Ethik es un novísimo e hispano think tank que, si bien suena un
poco a Panzer y a Blitzkrieg, aparece a la luz pública como un
tanque de pensamiento, un laboratorio de
ideas, un gabinete estratégico cuya función es la de iluminar a
la opinión pública sobre lo que pasa en el mundo, un sanedrín con luz y
taquígrafos donde un grupo de selectos ciudadanos imparten sabios consejos y
directrices que posteriormente los partidos políticos y demás poderes fácticos
usarán. Son ellos los grandes contagiadores de la pandemia intelectual. Los think
tanks se atribuyen la función de crear y fortalecer espacios de
diálogo y debate, soliendo legitimar las narrativas de los regímenes de turno,
ofreciendo un rol de auditor de los actores públicos y canalizando fondos para
movimientos blandos. Lavar las legañas.
Dicha aristocracia del espíritu está relacionada con laboratorios
militares, empresas privadas, instituciones académicas, fundaciones con pedigrí
y similares, que de ese modo y al mismo tiempo financian sus propios productos.
Así funcionan los famosos tanques éticos, copiando el modo de hacer USA.
Y desde luego el perímetro intelectual de este nuevo tanque será también el de
la cincha de una burra cuyo abdomen comienza en Estados Unidos y se cierra en
Bruselas.
En esa plataforma ideal de diálogo de la razón dialógica
(que no razón profética) no todos barrerán para su propia casa y para su
propia imagen, negocio en el que sí son grandes especialistas, pues dentro de
ese olímpico mirador tampoco faltarán gentes con buenas ideas y voluntades, no
hay que demonizar. Sea como fuere, no sé en concreto cuáles son los
patrocinadores económicos del grupo Ethik pero, a tenor del curriculum
de la mesa de sus ilustrados redactores, y de los primeros anuncios con que se
están publicitando, muy revolucionarios no han de ser, y sin ánimo ofensivo yo
les denominaría derechita económica cobarde, a la cual comienza a mirar
ya la derechita intelectual cobarde, todo muy cool. Si la experiencia de la primera guerra
mundial no evitó la segunda, tampoco creo que esta revolución intelectual suya vaya
a evitar la tercera.
“Somos un grupo de profesionales que creen que la información
de calidad es necesaria para provocar cambios”, reza su magra carta de
presentación, la nuez de su manifiesto. Ahora bien, una propuesta tan ambigua
¿cómo pretendería ser de calidad? ¿Y, por otra parte, cómo una empresa ambigua
podría provocar otra cosa que cambios ambiguos? Por lo demás, el mundo está
cambiando y moviéndose desde Heráclito, sin necesidad de que este movimiento le
dé su empujoncito motórico.
Yo ni siquiera creo que los patrocinadores de esta flor de la
canela esperen del grupo Ethik mucho más, pues presentan a sus propios patrocinados
como “voces relevantes en la filosofía, el análisis político, la economía y la
transparencia que analizan el terreno que ha dejado el COVID-19 y que apuntan
cómo reconstruir la sociedad usando como brújula lo marcado en la Agenda 2030”.
Mucho me temo que en esta agenda no estén marcados los países donde la pandemia
del hambre mata cada día y cada noche a la mayoría de la población mundial, y más
aún me temo que tampoco su brújula esté imantada hacia el Sur.
Lo que me parece más deportivo es que, a pesar de sus longevas
edades, los miembros del tanque aparezcan en la foto de inauguración de la
cancha luciendo camisetas muy parecidas a las de un famoso equipo italiano de
fútbol cuyo nombre me reservo para no colaborar con tanta publicidad. Pero una
duda me corroe: Los abajofirmantes son doce, tal vez por su celo
apostólico, pero sólo once de ellos visten la supramentada camiseta, así que
¿será el doce el director oculto de los once que dan la cara, y quién es él, en
qué lugar se enamoró de ti?
Además de esto, lo que me entusiasma es el fichaje de su
delantero centro, don Fernando Savater, que antes goleaba con sus panfletos
contra todo y contra el todo, y que ahora golea desde la pérdida del
amor de su vida. De todos modos, Borrell, cuidado con él, no sé cuánto va a
durar esta figura en la Iglesia Naciente de Ethics, pues dado su díscolo
espíritu, tan refractario a lo común, proclama en el primer instante de juego:
“Me molesta esa manía de sacar conclusiones moralizantes. Frases como hemos
vivido equivocados, hemos de cambiar nuestra manera de existir, la
culpa la tienen los abusos del egoísmo o la falta del respeto a la ecología.
No, es una plaga y se acabó”. Bueno, maestro, no se ponga usté así,
conserve la calma y procure pasar la bola a sus colegas, los exministros de
economía, los presidentes ejecutivos, los directores de cosas públicas, los
dirigentes de empresas, los expertos en todología, los filósofos reyes. Todos estamos pendientes de su juego, y por
supuesto a prodigar nuestros más cálidos
aplausos a las ocho en punto de la tarde.