Hoy
amanece en mi teléfono un mensaje con referencia al Evangelio del día, relativo
a los talentos del Reino, la verdad es que no tengo claro si corresponde a ayer
o es de hoy, ya no es confiable la certeza de los mensajes con los fallos en la
plataforma. Pero, trae a mi memoria un trabajo previo que presentamos y
actualizamos hace algunos años, en el contexto de campañas electorales
municipales, y que hoy tiene plena vigencia, ante el deterioro de las ciudades
que conforman nuestra querida Venezuela, aunque, también se podría decir de las
poblaciones rurales, la mayoría de nuestro territorio, donde está presente una
autoridad municipal.
El
trabajo lo titulamos: “El Municipio participativo: Escuela de la Democracia”,
cuánta falta nos hace esta propuesta en la Venezuela de hoy, con un déficit
democrático evidente. Para el encabezamiento del texto, se mencionaba parcialmente
la lectura del Evangelio según Lucas, capítulo 19, versículos 11 al 28; para
destacar la referencia al gobierno de las ciudades. Hoy se piensa desde otra
perspectiva, una reflexión sobre la ciudad oculta en un pañuelo, sin cambios y
logros.
El
país, encuentra su célula primaria en los municipios, y en medio de la diáspora
venezolana, se hacen presentes tantos conciudadanos que han optado por emigrar
a otros países, para salirle al paso a la situación que tenemos. Dejan atrás la
ciudad de nacimiento y su familia. Aunque, comunicacionalmente, los voceros oficiales
intenten convencer de la movilidad migratoria de los venezolanos, en este país,
como un hecho normal y común al resto de América Latina.
Es que
acaso, pretende la versión oficial, que la diáspora venezolana sea solo una
percepción y una campaña mediática, y que tantos compatriotas en fuga de
nuestro territorio, no representan un problema global, cuando están haciendo un
largo camino para llegar a cualquier país, tomando en cuenta sus posibilidades
de movilización y su proyecto de una vida. Esa pretensión, recuerda a las
personas que intentan “tapar el sol con un dedo” o quienes hacen de su realidad
una “burbuja”.
En
consecuencia, estas líneas son un llamado de atención, para quienes nos
quedamos en Venezuela, y recibimos la misión de hacer efectivo el deseo por un
país diferente, de quienes se despiden de esta linda Venezuela, con la
esperanza de volver. De nosotros depende, un cambio desde adentro, hacer las
cosas diferentes.
Pero volvamos
a la narrativa de los talentos y su relación con el gobierno de las ciudades,
de interés para quienes asumen responsabilidades en la gestión de los
municipios, en términos democráticos, la población ya se ha olvidado en muchos
casos de los alcaldes y concejales al servicio del pueblo, aunque, las
elecciones municipales ocasionalmente nos recuerdan esta misión para los
elegidos, sin olvidar otras instancias gubernamentales. Para los que desconocen
o han olvidado la lectura en referencia, un recordatorio de las Palabras de
Jesús, para ayudar a la reflexión y la acción en consecuencia:
“Como la gente lo
escuchaba, añadió una parábola; porque estaban cerca de Jerusalén y ellos
creían que el reino de Dios se iba a revelar de un momento a otro.
Él les dijo:
—Un hombre noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver. Llamó
a diez sirvientes suyos, les entregó cien monedas de plata y les encargó:
Háganlas producir hasta que yo vuelva.
Sus compatriotas, que lo odiaban, enviaron tras él una comisión encargada de
decir: No queremos que ése sea nuestro rey.
Volvió una vez nombrado rey y llamó a los sirvientes a quienes había entregado
el dinero para ver cómo había negociado cada uno.
Se presentó el primero y dijo: Señor, tu dinero ha producido diez veces más. Le
respondió: Muy bien, sirviente diligente; por haber sido fiel en lo poco,
administrarás diez ciudades.
Se presentó el segundo y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más.
Le respondió: Pues tú administrarás cinco ciudades.
Se presentó el tercero y dijo: Aquí tienes tu dinero, que he guardado en un
pañuelo. Te tenía miedo porque eres riguroso: retiras lo que no has depositado,
y cosechas lo que no has sembrado.
Él le respondió: Por tu boca te condeno, sirviente indigno. Sabías que soy riguroso,
que retiro lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado. ¿Por qué no
pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver yo, lo cobrara con los
intereses?
Después ordenó a los presentes: Quítenle el dinero y dénselo al que consiguió
diez veces más. Le respondieron: Señor, ya tiene diez veces más. Yo les digo
que a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene.
En cuanto a esos enemigos, que no querían que fuera su rey, tráiganlos aquí y
mátenlos en mi presencia.
Dicho esto, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén”.
(Evangelio
de Lucas, 19, 11-28)
Esta
parábola de Jesús, pone en evidencia un mensaje, al cual no podemos hacer
“oídos sordos” o simplemente dejar en el olvido, al estilo del mono sabio, que,
“tapa sus ojos”, para no ver la realidad que le rodea. En tiempos de Jesús,
existían las ciudades-Estados. Allí se fundamenta la llamada a una regeneración
democrática: Pongamos nuestros talentos al servicio del País, desde la ciudad.
El
punto de partida, en las decisiones y acciones, se encuentra en la ciudad donde
habitamos y el gran reto es: transformarnos de habitantes a ciudadanos, para
exigir a nuestros gobernantes locales, el fiel cumplimiento de la misión
encomendada. Y entreguemos cuentas productivas, como vecinos y funcionarios a
nuestros compatriotas de vuelta.
Esta
búsqueda colectiva de un país “normal”, en términos democráticos, encuentra su
expresión real en la vida de la ciudad en la cual nos desenvolvemos, de allí la
importancia de acercarnos a la vida de nuestros municipios para hacerlos
participativos.
Cada
uno de nosotros, tiene sus propios talentos como ciudadanos, otorgados por el
hecho de ser vecinos del municipio, tener nuestras casas y nuestros trabajos en
el ámbito de la localidad. Igualmente, las autoridades municipales tienen sus
talentos propios, al servicio de la comunidad municipal, otorgados en función
de sus responsabilidades legales, atendiendo a unas elecciones locales y el
desempeño de las funciones propias del Poder Público Municipal. Poner nuestros
talentos al servicio del país, significa una responsabilidad compartida entre
los vecinos y las autoridades en cada Municipio, para hacer realidad una
propuesta de vida en democracia, un modelo de democracia integral que sea
productiva, en favor del gobierno de la ciudad y que sea un factor determinante
de cambios para el país.
Según
la narrativa del Evangelio “Un hombre noble se fue a un país lejano para ser
nombrado rey y volver”. Hoy este hombre noble, está representado en cada persona
que se fue a un país lejano, para ser nombrado en función de su propia dignidad
humana, con la esperanza de volver. Ya no como Rey, sino como un ciudadano con
pleno respeto de sus derechos inherentes. Siguiendo la narración bíblica,
“Llamó a diez sirvientes suyos, les entregó cien monedas de plata y les
encargó: Háganlas producir hasta que yo vuelva”. Hoy los “diez sirvientes”,
están representados en los “servidores públicos”, responsables de 335
municipios. Hoy las “monedas de plata” simbolizan el “talento humano”, en cada
ciudad y en cada centro poblado, para el beneficio colectivo de cada comunidad
municipal, atendiendo a la condición de vecinos – ciudadanos o funcionarios
municipales. En respuesta a una misión: “Háganlas producir hasta que yo
vuelva”.
Quienes
conforman la diáspora venezolana, en términos conservadores entre 3 y 5
millones de venezolanos en el exterior. Algún día volverán y nos pedirán cuenta,
sobre de lo que hicimos en favor del país productivo, comenzando en nuestra
propia ciudad o población, por eso, la necesidad de establecer y ejecutar la
propuesta de los municipios participativos en la democracia local.
En la
narrativa, a los “sirvientes talentosos” se les da la administración de cinco y
diez ciudades, como recompensa; pero, se destaca el “sirviente indigno”, que no
hace producir sus talentos. Esperemos que nuestros compatriotas al volver, no
reprochen, la poca productividad o el abandono de los talentos otorgados, que,
tendemos “guardados en un pañuelo”, por temor o falta de compromiso, con
nuestros vecinos y autoridades locales.