Oficialmente
el gobierno nacional anunció que
impulsará un programa de constitución de cooperativas –prioritariamente las de producción
de alimentos, reciclado, construcción, textil y
cuidado de adultos mayores o personas con discapacidad y niños- para todo lo cual el Estado nacional
invertiría inicialmente unos 30 mil millones para su implementación,
funcionamiento y monitoreo; descontando la colaboración de provincias, municipios,
sindicatos, universidades, clubes, etc.
Concomitantemente,
Mario Cafiero (tío directo del jefe de
gabinete) actual presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y
Economía Social, (INAES) afirmó: “El actual gobierno identifica a las
cooperativas y mutuales como el tercer motor de la reactivación, junto al
sector privado y al Estado".
El
titular del organismo, que depende del Ministerio de Desarrollo Social nacional
a cargo de Daniel Arroyo, adelantó que impulsarán la creación de mutuales
sindicales " para mejorar el ingreso de los trabajadores" y que alentarán
"la economía del cuidado”. Además, el ingeniero Cafiero señaló que se
analizará con distintos ministerios del gabinete nacional la participación de
cooperativas en el servicio de garrafas, la construcción de vivienda, el reciclado
de residuos urbanos, proyectos de obra pública, etc.
Así
pues y ante una crítica realidad socioeconómica difícil de remontar, desde mi
perspectiva y experiencia en la temática sostengo que, si bien el
establecimiento y la expansión de las cooperativas deberían ser considerados
como uno de los factores centralmente importantes del desarrollo humano,
resulta imprescindible para ir lográndolo igualitaria y universalmente, que el Estado (nacional, provincial y
municipal) fomente y promueva (articulada
y mancomunadamente) la organización
y el desarrollo de cooperativas y mutuales, pero, asegurando simultáneamente,
una adecuada asistencia, difusión y fiscalización que garantice sus caracteres
y finalidades; evitando de tal manera la “reactivación” de falsas expectativas,
de decepciones, los bastardeos jurídicos, los nepotismos, los voluntarismos
oficiales, las actividades cooperativas & mutuales ilegales como toda
espuria y recurrente utilización política partidaria.
Por ello, solamente habrá reactivación cooperativa cuando
el cooperativismo (con cooperativas genuinas, sin viejos corporativismos
burocráticos) sirva claramente para:
1) Difundir
amplia y neutralmente el conocimiento de los principios, métodos, posibilidades,
resiliencia y limitaciones de las cooperativas, en cuanto tales; 2) Dar una enseñanza apropiada (que también incluya ahora educación
ciudadana para usos y consumos responsables, cultura ambiental, etc.), no
solamente en escuelas o colegios cooperativos y otros centros especializados,
sino también en instituciones educativas, tales como: universidades y establecimientos de enseñanza
superior; escuelas para personal
docente; escuelas de agricultura, agro técnicos e industriales y otros establecimientos de formación
profesional, en artes, en oficios, en departamentos sindicales de educación
obrera y economía popular; 3) Mejorar la
situación económica, social y cultural de las personas con recursos y
posibilidades limitados, así como incentivar solidaria, eficiente y
crediticiamente su espíritu de iniciativa; 4) Otorgar una ayuda financiera externa a las
cooperativas cuando inician sus actividades o cuando tropiezan con dificultades
financieras en su desarrollo o integración. Esta ayuda no debería entrañar
ninguna obligación contraria a la independencia o a los intereses de las
cooperativas y debería estar concebida para estimular, y no para reemplazar la
iniciativa y los esfuerzos propios de sus asociados. 5) Recalificar e incrementar los recursos personales y el
capital (nacional, federal y local) mediante el estímulo del ahorro, la
supresión y condena de la usura (seudo) cooperativa/mutual y la sana
utilización del crédito solidario civil; 6) Contribuir a una economía solidaria civil
con un elemento más amplio de control democrático de la actividad económica y
de distribución más equitativa de los excedentes cooperativos; 7) Mejorar las condiciones sociales urbanas y
rurales tanto como complementar y/o completar los servicios sociales en campos
tales como el de la vivienda y, cuando corresponda, en el de la salud, en el de
la educación, en el de las comunicaciones y más; 8) Ayudar a elevar el nivel de instrucción general
y técnica de sus asociados, consejeros, síndicos, asesores, auditores y órganos
de aplicación; sin perjuicio de alcanzar con sus beneficios a funcionarios,
legisladores, sindicalistas, magistrados y periodistas); 9) Identificar y eliminar las disposiciones de
la legislación que pueden tener por efecto perturbar indebidamente el
desarrollo de las cooperativas a causa del carácter discriminatorio de tales
disposiciones, por ejemplo, en lo que se refiere a impuestos, a concesión de
créditos, concursos, licitaciones, etc.; 10) Los procedimientos prescritos por
dicha legislación, sobre todo los relativos al registro de las cooperativas,
debieran ser lo más simplificadamente posible (art. 142 y cc. Código Civil y Comercial),
a fin de no perturbar la constitución, el desarrollo y expansión cualitativa y
participada de las mismas.
Un
párrafo especial merece la urgente necesidad de darnos una auténtica ley de
cooperativas tan democrática, federal y ajustada a estos tiempos como sea
posible, una ley informada y consulta que abrogue sin más demora toda
legislación de facto imperante a la fecha (con
sus reminiscencias dictatoriales, intactas; no solamente por dictatorial sino
por “antigua” y centralistamente unitaria reñida con estos nuevos tiempos que
deberemos intentar vivir y convivir más solidaria y federalmente); un corpus
juris con su propia y peculiar estructura constituyendo un sistema de
tensegridad centrado en un estado de autogestión y acción vecinal de estable auto
equilibrio solidario.
Preconclusivamente,
el premio Nobel de Economía Joseph
Stiglitz durante su reciente intervención en la Tercera Cumbre de Cooperativas
celebrada en Quebec (Canadá), aseguró que en esta década las cooperativas serán
“la única alternativa al modelo económico fundado en un egoísmo que fomenta las
desigualdades” remarcando que las cooperativas “son el modelo que mejor puede
enfrentar los riesgos de una economía que será cada vez más volátil”.
Hacemos
votos para que las instituciones cuya colaboración descuenta este programa, apoyen determinada y resistentemente el
desarrollo del mismo, porque solo el crecimiento de cooperativas, municipios,
sindicatos, universidades, clubes y tales -verdaderamente solidarios,
cooperativos e inclusivos-, nos permitirán afirmar su naturaleza democrática,
frente a los egoísmos de los que se encierran en su aislamiento de privilegio,
para los que todo y todos lo demás resultan ajenos e incómodos.
Finalmente, ¡recién entonces veremos!
Roberto
Fermín Bertossi
Experto CoNEAU / Cooperativismo
Investigador Cijs /
UNC