Recorro la noche con mis raíces revestidas de luna llena
Y en cada recodo del destino humano, la desnudez me abraza
El exilio se trepa en mi sendero por los vaivenes de las hojas
que sudan su nostalgia de lluvia, y de humedad aletargada
Estoy soñando, y la calle vuelve a desnudarse entre lirios y
delirios,
Buscando su propio refugio entre los matorrales obscurecidos
por la ausencia de la luz del derecho, y la parafernalia de los
esteros,
embravecidos por las víboras que le dan su entorno aterrador
Despierto…y es una calle
del destierro, con vestimenta de flores artificiales
con acólitos de la mentira, y con verdades soterradas en viejos
maridajes.
Vuelvo a soñar…y es la misma calle con sus propias hondonadas, con
verdugos, maquillajes, con musgos de
abandono y con reliquias profanadas
Sueño… en una calle distinta, pariendo aroma humano
Sin califas, dictadores, mercenarios y guardias urbanas
Sueño en ciudades con sol libertario
Y recorro la noche con fulgor proletario
En el exilio, sueño…siempre sueño, en un horizonte lejano,
Sueño en una tierra roja, con el sudor de cada hermano,
Y sigo soñando con una calle desnuda, con brisa de naranjales,
con flores de la primavera y del verano, revestida de azahares.
Clorinda – Argentina – febrero - 1978