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Artículos - Economía - Economía
14/04/2026

Cuidacoches, Limpiavidrios, Naranjitas y demás


por Roberto Bertossi


Roberto Fermín Bertossi

Experto Coneau Cooperativismo 

 

En líneas generales, los conocidos o denominados como "naranjitas",  son cuidacoches y ordenadores de tránsito que visten chalecos naranjas, dedicados -básicamente- a gestionar flexiblemente el estacionamiento en la vía pública. Se dividen en autorizados legales (cooperativas reguladas por municipios, etc.) e ilegales/informales. Su mayoría consiste en seres humanos desocupados, trabajadores vulnerables, a menudo mujeres único sostén de hogar o personas mayores que dependen de esta actividad intermitente como exclusiva fuente de ingresos para satisfacer o atemperar mínimamente sus necesidades físicas básicas.

 

En nuestro caso y antes que nada, hablar de ´Naranjitas´ es hablar de “personas humanas” empobrecidas, sin oportunidades y también algún que otro ´vago´ o sin oficio requerido, los que pueden estar o quedar a merced de caricaturas o simulacros de cooperativas; organizaciones solidarias civiles que pudieran empezar o terminar siendo gestionadas, y efectivamente lideradas, no por quienes efectivamente trabajan autónoma e independientemente en ellas -su única y propia razón de ser-, sino por algún dirigente social o puntero político, eventualmente parte de un turbio y especulativo entramado de abusos o fraudes laborales/políticos/autoridades gubernamentales, gestado Vg.,  entre funcionarios o exfuncionarios, casta o rosca política, etc.; en principio y focalizadamente en este caso, como única respuesta pública estatal a una lacerante falta de trabajo, alimentos, medicamentos, habitación, abrigo, etc.) en este fragilísimo segmento de la sociedad dado en llamar -reitero- “ Los Naranjitas”

 

Hoy, las habilitaciones estatales o contrataciones para cuidado de vehículos, limpieza de parabrisas, lavado informal de coches estacionados, etc.; generalmente son improvisadas, o cooperativas irregulares e incomprobables, al menos en términos permanentes, inmediatos e in situ; sin perjuicio y con todo reproche sobre recurrente opacidad al omitir contrastarlas periódicamente con mínimas exigencias legales y administrativas en vigor; algo que inadmisiblemente suele incumplir vg., la autoridad de supervisión y aplicación cooperativa pertinente.

 

Múltiples y diversos abusos/extorsiones, exacciones y hasta violencia de supuestos “naranjitas” en todo el país, vinieron ganando estigmatización, espacio público, policial, resonancia periodística y judicial en los últimos años; pero ello con demasiados damnificados que nunca encontraron respuesta satisfactoria en las autoridades o responsables del espacio público para estacionamiento de vehículos.

 

No en vano, ya es una acuciante problemática social y humana que tiene en vilo -con razón y sensibilidad inclusiva-, a las más altas autoridades gubernamentales, de la sociedad civil y de organizaciones sociales de reconocida trayectoria y solvencia; desafío al que debemos superar encontrando una salida mancomunada, digna y satisfactoria, consistente y duradera tanto como sea posible, al menos si en espíritu y en verdad, somos o queremos ser una solidaria comunidad cooperativa.

 

Si no somos capaces de hacer el único cooperativismo de trabajo verdadero (esto último -sin empleados como tales- sino sólo con asociados empresarios de su propio trabajo personal e independiente, con paulatina y simultánea formación y capacitación cooperativa regular y permanente ((-obligación ineludible del Instituto Nacional de Asociativismo y Economia Social (INAES) compartida con las Reparticiones locales de aplicación cooperativa-)); podríamos recaer en seudo cooperativistas de trabajo que ni saben de qué es ser tales o de que figuran testimonialmente integrando varias cooperativas; extravagantemente en ´las mismas narices de todos´

 

Entonces, solamente auténticas cooperativas en tanto generadoras -directa e indirectamente- de trabajo genuino, inspiradas en una necesidad real y natural como la que se vive en estos tiempos de crisis, desocupación y escasa o nula oferta laboral. Malversar su espíritu solo revela el estado de descomposición de buena parte de autoridades, poderes y de una dirigencia tan incapaz como inescrupulosa, excluyentemente cruel e insensible.

Por último, de ninguna manera, debemos permitir que nadie malverse o prostituya el trabajo cooperativo ni que deshonre su bien ganado prestigio mediante el vil y artero envilecimiento de actores y dirigentes sociales, civiles o políticos,  públicos y privados.

 

Finalmente, verificables y verosímiles cooperativas de trabajo para naranjitas, si; pero en cuanto tales, ni más ni menos; y en tanto el Estado local, provincial o nacional, concreta y palpablemente les asegure promoción y fomento sostenido, junto a una apropiada asistencia, difusión y fiscalización que garantice y encarne humanizada e inclusivamente su carácter y finalidades.

 

 

Roberto Fermín Bertossi

Experto Coneau Cooperativismo 






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