Sábado, 13 de Agosto de 2022
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28/07/2022

Enojo latente del manso pueblo argentino


por Roberto Bertossi


Son horas de repetidas confusiones y angustias, de falta de referentes, donde se ha perdido la confianza en el sistema político, en sus representantes democráticos y en sus instituciones republicanas.

El manso no es un débil, sino alguien viril que cultiva, conserva y defiende su paz personal y la paz social.

La acepción “manso “significa: sin espacio ni sentido para la violencia.

Durante momentos de enojo se pueden destruir irracionalmente muchas cosas; casi todo. Por enojo, muchos hermanos ya no se hablan y se alejan unos de otros, cuántas veces definitivamente. El enojo es lo opuesto a la mansedumbre. ¿Cuántos vínculos y cuantas cosas hemos destruido los argentinos con enojos, y cuántas hemos perdido muchas veces sin remedio y para siempre?

Un solo momento de enojo, cólera y ferocidad puede destruir irracionalmente muchas cosas. Se pierde el control y no se evalúa lo que verdaderamente es importante, pudiendo arruinarlo todo.

La mansedumbre se manifiesta en los momentos de conflicto, se ve en cómo se actúa ante una situación hostil. Cualquiera puede parecer manso cuando todo está tranquilo, pero ¿cómo podría actuar bajo presión cuando se siente reiteradamente ofendido, agredido, defraudado y empobrecido?”

Una respuesta posible, indeseable e inconveniente para todos, es esa furia salvaje e irrefrenable que extravió toda racionalidad y otredad, actuando reactiva e impulsivamente sin medir ni importarle en nada sus consecuencias.

A partir de esas premisas, por estas horas una estúpida crisis por “problemas de alcoba presidencial”, enojan y mantienen en ascuas a todo el pueblo argentino digno y trabajador, cuando contando con recursos humanos tan valiosos como envidiables condiciones naturales y materiales, torpemente no pegamos una yendo de mal en peor.

Por eso mismo mucha extraña e interpela la prolongadísima mansedumbre de tanto argentino sufriente, honestamente trabajador; pero empobrecido y defraudado, una y otra vez, en sus legítimas expectativas electorales.

La inoportuna renuncia del ministro de economía Martín Guzmán, sin perjuicio de sus responsabilidades personales, obedeció directamente a enrevesadas torpezas y mezquindades de actos propios y gestos públicos u oxímoron del lado B del oficialismo, en contra del corazón y del alma del orden institucional, económico y democrático nacional, todo en un contexto preñado de gravedad por una economía a la deriva en el que tuvieron o lugar, con sus inconmensurables consecuencias negativas en términos de incertidumbre general, expectativas, tipo de cambio, confianza, poder adquisitivo, desabastecimiento, trabas en la economía, industria nacional e intercambios comerciales; desempleo y desocupación; ello con el añadido de una inflación, pobreza e indigencia ya amenazados y acorraladas por los 3 dígitos, con sus secuelas nefastas de más hambre, más miseria y más envilecimiento humano.

 

Este 13 de abril, el último informe del Banco Mundial señaló:

 

• Argentina es una de las economías más grandes de América Latina, con un Producto Interno Bruto (PIB) de aproximadamente US$490 mil millones.

• Con abundantes recursos naturales en energía y agricultura, en su territorio de 2,8 millones de kilómetros cuadrados, el país tiene tierras agrícolas extraordinariamente fértiles, cuenta con importantes reservas de gas y litio, y tiene un enorme potencial en energías renovables. Argentina es un país líder en producción de alimentos, con industrias de gran escala en los sectores de agricultura y ganadería vacuna. Asimismo, tiene grandes oportunidades en algunos subsectores de manufacturas y en el sector de servicios innovadores de alta tecnología.

Ante semejante contradicción entre la abundancia de recursos disponibles y las necesidades humanas básicas de argentinos -infamemente insatisfechas-, sumada a un extravagante desatino y recíproca descalificación/desautorización entre los dos auto elegidos integrantes de un pésimo binomio ejecutivo nacional; también alcanzable a la eventual complicidad de la oposición por omisión, falta de grandeza e irresponsabilidad institucional cuando se está jugando en buena medida el destino de nuestra patria común; ¡finalmente toda paciencia tiene su límite!

Así las cosas, cuando transcurren más de tres días con un binomio presidencial enmudecido, sin sus imprescindibles palabras públicas de justificación, aliento y calma, en parte se explica y predice no solamente la recidiva vernácula del incremento imparable de un riesgo país que ya orbita los 3000 puntos, sino y aún peor, todo el enojo, desconcierto y perplejidad social.

Por último, entonces, cuando vivimos horas tan difíciles como absurdas, resultará de calificada prudencia tener presente ese sabio apotegma: “no enojemos al manso” disparando la furia latente de un pueblo mayoritariamente harto, largamente sufriente pero honesto, productivo y contribuyentemente trabajador, tanto en el campo como en pueblos y ciudades argentinas.

 

Roberto Fermín Bertossi


Enojo latente del manso pueblo argentino




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