Cuando el después de semejante pandemia, si
bien nada será lo mismo, la estimación de la vida recobrará todo su valor en
toda su dimensión e intensidad. También, claro, el valor de la salud, de la
familia, de los amigos, de la prudencia, del cuidado y corresponsabilidad
cooperativa.
Sobre el coronavirus o COVID-19´ pienso en
cinco palabras o aspectos que nos interpelan inquietantemente: 1) Qué; 2)
Cuándo; 3) Cómo, 4) Hasta cuándo; 5) Consecuencias.
* ¿Qué pasará, qué nos pasará? * ¿Cuándo sucederá? * ¿Cómo será? * ¿Hasta cuándo? * ¿Cuáles serán sus consecuencias? Por ahora, VEREMOS…
También pienso como ´puro cambalache´
pretender igualar lo real con lo virtual, el heroísmo con la
miserabilidad, la solidaridad con el egoísmo, el sentido del deber con la
indolencia; fundamentalmente la verdad con la mentira… como por tanto tiempo,
ignominiosamente, se intentó.
Después de la segunda guerra mundial, los países instrumentaron la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) como modo y como medio de articular y satisfacer
necesidades, centralmente para conservar
la paz y desterrar la guerra, descartando entonces previsiones ambientales y epidemiológicas
por, presuntamente, innecesarias.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU),
o simplemente las Naciones Unidas (NN. UU.), es la mayor organización
internacional existente. Se creó para mantener la paz y seguridad
internacionales, fomentar relaciones de amistad entre las naciones, lograr la
cooperación internacional para solucionar problemas globales y servir de centro
que armonice las acciones de las naciones.
Dicha ONU se rige por la Carta de las Naciones
Unidas, que entró en vigor el 24 de octubre de 1945 y se firmó el 25 de junio
del mismo año en la ciudad estadounidense de San Francisco, por 51 países,
pocos meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial; paradójicamente “sin
acepción de países con ideologías que
negaban y niegan los derechos fundamentales del hombre”
El tiempo nos fue “haciendo sentir” dentro de
Naciones Unidas , el rigor del abuso de poder traducido en el derecho de veto
impuesto por los cinco países entonces más poderosos (precisamente en uno de ellos, (China) germinó y brotó esta tremenda
pandemia); sino su ineficacia e ineficiencia, reflejando inutilidad humana
práctica, al menos considerando su espíritu y letra.
Entonces, cuando “el bien común” es el fin y
el límite de todo Estado, debemos admitir que con ese “antiguo orden mundial”, hemos fracasado, rotundamente.
Ello nos sugiere un nuevo tiempo, un nuevo
orden ecológico, social, económico, político y cultural; un nuevo contrato
social entre todos los pueblos del mundo de buena voluntad, a partir de la
persona, de la familia, de lo comunitario y cooperativo, con pasión por la
verdad y compromiso por el bien común, haciendo foco en la sabiduría del
diálogo sincero y proactivo como en un respeto mutuo, simétrico.
Los supuestos valores “hipermodernos” resultaron substancialmente estériles, inconsistentes,
pos modernos… pos verdaderos.
Un nuevo orden mundial requiere de compromiso,
de conciencia humanitaria, de ciencia y previsión, de solvencia y anticipación
gubernamental, asignando un rol
primigenio central al “cuidado
de la casa común” y reubicando a la tecnología para que contribuya pero
nunca prevalezca sobre el bien común y
al interés general.
Claramente el valor cooperación y solidaridad
como levadura de comunidad, se validará como decisivo.
Ahora bien, ¿acaso fue necesario tanto temor y
tanto pánico por la realidad y el futuro de la pandemia Covid-19´, para recién
entonces revalorizar la salud y reconsiderar la muerte?
Casi nadie admite y a pocos ´le cae la ficha´ de que un pequeñito virus pudiera
diezmar al “homo sapiens”.
En la realidad de estos días y meses por venir… ante tal coronavirus se probará la “talla” y
verdad de cada hombre: pareciera un coronavirus como la medida de todas las
cosas, de las que son en tanto que son, y de las que no son en tanto que no
son.
Por lo demás, a ver cómo afrontan
ahora la realidad los defensores de la pos verdad: contra la verdad vivíamos
mejor, pero con el coronavirus, sin esa la verdad negada, morimos más.
Y si esto parece duro también lo serán las
consecuencias del paso del coronavirus, derribando otra soberbia babel humana
global desnudando al hombre de hoy, extraviado en vanos razonamientos y puras
mezquindades; sí, como cuando en este
fatal “estrago vírico”, Francia y
Alemania le dieron la espalda a Italia en su peor momento histórico conocido.
Ante un acecho activo de laboratorios como de
un asedio periodístico masivo -aupados en
poderosos sin escrúpulos-, comprobamos ese hedor periodístico donde
demasiadas veces la pos verdad fue necesaria no solo para que muchos “sean felices” sino para levantar
poderosos imperios comunicativos.
Por el contrario, cuando se trata de buena
política y realidad, la verdad es necesaria e imprescindible para que esa
felicidad se verifique. Si te están diciendo que hay comida para todos, pero
resulta que no es verdad, bueno, la gente no va a ser feliz porque no va a
comer y se va a morir de hambre no sólo en
2016´, 2017´, 2018´, 2019´ sino en 2020´ también.
Finalmente y mientras tanto, tenemos miedo.
Como es un futuro que no deseamos, le tememos. El futuro se transforma en
amenaza epidemiológica haciéndonos sospechar, aterrados y de mil maneras, lo
que pudiera suceder.
Por último y así como hay miserables concretos
(Carmela Hontou, Pablo Singerman y
tantos idiotas o negacionistas que pueden llevarnos con sus personalísimas
responsabilidades, sin escalas, a un innecesario “estado de sitio”) durante estos tiempos inéditamente difíciles, los mismos también serán
fructíferos en heroísmos, en valores, en solidaridad y hermanamientos, en
autogestión y fraterna acción vecinal; todo para un futuro personal y comunitario
auspicioso desde una confiada mirada esperanzadora, sin límites.
Roberto Fermín Bertossi
Investigador Cijs // UNC