Manuel Martinez Sospedra.
Catedrático de Derecho Constitucional. UCH-CEU.
1.La parálisis institucional.
Las elecciones legislativas del 20 de diciembre se caracterizaron por un resultado en parte novedoso y en parte continuista. Son elementos novedosos la derrota de los dos partidos tradicionales, el surgimiento de dos nuevos partidos de tamaño mediano, la inexistencia de partidos de vocación mayoritaria y el éxito de movimiento populista, lo que genera un sistema de partidos de nuevos cuño: un sistema de pluripartidismo moderado. Son elementos continuistas la conservación de los puestos de cabecera por los partidos tradicionales, la continuidad en ellos del personal político propio del turnismo y la baja participación electoral. El resultado supone la quiebra del sistema de partidos existente desde las legislativas de 1993 y su sustitución por una fórmula entre nosotros inédita, toda vez que incluso en su fase fundacional el sistema de partidos pivotó en torno a dos de vocación mayoritaria.
El resultado expresa claramente la consecuencia debida de la acumulación e interacción entre tres crisis que han venido a coincidir: en primer lugar una crisis de representación, que hunde sus raíces cuanto menos en el período de dominancia socialista de los ochenta, debida a la generalización de un modelo de partido, el partido de electores, ineficiente como instrumento de comunicación, de pobre rendimiento en términos de provisión de personal y mal adaptado a las exigencias del sistema institucional; en segundo lugar, una crisis de estado que deriva en parte de la inadaptación del estado nacional al contexto de la globalización y en parte de las insuficiencias del proceso de unión europeo; en tercer lugar la liquidación de un modelo de desarrollo como consecuencia de la crisis económica, al que se une una repuesta ( las políticas de austeridad) que, a más de ser ineficientes, han causado un dolor y un daño social enormes. En el trasfondo de la crisis política se halla la contradicción entre un sistema institucional propio de una democracia consociativa y un cuasibipartidismo naturalmente inclinado a la política de adversarios. En el trasfondo de la crisis social la combinación entre un modelo económico agotado basado en actividades intensivas en trabajo de baja cualificación, y una respuesta contraindicada tanto en términos de política económica como en términos de política social.
En pocas palabras: aunque la crisis política viene de lejos y tiene hondas raíces, la oportunidad para su afloramiento y manifestación la ha proporcionado la gestión de estricto conservadurismo institucional asociada a una repuesta errónea , en parte – pero solo en parte – impuesta por la pertenencia a una UE de dominancia conservadora que impone una estrategia económica manifiestamente mejorable. Al efecto la comparación USA/ UE exime de todo comentario.
El resultado electoral del 20 de diciembre alumbró un escenario político complejo, en el que la formación de una mayoría gobernante y gobernable exigía una combinación de al menos tres partidos nacionales. Al efecto las posibilidades fundamentales eran: primera, una “gran coalición” de los partidos tradicionales, que podía contar con 213 escaños si solo entraban los dos, o 253 si la coalición comprendía al partido intermedio, esto es C,s ; segunda, una coalición de uno de los partidos históricos con el partido intermedio unida a la abstención del otro partido tradicional; tercera, la alianza reformista integrada por PSOE,C,s y Podemos. No era factible una alianza mayoritaria de izquierda, un “gobierno a la valenciana” porque el mismo quedaba lejos de los indispensables 176 votos, y es que si conjunto de PSOE,Compromis y PODEMOS tiene mayoría absoluta en las Corts, queda a 15 escaños de la misma en el Congreso.
La formación de una mayoría parlamentaria gobernante y gobernable no ha sido posible porque no ha sido factible hilvanar la coalición correspondiente. Como consecuencia de casi cuatro meses de marchas y contramarchas ha sido la parálisis. Y esta ha conducido a un resultado paradógico: una regla constitucional pensada para forzar la constitución de un gobierno ha venido a operar como mecanismo impediente de la formación de aquel.
La evolución del sufragio de los principales partidos en las tres últimas elecciones legislativas se ve así:
CUADRO I. Legislativas de 2008/2011/2015
PP10.278.01039,9410.856.06644,637.215.75228,72
PSOE11.289.33543.87 7.003.51128,765.530.77922,01
IU/ICV 969.946 3,77 1.686.042 6,92 923.133 3,67
PODEMOS5.189.46320,66
Ciudadanos3.500.54113,93
Nota: Podemos, incluye las listas de esa denominación y sus confluencias.
El agregado de los dos principales partidos sobre voto valido emitido ha evolucionado del siguiente modo:
CUADRO II. Evolución del agregado de los dos mayores partidos
PP + PSOE83,8173,3950,73
Como puede verse los dos grandes, si bien siguen siéndolo, han retrocedido sustancialmente. Asi los socialistas han quedado reducidos a la mitad de las papeletas que obtuvieron en la última elección en la que fueron vencedores y han caído del orden de un veinte por ciento entre las anteriores y las últimas, habiendo perdido en el ínterin algo mas de la mitad de su cuota electoral. Por su parte los conservadores se mantuvieron algo por encima de los diez millones de votos, avanzando muy poco en papeletas entre 2008 y 2011, y han venido a perder del orden de los tres millones y medio de sufragios, cayendo 16 puntos de cuota electoral y del orden de un tercio de los escaños. Con un par de victorias adicionales así, la extinción. Por su parte los recién llegados de la “nueva política” suman algo más de ocho millones y medio de votos y en el entorno del 35% de la cuota electoral. En conjunto los dos grandes han cedido 83 escaños respecto de la legislatura anterior. El caso de IU es el un resultado fluctuante: de hecho la actual legislatura se halla en posición similar a la del último gobierno Zapatero. La notable diferencia entre su cuota electoral y su cuota parlamentaria (0,58 del Congreso) se debe a una regulación electoral que penaliza severamente a los partidos nacionales de apoyo difuso.
Por su parte los dos partidos emergentes suman 109 escaños, empero como liberales y populistas se hallan muy distantes requieren de una tercero fronterizo con ambos, rol sólo desempeñable por el PSOE. Las coaliciones posibles en el Congreso salido de las urnas son:
a)la combinación entre los dos grandes con el complemento de Ciudadanos, que supondrían 253 escaños en conjunto, lo que les posibilitaría proceder no ya a la reforma constitucional, sino a la redacción de un texto nuevo previa reforma gravada.
b)La combinación reformista, constituida por el PSOE y los dos partidos emergentes, que se situaría en 189 escaños, una cómoda mayoría absoluta, pero insuficiente para proceder aun a la reforma constitucional ordinaria
c)La combinación de la se dicente izquierda, que sumaría a los socialistas, a IU y a PODEMOS y contaría con 161 escaños, a 15 de la mayoría absoluta, que resulta inalcanzable por la esterilización del voto nacionalista catalán por razón del secesionismo.
d)La combinación de centro-derecha entre conservadores y liberales, que sumaría 163 escaños y no tendría a su alcance ni la mayoría absoluta ni la requerida para la revisión constitucional ordinaria
e)La combinación centrista entre liberales y socialdemócratas, única que se ha materializado en un programa común y un candidato a Presidente, pero que con 131 escaños no tiene posibilidad de prosperar sin la abstención bien de los conservadores, bien de los populistas.
El panorama es aún mas complejo por cuanto tanto Ciudadanos, como PODEMOS, como IU, como el PSOE llevan en sus programas propuestas de reforma constitucional que, a menos en los casos de C,s y PSOE son centrales en su propuesta, y cualquier reforma constitucional ordinaria pasa por el apoyo del Partido Popular, no solo porque proceder a una reforma constitucional sin el apoyo del mayor partido del país no parece una buena idea precisamente, sino también porque la mayoría absoluta que el PP tiene en la Cámara Alta hace su concurso indispensable. Cuestión que nadie ha querido explicitar.
En términos parlamentarios hay dos coaliciones funcionales: la coalición reformista que puede gobernar porque tiene base para ello, pero que falla en la cuestión nodal de la reforma constitucional, y la “gran coalición” del conservadores, liberales y socialistas, que no tiene esa limitación, pero dejaría al partido populista como dominante en la oposición y le permitiría hacer figura de alternativa de gobierno. Empero las dos coaliciones funcionales tropiezan en la misma piedra: el Presidente. Por lo que toca a la coalición reformista esta aboca a un presidente socialista, no solo porque es el mayor partido, sino porque es el partido-eje de la coalición, y ello entra en contradicción con el proyecto estratégico de PODEMOS .Por lo que toca a la “gran coalición” el problema es similar, pero no idéntico, no se puede pedir a los conservadores su voto para un presidente socialista, ni a los socialistas el voto a un presidente conservador, la política de adversarios por ambos practicada es demasiado reciente para tolerar, por ahora, una salida así, a ninguno conviene la presidencia liberal. Por eso escribí en la anterior entrega que la solución racional exigía de un caballero blanco.
2.Los actores principales.
Los partidos son organizaciones con intereses propios, pero, además, requieren líderes, y no esta escrito que los interese de unos y otros tengan que coincidir necesariamente. Puede ocurrir, y a veces ocurre, que los intereses del líder no sólo no sean coincidentes, sino que lleguen a ser disonantes. Hoy por hoy sólo hay una formación política relevante en que ese no es un problema, es el caso de Ciudadanos. No ocurre así ni en PODEMOS, ni en IU, ni en el PSOE, ni en el PP. Mas vayamos por partes.
PODEMOS se ha dotado de una estructura absolutamente vertical preordenada a la subordinación necesaria de la organización al líder, que es, al tiempo, el fundador de la organización. Nada de extraño tiene que prima facie nadie en esta discuta su primacía, cosa que no ocurre en otros casos. Sin embargo el proyecto populista versión original veía las pasadas legislativas como la oportunidad de sobrepasar al PSOE, convertirse en el referente del cambio y cabeza de la oposición e imponer su hegemonía al efecto de llegar al gobierno. El surgimiento de Ciudadanos con la consiguiente mengua de transversalidad del populismo hizo fracasar la primera oportunidad, bien que por muy poco. A partir de ahí se abre una divergencia: ¿estamos ante una ocasión única e irrepetible, o bien nos hallamos ante la primera fase de un proceso de sustitución más largo? La primera ha sido y es la posición del sr. Iglesias, la segunda, la que se ha ido abriendo paso y encarna el sr. Errejón. La primera exige ir a la segunda vuelta, la segunda conduce a preferir un gobierno socialista débil y dependiente, al que PODEMOS sustituirá a medio plazo. Con independencia de cual este en lo cierto queda en pié que la opción del sr. Iglesias le compromete como caudillo populista, por eso necesita la segunda vuelta para procurar el sorpasso.
El sr. Sanchez nunca ha sido plenamente admitido como secretario general legítimo por el ala tradicional de su partido: no era uno de los barones ni ha llegado merced al apoyo de los barones, ni por su perfil es un apparatchik como los barones suelen ser. Su resultado electoral ha sido muy malo, el peor del PSOE desde 1977, si bien ha levantado el score del mismo si comparamos el resultado con las encuestas del pasado verano. Discutido en su partido y con la amenaza del relevo en favor de un barón apparatchik ( la señora Diaz), necesitaba acreditarse y mejorar sus apoyos. Su apuesta al aceptar el encargo del Rey tras la fuga del sr, Rajoy le ha permitido sobrevivir primero y mejorar sus apoyos después, explotando la fisura existente entre el conjunto de los barones y la militancia. De ahí su empeño en lograr la investidura a través de una coalición de centro-izquierda. Al sr. Sanchez una segunda vuelta es un riesgo y una oportunidad: si no mejora resultados tendrá muy difícil mantenerse en el puesto, si los mejora puede consolidarse, como todo indica que ha detenido el proceso de deterioro electoral del PSOE, pero tiene muy difícil mejorar su resultado se entiende bien porqué ha tratado de obtener la investidura hasta el último minuto.
El sr,Rajoy ha llevado al PP a su peor resultado desde 1993, cuenta con un gobierno dividido, un partido carcomido por la mixtura entre financiación irregular y corrupción, una militancia irritada y descontenta y un resultado electoral que deja a un PP sin socios abocado a la oposición si hay investidura. Su única posibilidad de supervivencia pasa por la repetición de las elecciones, si estas producen un cambio en la composición del Parlamento que haga posible una coalición dominada por el PP al extremo de mantenerlo en la Moncloa, aun al precio de no intervenir al efecto de revertir el proceso de descomposición que aqueja a su base política.
En cuanto a IU es, sin duda, el principal damnificado del éxito populista y vive un conflicto interno entre los partidarios de la continuidad ( en su centro el PCE) y los partidarios de una confluencia con PODEMOS aun corriendo el riesgo de absorción de la coalición. El sr. Garzon ha obtenido un resultado pobre, en la franja baja de los resultados de la coalición, tras el fracaso de su pacto con el sr. Iglesias y que este rompió el pasado otoño. Su supervivencia personal pende del posible deterioro de los apoyos podemitas que le haga un socio deseable con un límite: salvaguardar la identidad de IU, cosa difícil dada la diferencias sideral del apoyo de ambas fuerzas. Empero tiene a mano la posibilidad de concurrir solo, lo que le aseguraría una mejora de sus resultados.
Como puede verse el juego organizaciones/líderes es muy complejo ya que al menos dos ( los señores Iglesias y Rajoy) tienen fuertes incentivos para desear el fracaso de la legislatura y la segunda vuelta, uno , el sr. Garzòn, tiene una posición intermedia, y dos, los señores Rivera y Sanchez, tienen fuerte interés en evitar la segunda vuelta al efecto de ser gobierno ahora, pero mientras al primero la repetición no le perjudica, y puede beneficiarle al segundo la segunda vuelta es un ser o no ser.
Pasemos pues a las organizaciones.
3. El Partido Popular.
a)Los resultados.
Estos han sido rematadamente malos. Los datos arriba transcritos dejan poco espacio a la duda: 16 puntos de retroceso, del orden de sesenta escaños menos, pérdida de más de tres millones y medio de votos. Y todo ello en un contexto político en el que las políticas y las actitudes desplegadas por los conservadores la pasada legislatura les han atraído la enemistad universal y les ha llevado al aislamiento. El PP no tiene socios, y se enfrenta en esa condición a un escenario en el que el que no tiene socios esta condenado a la oposición.
b)Las contradicciones internas:
Como partido de vocación mayoritaria que ha sido el PP cuenta con una notable pluralidad interna, que se ve acentuada por la inexistencia en España tanto de un partido de derecha radical como de un partido de defensa de la religión. El modelo de partido impuesto por el sr. Aznar , inspirado en la idea de agrupar a “todo el no psoe”, lo que da lugar a un partido de centroderecha de dominancia conservadora, resuelve el problema del pluralismo interno mediante dos expedientes: la parálisis política de los militantes y una organización rigurosamente vertical y presidencialista.
El gobierno conservador saliente se ha tenido que hacer cargo de una situación económica , presupuestaria y fiscal en extremo complicada, que ha agravado aceptando una estrategia , la de la consolidación fiscal a cualquier precio como medio para generar confianza y recuperar el crecimiento, que ha fracasado rotundamente, que ha causado un daño social inmenso y que, además, ha repartido los sacrificios de un modo que la UE no ha impuesto, haciendo recaer el grueso del esfuerzo sobre las administraciones que prestan la casi totalidad de los servicios que el Estado proporciona a los ciudadanos: las autonomías. Y ello en un contexto en el que los conservadores gozaban de una posición ampliamente dominante en los niveles regional y local del sistema de gobierno. El contento de los cuadros regionales y locales del PP es, por ello, manifiesto.
Por ende la gestión de la mayoría popular se ha vistos enturbiada en primer lugar por una creciente separación entre el gobierno y el partido. Este ha sido desatendido, cuando no directamente marginado, en los procesos de toma de decisiones y ha sufrido una atonía creciente, con el consiguiente disgusto creciente de los cuadros del partido. Lo anterior se agrava por la aparición y crecimiento de una fisura en el seno del mismo equipo gubernamental que ha derivado en la competición abierta entre dos fracciones del mismo, cosa cuanto menos tolerada por el Presidente, afecto a la estrategia de gobernar soberanamente merced a la división de los subordinados.