituyen alternativas válidas en español al extranjerismo “expertise” que, según el Diccionario Merriam-Webster, significa en inglés “habilidad o conocimiento especial” o la “habilidad o conocimiento de un experto” (Datos obtenidos de FUNDÉU, Fundación del Español Urgente).

3. China y Estados Unidos: tan lejos y tan cerca.

Al mismo tiempo, la "legitimidad económica" de China (“made in China”, se lee en una esquinita recóndita de la superficie de cualquier objeto tecnológico de uso –y abuso- cotidiano) convierte a su impresentable gobierno, como no podía ser menos de partido único, en negador y destructor de los más elementales derechos humanos y exento de responsabilidad alguna. Y a los intelectuales de nuestro entorno, algunos tan reputados como acríticos profesores de Universidad, en deplorables cómplices.

Los países europeos sufren una más que evidente dependencia de China, lugar de origen del virus, a la hora de abastecerse de mascarillas y trajes de protección para los sanitarios.

Una “legitimidad económica“, entendida como una reedición del “tanto tienes, tanto vales”, un conocido dicho popular que además aconseja docilidad y prudencia ante el poderoso del que se depende.

Un sector amenazado en España será el del automóvil, ya que una gran parte de los componentes precisos para su fabricación proceden de China y allí la producción está paralizada. También se verá muy afectada en nuestro país la producción textil. En efecto, las grandes empresas españolas del sector textil, como Inditex o Mango, tienen muy localizada su producción en esa región. Lo mismo cabe afirmar de otros sectores esenciales como puede ser la electrónica. El hecho de haber convertido a China en la fábrica del mundo provoca, de forma automática, una enorme dependencia del gigante asiático.

Todo cambiará en el mundo a partir de ahora, afirman algunos responsables políticos con rostro serio y voz engolada. Todo, claro que sí, menos, como apunta el Profesor José Carlos de Bartolomé Cenzano, ciertos efectos perversos de la tecnología, que con seguridad se harán más intensos, como “encubiertas formas explotación, de localización y de esclavitud”, pues “las nuevas necesidades ficticias del capitalismo y del liberalismo más feroz y atroz así lo demandan”. Así lo semana el autor en su magnífico libro, a todas luces recomendable, Cómo estudiar Derecho. Técnicas y herramientas para el aprendizaje del Derecho. Valencia, Editorial Tirant lo Blanch, 2014, páginas 55 y 56.

Del mismo modo, también permanecerán inalteradas otras realidades como la supremacía del sistema financiero (antes conocido con la destemplada y contundente denominación de “banca”), el carácter determinante de las grandes compañías eléctricas, de los poderosos despachos de abogados -en productiva connivencia con políticos cesantes y sin escrúpulos- y de los impresentables gobiernos de EE.UU y China.

El Presidente Norteamericano, Donald Trump, despreció la profundidad de la crisis sanitaria, probablemente para evitar el impacto económico que una cuarentena dura provocaría en los mercados, ya que una de sus principales bazas para la reelección es la recuperación económica. Al menos, a Trump se le puede criticar sin que a uno le llamen “racista” (ya acumula él méritos sobrados para que se lo podamos llamar nosotros). Sí, porque poner en cuestión la “labor o faena” del Gobierno chino –no de los ciudadanos chinos que lo soportan en “silencio zen” y con actitudes de admirable civismo- se denomina ahora “racismo” (o sus equivalentes subliminales: “no seas insolidario” o “ahora no es el momento”).

¿Libertad para discrepar de la metodología y decisiones del Gobierno de China?: sí, por supuesto. La libertad de expresión está plenamente garantizada en China. Eso sí, seamos francos -sin dejar por ello de ser demócratas- únicamente en ordenada concurrencia de criterios con las autoridades del país de la Gran Muralla y del gobierno pequeño en honestidad, decencia y valores democráticos.

4. Tres sueños frente a una pesadilla

Para concluir, deseo compartir con el amable lector tres de mis “mejores sueños”. Lo ideal sería su ejecución inmediata y simultánea como contrapunto a esa pesadilla conocida como Covid-19. Para mayor simplicidad, los formulo a modo de titulares de prensa:

1. La pandemia, ocasionada por el denominado Covid-19, ha sido definitivamente superada.

El Covid-19 es la séptima versión de un mismo virus. Ojalá resulte ser la última y definitiva y se encuentre una vacuna que la erradique para siempre.

2. Los Gobiernos de China y EE.UU. han sido condenados por crímenes contra la humanidad.

Según la ONU, los crímenes contra la humanidad comprenden los actos que forman parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil. Se entienden como “crímenes de lesa humanidad”: asesinatos, exterminios, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, encarcelación o privación de libertad física que viole el derecho internacional, torturas, violaciones, prostitución forzada o violencia sexual, persecución de un colectivo por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos o de género, desaparición forzada de personas, apartheid y otros actos inhumanos que atenten contra la integridad de las personas.

En China se originó el virus. El Gobierno de China era conocedor de lo que sucedía y no lo denunció ni lo trató de evitar. Por si lo anterior no fuera ya suficiente, además mintió, encubrió las consecuencias de la crisis sanitaria y tiene prohibió la difusión de información sobre el Covid-19 a todos los medios de comunicación que no sean agencias de prensa dependientes del propio Gobierno.

El caso del médico chino de Wuhan, Li Wenliang, resulta especialmente significativo. Él fue uno de los primeros en detectar la infección. A finales de diciembre de 2019, decidió enviar a un chat de colegas médicos una alerta refiriéndose a la nueva enfermedad. Fue acusado de difundir rumores y llamado al orden por las autoridades, que le obligaron a confesar que había lanzado “afirmaciones falsas”. Su advertencia no fue escuchada y, a principios de febrero, Wenliang murió por el virus. “La verdad se trata en China como algo subversivo. El régimen atemorizó e hizo desaparecer a los que dijeron la verdad sobre la infección. Todavía lo hace. Los ciudadanos chinos que cuentan la verdad son verdaderos héroes”, explica Edward Friedman (profesor emérito del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de la Wisconsin-Madison).

De haber existido esa transparencia en relación a la opinión de los expertos en Medicina, gran parte de los efectos de la pandemia se hubieran evitado. El Letrado norteamericano Larry Klayman, del mismo Partido Republicano que el Presidente Donald Trump, ha interpuesto una demanda colectiva contra la República Popular de China, el Ejército de Liberación Popular de China, el Instituto de Virología de Wuhan, y contra Shi Zhengli, director de dicho Instituto, por un montante total de veinte billones de dólares.

Mientras tanto, el 27 de abril de 2020, el embajador de China en Australia, Cheng Jingye, amenazó con boicotear el consumo de productos australianos, entre ellos el vino, si los poderes públicos de Australia insistían en pretender investigar sobre las responsabilidades derivadas de la pandemia del Covid-19.

EEUU, por su parte, se convirtió en cooperador necesario, por omisión de medidas para atajarlo y una pésima gestión sanitaria, en la desbocada expansión del Covid-19 por el resto del mundo. Donald Trump ha sido criticado con toda la razón por la forma en que subestimó la pandemia y la lenta reacción de su administración ante la propagación del virus a lo largo y ancho de todo el mundo.

La prestigiosa revista médica The Lancet acusó a Donald Trump de cometer "un crimen contra la humanidad" tras su decisión de suspender la financiación de los Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en medio de la lucha de todos los países contra el Covid-19. Richard Horton, editor-jefe de la Revista, no dudó en manifestar que “todo científico, trabajador sanitario o simplemente ciudadano, debe resistir y rebelarse contra esta espantosa traición a la solidaridad global”.

Por su parte, Samantha Power, que fue embajadora ante la ONU de la Administración de Barack Obama, ha calificado la congelación de fondos a la OMS de "obscena".

3. El pueblo español, y el de todas y cada una de las democracias del mundo, ha exigido –enérgica, eficaz y pacíficamente- responsabilidad a sus gobernantes por la gestión de la pandemia provocada por el virus etiquetado como Covid-19.

El electorado debe exigir responsabilidad política, mediante el ejercicio informado y racional del derecho de sufragio, al gobierno y a la oposición –en los ámbitos, europeo, nacional, autonómico y local-, en las próximas convocatorias electorales. De manera especial, debería depurarse otro tipo de responsabilidad. Me refiero a la responsabilidad disciplinaria de autoridades y empleados públicos, previa la apertura de la oportuna investigación y con todas las garantías del Estado de Derecho previstas para los funcionarios públicos, en situaciones como las relacionadas con la adquisición de material sanitario defectuoso y/o ineficaz para hacer frente al virus. Como apuntaba el gran maestro constitucionalista francés, Maurice Hauriou, “el poder público, el poder de la Administración, tiene lógicos correctivos que reclama el instinto popular. En efecto, el ciudadano solicita, y debe hacerlo siempre, al poder público que actúe, pero que obedezca a la Constitución y la Ley; que actúe, pero que se responsabilice del perjuicio ocasionado”.

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