Arden las calles de Chile y Bolivia en el
contexto de inéditas protestas sociales, con el luctuoso resultado provisorio de decenas
de muertos, millares de heridos y encarcelados; sin perjuicio de flagrantes violaciones
a derechos humanos.
El “derrame”
de corrupción, desigualdad y privilegios, tornó imposible -incluso a
opuestas ideologías gubernamentales- encauzar los descontentos mayoritarios con
“esas democracias”
La nómina de países democráticos sacudidos en
nuestro subcontinente americano por tales resistencias ante crisis autoritarias
y políticas de todo signo, ha crecido inquietantemente, poniendo “de puntillas” a países vecinos aún al
margen de zozobras semejantes.
Por mencionar sólo algunas, durante estas
últimas semanas hubo enfrentamientos en las calles de Bolivia por acusaciones
de fraude electoral, en Chile por la
desigualdad, en Ecuador por la eliminación de los subsidios a los combustibles,
en Haití por la escasez de gasolina y alimentos, etc.
Puntualmente respecto de Bolivia, su presidente Evo Morales después del informe
adverso de la OEA y desbordado por la rebelión popular, la presión opositora e
internacional, acaba de renunciar a la
primera magistratura, al haber fracasado su tardía convocatoria a nuevas
elecciones nacionales. Morales había fundamentado su convocatoria manifestando
que “para pacificar el país se repetirán los comicios".
Concomitantemente, desde la UE llaman a la
"moderación" y piden nuevas elecciones. Así se manifestó la jefa de su diplomacia,
Federica Mogherini, quien acaba de llamar a la "moderación" a
"todas las partes" en Bolivia y a nuevas elecciones, después que el
presidente boliviano, Evo Morales, “renunciara por la presión de la calle y de
los militares”
No mucho tiempo atrás, en la región, el
presidente hondureño, Juan Hernández, había enfrentado manifestaciones que exigían
su renuncia ante el juicio por narcotráfico a su hermano en EE. UU., en tanto
el mandatario peruano, Martín Vizcarra, disolvió el Congreso en el marco de una
larga crisis política por casos de corrupción.
Este sombrío panorama sin dudas contrasta con
el avance de la democracia en América Latina a partir de los años 80´, progreso
cívico anterior al estallido de las gravísimas crisis autocráticas,
dictatoriales ¿pos políticas?, singularmente en Venezuela y Nicaragua.
En el caso de Chile, las manifestaciones
continúan expresando el creciente descontento social con las élites del poder y
con la prolongada falta de respuesta (salvo la militarización de las calles
trasandinas) a legítimas demandas básicas de la ciudadanía.
Insidiosamente, el presidente ecuatoriano
Lenin Moreno en la reciente inauguración (30 y 31/10/2019) de la VII Reunión de
Ministros en Materia de Seguridad Pública de las Américas (acto organizado en
la ciudad de Quito por el Ministerio de Gobierno de Ecuador y la OEA) expresó:
“En esta ocasión la reunión transcurre en un momento muy difícil para la
región. Varios de nuestros países enfrentamos serios intentos desestabilizadores,
no a un gobierno, menos a un presidente, sino al Estado de derecho y a nuestra
democracia”
A mediados de este noviembre, ante una
realidad social, regionalmente atronadora e insatisfecha, luce razonable opinar
que tales intentos, poco o nada tendrían de desestabilizadores.
¿No serán acaso, empachos de
injusticias por prolongadas estafas de sus contratos sociales?
Los enojos y saturaciones ciudadanas
consecuentes (que han cobrado creciente
legitimidad, prestigio y respeto) se incrementaron con enfrentamientos entre el
3 al 13 de octubre ppdos. cuando pueblos indígenas y sectores sociales
empobrecidos del Ecuador, se manifestaron determinadamente contra la
eliminación del subsidios a los combustibles, medida que luego fue derogada por
el gobierno.
Moreno agregó que muchos de los países de la
región “han heredado crisis provocadas por regímenes corruptos, que con
políticas irresponsables y demagógicas han pretendido influir en la voluntad de
nuestros pueblos”. Se refirió al caso de Ecuador, donde se vivió recientemente un
momento de conflicto, pero nada dijo de su linaje como heredero de Rafael Correa.
Descaradamente el mandatario ecuatoriano
apuntó que los que buscan generar el caos son grupos “anti sistémicos que
valiéndose de la violencia organizada pretenden devolvernos al pasado
resquebrajando nuestras democracias”.
Preconclusivamente ¿cómo omitir tanto cinismo
intelectual en cada silencio o complicidad oficial gubernamental, pretendiendo
subestimar e ignorar una realidad inundada de corrupción, desigualdad y
privilegios?
Más que penosamente los pueblos en cuestión,
hartos de padecer injustamente subespecies
de “el castigo de Sísifo”, han decidido, resueltamente, (a su modo y
razón en cada caso) hacer valer y recuperar su propia soberanía, ante tanto
vilipendio y dispendio de sus infieles representantes “democráticos”
Como remate y epílogo, huelga añadir el cruel
audio (en plena crisis chilena) entre la primera dama de Chile y su grupo de
amigas: “Vamos a tener que disminuir
nuestros privilegios y compartir con los demás".
Así entonces, no encuentro desperdicios en el
apotegma de Theodor Roosevelt: ¡Una gran
democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia!
Roberto Fermín Bertossi
Investigador del
CIJS / UNC.