Sábado, 19 de Septiembre de 2020    
 
05/08/2020 [[Sociedad]]
LA AUSENCIA DE UNA ADECUADA Y ESTABLE POLÍTICA DE PROFESORADO O SATURNO (AUTORIDADES POLÍTICAS Y ACADÉMICAS)
DEVORANDO A SU HIJO (EL PROFESOR O LA PROFESORA EXCELENTE)
por José Luis López González

Defendemos la estabilidad laboral, tanto en Personal Docente e Investigador, como de Administración y Servicios

Texto extraído de los principios de STUM, Sindicato de Trabajadores de las Universidades Públicas de Madrid

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1. Los problemas urgentes en el diseño curricular de la carrera de profesor universitario

a). Los asociados en sentido propio o “asociados de verdad” (abogados, fiscales, jueces, médicos, etc.)

La tendencia debe ser a estabilizarlos siempre que cuenten con un desempeño profesional acreditado en el Departamento y Área de conocimiento de que se trate, en su calidad de receptores de sus servicios en la Facultad. Lo que debe determinarse también es que su labor docente se circunscriba a Seminarios y Prácticas. En ningún caso a Magistrales. Estos profesores pueden aportar unos conocimientos prácticos muy valiosos para el ámbito universitario. Tales conocimientos tienen su origen en su desempeño profesional fuera de las aulas. En cambio, su debilidad en la función docente consiste en que, salvo honrosas excepciones, carecen de la capacidad de conceptualización y sistemática que tiene un profesor de Universidad a tiempo completo. No son, de entrada, ni mejores ni peores. Su actividad profesional prioritaria, la que ocupa la mayor parte de su jornada laboral, se orienta hacia actividades profesionales no docentes. La contratación de estos profesores debe ser estudiada cuidadosamente para que no constituya un modo velado de precarización de la profesión que impida promociones y convocatoria de plazas a tiempo completo.

b). Los falsos profesores asociados Son profesores de dedicación exclusiva para los que el sistema universitario carece de figuras contractuales para dar continuidad a su carrera académica. Es una mala solución a un problema realmente existente. Los falsos asociados deben desaparecer al tratarse de una figura anómala que enmascara una necesidad contractual no cubierta en el diseño curricular de la carrera académica de profesor universitario. Un profesor a tiempo completo no puede reducirse en el plano contractual al esquema de plazas para dedicación docente parcial.

c). Las bolsas de acreditados. Las agencias de evaluación de la calidad y acreditación del profesorado como la ANECA y las respectivas agencias autonómicas, se crearon, al menos desde un planteamiento teórico, para mejorar la calidad de nuestro sistema universitario y asegurar unos mínimos de solvencia académica comunes en todo el país a la hora de poder optar a determinadas plazas de profesorado, y evitar, así, la discrecionalidad con la que algunas universidades contrataban profesores en el pasado. La evaluación a la que se somete al candidato pretende que se demuestre que la productividad científica, consecuencia de las líneas de investigación de cada profesor, es coherente y original, está cohesionada, contribuye a ofrecer nuevas perspectivas de investigación, tiene un desarrollo progresivo y ofrece resultados excelentes y constantes a lo largo de los años que integran el currículo del investigador.

La dificultad surge cuando son muchos los acreditados y muy escasas las plazas convocadas en las diferentes universidades. Esta situación ha dado lugar a las injustas y absurdas “bolsas de acreditados” o, como se decía en otra época, “aprobados sin plaza”.

Se trata, me parece, de un problema que debería afrontarse en dos fases: a). Dar solución a los actuales “acreditados sin plaza”. La bolsa actual de acreditados es una auténtica vergüenza y una certificación del carácter ineficaz e ineficiente del vigente diseño de la carrera de profesor universitario. La acreditación, en su actual configuración, es un modo de poner en liza plazas que no existen y que nadie puede garantizar que lleguen a existir.

Lo realmente prioritario, si lo que se pretende es ofrecer una solución al problema, es dotar de las plazas correspondientes a los actuales acreditados empleando el criterio derivado del aforismo latino Prior in tempore, potior in iure. Dicho aforismo puede traducirse como “primero en el tiempo, preferido en el derecho”, "primero en el tiempo, mejor en el Derecho" o "es más fuerte el derecho más antiguo". Hace referencia, en definitiva, a un principio de Derecho en virtud del cual, en el caso de existir controversia entre partes que alegan iguales derechos sobre una cosa, prevalece el de aquella que los generó en un momento anterior en el tiempo.

El jurista, historiador, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, Sebastián de Horozco (Toledo, 1510-1580), coleccionó 3.145 refranes glosados o comentados en décimas titulado “Teatro Universal de Proverbios” y en él reseñó el principio jurídico anteriormente aludido en los siguientes elegantes términos (www.lavozdelderecho.com):

Quien primero es en tiempo, ese es mejor en derecho

Para aver de litigar

El consejo verdadero

Es saberse adelantar

Y procurar de informar

De su justicia primero

Porque con esto después

Se halla el camino hecho

Y estando en si es no es

Quien primero en tiempo es

Ese es mejor en derecho.

El sistema de acreditaciones lo establecieron los poderes públicos. Los acreditados cumplieron con su parte. Algunos lectores recordarán el exitoso lema histórico de seguridad vial “si bebes, no conduzcas”, protagonizada en 1985, por el entrañable cantante Stevie Wonder.

Aplicado a lo que nos ocupa, “si no hay plazas, no acredites”. Así de claro: si la Administración, carece de plazas que ofrecer debe, como mal menor, suspender las acreditaciones y no permitir que excelentes profesionales malogren su futuro en un empeño prácticamente imposible. Por consiguiente, hay que vaciar la relación de acreditados agraviados en eterna espera que actualmente existe bajo el concepto eufemístico de “bolsas de acreditados” (en algunos centros universitarios más que de bolsas cabe hablar de sacos). b). El sistema de acreditación es injusto y absurdo. El acreditado es, valga el símil, un ganador de una medalla en una carrera de atletismo. Sin embargo, el joyero (Administración) ni siquiera se ha preocupado por determinar cuándo empezará a fabricar la medalla que ya está ganada. Como fácilmente puede comprenderse, en una carrera de atletismo las medallas tienen que estar listas antes de que se inicie la competición. No se encargan cuando la competición ha concluido.

2. Apuntes en clave de mejora

Un análisis de las posibilidades de mejora de la situación pasa necesariamente por la imprescindible financiación orientada a un proceso de estabilización del profesorado acreditado. Desde luego, no ayudan a este objetivo la creación, con motivo de la reforma del Estatuto del Personal Docente e Investigación, de las figuras del profesorado Titular Contratado y del Catedrático Contratado. Se favorece así una vía de carácter laboral, alternativa a la vía funcionarial, con la pérdida de derechos que ello conlleva, y con el peligro de construir una carrera profesional de segunda y otra de primera.

Ante la ausencia de una política universitaria sensata y estable, debemos formularnos una pregunta inquietante: ¿Cuántos de los acreditados actuales hubieran emprendido la carrera hacia la acreditación de haber sabido que las medallas no estaban encargadas ni se pensaban encargar? Sinceramente, pocos. De hecho, las situaciones de interinidad no deberían superar el plazo de un año natural, de fecha a fecha. La Administración debería garantizar al acreditado la plaza conquistada en un plazo no superior a un año natural con posibilidad, como mal menor, de abonarle mensualmente la diferencia en su nómina entre la plaza previa y la posterior ganada en el muy exigente y proceloso proceso de acreditación.

Todo razonamiento sobre la problemática de los profesores acreditados sin plaza (denominación esta, me parece, mucho más ajustada a la realidad que la de bolsas de acreditados que peca de imprecisión evidente) debe partir, a nuestro entender de los siguientes principios o fundamentos: a). Tienen a su favor una razonable expectativa de acceso a la plaza del escalafón ganada. Dicha expectativa de plaza goza de protección jurídica. b). Nadie se hubiera acreditado de haber imaginado que, o no tendría plaza o el acceso a la misma se demoraría de modo vergonzante. c). Un acreditado no es un mendigo ni un suplicante. Es un acreedor (pues ha aprobado) a un derecho (una plaza de profesor superior en el escalafón a la que ostenta) con un responsable en caso de incumplimiento perfectamente identificado (las autoridades políticas y las universitarias). d). No se puede ofrecer la posibilidad de ser acreditado cuando no se está dispuesto a invertir en la promoción y creación de nuevas plazas de profesores. e). No valen las célebres “excusas de mal pagador” tan frecuentes en algunas Comunidades Autónomas. Si no es posible invertir en promociones y plazas no es ni coherente ni sensato poner en liza las acreditaciones. Las limosnas no se someten a una condición previa (acreditación) sino que se entregan al mendigo desinteresadamente, sin condiciones. f). La acreditación no es un fin en sí mismo. Es el requisito que debe dar acceso a la plaza en un tiempo razonable. Actualmente se manejan plazos de demora superiores a doce años entre la acreditación y el acceso a una plaza. No haría falta recordar que no se conoce a nadie que se haya acreditado para algo diferente a acceder, en un plazo prudencial de tiempo, a una convocatoria que dé acceso a la nueva plaza para la que se obtuvo la correspondiente acreditación.

3. Condiciones de la docencia hasta que se recupere la normalidad

La recuperación de la normalidad, que es tanto como referirnos a la normalidad en sentido propio, exige superar el equívoco del Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y su “nueva normalidad”. Los gobiernos socialistas en España, al margen de la respetable ideología de cada uno, son expertos en cambiar los nombres de las cosas. Lo que es cierto, y esta tendencia a enmascarar la realidad lo es, y se comprueba en todo tipo de soportes de comunicación no admite reproches ni sentimientos de agravio. Es este un hecho objetivo y objetivado en el lugar que más desagrada a un político en España: la hemeroteca. En efecto, esta operación de maquillaje lingüístico ya la practicaron en 2008. Decía el expresidente Rodríguez Zapatero: queridos conciudadanos; la situación actual de desaceleración y la falta de liquidez hacen necesarias una suerte de medidas para paliar dicho crecimiento negativo. Ese “arte”, propio de trileros frustrados, de modificar la denominación de las diferentes realidades, con la finalidad de que no parezcan lo que realmente son, lo han vuelto a poner en práctica con la expresión “nueva normalidad”. En efecto, es esta una de las mayores distorsiones de la lengua castellana o española y un manifiesto desprecio a la inteligencia del ciudadano medio. Obviamente, ir con mascarilla y oliendo a desinfectante, es nuevo e imprescindible en estas circunstancias de crisis sanitaria, sí, pero no es normal (ni nuevo, ni viejo), menos, al parecer, para nuestro Presidente del Gobierno. Ahora algunas universidades se suman al lenguaje de Pedro Sánchez, y su inseparable “nueva normalidad”, para afirmar que las comunicaciones audiovisuales mediante el entorno digital de trabajo colaborativo, conocido como Microsoft Teams, constituyen docencia presencial. Entonces, ¿Qué era lo que hacíamos antes de la pandemia cuando nos dábamos la mano? Claro, eso debería ser entonces “lo virtual”. O tocamientos impuros, bajo la apariencia de buena educación, vaya Vd. a saber. Ahora, con motivo de la inevitable protección de nuestra salud, nos quieren con la boquita cerrada y distancia de seguridad. Así somos menos peligrosos, también para el poder. A modo de ejemplo, lo de las manifestaciones en automóvil y las virtuales me produce cierta perplejidad. No se si en adelante serán siempre así las protestas públicas. Lo que sí se intuye es a quien benefician estos deficientes sucedáneos del auténtico derecho de reunión y manifestación, proclamado en el artículo 21 de la Constitución española: a quienes ejercen el poder político y a quienes administran y gestionan sus decisiones.

En realidad, no hay nada más satisfactorio en el ejercicio del poder que una comunidad (social, universitaria, o de cualquier otro tipo) callada y obediente. Esa es la verdadera “erótica del poder”: que la comunidad (ya sea universitaria o incluso de regantes) asienta, como diría un castizo veterano, “sin chistar”. En efecto, el político, queda complacido cuando es capaz de generar en el destinatario de su labor quietud, complacencia y ausencia de crítica. Siempre he pensado que en materia de universidades interesa un ministro de derechas para que sindicatos acreditados como satélites de partidos políticos (Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras) se animen a defender nuestros derechos como si realmente lo fueran. Sin duda fue este, la creación de un sindicato “sin hipotecas políticas”, uno de los motivos que propiciaron el nacimiento de STUM (Sindicato de Trabajadores de las Universidades de Madrid), del que me enorgullece formar parte.

El ministro Manuel Castells explica, en una entrevista en ‘Público’ (27 de julio de 2020), cómo se han adaptado las universidades a la emergencia sanitaria, qué medidas se tomarán para evitar que las desigualdades crezcan y reflexiona sobre el nuevo escenario que ha llegado para quedarse: “La universidad híbrida es ya la regla” (¿PARA SIEMPRE?, como el diamante, ME PREGUNTO YO). La aceptación de esa realidad es cuestión de tiempo (¿EL TIEMPO NECESARIO, SR. MINISTRO, PARA DOBLEGAR LA VOLUNTAD DEL QUE SE RESISTA AL FINAL PROGRAMADO DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA PRESENCIAL MÁS ALLÁ DE LA PANDEMIA?). El aprendizaje a la fuerza que hemos tenido que hacer, continúa el Señor Ministro, en esta pandemia nos permite un salto adelante en el nuevo modelo pedagógico” (¿MODELO TAMBIÉN PARA DESPUÉS DE LA PANDEMIA? ¿ES EN ESO EN LO QUE ESTÁ VD. PENSANDO, SR. MINISTRO?).

En mi natural y justificadísima desconfianza hacia el poder me pregunto ¿Y si el actual Ministro de Universidades hubiera sido del Partido Popular? ¿Se hubiera modificado el actual estilo contemporizador, de efecto parabrisas (amago de pensamiento horizontal sin profundidad ni sentido definido) y complacencia perpetua? La respuesta no puede ser otra que afirmativa.

Todo lo hasta aquí comentado tiene un objetivo: que seamos capaces de comprender que no estamos en período de normalidad. La normalidad, por definición, equivale a continuidad y se identifica con lo cotidiano. Es la excepcionalidad lo que es nuevo. El confinamiento, por definición anormal, formó parte de lo cotidiano, durante tres meses, pero no por ello pudo adquirir la categoría de “normal”. Sí, en cambio, la de “nuevo”, porque jamás en nuestras vidas asistimos a algo semejante. Por consiguiente, las medidas que se adopten para este período de anormalidad deben perder la vigencia a su conclusión. No es decente intentar que acabe por adquirir la condición de indefinido lo que se diseñó para el vigente período de excepcionalidad.

¿Qué se podría proponer hacer, en términos prácticos, cara al curso 2020-2021? Desde una posición de humildad y a los efectos de encauzar un debate portador de sensatez y carácter constructivo me atrevo a elevar las siguientes propuestas: a). Las sesiones magistrales podrían impartirse online. b). Los seminarios, prácticas, laboratorios y demás sesiones de docencia asimilables a las enunciadas. Docencia presencial en grupos reducidos y aprovechando las aulas de mayor capacidad. c). La idea de efectuar rotaciones al 50% del alumnado en los grupos de magistrales presenciales carece de sentido. Por definición, las sesiones magistrales son prioritariamente clases de explicación de la materia. Televisar la clase para el 50% de los estudiantes ausentes carece de sentido. Es lo mismo repetido por “televisión”. Los que están presentes en el aula podrían estar perfectamente al otro lado del ordenador para recibir la clase magistral. En un Seminario o práctica, la situación cambia radicalmente. En este caso, la presencialidad (la verdadera, no la materializada en la aplicación Microsoft Teams) sí es imprescindible. La intervención del estudiante es clave y definitoria (como lo es la explicación sanguínea y fluida del profesor en las sesiones magistrales) en Seminarios, prácticas y laboratorios. d). Lo fundamental es entender que en los vigentes tiempos de anormalidad, en los que la docencia presencial (en sentido propio) tiende a ser limitada, lo que ha de hacerse es optimizar esta modalidad de enseñanza universitaria. Y ello supone dar prioridad en la presencialidad a la docencia que en mayor medida la requiere: la docencia práctica en sus distintos formatos. Una prueba de que lo que aquí se mantiene es rigurosamente cierto es que en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid los Seminarios culminan, en su última sesión, con una tutoría colectiva relativa a la asignatura en su totalidad. Se prioriza entonces en los Seminarios la intervención documentada y convenientemente preparada del estudiante. Es el momento de máxima presencia activa del alumno en la asignatura y, por consiguiente, la más necesitada de protección.

Quiero rendir, con este humilde escrito, un sencillo homenaje de respeto y consideración a las acreditadas y acreditados y, en su representación, a dos buenos amigos: María Isabel Mondéjar Peña (Universidad Autónoma de Madrid, Área de Derecho Civil) y José Carlos de Bartolomé Cenzano (Universitat Politècnica de València, Área de Derecho Constitucional). Cuando contemplo su situación siempre recuerdo un cuadro de Francisco de Goya, que he utilizado como ilustración en la cabecera del presente artículo: “Saturno devorando a su hijo”. Efectivamente, la universidad, y el aparato político-administrativo de su entorno, como Saturno, devora (ignora y menosprecia) de manera injusta y absurda a sus (mejores) hijos (profesoras y profesores de excelencia debidamente acreditados). Quien no es capaz de considerar, con el cuidado y la sensibilidad debidas, a sus mejores profesoras y profesores es porque a lo mejor no está a la altura de lo que ellas y ellos representan.

A la altura, me parece, de su fuerza de voluntad, de su constancia, de su implicación, de su ilusión, de su vocación, de su entrega, de su dedicación, de su inteligencia e incluso de su también acreditadísima paciencia.



INAUCO, ("Autogestión, Cooperación, Participación") | Tlf: 963 879 095 | Fax: 963 879 280 | inauco@upvnet.upv.es
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