Los
esfuerzos unitarios de los pueblos y gobiernos populares de América Latina y el
Caribe, en estos tiempos, con alianzas solidarias, unidad en la diversidad,
como ALBA, CELAC, PETROCARIBE, UNASUR y su participación con cada vez mayor
conciencia de identidad histórica, multiétnica y pluricultural en la OEA y en
la ONU, enfrentan fuertes amenazas de regresiones, que hacen recordar, las que
analizaba y enfrentaba continuamente el Libertador Simón Bolívar y la comunidad
emancipadora de su generación.
A los 233
años del nacimiento del Libertador, un (24.07.1783), en tiempo de crisis global,
conviene recordar sus reflexiones. Luego de perder la primera república, en el Congreso
de Nueva Granada, (27.11.1812) afirma:“La seguridad, la gloria y el honor de
esos estados confederados, exigen imperiosamente cubrir sus fronteras, y
vindicar a Venezuela y cumplir con los derechos sagrados de recobrar la
Libertad de América del Sur….mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos,
los enemigos obtendrán las más completas ventajas”. Construir la unidad, como fruto
de conciencia de la tarea, desechando actitudes mezquinas en los conflictos,
resulta imprescindible en función de la tarea transformadora.
Bolívar
se refería a la integración de las naciones emergentes. Cuestión tan vigente
hoy luego de períodos de guerras fratricidas entre países hermanos, por
intereses totalmente ajenos. Como en la llamada guerra del Pacífico entre Perú
y Bolivia contra Chile. La del Chaco, entre Paraguay contra Bolivia. Guerra
entre Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay…Con el criterio bélico
opresor de divide y vencerás. En río revuelto ganancia de transnacionales.
Pero
Bolívar también se refería a la unidad entre los actores internos de cada país.
Afirma en su despedida, que si su muerte contribuye a que cesen los partidos y
se consolide la unión, bajaría tranquilo al sepulcro.
En este
tiempo de amenazas frente al intento latinoamericano y caribeño de retomar el
legado unitario de Bolívar, con golpes parlamentarios frente al avance social
de Brasil, la regresión social en Argentina, la presión desestabilizadora
frente a las transformaciones populares en Bolivia, Ecuador, Venezuela, El
Salvador, conviene asumir este clamor ético del Libertador.
Asumir
frente a las diversas contradicciones, errores y críticas que se pueda tener,
que se trata como decía el obispo Oscar
Romero, superar “los sectarismos y fanatismos que impiden el camino liberador”.
En este tiempo precisar el sentido de la dirección histórica en las decisiones.
Como lo señala el brasileño Leonardo Boff: “En el fondo vuelve la pregunta
básica: ¿vamos a alinearnos con los que detentan el poder mundial (inclusive el
de matar a todo el mundo) o vamos a construir nuestro camino autónomo, soberano
y abierto a la nueva fase planetaria de la humanidad”. (Boff L. Volver al
Primer Artículo de la Constitución. 15.07.2016). Dilema al que las comunidades
de buena voluntad de la Patria Grande tienden a resolver, con el legado de
Bolívar, con espiritualidad liberadora, en el sentido de la encíclica del Papa
Francisco Laudato Si, en defensa del
buen vivir, la solidaridad, la construcción de la paz y el cuidado de la Casa
Común.
Guido Zuleta