Investigador del CIJS/UNC
`Corruptio
optimi pessima est`
“La
corrupción de los mejores,
es la peor de todas”
Cuando
empezamos a escuchar o leer propuestas relacionadas con una subespecie de Conadep
(Comisión
Nacional sobre la Desaparición de Personas) para la
corrupción, pensamos en la prioritaria e imperiosa necesidad colectiva de
enviar un proyecto de ley anticorrupción, ni bien asuma el próximo presidente
de la Nación.
Es que la
corrupción suprime derechos humanos en tanto impone e incrementa,
extravagantemente, deberes y esfuerzos
ciudadanos adicionales, desordenando la convivencia civil y generando ascuas de
intranquilidad, angustias e impaciencias, las cuales vienen gestando, abonando
y cultivando ´embriones´ de controversias, de conflictos y de contiendas, como
antónimos antagónicos de paz, armonía,
amistad y bienestar social en cualquier perspectiva noble y cabal de futuro,
esto es, de un futuro común más justo, más auspicioso y mejor, humano y
ecológicamente.
Dicho
proyecto patrio debería lograr la eficacia, eficiencia y ejecutoriedad
imprescindibles para transparentar el origen de los “constructores o nomenklaturas de las burocracias”, la trazabilidad
del ejercicio funcional en cada uno de los gestores de los tres poderes:
ejecutivo, legislativo y judicial; los delitos de financiamientos de las
campañas políticas, los lavados de dinero, los testaferrismos y toda gama de
desgraciados y apestosos “fracking en las
finanzas públicas´”, que explican tanto dinero ajeno externalizado, dinero proveniente del tesoro y de las
haciendas de la Patria.
Una ley de
transparencia nacional y/o su
reglamentación no podrán omitir incentivar la implementación de programas de
complementación y alcance para la otra pata de la corrupción, ya que siempre se
habla del que recibe las coimas pero poco y nada de quienes las proponen,
entregan y hacen valer como, tantísimos privados, beneficiados con exenciones,
permisos, licencias o concesiones de infraestructura, petroquímicas, petrolíferas,
gasíferas, mineras, bancarias, inmobiliarias, turísticas, etc.
El diseño de
esquemas de cumplimiento e integridad por parte de empresas privadas, con los
códigos de ética y conducta, políticas y directrices para la detección de
desviaciones e irregularidades contra la administración pública, cerrarían un
círculo virtuoso e inédito sobre el particular.
Sin
perjuicio de la condición humana, la corrupción comprando/vendiendo voluntades
y medios de comunicación viene
“secuestrando legitimidades racionales y emocionales”; la corrupción mata
personas, familias, etnias, y educación;
la corrupción es también la madre del desastre ecológico y del
narcotráfico. La corrupción ostenta el monopolio de todo empobrecido, de toda
intemperie humana.
Esta endemoniada
corrupción es la única progenitora Vg., de tantas ascuas infames en los
jubilados, pensionados, maestros, peones rurales, etc. La corrupción derogó la
seguridad jurídica, el crédito y la confianza que merecíamos interna y
externamente.
Con la
corrupción se ganan licitaciones, se roba, se miente, se quita perversa e
indolentemente la salud y el pan de la boca de los niños, de los pobres e
indigentes, de los aborígenes y excombatientes; con esa pandemia se denigra
hasta comprar y vender “virginidades de
niños pequeños”, se contamina, se
infecta y se disuelven valores; con dicho flagelo se proponen “éticas
alternativas” para la fidelidad, la ética, la buena fe, el esfuerzo personal
del trabajo, la solidaridad, el respeto, la armonía, la concordia, la inocencia
y tales, todos valores congénitas e inherentes a la persona humana.
Las víctimas
de la corrupción son rápidamente identificables en tanto los victimarios, no, o,
no tan fácil ni tan rápido.
Pruebas al canto: hasta ministros nacionales se roban la plata en bolsa y no
van a la cárcel por los vericuetos jurídicos/judiciales corruptos de la
corrupción en tanto y por un mero hurto de alimento por extrema necesidad
personal/familiar o un par de zapatillas, sus autores padecen y soportan
penurias aberrantes en términos relativos.
Como no
recordar a don Ernesto Sábato cuando se refiere a todo esto y a mucho más en su
obra: “La Resistencia”, singularmente su cuarta y quinta carta referida a los
`valores de la comunidad`.
Nuestro
Código Penal, el Código de Procedimiento Penales, sus leyes complementarias y
decretos reglamentarios, son demasiados "indulgentes", no sólo en
relación con la corrupción, sino, en lo concerniente a los delitos contra la
administración pública, es decir, la malversación, el soborno, la corrupción
activa y pasiva; las usurpaciones, la pedofilia, la trata, la violencia o
maltrato familiar,, de género, etc.
Aun las
normas de dichos cuerpos legales son benévolas e ineficaces, activa y
pasivamente como lo son también, las decisiones de gobierno que autorizan en
Argentina, Vg., areneras, canteras, desarrollos inmobiliarios, emprendimientos
turísticos y tales en terrenos inapropiados o lisa y llanamente “fiscales”.
Esto mismo acaba de reflejarse Vg., con
el culposo y evitable estrago hídrico en
las Sierras Chicas de la provincia de Córdoba o el desastre ígneo en la
provincia del Chubut, etc.
La nueva ley
deberá tener en cuenta el grado de importancia política de la persona que está
cometiendo el delito. "Un juez corrupto es la cosa más horrible
imaginable. Un ministro del Poder Ejecutivo o Judicial corrupto es un crimen
atroz.
Si los que
están utilizando su posición para robar a la nación, al pueblo o al bien
público, son los Presidentes, gobernadores, intendentes, concejales, ministros,
secretarios, directores o esos, la pena tiene que ser gravísima e inmune a toda
amnistía e indulto; ´una suerte de
antesala del averno´. De lo contrario no se superará el “cáncer de
la corrupción” con sanciones finalmente,
`infinitesimales`.
La eficacia
de esta ley, dependerá singularmente de
la capacidad, honestidad, compromiso, determinación y patriotismo de los que
legislarán, sancionarán, promulgarán y aplicarán la misma.
Sin
necesidad de citar a Weber, toda burocracia desnaturalizada/descontrolada, facilita
y favorece centralmente, toda corrupción.
Finalmente, es hora de que “sin recular ni para tomar envión”, desburocraticemos el Estado
nacional, provincial o municipal y sacudamos la sociedad civil, para que sólo
así y recién entontes, podamos entre todos y todos juntos, liberarnos de la
maldita corrupción e ir restaurando ecuanimidad, transparencia, igualdad,
libertad, desarrollo humano, fraternidad, esperanza y alegría, porque, no se
dude ni se omita que, digna, sacrificada y honradamente nunca seremos los de
aquellos “peces muertos que nadan a favor
de la corriente”.