EN HOMENAJE AL PAPA LEON XIV.
SISTEMA ECONOMICO Y PROMOCION DE LA JUSTICIA.ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE CIERTAS IDEAS DE S.S. JUAN PABLO II, EN LA ENCICLICA CENTESIMUS ANNUS
ANTONIO COLOMER VIADEL
CON MOTIVO DE LOS 25 AÑOS DEL PONTIFICADO DE JUAN PABLO II, SE PUBLICÓ EN ROMA UN LIBRO DE JURISTAS DE TODO EL MUNDO EN HOMENAJE A SU SANTIDAD. FUI INVITADO A PARTICIPAR EN ESTA OBRA PUBLICADA POR BARDI EDITORE, EN ROMA 2003, Y PUBLIQUÉ UN TEXTO CON EL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO EN REFERENCIA A LA ENCÍCLICA CENTESIMUS ANNUS, PUBLICADA POR EL PAPA JUAN PABLO II PARA CONMEMORAR EL CENTENARIO DE LA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM DEL PAPA LEÓN XIII.
POR ESTE MOTIVO ES UN TEXTO QUE PODEMOS AHORA PUBLICAR EN HOMENAJE AL RECIÉN ELEGIDO PAPA LEÓN XIV, QUE SE HA MANIFESTADO FIEL HEREDERO DE AQUELLA TRADICIÓN SOCIAL.
En 1991 se cumplía el centenario de la Encíclica Rerum novarum, del Pontífice León XIII, y SS. Juan Pablo II decidió declararlo año de la doctrina social de la Iglesia, y el 1 de mayo publicó la Encíclica Centesimus annus, para conmemorar tal aniversario.
Hacía dos años que se había derrumbado el Muro de Berlín, la reunificación alemana estaba acordada, en la Polonia natal de nuestro Papa, el sindicato Solidaridad, enarbolando la bandera de la autogestión obrera era la principal oposición al régimen comunista, la "perestroika", en la Unión Soviética, desembocaría, aquel mismo verano, en un intento desesperado de golpe de Estado del Partido Comunista que provocaría al final de año, la desintegración política y constitucional de la URSS.
Si tales acontecimientos «adelantaban» el fin del siglo XX -como señaló Eric Hobsbawm-, lo cierto es que iban a poner fin a la Guerra Fría y dejaban la escena mundial dominada por el sistema capitalista.
No es de extrañar que en la Encíclica se plantee la pregunta de si este modelo es el que debe proponerse a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil (42.1).
En un párrafo anterior se declara «...cuanto inaceptable es la afirmación de que la derrota del socialismo deje al capitalismo como único modelo de organización económica» (35.4).
Sin desconocer la complejidad de la respuesta, lo cierto es que sólo hubiera podido ser positiva si por capitalismo se entendiera «la libre creación humana en el sector de la economía», aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de mercado» o «economía libre». Me permito apostillar que el mercado es varios miles de años más antiguo que el capitalismo.
La respuesta negativa se basa en el supuesto de entenderlo como «un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada, de forma estable, en un contexto político que la ponga al servicio de la libertad humana integral...».
En otro lugar la expresión aún es más rotunda: «...se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predomino absoluto del capital ...». No se propone como modelo alternativo el sistema socialista (que de hecho es un capitalismo de Estado), sino una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación (35.2).
La lógica del sistema capitalista se manifiesta en dos efectos nefastos que se denuncian en la Encíclica: el consumismo y la alineación.
Sobre el primero se escribe: «...al dirigirse directamente a sus instintos (del hombre), prescindiendo en uno u otro modo de su realidad personal, consciente y libre, se pueden crear hábitos de consumo y estilos de vida objetivamente ilícitos y con frecuencia incluso perjudiciales para su salud física y espiritual» (...) «Un ejemplo llamativo del consumismo... es la droga» (...) «al explotar la fragilidad de los débiles pretende llenar el vacío espiritual que se ha venido a crear» (36.2 у 3).
Contemplamos la tendencia irresistible a la superproducción, por la lógica del beneficio y el lucro creciente, y a la oferta de objetos de fragilidad calculada, de uso cada vez más breve, y a las enormes campañas para incitar a compras compulsivas, asegurándonos que en el tener y no en el ser encontraremos la felicidad.
Esta neurosis del mundo contemporáneo viene también provocada por otro efecto del sistema que denuncia la Encíclica: la alineación, como inversión entre los medios y los fines. Alineación en el trabajo cuando en vez de que aumente la participación en una auténtica comunidad solidaria se conduce a un aislamiento en un complejo de relaciones exacerbado de competencia y de reciproca exclusión, en la cual es considerado sólo como un medio y no como un fin (41.2 y 3).
En medio de esta miseria psicológica y de este desvío del fin de plenitud humana, descubrimos la existencia de necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas por el mercado y sus mecanismos. Hay bienes que por su naturaleza no deben ser vendidos ni comprados. Existe el riesgo - señala Juan Pablo II - de caer en «la idolatría» del mercado (40.2).
Ahora bien, no quiere decir que la Iglesia tenga un modelo ni alternativa concreta. Su apuesta es más radical: por la dignidad profunda del hombre y su sentido de trascendencia.
Desde una ética del desfallecimiento humano se puede ser comprensivo hacia los esfuerzos limitados por regular las condiciones de trabajo, por humanizarlo….
Desde la "subjetividad de la sociedad" se apuesta por un sistema abierto, por la multiplicación como sujeto de derechos, entre el Estado omnipotente, por un lado, y el individuo atomizado, por otro.
Este pluralismo comprensivo y tolerante hacia la diversidad de sendas humanizadoras del proyecto humano, no me hace compartir, sin embargo, el juicio de un comentarista de la Encíclica que la define como «carta magna de una socialdemocracia moderada».
El sentido último de su antropología social tiene asideros en una concepción trascendental de la dignidad del hombre y su proyección en el trabajo, que no deja lugar a dudas, en alguna de las frases más rotundas, más allá de cualquier horizonte de tibiezas. Así, cuando afirma que «la finalidad de la empresa no es, simplemente, la producción de beneficios, sino más bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres» (35.2).
Del mismo modo al señalar, «Por encima de lógica de los intercambios, a base de los parámetros y de sus formas justas, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad» (.34.2). Posiblemente la fórmula más radicalmente expresiva se proclama - frente a los proyectos, y experiencias alienantes -, al decir que «es mediante la propia donación libre como el hombre se realiza auténticamente así mismo» (41.3).
Se afirma aquí una finalidad de comunidad fraternal, que en el plano del trabajo y de la empresa implica una organización societaria, una sociedad de iguales - aunque haya grados de especialización profesional -, en suma - me atrevo a decir -, "una comunidad de libres", sea en diversidad de formas cooperativas, comunales o autogestionarias.
La Encíclica también valora el entorno urbano y medioambiental, y reprocha el esforzarse poco por «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana» (38.1).
La propuesta de "promoción de la justicia" se resume en ese "reconocerse en el necesitado", tanto próximo como lejano.
Hoy se experimenta "la economía planetaria", que debe orientarse al bien común, a proteger los intereses de toda la gran familia humana. Ningún valor humano nos puede ser ajeno.
Justicia y Paz, tan íntimamente unidas y tan necesarias para el mundo. "La libertad tranquila", definición ciceroniana de la Paz, inseparable de la Justicia.
Libertad, Justicia y Paz, valores cobijados en el corazón de «ese joven de ochenta y tres años» que es nuestro Santo Padre Juan Pablo II.