Hace algunos años comenzó a discutirse en los medios científicos,
en la política y en los medios de comunicación, el termino GLOBALIZACION.
Definida esta, digámoslo simplemente, como el intercambio
fluido y permanente de información, negocios, transacciones financieras y económicas,
pautas de vida común y tantas otras cosas. El término suscito la admiración de
muchos y encendió el desprecio de otros tantos. Para los primeros, comenzábamos
a vivir a escala planetaria de manera común, disfrutando de múltiples beneficios, para
los segundos era la nueva cara del capitalismo individualista que ponía la búsqueda
de la ganancia como valor supremo. Estos llamados “globalifóbicos” aprovechaban
cuanto evento mundial mostrara la reunión de los principales países del mundo, para
mostrar la furia arrasadora de los que combatían el “ maldito capitalismo”. La
reunión de los G 20 era uno de los episodios preferidos para mostrar el
descontento furioso y destructor .Seattle, Hamburgo, Mar del Plata y o
cualquier otro lugar donde se produjeran estas reuniones, contaban con el
espectáculo casi dantesco de la protesta. Los medios de comunicación
encontraban allí el famoso “negocio de mostrar”. En las universidades
comenzamos a hace distingos, no siempre aceptados por la comunidad académica, entre
el proceso llamado GLOBALIZACION y la ideología que lo inspiraba. Muchos
entendimos que era importante distinguir la GLOBALIZACION del Globalismo. Entendido
este último como una ideología o concepción que colocaba a la competencia y a
la búsqueda del lucro como valor supremo. Decíamos que ese proceso podía y
debía tener otra ideología inspiradora y así hablábamos de la Solidaridad, que
ponía el acento en el esfuerzo compartido y la búsqueda del bien de todos, en
especial de los más vulnerables y desfavorecidos, ya fueron personas o países.
Una solidaridad entendida como que la suerte de mi hermano, es mi propia
suerte. Que nos convertía en guardianes de nuestros hermanos. Una expresión de
raíz bíblica, ayuda a entender esta perspectiva. Se trata de la pregunta que
se le formula a Caín, y que da cuenta el
Génesis” Entonces el SEÑOR dijo a Caín: "¿Dónde está tu hermano
Abel?" Y él respondió: "No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?”.
El llamado Globalismo diría “ no soy el guardián de mi hermano”, la Solidaridad
por el contrario, dice soy responsable de la suerte de mi hermano. No hace
falta ser creyente para entender la profundidad
de la pregunta y la implicancia de la respuesta.
Al comienzo del Milenio, Juan Pablo II, hablo
reiteradamente de este proceso y se refirió a la Globalización de la
solidaridad. Desde esta iluminadora visión recordó que
“. El complejo fenómeno de la globalización es una de las
características del mundo actual, perceptible especialmente en América. Dentro
de esta realidad polifacética, tiene gran importancia el aspecto económico. Con
su doctrina social, la Iglesia ofrece una valiosa contribución a la problemática
que presenta la actual economía globalizada. Su visión moral en esta materia «
se apoya en las tres piedras angulares fundamentales de la dignidad humana, la
solidaridad y la subsidiariedad »”. La economía globalizada debe ser analizada
a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción
preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una
economía globalizada, y ante las exigencias del bien común internacional. En
realidad, « la doctrina social de la Iglesia es la visión moral que intenta
asistir a los gobiernos, a las instituciones y las organizaciones privadas para
que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A través
de este prisma se pueden valorar las cuestiones que se refieren a la deuda
externa de las naciones, a la corrupción política interna y a la discriminación
dentro [de la propia nación] y entre las naciones ». Y recordaba que era
necesario:
“no sólo a promover una mayor integración entre
las naciones, contribuyendo de este modo a crear una verdadera cultura
globalizada de la solidaridad, sino también a colaborar con los medios
legítimos en la reducción de los efectos negativos de la globalización, como
son el dominio de los más fuertes sobre los más débiles, especialmente en el
campo económico, y la pérdida de los valores de las culturas locales en favor
de una mal entendida homogeneización.( EXHORTACIÓN
APOSTÓLICA ECCLESIA IN AMERICA de JUAN PABLO II
De una
manera impensada, algo que comenzó en este nuevo año y geográficamente muy
lejano para nosotros, nos puso frente al fenómeno de la globalización, sin
darnos tiempo a discusiones ideológicas. Se trató de algo extraño, un virus denominado
corona, cientos y luego miles de personas enfermas y de pronto circularon las
noticias que venían de China, Corea,
Japón, Singapur, Italia, España ,Francia, Estados Unidos, sigue la lista y
nosotros en Argentina. Nos familiarizamos con explicaciones, hipótesis estadísticas, vimos imágenes, nos angustiamos
y sin querer nos habitamos rápidamente a un término” cuarentena”, estar encerrados
en nuestras casas ,restringir el contacto físico, para impedir que
ingresara el letal enemigo el” corona virus”. No era ya el problema de los chinos,
los asiáticos ni los europeos, los norteamericanos,
era el problema de todos. El temor a la enfermedad común, nos mostró que la globalización
esta aquí, no en la discusión académica o en la protesta política, ni en el
análisis económico .Como nunca en la historia humana, nos sentimos más juntos
que nunca, igualmente temerosos y frágiles. Nuestra suerte es la suerte de los
otros y recíprocamente. Comenzamos a llorar los muertos que no conocemos de
lejanos países, nos esperanzamos con tratamientos y medidas que otros van ensayando.
Es cierto que se sigue hablando de los mercados, de los impactos que traen a la
economía esta pandemia. Pero todos sentimos que hoy lo más importante no es las
cotizaciones de las acciones o el arreglo de las deudas externas, sino el
mantenernos vivos. Cada nuevo muerto en cualquier lugar del planeta, nos duele,
como si fuera nuestro vecino cercano y cada nuevo enfermo que se salva lo
sentimos como si fuéramos nosotros. La ambivalencia del proceso hoy la sentimos
en carne propia, los medios de comunicación y las redes sociales, nos han
permitido estar juntos con los otros, pero al mismo tiempo no muestran la
necesidad de aislarnos, no por egoísmo, sino por deber de supervivencia. El
abrazo físico, está prohibido, lo reemplazamos por el abrazo virtual. Y al
calor de esa circunstancia descubrimos varios cosas, primero el valor de estar
juntos, segundo, que la suerte del otro
es mi propia suerte, tercero que debo aprender a vivir atento a lo que les pasa
a todos para poder salvar mi propia vida. Si descubrimos el valor de la vida a
escala planetaria. Hoy la solidaridad no es una idea, es una exigencia para
sobrevivir ,no se cómo será el mundo después de esta pandemia, pero estoy
seguro que no será el mismo que conocimos hasta hace algunas semanas
.Aprenderemos a vivir juntos de manera más responsable y fraterna?. No tengo la
respuesta, solo deseo que lo establecido en el art. 1to de la declaración universal
de los derechos humanos que dice. “Todos los seres humanos nacen
libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y
conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, se
convierta en una realidad.
Ricardo del Barco