Freno al chantaje de los aranceles de terceros poderosos y arbitrarios.
Antonio Colomer Viadel.
Poco después de la firma del Acuerdo Mercosur-Unión Europea, el 17 de enero de este año, la cúpula política europea firmo otro Acuerdo con la India, integrando los dos mayores pactos de libre comercio a escala mundial.
Evidentemente las ventajas de estos intercambios, sin tarifas comerciales, o muy reducidas para ambas partes, son significativas, pero, especialmente, supone la garantía de no estar sometidos a las amenazas de las trabas comerciales de las grandes potencias.
Los agricultores europeos y en especial los franceses, han protestado al considerar que la mayor rigidez normativa europea sobre agricultura y ganadería, concede una gran ventaja a la producción americana.
Tal vez no han leído las salvaguardas para la protección de los productos agrícolas europeos introducidas en el acuerdo. También hay que recordar la compensación económica que tienen estos productos en Europa y que, posiblemente no existen en el Mercosur, lo que operaria con el efecto contrario.
En el libro “Manual do Mercosur”, Sao Paulo 2006, de mi discípulo Antonio de Freitas Junior -al que dirigí su tesis doctoral en la Universidad de Valencia en 2003- escribí el Prefacio de esa obra que titule “Nosso Irmao o Gigante e a integraçao latino-americana” y donde me refería a una investigación que codirigí junto a colegas brasileños sobre descentralización y participación popular comparando cuatro ciudades brasileñas- Fortaleza, Salvador de Bahía, Rio de Janeiro y Curitiva- con otras cuatro españolas: Madrid, Barcelona, Valencia y Córdoba. Expuse la necesidad de combinar la integración supranacional, por acuerdos intergubernamentales con descentralización infra nacional y acuerdos de los cuerpos sociales intermedios. Es decir, integración desde abajo, hacia arriba.
Al año siguiente publiqué “La Integración Política en Europa y en América Latina” (Editorial Ugarit, Valencia 2007), que en un plano distinto también propicia las enseñanzas de la Unión Europea que pudieran servir para América Latina, aunque tuvieran desarrollos diferentes.
Ahora les sugeriría a las organizaciones agrícolas europeas que iniciara entrevistas e intercambios con las organizaciones sudamericanas. Y más tarde, con las de la India.
Se trata de alcanzar equilibrios mutuamente beneficiosos y basados en una reciprocidad equitativa.
Y, sobre todo, como indique al principio, construir un espacio de reciprocidad libre y justa, sin someternos a las amenazas y chantajes de los poderosos, gracias a la alianza de libre y justa reciprocidad de las potencias menores y de sus pueblos.
Por esta vez debemos felicitar a la Cúpula Política Europea por el éxito de esa geoestratégica económica como salvaguardia de nuestra independencia.