Corría el año 63 A.C - Cicerón acababa de librarse
de sus asesinos-, se levantó de su asiento y le preguntó al corrupto Lucio
Sergio Catilina hasta cuándo insistiría en la conspiración contra el Estado. El
eterno aspirante al consulado, que de tanto fracasar en sus ambiciones
políticas decidió atajar y montar un Golpe de Estado, promovió un alzamiento
que incluía el incendio, la matanza de senadores, un ejército sublevado y el
asesinato del propio Cicerón, que también fracasó.
Desde su templanza y hartazgo, le preguntó
directamente al senador desleal, en el primero de los cuatro discursos
-conocidos como Catilinarias- que dio Cicerón: “Quousque tandem abutere,
Catilina, patientia nostra?”. “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de
nuestra paciencia?”. La frase de uno de los más grandes retóricos de la prosa
en latín, durante la República Romana, ha llegado hasta el presente catalán.
Le comentaba semanas atrás a mi padre, que en
esta situación de sedición espuria basada en postverdades (tan en boga en la
prensa y en la política de hoy en día) o simple y llanamente en las mentiras de
toda la vida, no estaría de más que alguien tuviera el ingenio de recuperar las
famosas Catilinarias de Cicerón para demostrar que el payaso está realmente
desnudo.
Hete aquí, que alguno de los decenas de
“paupérrimos” asesores de Doña Soraya le habrá indicado la idoneidad de esta
bimilenaria frase en la situación actual y la ha pronunciado hace un par de
días ciertamente, pero tarde y mal, como todo lo que ha hecho este gobierno y
todos los gobiernos de España desde 1978, en el asunto catalán, aunque esa
sería harina de otro costal.
Sólo un medio de comunicación se ha hecho eco de
este asunto y este es “ El Español”. El hecho de que ningún otro medio nacional
se haya interesado en esta declaración resulta bastante significativo y debería
llevarnos a una pequeña reflexión: ¿Es que ningún otro medio se ha hecho eco
porque no interesa?, ¿Ningún otro medio se ha hecho eco porque es políticamente
incorrecto? ¿Comparar a Puigdemont con Catilina es una acto atroz, pobre
hombre... a ver si se traumatiza o algo así?… o
quizás ¿Ningún otro medio se haya hecho eco de esto porque el periodismo
es lo que la política es al periodismo? Mucho me temo que la tercera pregunta
es la correcta.
Anteayer, en la cadena más a la izquierda del
panorama nacional, la cadena que fue, ha sido y es el azote del Partido Popular
y del Gobierno de España, la cadena a la que Esperanza Aguirre y otros muchos
calificaron como “La Secta”, la cadena que aupó desde la nada y la que hizo
creer a Pablo Iglesias y a los suyos que asaltarían los cielos, Jordi Évole,
entrevistó y destrozó a Puigdemont durante más de una hora de asedio,
poniéndole enfrente de si mismo, el duro e implacable espejo de la realidad, de
la que él tanto y desesperadamente intentó escapar con todas sus fuerzas, el
espejo de sus propias contradicciones, de sus miserias, de sus mentiras, de su
cobardía, de su absoluta indigencia intelectual, moral y política y del veneno
y locura mesiánica con la que él y los suyos han inoculado a las gentes
sencillas para enfrentarlas entre sí y
de la de la tremenda y terrible responsabilidad criminal que conlleva consigo,
y entonces…. ¡ocurrió!: el enano político que ostenta el cargo de “Molt Honorable
President de la Generalitat de Cataluña”- como fuera antaño su ídolo Jordi
Pujol-, empezó a empequeñecer, poco a
poco, paso a paso, al principio, con mesura, luego con más rapidez, a cada minuto
que transcurría la entrevista, el enano político intentaba desesperadamente y con
todas sus fuerzas contrarrestar la evidencia y la realidad, pero no podía
evitar menguar cada vez más y entonces
los minutos se convirtieron en segundos y los segundos se convirtieron en
milésimas, el enanismo del “Molt Honorable President de la Generalitat de
Cataluña” se acrecentaba exponencialmente y se hizo claramente evidente para
todos, para los de derechas, para los de izquierdas, para los de centro, para
los hombres, para las mujeres, para los ancianos, para los niños, para los más
cortos de espíritu e incluso hasta para
los propios independentistas, su liliputianismo era ta0l, que llegó ya a desdibujarse
completamente, desvaneciéndose en la pura nada. Al final ya era sólo un ser ingrávido,
translúcido, un éter inmaterial. En ese momento, quizás el más humillante de
toda su vida, le hubiera gustado ser Puyol, incluso ser Catilina, ser alguien, ser
algo, pero ya no era nada, ni siquiera el payaso de antaño, ni tan siquiera el payaso
desnudo, era ya tan sólo, la nada.