Domingo, 15 de Marzo de 2026
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27/01/2016

REVISITANDO PODEMOS. (el movimiento en invierno)


por Manuel Martínez Sospedra


Como ya he tratado con anterioridad, el proyecto podemita original era un proyecto caracterizado primaria y principalmente por adoptar una estrategia populista que buscaba establecer como fractura principal estructurante de la vida política la oposición entre una minoría privilegiada servida por los políticos y partidos tradicionales ( Los de arriba, los privilegiados, la casta) y el conjunto de la población unificada y devenida pueblo por merced de la intervención de un movimiento político popular que sigue disciplinadamente a un líder que es hegemónico en el seno de aquel. El movimiento se alimenta de la preexistencia de una triple crisis que le precede y de la que el propio movimiento trae causa y es síntoma:
 
a)     Una crisis de representación. Causada por el predominio de un modelo de partido “de electores” progresivamente vaciado de contenido político diferencial y que viene a operar en cada caso con una mixtura entre una maquinaria electoral y un conjunto de redes clientelares dominados ambos por un reducido grupo de políticos profesionales reclutados por cooptación, y en los que la reducción progresiva de los “incentivos de identidad” amplia el espacio al rol de los “incentivos selectivos”, y , como consecuencia, la reducción progresiva de los “creyentes” en beneficio de los “oportunistas”.
 
b)     Una crisis económica de singular profundidad y duración a la que se hace frente con una estrategia económica de restricción del gasto público y devaluación interna que ocasiona un fuerte deterioro de las condiciones  y nivel de vida de la mayoría de la población y un muy fuerte crecimiento de la desigualdad. Estrategia que ocasiona un intenso sufrimiento social y, además, no tiene éxito. Cuando la recuperación comienza a llegar lo hace esencialmente por la vía de la recuperación de la demanda interna.
 
 
c)      Una crisis de estado motivada, de un lado, por el hecho de que el estado nacional ha dejado de ser un marco político eficiente en una economía globalizada, y del otro por la emergencia de un secesionismo nacionalista que trae causa de las insuficiencias de la construcción nacional.
 
Las tres crisis interactúan y se refuerzan entre si. Los partidos alternantes no han sido capaces de hacer frente a la crisis de representación ( que aun hoy siguen ignorando, cuanto menos en parte ) ni por vía de su propia auto-reforma, ni por la vía de la reforma institucional. Carentes de una visión clara del orden social deseable y de las políticas que a su realización pueden contribuir, han quedado indefensos ante una estrategia económica errónea impuesta por una UE mayoritariamente neoliberal, que se han visto obligados a instrumentar aun en contra no sólo de los intereses de la mayoría de sus apoyos sociales, sino de los propios de ambas organizaciones. No debe extrañar que el agregado de los partidos del turno haya pasado en siete años del 83,81 VVE al 50,73 VVE . A ello hay que agregar que no han sabido, o querido, hacer frente a una molesta realidad: la debilidad del Estado, de un Estado que cumple deficientemente sus misiones esenciales ( justicia, defensa, relaciones exteriores) ,de las que solo se salva la seguridad, y que cuenta con un sistema de protección social por debajo de la media europea. Sistema que se ha debilitado aun más por el impacto de la política económica, detrás del cual se halla un problema crónico de insuficiencia fiscal , de la que nadie quiere hablar, y que se halla en la base del doble problema del déficit público y del crecimiento explosivo de la deuda pública.
 
El resultado de la combinación entre crisis de estado, de representación y económica, y, en consecuencia, del pobre rendimiento del sistema político ha sido, de un lado, el fracaso  y debilidad crecientes del Estado, y del otro la creación de un amplio espacio social entregado a las conductas y votos de protesta. El auge del populismo y del nacionalismo secesionista en el caso de Cataluña son los síntomas de esa crisis.
 
El proyecto podemita se inserta en ese contexto. Como es propio de la estrategia populista lo esencial, a la hora de la praxis, no son tanto los contenidos programáticos, cuanto la capacidad de movilización y dirección que el movimiento y su dirección puedan obtener. Por ello no debe extrañar que los contenidos programáticos cambien , a veces con extremada rapidez, tanto en su contenido como en su posición en el orden de prioridades. En la estrategia populista los contenidos políticos concretos son instrumentales y su importancia no radica tanto en la determinación de una oferta de políticas públicas, cuanto en su capacidad para fijar en un momento dado la divisoria entre “los de arriba” y  “el pueblo” o “la gente”, cuya determinación, por supuesto, opera la dirigencia “popular”. No en vano el padre de la teoría habla al respecto de los “significantes flotantes”.  Por eso el referéndum autodeterminista puede ser hoy un  punto secundario en la agenda, mañana una línea roja innegociable y pasado mañana si se tercia una herramienta al efecto de obtener contrapartidas por dejarlo en el cajón.
 
Lo dicho no implica que el movimiento populista sea programáticamente vacío, no lo es, ni lo puede ser so pena de inviabilidad, lo que sí significa es que la estrategia populista no exige per se un proyecto político determinado y , por eso, la populista no es una “estrategia socialista” de ninguna clase.  No es de programas y de modelos del orden social deseable de lo que se habla. De lo que se trata es algo distinto y bastante más simple, de lo que se trata es del conflicto y del poder.
 
El discurso populista en su variante podemita es profundamente schmittiano. Del jurista conservador alemán, de tan marcada influencia en España, el discurso podemita toma dos cosas: de un lado el entendimiento de la política como conflicto, del otro el decisionismo. Por lo que toca al primer punto el discurso podemita asume expresamente la concepción conflictual de la política. Obsérvese que ese discurso no sostiene que la política comporta conflicto, cosa por demás evidente, aquí no se trata de sostener que en un mundo de recursos escasos el gobernante esta obligado a priorizar, que ello supone dar preferencia a unos intereses sociales sobre otros, y que esa necesidad desencadenará la reacción contraria de los preteridos. Aquí de lo que se trata es de sostener que la política es conflicto y que, por ello, el enfrentamiento no sólo es constitutivo de aquella, es que es su núcleo esencial. Obsérvese que una concepción de ese tipo excluye por definición que pueda llegarse a alguna clase de solución armónica que haga posible la conciliación , aun provisoria, de los intereses en presencia. Por ello esta condenada a no contar ni con un modelo del orden social deseable, ni con un horizonte utópico definido. Aquí no puede haber, y por eso no hay, “amaneceres que cantan”. En lo que a esta cuestión afecta la distancia entre la izquierda de tradición marxiana, socialdemócrata o libertaria y el proyecto podemita es sideral.
 
Si asumimos que la política es conflicto y que no hay, ni puede haber, horizonte utópico alguno que vaya más allá de la retórica, se debe admitir que el objeto de la discrepancia política que desencadena el conflicto no es otro que el poder. En el discurso subyacente al proyecto podemita la política es lucha cuyo objeto es exclusivamente el poder. No pertenece al reino de la casualidad la predilección paulista por “Juego de Tronos”. Es de la lucha por el poder y la conquista del mismo de lo que se trata, y en ese escenario las propuestas políticas concretas no son otra cosa que herramientas a usar en esa lucha, armas para la conquista del poder. De ahí la apariencia azogada de los posicionamientos sucesivos del partido morado, y , como consecuencia, del éxito de la imputación marxista: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. En materia de programas el movimiento esta inclinado a la variedad y la contradicción, sus propuestas , como el amor que canta el poeta, “ son eternas mientras duran”.
 
El sentido de las propuestas programáticas de que el movimiento hace gala no se halla en si mismas, se halla en su utilidad. Como la obtención del poder exige la derrota y/o supresión de los competidores y esta, a su vez,  depende de la capacidad del movimiento por conquistar la hegemonía ideológica y controlar u dirigir una intensa movilización social, es de esperar que las propuestas que hace aquel sean congruentes con tales objetivos. Obsérvese que en este punto el movimiento es prisionero de sí mismo: si desea el éxito – y este es su razón de ser – esta obligado a agrupar las demandas sociales más extendidas con independencia de cual sea su coherencia y compatibilidad. El movimiento se presente como adalid del cambio porque las demandas de cambio tienen un respaldo masivo en nuestra sociedad y la parálisis reformadora de los dos partidos turnantes hace poco probable ,y aun menos creíble, que cualquiera de ellos pueda abanderar el cambio. En nuestro contexto PODEMOS esta obligado a ser un partido “del movimiento” y no de la conservación. ¿De que movimiento? De todos. Vamos que PODEMOS puede ser al mismo tiempo animalista y taurino, por ahora sin coste electoral.
 
Si lo dicho se tiene en cuenta se entiende sin dificultad que el discurso podemita insista una y otra vez en el discurso democrático-radical de la recuperación de la soberanía para el pueblo, y que invoque cada dos por tres la soberanía popular –lo que le otorga un marchamo de partido del estado nacional y, en este sentido, nacionalista – y, al mismo tiempo asuma las reivindicaciones étnico-nacionalistas del “ derecho a decidir” de las “nacionalidades del Estado” , y sostenga la naturaleza “plurinacional” de éste, sin que nadie parezca percibir que la afirmación “plurinacional” supone que no existe el “pueblo del Estado”, sino que en este hay una pluralidad de pueblos en asociación voluntaria – y por ello revisable- con lo que se priva de base al discurso de la recuperación de la soberanía nacional-popular porque se niega su presupuesto: la existencia del pueblo sujeto titular de aquella. Hecho lo cual se afirma que el movimiento quiere el ejercicio de la autodeterminación, pero en la correspondiente consulta pedirá el voto en contra de esa autodeterminación.
 
Ahora bien, PODEMOS no ha nacido de la nada ni sus promotores y dirigentes carecen de historia. Y eso condiciona y marca, quieran ellos o no. El núcleo fundador y dirigente del movimiento proviene del mundillo de la izquierda radical y su cultura política permanece marcada por ese origen. Los autores de referencia son casi siempre integrantes de esa cultura, y su modus operandi, y a veces hasta sus tics, tienen esa imagen de marca. Ahora bien el proyecto populista exige por su propia naturaleza de una fuerte transversalidad. La propuesta de creación  del “pueblo” frente al establecimiento exige la agrupación de una parte muy amplia, supermayoritaria, de la población. De hecho la posibilidad misma de la compatibilidad problemática entre estado constitucional y populismo pasa por un dato fundamental: que el movimiento pueda ser supermayoritario socialmente y, por ello, vencedor sistemático en toda contienda electoral. Veánse el chavismo, o mejor aun, el experimento boliviano ( cuya gestión económica es razonable)[1]. (Por cierto, lo de la plurinacionalidad podemita  desprende un aroma boliviano evidente).
 
Mientras PODEMOS pudo presentarse como monopolista de las demandas de cambio ese era un horizonte plausible, y por ello es fácil de explicar por que el movimiento subió en flecha tras las europeas y por que a comienzos del pasado año llegó a situarse en los sondeos como una fuerza emergente de vocación mayoritaria e, incluso, como la de mayor apoyo. Desde comienzos de 2015 se registra algo que se halla entre el retroceso y el estancamiento. Así la idea de desplazar como partido mayoritario al PSOE ( único partido turnante que conserva alguna credibilidad como formación reformadora) en las legislativas se ha saldado con un fracaso: El PSOE ha asumido ,siquiera parcialmente, una agenda de cambio y ha conseguido conservar la segunda plaza y evitar el “sorpasso”, aunque por lo muy escaso margen. La previsión paulista según la cual el partido socialdemócrata era el enemigo a batir porque es el obstáculo fundamental para el éxito “popular” era correcta, pero si el mismo análisis tenía razón cuando señalaba que las legislativas de 2015 eran un ocasión única en la que el movimiento se jugaba el éxito o el fracaso, el diagnóstico post-electoral es claro: el proyecto populista, en cuanto exige la primacía podemita en el bando del cambio , esta en vías de fracaso.
 
Una mirada a los sondeos contiene cuanto menos una parte de la explicación: a lo largo de 2015 PODEMOS ha perdido el monopolio del cambio, antes bien, le ha salido un competidor nada desdeñable: Ciudadanos. La subida en flecha de la formación liberal no se entiende en términos de apoyo “del Ibex 35”, ni del deseo de una parte de las élites económicas de contar con un “PODEMOS de derechas”, porque esos apoyos, caso de existir, de bien poco servirían si  la formación de raíz catalana no respondiera a las demandas de una parte sustancial de la sociedad. Si no me equivoco la diferencia entre este proyecto liberal y el anterior ( la operación reformista de 1986) es que el actual ha obtenido la recepción que el anterior no tuvo.
 
Si no me equivoco el éxito de C,s se debe a tres factores: en primer lugar ser un partido nuevo con credibilidad para abanderar el cambio y sustentar buena parte de las demandas de reforma – en especial de las políticas- que la sociedad demanda; en segundo lugar  ofrecer un cambio acordado, con explicita y constante invocación a los acuerdos transversales que se hallan en la fundación del presente régimen democrático, lo que conecta con una sociedad en la que es muy alta la valoración positiva de la transición precisamente porque fue pacífica y efectuada mediante el acuerdo, lo que enlaza, además, muy bien con los segmentos centrales del electorado.; finalmente traer causa de una formación creada para enfrentar la hegemonía étnico-nacionalista en Cataluña y tener un planeamiento coherente del hecho nacional. El símbolo del corazón tripartito con la senyera, la bicolor y la europea no puede ser más gráfico. Y más útil en un país en el que sistemáticamente la identidad nacional compartida (española/ regional) es la más frecuentada en el territorio. En el sondeo preelectoral del CIS, la pregunta sobre identidad nacional subjetiva muestra con meridiana claridad la naturaleza mestiza de la mayoría aplastante de la población, cosa por demás, que registra pocos cambios en el tiempo:
 
Cuadro I
 
Se siente
 
Solamente español                          17,0
Mas español que regional                 5,8
Igualmente español que regional  55,3
Mas regional que español               10,4
Solo regional                                      6,5
Ninguna                                              4,4
NS                                                        0,3
NC                                                        0,5
 
Y si nos vamos a la preelectoral correspondiente a las elecciones al actual Parlament de Catalunya, las cosas se ven así:
 
Cuadro II
 
Se siente
 
Solamente español                            5,3
Mas español que catalán                   6,4
Igualmente español que catalán    42,1
Mas catalán que español                 25,1
Solo catalán                                      21,6
Ninguna                                              ---
NS                                                        0,3
NC                                                        0,8
 
Como se ve en ambos casos la identidad compartida forma el núcleo central, superando en ambos casos el 70%, bien que con distribución interna distinta. Si eso se tiene en cuenta no resulta difícil de entender que   “el procés” haya dividido tan profundamente la sociedad catalana. Y hasta que punta la hegemonía cultural del discurso nacionalista en Cataluña tiene los pies de barro.
 
 
La irrupción de C,s tiene unos efectos directos: de un lado absorbe el voto de protesta del electorado moderado en general, y del de centro-derecha en particular; del otro cierra el camino a PODEMOS en esa zona del espectro, lo que priva al movimiento de transversalidad y le acantona en la zona izquierda de aquel.
Al efecto los datos demoscópicos son claros:
 
 
Cuadro III
 
Voto directo
                        1          2          3          4          5          6            7           8           9          10
Podemos





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