El oscurantismo del
Presidente de la República de Brasil, Sr. Jair Bolsonaro, en el manejo de la
crisis del COVID-19 reverberó por todo el globo[1] - o por los cuatro
rincones de la Tierra plana, como es creído por el gurú intelectual del
gobierno y muchos de sus discípulos-.
Como es sabido, Brasil tiene
dimensiones continentales, una inmensa desigualdad social, pobreza, desempleo,
carencia de hospitales y gran parte de su población vive en las calles o
amontonada en viviendas precarias que ni siquiera cuentan con saneamiento
básico. Todos estos factores de por sí, ya conllevarían a una enorme dificultad
en la gestión de esta tragedia que significa la pandemia.
La única ventaja con la
que el país contaba era haber sido afectado en un momento posterior, lo que
permitiría tomar nota de las experiencias ya vividas por los demás, y utilizar
el conocimiento técnico y científico que ya venía desarrollándose para el
combate del COVID-19.
Todavía hay muchas
preguntas importantes sobre el virus que no tienen respuesta, pero lo que ya se
sabe es que, ciertamente, no se trata de una histeria colectiva y/o un simple resfriado,
como pregona el Sr. Presidente. También es notorio que los países que
intentaron aplicar el aislamiento vertical en un primer momento o que dejaron
de adoptar medidas restrictivas de aislamiento social, vieron colapsado su
sistema de salud debido a la ineficiencia de la estrategia elegida. Todo lo
anterior dio lugar a la imposibilidad de aplanamiento de la curva de contagio,
de tal suerte que se precisó dar marcha atrás, enfrentando una crisis mucho más
grave y un período de cuarentena mayor en comparación con aquellos que han
empleado tales medidas de forma más rápida, y que ahora se encuentran en
proceso de desconfinamiento o, como se dice en España, “desescalada”, con la
reanudación gradual de sus actividades. Hasta el momento, no se hace posible la
tan necesaria prueba para toda la población, ni existe un medicamento que tenga
plena eficacia comprobada por la comunidad científica, ni la tan soñada vacuna.
Lo que sí es cierto es que, desafortunadamente, el empleo de medidas de
aislamiento fue la estrategia que se mostró, de forma indiscutible, como la más
eficiente en el control de la pandemia.
Aquellos que aún
sostenían que Brasil no sería afectado debido a que supuestamente el virus no
se desarrollaría en el calor, y pese a la existencia de alguna confirmación de
esa conclusión por la comunidad científica, fueron testigos del macabro
escenario en la ciudad de Guayaquil, centro de la epidemia en Ecuador, en que
los buitres sobrevolaban el cielo de la ciudad atraídos por los cuerpos en
descomposición en las calles, pues los sistemas hospitalario y funerario
también implosionaron.
A pesar de todos los
hechos científicamente probados y los terribles desastres ya experimentados por
diversos países, el jefe del Poder Ejecutivo de Brasil permaneció adoptando una
postura negacionista, incluso participando en manifestaciones con
aglomeraciones de personas por el fin del aislamiento, además, de otras
execrables y abiertamente inconstitucionales, que clamaban por el cierre del
Congreso Nacional y del Supremo Tribunal Federal y por el retorno de la
dictadura, sin hacer adopción de ninguna de las medidas de prevención
recomendadas por la OMS (uso de máscaras, ausencia de contacto físico y
distancia social mínima) y que fueron repudiadas por las instituciones
democráticas[2].
La solución de la crisis
exige la búsqueda de la convergencia, que se logra a través del diálogo y la
escucha de diferentes puntos de vista, incluyendo los de adversarios y de la
comunidad científica, por encima de intereses políticos[3].
Posiciones inmovilistas, polarización política y preferencia de los intereses
de grupo a los generales de la ciudadanía sólo contribuyen al agravamiento de
la crisis. Desafortunadamente, fue lo que sucedió en Brasil.
En ese contexto, el
Gobierno Federal celebró un contrato, sin licitación por un valor aproximado de
R$ 4,8 millones - cantidad que bien podría ser destinada, por ejemplo, a la
compra de respiradores y máscaras tan necesarios en el momento -, para la difusión de la perversa campaña
publicitaria “Brasil No Puede Detenerse”, que defiende el aislamiento vertical
y difunde la falsa información de que el COVID-19 no significa un grave riesgo
para la vida y la salud, en patente disonancia a los consensos mínimos afirmados
por la OMS y la comunidad científica, convocando a la población a reanudar sus
actividades en favor de la economía.
El video preliminar de la
campaña[4] ya había sido
transmitido en grupos de WhatsApp y en Instagram, cuando la Confederación
Nacional de Trabajadores Metalúrgicos y el partido Rede Sustentabilidade decidieron
imputar el Incumplimiento de Precepto Fundamental (ADPF) ante el Supremo Tribunal
Federal, sobre la base de la violación a los principios de la Administración
Pública en la contratación, así como a los derechos fundamentales básicos de la
vida y salud, solicitando el impedimento de la difusión de la campaña (o de
cualquier otra similar).
Tras analizarlas
mencionadas demandas (ADPFs, números 668 y 669), el 31/03/2020, el Ministro Relator,
Roberto Barroso, concedió la medida cautelar[5]
considerando que la información transmitida a través de la campaña era
contraria al consenso técnico y científico, así como a los resultados de
experiencias en otros países, incluso aseveró que no es recomendable la
flexibilización de las medidas en países en desarrollo, precisamente porque las
condiciones precarias facilitan el contagio y la propagación del virus y el
sistema público de salud, que ya se muestra deficiente, tiende a presentar
menor capacidad de respuesta.
De la misma forma, el
Ministro destacó que no hay una efectiva dicotomía entre la salud y la
economía, como preconiza la campaña, una vez que (i) las medidas restrictivas
están siendo tomadas por todos los países, por lo que es cierto que, si Brasil no
las adopta, puede terminar siendo visto como amenaza y sufrir aislamiento
económico, y (ii) la demora en la adopción de medidas acarreará la propagación
del virus, lo que llevará a la necesidad de restricciones aún mayores y por un plazo
más extenso.
Además, se ha destacado
que la vida y la salud de la población, corolarios de la dignidad de la persona
humana, deben prevalecer siempre.
Sobre esto, cabe señalar
que el Supremo Tribunal Federal ya se había posicionado en otras oportunidades,
como, por ejemplo, en la controversia que implicaba la comercialización del
amianto. Junto con el lobby de las grandes empresas explotadoras de dicha
fibra, al juzgar las Acciones Directas de Inconstitucionalidad (ADIs) números
3356, 3357, 3470 y la ADPF número 109[6], la Corte, basándose en
el consenso científico sobre el potencial carcinógeno de la sustancia, consideró
inconstitucional la ley federal que preveía la posibilidad de su utilización y,
por consiguiente, constitucionales las leyes estatales que prohibían su
comercialización. Es decir, incluso ante un aparente conflicto entre la vida y
la salud frente a la economía y la empleabilidad del sector explotador del
amianto, fue decidido que deben prevalecer los primeros[7].
A pesar de la suspensión
de la campaña, el Jefe del Poder Ejecutivo siguió adoptando la misma conducta
contraria a las medidas restrictivas, defendiendo el ya ineficaz aislamiento
vertical, lo que acabó agudizando las tensiones existentes con aquellos que
defendían y adoptaban medidas restrictivas en conformidad con las
recomendaciones de la OMS y de la comunidad científica. Entre los opositores,
destacan, principalmente, el entonces Ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta,
quien terminó siendo despedido, en medio de la crisis, por discrepar del posicionamiento
del Sr. Presidente de la República[8], su sustituto, Nelson
Teich, quien renunció también por desacuerdo con el Sr. Presidente[9],
y la mayoría de los Estados y Municipios, los cuales, en el marco de sus
competencias legislativas y administrativas, han adoptado normas de aislamiento
social científicamente recomendadas, como, por ejemplo, la prohibición de
aglomeraciones, restricción en el funcionamiento de los establecimientos
comerciales, en la circulación de personas, y de las actividades culturales,
imposición de aislamiento social, cuarentena, suspensión de clases, entre otras
que fueron empleadas por los demás países del mundo.
Sobre estos últimos, los
conflictos entre el posicionamiento la Unión, representada por el Sr.
Presidente Jair Bolsonaro, y los Estados y Municipios, marcaron la política en
la crisis de la pandemia en Brasil, generando una perjudicial confusión, desinformación
e incertidumbre en la población, además de tensiones en el pacto federativo[10].
De modo ilustrativo, el
Estado de Maranhão, al verificar la existencia de más de 1.000 casos
sospechosos, adquirió 68 respiradores (equipos esenciales para el tratamiento
de la enfermedad en fase grave) de una empresa situada en el Estado de Santa
Catarina. Sin embargo, después de la compra, el Gobierno Federal exigió los
respiradores con carácter obligatorio.
Por tal motivo, el Estado
de Maranhão entabló una acción civil ante el Supremo Tribunal Federal (ACO nº
3385), argumentando que la autonomía de los entes federativos impide que uno de
ellos solicite obligatoriamente bienes o patrimonio de otro ente público.
El Ministro Relator Celso
de Mello concedió la medida cautelar para impedir la apropiación por parte del
Gobierno Federal y determinar la entrega de los respiradores, reconociéndose la
transgresión a la autonomía institucional del Maranhão, que actuaba con el
objetivo de proteger la salud de su población, en el marco de la intangibilidad
del vínculo federativo y equilibrio entre los entes federados. Además, se ha
acordado que la requisa de bienes y servicios, en función de las previsiones
constitucionales, solo se refiere a la propiedad de particulares y que únicamente
puede recaer sobre bienes de los Estados y municipios en la hipótesis de
decreto de estado de defensa o sitio, lo cual no ocurrió[11].
Cabe señalar que, después
de intentar inútilmente obtener ayuda del Gobierno Federal, y tras el
anteriormente mencionado bloqueo de la transacción por el perpetrado, el Estado
de Maranhão terminó por intentar comprar los respiradores y máscaras de China,
pero Alemania y los Estados Unidos lo relegaron. Por tal razón, se realizó una
operación para eludir al gobierno federal y a los dos países, comprando los
productos de China, con posterior remisión a Etiopía, para su envío a Sao Paulo
y distribución en Maranhão.
Cuando dicha operación
fue revelada, se decidió que el Servicio de Impuestos Federales iniciara un
proceso contra los responsables en el Estado de Maranhão. El gobernador del Estado,
el Sr. Flavio Dino, afirmó que solo utilizó dicha estrategia a causa de la negativa
de ayuda del Gobierno Federal y que no hubo ilegalidad[12].
El Poder Judicial también fue instado a manifestarse en otras disputas por respiradores que involucran al Gobierno Federal y otros municipios y Estados