Viernes, 14 de Diciembre de 2018    
 
03/05/2011 [[Cultura]]
Argentina según Sabato
Democracia, República y Patria que duelen.
por Roberto Bertossi

Roberto F. Bertossi[1]
Sabato, quien frecuentaba como pocos un sentimiento de patria, apabullado por el asco de tanta corrupción e impunidad pero con el coraje cívico y el compromiso civil que lo caracterizaba y destacaba, visualizó y nos dejó escrito: “La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla.(La resistencia, Pág. 101, Editorial Seix Barral; Junio de 2000).
Si `la lección del ejemplo gana a todas en elocuencia´ ¿cómo evaluar, explicar y proyectar la suerte de esta Patria que nos duele, de esta Democracia en construcción cuando demasiados legisladores están de campaña sin licencias ni mermas en sus haberes-dietas con un Congreso cuasiparalizado; con la inaudita impotencia de nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación? y así entonces, hemos de decir, mal que nos pese: ` con una República que cruje´.
Más grave todavía será conocer cuántos precandidatos y/o candidatos actuales se valieron y aprovecharon de una
justicia lenta
propia de tribunales en los cuales “castas con fueros y privilegios” en virtud de singulares reglas procesales de comparecencia, prescripción, perención y/o caducidad, acaban conformando en realidad un foro de impunidad penal-electoral-patrimonial para toda irresponsabilidad político-administrativa, ejecutiva y legislativa anterior, desde 1983 a la fecha

Repugna y se hace acreedor a todo reproche cualquier foro privilegiado. `Todos saben quienes son los que administraron fraudulentamente millones y millones de fondos públicos de la Patria; los que vaciaron y quebraron bancos públicos, privados, y empresas públicas; quienes se quedan con lo sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones´ (Sabato).
Esta `aristocracia corrupta´ es la que viene mutilando el erario público, privando a la ciudadanía existente en los segmentos sociales más vulnerables, de una razonable, regular y posible satisfacción de sus necesidades físicas básicas: nutrición, salud, educación, trabajo, servicios esenciales, vivienda digna, seguridad, jubilaciones y pensiones decorosas.
Sabato sentenció que había pensado -no sin pavura- en la posibilidad de que, como esas virulentas enfermedades de los siglos pasados, la impunidad y la corrupción lleguen a instalarse en la sociedad como parte de una realidad a la que nos debamos acostumbrar.
Ante esa espantosa hipótesis, ante tanta extravagancia y tanto escándalo él no titubeo en advertirnos: “Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa” añadiendo: `los hombres necesitan que nuestra voz se sume a los reclamos de todos los excluidos, perjudicados y empobrecidos. Él detestaba la resignación que pregonan los conformistas hartosatisfechos ya que no son suyas –ni de sus familias y amigos- las privaciones ni tanto sacrificio inútil, estéril e innecesario de la pobretería autóctona y telúrica.

Más temprano, más tarde, tanta impunidad genera desánimos éticos, morales, cívicos y sociales, abriendo las puertas para ideologías contrarias a las virtudes y valores cívico-democráticos, haciendo campo orégano para ventajistas, mezquindades y bajezas inficcionadas: “si otros evaden impuestos, si otros impulsan activamente trabajo indecente, `si otros roban´, “si otros siempre pasan en rojo”, si todos lo hacen … ¿porque no puedo hacer lo mismo?”.
Consecuentemente, todo esto dispara también comportamientos irracionales de permisividad y relativismo moral que sofocan los valores de la comunidad, auténticos valores éticos de solidaridad entre familiares, compañeros de trabajo, profesionales, etc., valores de pudor y de vergüenza, de honestidad, de contracción al trabajo y/o al estudio, de respeto al otro pero, por encima de todo `de amor a la Patria´.
Sabato no sólo se interrogaba sobre cómo se había llegado a esta degeneración de valores tan genuinos, atemporales y otrora insignes de la vida social sino que nos propuso que todos juntos restauremos los mismos desde nuestro propio e intransferible quehacer, sea en el seno de nuestros hogares de todas las clases sociales, desde instituciones públicas más creíbles, más eficientes; desde todas las instituciones religiosas, desde los movimientos académicos y culturales, desde los sindicatos, desde todos los actores y sectores reencontrándonos y solidarizando voluntades a prueba de fracasos que `sin recular ni para tomar envión´, sumando y multiplicando admirables terquedades argentinas para volver a ser esa Nación tan hermosa que magnánimamente nos legaron nuestro padres respecto de lo cual ojalá aprendamos a hacer lo necesario y corregir lo inconveniente para empezar a merecerla.
Para él ya no se trataba entonces sólo de una mera tarea de conservación axiológica sino de mucho más que eso: “Hay que regenerar nuestra Democracia tornándola más vívida y salutífera; debemos reivindicar la República y afianzar nuestra Patria.
Al respecto Sabato nos convocó a resistir: “ …hacer resurgir, hasta con vehemencia, un modo de convivir democrático y de pensar patrióticamente; que respeten hasta las más hondas diferencias ya que la democracia es la sociedad en la cual no sólo es posible sino exigido el ser persona. Frágil y falible, hoy en día ningún otro sistema ha probado otorgar al hombre más justicia social y libertad que la precaria democracia en que vivimos. La democracia no sólo permite la diversidad sino que debiera estimularla y requerirla”

El lema de Sabato fue “resistir”; su inquietud mayor ¿cómo encarnar esta palabra?
Sabato también supo de "falacias ad hominem” porque sus verdades resultaban irrefutables.
Hoy es reconocido mundial y tardíamente sin excepciones, fue despedido con el aplauso de un pueblo que no se equivoca, profundamente admirado y agradecido no solo por su liderazgo de la Conadep sino por la filosofía y profundidad de sus palabras siempre `preñadas de humanismo´.
Grande y discreto, desde la alta literatura y solidaridad, fue un soldado gigante de la Condición Humana, de la Democracia, de la República, de la Patria; viviendo, diciendo, escribiendo y pintando una realidad sin concesiones ni fisuras, verdad y verdades que interpelan a todos, que no son clientelares, que no tienen remedio y, cuando consumó su misión, cerró su última entrevista expresando sabiamente que habiendo dicho y escrito lo suyo, correspondía retirarse en su casa modesta, elegida entre el silencio y la simplicidad de la localidad bonaerenseargentina de Santos Lugares.




[1] Experto de la CONEAU
Premio Adepa-Faca, a la abogacía, 1990.

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