La consulta a
comunidades, sobre el Plan Nacional de Derechos Humanos, impulsada por la
Fundación Latinoamericana por los Derechos Humanos y el Desarrollo Social,
FUNDALATIN, representada en el Consejo Nacional de DDHH por su Presidenta la
Hna Eugenia Russian, el Instituto de Desarrollo Humano y Economía Social IDHES
y la Red Nacional de Derechos Humanos REDNADDHH, desde una perspectiva ética y
crítica de los DDHH, ha permitido percibir la cultura que se tiene en derechos
y deberes humanos, así como con la Madre Tierra y sobre el conflicto en la
frontera.
En las consultas efectuadas en Cumanacoa, Coro, Valencia, y Barquisimeto
se manifiesta por una parte, la necesidad de mejorar la formación tanto en
derechos como en deberes humanos, en comunidades e instituciones públicas, así como
también asumir una mejor actitud en la contraloría social responsable para
superar los conflictos mediante un diálogo auténtico. Con una perspectiva ética de actuación en la
construcción de la paz.
Resulta bien acogido el llamado a actuar con una espiritualidad
liberadora, desde la perspectiva cristiana ecuménica, base ética para una
relación humana fraterna, en diálogo con diferentes fuentes espirituales
auténticas. Fomentando valores de responsabilidad en la corrección de errores y
con conciencia no solo local sino planetaria.
Se promueve tanto desde el Presidente Maduro, como desde las
comunidades, un debate intenso sobre la nueva frontera que se debe construir. Esto,
implica analizar el drama que viven los migrantes de Siria hacia Europa. Así como
el mucho menor conflicto fronterizo entre Venezuela y Colombia. El Domingo
06.09.2015, el Papa Francisco invitó a los pueblos venezolanos y colombianos
para que con espíritu de solidaridad y
fraternidad se superen las actuales dificultades. Construyendo puentes de
hermandad. Eso hace la comunidad venezolana con más de 5 millones de
colombianos. Se requiere corregir, como manifiestan comunidades de buena
voluntad lo que, como señala el Obispo Mario Moronta, “Desde hace tiempo hemos
venido denunciando las situaciones terribles que golpean nuestra frontera:
desde el contrabando, el narcotráfico y
la trata de personas, (sobre todo de niños).” ((Comunicado del Obispo M.
Moronta 28.08.2015) y rehacerla hacia una frontera solidaria. Es la base de una
espiritualidad que busca la acogida para los más débiles. Y también la defensa
responsable de ellos. Frente a formas delincuenciales como las planteadas.
Una frontera adicional la analiza Leonardo Boff,
citando a la encíclica del Papa Francisco, Sobre
el Cuidado de la Casa Común. Según su análisis “Hay dos fronteras que han sido sobrepasadas: El cambio climático y la
extinción de las especies…Imaginemos al planeta
Tierra como un avión de pasajeros. Tiene alimentos, agua y combustible
limitados. Llega un momento en que todos los recursos se agotan”. (LBoff. No hay más recursos en la despensa de la
Casa Común. 04.09.2015). Es un llamado espiritual con
consecuencias éticas y políticas para rescatar la humanidad de presiones mezquinas
y reencauzarla hacia otro mundo posible. Con criterio de Buen Vivir, Más
responsable con su gente y con la Madre Tierra.
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Anexo Académicos de Colombia y Venezuela se pronuncian ante
la grave situación de las relaciones bilaterales
Nosotros, académicos que por cerca de veinte años
venimos estudiando conjuntamente las relaciones entre nuestros dos países,
Venezuela y Colombia, con el propósito de contribuir a su mejoramiento
continuo, consideramos un deber expresar nuestra opinión sobre la delicada
situación que se vive hoy en la frontera común, y sugerir caminos que puedan
conducir a verdaderas soluciones.
Los acontecimientos de estos días ponen una vez
más de manifiesto los graves problemas que históricamente han afectado la zona
fronteriza de ambos países, y constituyen un clamor dramático para que nuestros
dos gobiernos se decidan por fin a enfrentar de manera cooperativa y pacífica,
coordinada y enérgica la búsqueda de soluciones efectivas y estables.
Como de todos es sabido, en ninguna parte se vive
más profundamente la integración entre nuestros dos países hermanos como en esa
frontera. Hay muchas zonas en que su población está entrelazada por estrechos
vínculos familiares, sociales y de negocios, compartiendo así una íntima
dependencia recíproca. En períodos aciagos de cada uno de los dos países, sus
habitantes se han desplazado al vecino buscando su supervivencia, y allí han sido
acogidos con generosidad.
Pero, al mismo tiempo, esas zonas padecen de un
profundo y secular abandono. Su desarrollo es escaso y muy pobre su
infraestructura de servicios, abundan la pobreza y la indigencia, las
instituciones son débiles, corruptas o inexistentes. En esas condiciones no es
extraño que se desarrolle allí toda suerte de actividades tanto informales como
claramente ilegales, tanto más cuanto que los distintos modelos económicos y
políticos exhiben hoy agudos desbalances fácilmente aprovechados por grupos
irregulares de ambos lados y redes de delincuencia y criminalidad organizada e
internacional.
Un aislamiento total -fuera de constituir la más
triste evasión de la realidad- no tiene posibilidad alguna de éxito. En
realidad, ningún esfuerzo unilateral, y menos aún el recurso exclusivo de la
fuerza, puede mitigar o resolver la grave situación; más bien la agrava, afecta
a los sectores más débiles y puede suscitar reacciones aún peores. La
humillación, el atropello y el agravio de los indefensos es totalmente
inaceptable. Por otra parte, la vasta presencia militar en las fronteras
pudiera dar lugar a un incidente inesperado e indeseable, conducir a
enfrentamientos mayores y marcar para siempre una hostilidad recíproca que solo
puede hacernos un daño insuperable a unos y otros. Por todas estas razones,
exigimos a los dos gobiernos que empleen todos los medios eficaces para
prevenir o frenar cualquier evento similar.
Hoy el único camino es la decisión firme y eficaz
de ambos gobiernos de cooperar estrechamente para comenzar a resolver de una
vez los desequilibrios y peligrosas realidades que hemos señalado. No será
tarea de un día, ni de un año. Se requiere un esfuerzo mancomunado de largo
aliento. Siendo así, consideramos imperativo invitar respetuosamente a nuestros
dos gobiernos a abandonar toda animosidad recíproca, descartar la batalla
mediática y comenzar a colaborar en ese prolongado, imprescindible y
esperanzador esfuerzo.