Antonio Colomer Viadel.
Catedrático de Derecho Constitucional.
El año 2018 se tradujo al español la obra póstuma de Umberto Eco “A hombros de Gigantes”. Mediante esta metáfora -utilizada a lo largo de la historia por diferentes autores- “se afirma que para ver desde arriba el juicio universal es mejor subirse a hombros de los antepasados, de modo que podamos ver más lejos que ellos, porque al estar sobre sus hombros estamos más altos que ellos”.
Me habían regalado este libro nada más aparecer, y a .la vez, le habíamos concedido a José Luis Abellán el Premio Gigante del Espíritu 2018, creado por nuestro Instituto Inauco en el año 2008.
El 11 de Febrero de 2019 en un salón de actos del Ateneo de Madrid –del que Abellán fue presidente entre 2001 y 2009- se celebró la entrada de la Paloma representante de este Premio y me pareció que esa metáfora de Eco era la más adecuada para un verdadero Gigante del conocimiento y del Espíritu, autor de obras tan monumentales como “ Historia crítica del pensamiento español” (7 vol.), “El exilio español de 1939” (6 vol.), “La idea de América”, “Los secretos de Cervantes y el exilio de D. Quijote”, y tantas otras obras que convierten a este humanista consecuente en uno de los mayores intelectuales hispanos de nuestra época.
El 20 de Diciembre llamé al amigo y maestro a su Residencia en Madrid, para desearle felices fiestas y anunciarle que en el Año Nuevo, en Febrero íbamos a presentar el núm. 81 de nuestra Revista, el de su 40 aniversario (www.ridaa.es) - en la que él encabezaba el Consejo de redacción- e la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, y contábamos que presentara este acto tan significativo.
La empleada me respondió que el señor Abellán ya no estaba en la residencia y, ante mi asombro y petición de que me indicara dónde localizarlo, un tanto titubeante, añadió que había fallecido tres días antes.
Ante mi conmoción e incomprensión de que aquel Gigante de 90 años, pero con el que había hablado en el otoño varias veces, pudiera morirse como los demás mortales, y encontrarme con un silencio de estupor en los medios de comunicación, empecé a evocar aquellas ocasiones notables en las que fui testigo de su magisterio. En su IIº Congreso Internacional “ América- Europa”, Europa-América”, sobre los valores del Quijote, celebrado en Villanueva de los Infantes, Campo de Montiel, testigo de las primeras andanzas manchegas de el Quijote, que para algunos estudiosos del lugar, puede ser “el lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Allí dió una excelsa lección cervantina de clausura del Congreso, en la que destacó la importancia de la naturaleza como paradigma de lo bueno en esta obra, el clamor por la justicia, la libertad y la igualdad, tan presente y vivo en el texto quijotesco, y los múltiples intervalos lúcidos de sabiduría, así en tanta sintonía y entendimiento entre D. Quijote y Sancho, en los consejos que el primero le da a Sancho para ejercer sabiamente el papel de gobernador de la Ínsula Barataria, y , en especial, al final de la vida de D. Quijote, en ese retorno a la cordura, reconociendo la calidad de Sancho cómo merecedor de gobernar, no una ínsula, sino un reino, si él se lo pudiera dar.
Esa lucidez, José Luis que tú nos impartiste, amigo y maestro, al subirnos en tus hombros, será imperecedera, en la hermosura de tu recuerdo y, a la vez, en la tristeza de tu ausencia.
Descansa en paz.