“¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca
de los Estados Unidos!”
Nemesio Garcia Naranjo
(1883-1962)
Nancy Caballero Reynaga[1]
Pese a que 20% de los trabajadores inmigrantes en
Estados Unidos son mexicanos y 10% de la economía de ese país depende de los
migrantes mexicanos (http://www.apli.jobs/estudios/impacto-mexicanos-economia-estados-unidos/), la realidad es que hoy la relación entre México y
su vecino del Norte ha cambiado como nunca antes, y mientras Donald Trump emite
constantes comunicados que buscan legitimar sus promesas de campaña con
acciones aventuradas y carentes de la prudencia en contra de todo aquel que no
está de su parte, el gobierno mexicano, torpe, nervioso y a todas luces sin un
liderazgo suficiente que retome la dirección del timón, busca por todos los
medios negociar con la nueva administración estadounidense.
¿México debe recuperar -sí o sí- (en la medida de lo
posible y, favoreciendo las exigencias de Trump) la relación con E.E.U.U.?, ¿En
verdad es tan absoluta la dependencia económica con aquel país?, ¿México
encarna la genuina figura de víctima ante los embates del político americano?
No se trata de dar una respuesta tajante a tales cuestionamientos, sino de
comprender el momento inevitable que le ha tocado vivir a México, mismo que
tiene que enfrentar innovando completamente las decisiones que hasta ahora
había tomado. ¿De dónde partir para pensar en lo que hasta ahora la nación
mexicana ha hecho y entonces redefinir el cambio que necesita?
El escenario mundial está puesto, y en una de las
escenas el poderoso E.E.U.U. amedrenta económica y migratoriamente a México,
país de dócil negociación, pero en franca desventaja ante la potencia norteña,
¿Cómo se configuró esta escena?, ¿Desde qué momento en la historia se dio el
reparto de tales roles?, ¿Es genuina la debilidad mexicana, así como la tiranía
estadounidense? Trataremos de averiguarlo: América se aventura a participar del
capitalismo desde el mismo momento en que Cristobal Colón la descubre ante
Europa. Más allá del descubrimiento geográfico o étnico, Colón revela a América
frente al capitalismo como una fuente casi inagotable de recursos disponibles
para la producción. Desde entonces, la visión de un México maquilador de sus
propios recursos naturales o, como una nación independiente capaz de impulsar
su propio desarrollo a partir de la gobernanza ha quedado fuera del guion internacional.
Así como los países centro y sudamericanos, México ha participado de la economía
del Mundo como un proveedor de materias primas o como un semillero maquilador,
en donde la mano de obra es barata y dentro de territorio nacional, los
requerimientos hacendarios o de cualquier otro trámite son relativamente
sencillos y ventajosos para las empresas que buscan establecerse en él.
E.E.U.U., como buen “hijo Inglés”, obtiene de México las materias primas, la mano
de obra, y comercia sus productos con quien días atrás le vendió el recurso, a
precios más altos, e impactando social y ambientalmente a dicha nación.
El Estado mexicano por su parte, ha pactado con el
vecino del Norte desde la comodidad de la cercanía, evitando -preocupaciones
innecesarias- como el transporte de mercancías o la negociación con otras
naciones, fructifica la vecindad con uno de los países más consumista de
prácticamente cualquier producto y servicio (sean estos lícitos o no) y encima,
se da el lujo de no ofrecer a su población las condiciones suficientes en
dignidad y calidad que le permitieran hacer florecer sus capacidades, muy por
el contrario, solapa la inmigración de sus nacionales a otro país, aquel que
ofrece el sueño americano al “alcance de todos” ¿Quién es la víctima y quién
victimiza?
Ha llegado el día, en el que la nación mexicana debe
despertar y hacer de suyo el gran poder que tiene, aquel que apedreó una vez al
zaino huey tlatoani, pero que no continúo
recuperándose de lo lastimoso de su traición. México hoy no necesita el
desgaste de más tratados o negociaciones que le den más ventaja a EE.UU., como
tampoco debe ir en busca de convenios que sigan alimentando su dependencia ante
aquel país; México hoy requiere que en sí mismo existan las posibilidades
suficientes para hacer crecer su economía interna y aperturar otros mercados
del Mundo. Los mexicanos necesitamos empoderarnos para dejar de esperar que
alguien más solucione nuestros desafíos, requerimos con urgencia mirar hacia
dentro y recuperar el orgullo por nuestra gran nación, por nuestras raíces, y
herencias, por nuestros recursos, tradiciones y costumbres. Nuestro país
requiere, hoy más que nunca, salir de su zona de confort y entrar con paso
decidido a su zona de posibilidades, en la que, sin el paternalismo del país
del Norte, podemos convertirnos en la nación que en cada lamento decimos querer,
pero que poco se refleja en acciones concretas por parte de la ciudadanía.
Conocemos el camino, sólo falta que cada uno de nosotros se decida a andarlo.
Es momento de retomar aquellos ideales
independentistas y revolucionarios que intentaron configurar lo que nuestra
sociedad requiere construir por el bien del presente, por salvaguardar el
futuro. Como todas las naciones del Mundo, enfrentamos el tiempo decisivo en el
que cuestionar nuestros modos de producción y de consumo resulta central para
marcar el rumbo que han de seguir nuestras relaciones con otros países, pues de
no hacerlo, no sólo se pone en riesgo la macroeconomía de nuestra nación, sino
que se propicia el abuso a los derechos humanos de nacionales y connacionales
que habitan, trabajan y producen en el país extranjero. Empoderarnos para
construir las políticas públicas que necesitamos y, además, para defender
nuestro derecho es hoy una proclama ardiente de la sociedad que busca,
abandonar el tintero de los discursos y llevar los principios de igualdad,
fraternidad y justicia a la acción.