Vivimos en una situación dramática
con múltiples y diversas crisis: crisis familiar, crisis del agua, crisis
energética, crisis en el transporte, crisis de la infraestructura, desmadre
sindical, crisis democrática, crisis moral, crisis de confianza, crisis
ecológica, estragos del narcotráfico, fragilidad institucional y vulnerabilidad
del sistema republicano.
Demasiados funcionarios `perseveran`
con todo denuedo y fruición en la repetición e innovación de toda clase y
jerarquía en las prácticas corruptas.
En este zozobrante
escenario político vernáculo, pareciera que se propondrían continuar privilegiando
participaciones espurias en la gestión de los asuntos públicos, todo eso sólo
explicable por la abulia, la pachorra, la estulticia y la languidez “militantes” de nuestra Sociedad civil.
Por eso
mismo, si no somos capaces de unimos y cuidamos como conciudadanos, si no
elegimos y nos calzamos la misma camiseta nacional recuperando la vivencia
activa en la vía cívica de las calles, con el entusiasmo, la visibilidad y
responsabilidad con que lo hacemos por un simple triunfo deportivo nacional,
por ejemplo en el mero ´cuartos de final
del último mundial de futbol´, seguramente nos seguirán devorando pero, como ya
hace largo tiempo, ¡no solo los de afuera!
Confirma lo dicho, una espantosa
insatisfacción de las necesidades físicas básicas de casi un tercio de la
población, la ausencia de inversiones internas y externas, `los cepos`, la
inseguridad, la escandalosa desocupación/desempleo; la estanflación, la
recesión e inflación `holgadas` atrapada en los dos dígitos pero, centralmente,
el mal acostumbramiento y la resignación ciudadana.
A propósito, sin menoscabo de la
crisis en las economías regionales, a
raíz de los últimos y culposos fenómenos hídricos, crecerá la deserción
escolar, rural, y universitaria, aminorarán las oportunidades/posibilidades
nutricionales, se contaminarán más napas y capas freáticas, muchísimas cosechas
no podrán levantarse (o ya se perdieron),
muchísimos tambos ya cerraron o redujeron su producción a un 30%
aproximadamente; escasearán y se encarecerán productos, bienes y servicios como
ya estamos observando y muy lamentablemente, se disparará la desocupación
rural, la caída en la venta de maquinarias, automotores, construcción y/o
adquisición de viviendas; resumiendo, todo lo que aún conservaba -a pesar de
sus oscilaciones-, un situación con menos malestar, daños, escepticismo y
desamparo institucional.
Mientras tanto y por décadas,
ingentes recursos públicos para infraestructura primaria, secundaria y
terciaria, “son sistemáticamente
desviados” al dique político feudal
de los enriquecimientos ilícitos,
públicos y privados.
De Nepotismos
y Nomenklaturas:
Los mismos nombres, los mismos
apellidos, las mismas personas o sus esposos o sus hijos o sus hermanos o sus
sobrinos o sus primos, o sus amigos, “han
decretado” que la política es sólo para ellos… usada, abusada y disfrutada
desde el altar de la altanería y de la petulancia al margen de la ley.
Simultánea, sistemática y
concomitantemente, se posterga y empobrece la Educación, los salarios de los
docentes, profesores y maestros rurales e, inadvertidamente, todavía se
discuten porcentajes cuando lo que hay que hacer de una buena vez, desde de
raíz de la vieja e injusta cuestión, es asegurar y consolidar un básico digno
suficiente al menos similar al de ineficientes funcionarios públicos para que, recién después hablar de porcentajes tanto a
activos como a pasivos parecientes, todo ello sin perjuicio de recuperar
rápidamente la formación ética, la de educación democrática e instrucción cuya
ausencia nos privó de todo en términos de autonomía e independencia política y
responsabilidad ciudadana.
Preconclusivamente y, acaso si
todavía coincidimos en que, “la lección del ejemplo, gana a todas en
elocuencia” como que, “la corrupción de
lo (supuestamente) mejor, es lo peor”, miserable es la condición de tantos
de esos hombres supuestos gestores de la política en los últimos 30 años, que
se enriquecieron ilícita, artera y vilmente. Concretamente, nos referimos a
todos esos que conocemos cómo ingresaron patrimonialmente a la política y cómo
se incrementó ilícitamente hoy, su patrimonial personal, familiar y amical.
Eso repugna y nada tiene que ver con
ningún gobierno supuestamente al servicio de la democracia y de la república,
que eficaz y verdaderamente persiguen el bien común, el interés general y la
paz social. Sin más e invariablemente, deben ser transparentes e idóneos
estando siempre dispuestos a someterse al control público tanto en lo que se
refiere a las finanzas como al uso de los recursos estatales/ambientales tanto
como en las licitaciones, contratación del personal e información pública.
Así el fortalecimiento de nuestras
Instituciones como la restauración del sistema democrático aboliendo sus nomenklaturas
corruptas, debieran ser un acicate/espuela y garantía para que
cualquier gobernante o ciudadano pueda estar seguro de que desempeñar un cargo
o militar en política no es tirar su honra a los perros.
Finalmente, cuando pululan jaurías de perros
atragantados y empachados de honra personal ciudadana, nuestra política en su decrepitud y extraviada
sin novedad, ya debiera
“resucitar
y resucitarnos”, para recién
así poder ver, creer y construir entre todos, todos juntos, un horizonte próximo menos lúgubre, absoluta y
definitivamente, diáfano para regenerar
la política y restaurar toda ciudadanía.