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02/04/2020

Globalización de la solidaridad.


por Ricardo Del Barco


 

Hace algunos años comenzó a discutirse en los medios científicos, en la política y en los medios de comunicación, el termino GLOBALIZACION.

Definida esta, digámoslo simplemente, como el intercambio fluido y permanente de información, negocios, transacciones financieras y económicas, pautas de vida común y tantas otras cosas. El término suscito la admiración de muchos y encendió el desprecio de otros tantos. Para los primeros, comenzábamos a vivir a escala planetaria de manera  común, disfrutando de múltiples beneficios, para los segundos era la nueva cara del capitalismo individualista que ponía la búsqueda de la ganancia como valor supremo. Estos llamados “globalifóbicos” aprovechaban cuanto evento mundial mostrara la reunión de los principales países del mundo, para mostrar la furia arrasadora de los que combatían el “ maldito capitalismo”. La reunión de los G 20 era uno de los episodios preferidos para mostrar el descontento furioso y destructor .Seattle, Hamburgo, Mar del Plata y o cualquier otro lugar donde se produjeran estas reuniones, contaban con el espectáculo casi dantesco de la protesta. Los medios de comunicación encontraban allí el famoso “negocio de mostrar”. En las universidades comenzamos a hace distingos, no siempre aceptados por la comunidad académica, entre el proceso llamado GLOBALIZACION y la ideología que lo inspiraba. Muchos entendimos que era importante distinguir la GLOBALIZACION del Globalismo. Entendido este último como una ideología o concepción que colocaba a la competencia y a la búsqueda del lucro como valor supremo. Decíamos que ese proceso podía y debía tener otra ideología inspiradora y así hablábamos de la Solidaridad, que ponía el acento en el esfuerzo compartido y la búsqueda del bien de todos, en especial de los más vulnerables y desfavorecidos, ya fueron personas o países. Una solidaridad entendida como que la suerte de mi hermano, es mi propia suerte. Que nos convertía en guardianes de nuestros hermanos. Una expresión de raíz bíblica, ayuda a entender esta perspectiva. Se trata de la pregunta que se  le formula a Caín, y que da cuenta el Génesis” Entonces el SEÑOR dijo a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?" Y él respondió: "No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?”. El llamado Globalismo diría “ no soy el guardián de mi hermano”, la Solidaridad por el contrario, dice soy responsable de la suerte de mi hermano. No hace falta ser creyente para entender  la profundidad de la pregunta y la implicancia de la respuesta.

 Al comienzo del Milenio, Juan Pablo II, hablo reiteradamente de este proceso y se refirió a la Globalización de la solidaridad. Desde esta iluminadora visión recordó que

“. El complejo fenómeno de la globalización es una de las características del mundo actual, perceptible especialmente en América. Dentro de esta realidad polifacética, tiene gran importancia el aspecto económico. Con su doctrina social, la Iglesia ofrece una valiosa contribución a la problemática que presenta la actual economía globalizada. Su visión moral en esta materia « se apoya en las tres piedras angulares fundamentales de la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad »”. La economía globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una economía globalizada, y ante las exigencias del bien común internacional. En realidad, « la doctrina social de la Iglesia es la visión moral que intenta asistir a los gobiernos, a las instituciones y las organizaciones privadas para que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A través de este prisma se pueden valorar las cuestiones que se refieren a la deuda externa de las naciones, a la corrupción política interna y a la discriminación dentro [de la propia nación] y entre las naciones ». Y recordaba que era necesario:

“no sólo a promover una mayor integración entre las naciones, contribuyendo de este modo a crear una verdadera cultura globalizada de la solidaridad, sino también a colaborar con los medios legítimos en la reducción de los efectos negativos de la globalización, como son el dominio de los más fuertes sobre los más débiles, especialmente en el campo económico, y la pérdida de los valores de las culturas locales en favor de una mal entendida homogeneización.( EXHORTACIÓN APOSTÓLICA ECCLESIA IN AMERICA  de JUAN PABLO II

De una manera impensada, algo que comenzó en este nuevo año y geográficamente muy lejano para nosotros, nos puso frente al fenómeno de la globalización, sin darnos tiempo a discusiones ideológicas. Se trató de algo extraño, un virus denominado corona, cientos y luego miles de personas enfermas y de pronto circularon las noticias que venían de  China, Corea, Japón, Singapur, Italia, España ,Francia, Estados Unidos, sigue la lista y nosotros en Argentina. Nos familiarizamos con explicaciones, hipótesis  estadísticas, vimos imágenes, nos angustiamos y sin querer nos habitamos rápidamente a un término” cuarentena”, estar encerrados  en nuestras casas  ,restringir el contacto físico, para impedir que ingresara el letal enemigo el” corona virus”. No era ya el problema de los chinos, los asiáticos ni los  europeos, los norteamericanos, era el problema de todos. El temor a la enfermedad común, nos mostró que la globalización esta aquí, no en la discusión académica o en la protesta política, ni en el análisis económico .Como nunca en la historia humana, nos sentimos más juntos que nunca, igualmente temerosos y frágiles. Nuestra suerte es la suerte de los otros y recíprocamente. Comenzamos a llorar los muertos que no conocemos de lejanos países, nos esperanzamos con tratamientos y medidas que otros van ensayando. Es cierto que se sigue hablando de los mercados, de los impactos que traen a la economía esta pandemia. Pero todos sentimos que hoy lo más importante no es las cotizaciones de las acciones o el arreglo de las deudas externas, sino el mantenernos vivos. Cada nuevo muerto en cualquier lugar del planeta, nos duele, como si fuera nuestro vecino cercano y cada nuevo enfermo que se salva lo sentimos como si fuéramos nosotros. La ambivalencia del proceso hoy la sentimos en carne propia, los medios de comunicación y las redes sociales, nos han permitido estar juntos con los otros, pero al mismo tiempo no muestran la necesidad de aislarnos, no por egoísmo, sino por deber de supervivencia. El abrazo físico, está prohibido, lo reemplazamos por el abrazo virtual. Y al calor de esa circunstancia descubrimos varios cosas, primero el valor de estar juntos, segundo, que  la suerte del otro es mi propia suerte, tercero que debo aprender a vivir atento a lo que les pasa a todos para poder salvar mi propia vida. Si descubrimos el valor de la vida a escala planetaria. Hoy la solidaridad no es una idea, es una exigencia para sobrevivir ,no se cómo será el mundo después de esta pandemia, pero estoy seguro que no será el mismo que conocimos hasta hace algunas semanas .Aprenderemos a vivir juntos de manera más responsable y fraterna?. No tengo la respuesta, solo deseo que lo establecido en el art. 1to de la declaración universal de los derechos humanos  que  dice. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, se convierta en una realidad.

Ricardo del Barco






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