¿Se
puede continuar ignorando el latente rugido de los mansos que podría estar
germinando a partir de sus vanos esfuerzos sostenidos, de sus sacrificios
inútiles, de sus absurdas carencias, de sus viles postergaciones, denigraciones
y humillaciones? ¿Se debe proseguir subestimando a hombres y mujeres dóciles
que aun cuando poco y nada esperaban de la ´casta política´, la misma logró,
otra vez, decepcionarlos?
La
inejecutoriedad del contrato social argentino, viene consagrando desigualdad,
diferencias, inequidades, empobrecimiento, división, inseguridad y violencia,
todo lo cual pone en evidencia la ausencia de política. Baste con conocer entre
nosotros el puñadito de ganadores y contrastarla con la decena de millones de
perdedores en los últimos años.
Entre
estos últimos debemos señalar, con toda urgencia y prioritariamente, a nuestros
jubilados ordinarios, a nuestros esforzados maestros y médicos rurales, a
nuestras pymes, a nuestros operarios y empleados: domésticas, rurales, etc., a
nuestras enfermeras y agentes del orden, a nuestros docentes y profesores
universitarios, a los investigadores en ciencia y tecnología, a nuestros
aborígenes y campesinos, a nuestros excombatientes, etc. etc.
Nuestra
casta política, legislativa (¿día no trabajado es día no cobrado?), judicial,
empresarial y sindical argentina, con todo nepotismo e intergeneracionalmente,
accedió e incrementó obscenamente privilegios, confort y hasta hedonismos
escandalosos, completamente alejados de la realidad del argentino descalzo, y
todo eso, desde una actitud servil o cómplice con la élite de insaciables
intereses (vg., bancos y empresas financieras, eléctricas, petroleras,
gasíferas, minería, petroquímica, rutas y peajes, etc.), en tanto el manso
pueblo argentino solamente debe continuar padeciendo otra defraudación
institucional por flagrante incumplimiento de su magno contrato social.
Lo
absurdo, contra fáctico e incoherente de nuestra voluntarista constitución
nacional como de los sucesivos presupuestos nacionales y provinciales consiste
en que, “oximorónicamente”, en su cumplimiento y ejecución se combinaron y
autorizaron palabras, hechos, contratos e interpretaciones “fácticamente”
contrapuestos; lo cual explica y predice cada “pésima praxis constitucional y
presupuestaria, vernácula”.
Respecto
de tan magno desbarajuste y desbaratamiento de derechos adquiridos, baste
subrayar solamente un par de defraudaciones decepcionantes: 1) Una enrevesada y
elefantiásica presión tributaria que largamente contrasta cínicamente con la
exigua contraprestación de bienes, servicios y satisfacción de necesidades
comunes, singularmente en los segmentos más carenciados, vulnerables
indigentes; 2) Un federalismo teórico aplastado por el práctico imperio
unitario secular.
Elocuentemente
la peor realidad nacional nos sumergió en todo desconcierto y perplejidad.
Inaceptables “desaciertos” de una corrupta e incapaz casta política, han
perjudicado, cuasi irremontablemente en el corto y mediano plazo, a una inmensa
mayoría de ciudadanos y “ciudadanías” Estamos atrapados en un laberinto
socioeconómico que amenaza ´in crescendo´ al ordenamiento jurídico-político,
del cual en los hechos, como comunidad organizada, efectivamente no disponemos
en términos de bien común, fin y límite de todo Estado en cuanto tal.
Después
del “palazo” de las PASO, cada nuevo exceso de optimismo o anuncio desde la
Casa Rosada en pro de atemperar semejante crisis, rápidamente queda diluido
antes de su efectiva operatividad. Sin ir más lejos, el anuncio para la
reducción del IVA en el precio de alimentos de primera necesidad, es
incomprobable en góndola, ello por carecer el consumidor de la información
imprescindible para verificar el real cumplimiento de dicha reducción, dado que
al no discriminarse tal tributo, otra vez todo queda sujeto a la aceptación
resignada de lo presentado u ofrecido. Otro despropósito fue el reciente
otorgamiento por decreto de un ´bono´ de $5.000 (con tufillo electoral) que
tampoco es bono, sino otra engañifa disfrazada de decisión arbitraria e
inconsulta.
Por
su parte, la tremenda inflación que generaron sucesivas devaluaciones, impactó
nefastamente no solo en incrementos exorbitantes de precios y tarifas de bienes
y servicios de primera necesidad, sino en la pérdida de poder adquisitivo del
salario, en la paralización de la capacidad productiva instalada, en más
desocupación y recesión, en la renuencia a invertir o liquidar derechos de
exportación, como en todos los demás indicativos o índices económicos y
sociales.
“IN-CIUDADANÍA”
Cuando
crecen exponencialmente las protestas, los piquetes, los acampes con cortes de
rutas, calles y avenidas interrumpiendo por la fuerza toda actividad regular,
pública y privada; entonces el vano temporal electoral constitucional hasta
octubre y/o diciembre próximos, podría ser demasiado extenso y riesgoso cuando
el funcionamiento estatal, republicano y la propia democracia vienen “cojeando
asistidos por apósitos ortopédicos”, habiendo extraviado su intrínseca
eficacia, oportunidad e intensidad, ello en términos de una básica e imprescindible
cultura de satisfacción para millones de argentinos frustrados, hambreados e
insatisfechos, (La pobreza subió a 35,4% y afecta a 14,4 millones de
argentinos).
Preconclusivamente,
tanta improvisación, incompetencias, excesos de optimismos (con lo ajeno);
tanto “verso” y voluntarismos, nos centrifugaron en el peor escenario nacional
sumergiéndolo en una masiva incertidumbre, en el cual todos reclaman pero el
gobierno nacional claramente se quedó sin respuesta, peor aún, sin confianza y
sin crédito mundial conforme resolvió el FMI al postergar el desembolso de los
5.400 millones de dólares hasta tanto conocer los resultados eleccionarios
definitivos, no obstante el patético clamor del actual presidente al repetir
cual letanía, que Argentina había cumplido con toda condicionalidad, que había
hecho todos los deberes que natural y obviamente aquél le impusiera.
Sin
embargo y aún ante todo ello, la sociedad de los ciudadanos mansos debe
conservar la calma para no agotar su menguada paciencia ni sucumbir ante la
siempre reprochable anarquía, caldo de cultivo de enfrentamientos fratricidas,
caos y arrepentimientos tardíos.
Finalmente,
mal podríamos omitir advertir que si se continúa fastidiando, denigrando,
mancillando y enojando al manso (¡Let it be!), mucho podemos arrepentirnos y
perjudicarnos porque, al fin y al cabo, ¡toda paciencia tiene su límite! El
supuesto dilema de no dejar ser a los mansos o enterarnos de su enojo, es mucho
más que una cavilación, mucho menos que una conjetura.
Ojalá entonces lleguemos a consumar nuestros procesos
eleccionarios constitucionales, ojalá lleguemos bien, constitucionalmente, pero
también, ojalá, nunca para otro “más de lo mismo” o peor aún, para un agazapado
´más de menos´
(*) Roberto Fermín Bertossi+Investigador
Cijs / UNC +Experto CoNEAU