Roberto
Fermín Bertossi
Investigador CIJS/UNC
Para
2015` sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), está previsto
que sus habitantes en condiciones de emitir sufragio, deberán hacerlo
obligatoriamente no menos de seis veces…
Esto en sí mismo configura un
ejercicio abusivo del derecho y del deber electoral: (Vg., anticipaciones y/o
desdoblamientos electorales, elecciones previas, internas, locales,
provinciales y nacionales más eventuales
segundas vueltas, etc., claramente, todo un despropósito en categoría de
disparate).
Con estas maneras irracionales,
arbitrarias y discrecionales no exentas de picardía, capricho y hasta mala fe,
vienen sometiéndonos a recurrentes abusos de poder, claramente
inconstitucionales.
Eso es así en tanto se restringen o
limitan derechos fundamentales con supremacía constitucional Vg.: 1) a la
libertad y albedrío personal, 2) a la movilidad/circulación, 3) al bienestar,
descanso y esparcimiento familiar; 4) etc.
De cara a semejante y `empalagoso´ esquema electoral, tanto en
la CABA como en todos y cada uno de los demás distritos del país, evitar
semejantes `empachos eleccionarios`,
será fortalecer la República frente a “populismos electorales” que vienen
desmantelando las instituciones y restringiendo libertades personales las
cuales, resultan democráticamente imprescindibles y constitucionalmente
imperativas.
Caso contrario se incrementará dicho
`populismo electoral` con empaque y
moño nuevo, profundizando la manipulación de las masas y de sus necesidades
físicas básicas las que, hipócritamente, les fueron desbaratadas con
desaprensión e indolencia.
Paradójicamente mucho supuesto líder
nuevo democrático de hoy, en el transcurso de un corto tiempo, ya generó su
propia casta, su propia elite, su propia corrupción.
En efecto, nuevas fuerzas políticas
que surgieron como promesas transformadoras, hoy se muestran como defensoras y
ejecutoras de nuevas versiones de
autoritarismo y autocracia.
Por todo eso, basta ya de
instituciones rígidas, de `ciegos` acatamientos verticales y de
adoctrinamientos para “domesticación y
cautiverios políticos-partidarios de baja estopa” que nada tienen que ver
con la libertad y la calidad institucional.
Simplificar el agobiante esquema
electoral obligatorio imperante, será una contribución de la mayor importancia
democrática con un altísimo impacto positivo en orden a reanimar una
ralentizada participación ciudadana.
Entonces proponemos: A) para cada
elección interna partidaria o de alianzas, imponer el voto voluntario ya que,
precisamente, nadie más que cada candidato interesado deberá asegurarse los
sufragios suficientes para ser ungido y confirmado en sus expectativas
electorales. En suma, que cada partido y
candidato comience a encarnar el espíritu y la letra del artículo 38 de nuestra
Carta Magna, concerniente a los partidos políticos en tanto instituciones
fundamentales del sistema democrático dado que, si las corporaciones políticas
continúan con la violación sistemática e impune del mismo, ¿con qué ecuanimidad y con qué autoridad moral se podrá sancionar en
adelante a un ciudadano que no emita su voto?
B) Realizar una sola elección general
nacional, provincial y municipal simultánea, para impedir especulaciones,
mezquindades, picardías, engaños, lemas y sublemas como los efectos nefastos
del voto en blanco, todo lo cual viene incrementando un real o latente
`absentismo ciudadano`.
Resumiendo, que superando tanto
cinismo político-intelectual, se
recupere libertad, voluntariedad, franqueza, transparencia, y responsabilidad
cívicas, en pos de consolidar pétreamente la democracia, la república y sus
instituciones, cuántas veces reducidas a penosas caricaturas o simulacros, todo
ello sin demora en implementar cuanto antes metodologías electorales, electrónicas y digitales.
Finalmente, implementar buenas prácticas
electorales voluntarias disolviendo aparatos cuasi mafiosos, encarnará –como nada mejor- nuestro preámbulo
y la propia letra de nuestra Constitución Nacional porque, al fin y al cabo, no
existen derechos ni deberes absolutos sino, solamente, aquellos conformes a las
leyes que reglamentan y humanizan su ejercicio garantizando los derechos del
otro y respetando los límites impuestos por la buena fe, la moral y las buenas
costumbres.