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04/10/2019

JUVENTUD LATINOAMERICANA GARANTIA DE PAZ Y DESARROLLO


por Javier Antonio Espinosa


La Juventud latinoamericana ha tenido por delante un enorme desafío: ser conductora de un proceso de desarrollo económico y social que permita, a su vez, reducir la pobreza y la desigualdad social; promover el desarrollo económico y tecnológico sustentado  en objetivos y valores humanísticos sustentables a mediano y largo plazo, indispensable para mejorar la calidad de vida de los países  en la región y del mundo.

 

Actualmente la población juvenil, una parte, cuenta con ventajas para hacerlo realidad sus objetivos. Tienen niveles de educación más altos que sus progenitores; están familiarizados con las nuevas tecnologías de producción, comunicación e información, cuyo conocimiento y uso adecuado serán claves para el desempeño de las naciones del futuro.

 

Palabras claves: juventud, cultura, música, humanismo, desarrollo,  paz.

 

             La juventud en América Latina, históricamente, ha sido reconocida como un actor sustancial y estratégico en el proceso de desarrollo del continente y al mismo tiempo una garantía  permanente de paz y  prosperidad.

             América Latina aporta una población de quinientos seiscientos  (650) millones de habitantes, en veinte (20) mil K2., de los cuales, aproximadamente, trecientos (300) millones son jóvenes cuya edad media de la juventud del continente es de veinticinco (25) años, quienes aportan en forma permanente a los censos electorales y el fortalecimiento de la democracia.

            Está juventud no sólo es relevante en términos cuantitativos. Su importancia cualitativa radica en que se ha convertido en difusora del sentido común de esta época. La Latinoamérica que piensan, que perciben y que anhelan los jóvenes se terminará por convertirse en la idea fuerza del desarrollo regional.

          Los rasgos distintivos de esta nueva juventud, muy especialmente en los países que han tenido gobiernos progresistas y proyectos de desarrollo humanista en este comienzo de siglo y por tanto, han experimentado un enorme avance en su visión y misión, aportan elementos filosóficos idealistas negados sistemas excluyentes.

La Juventud y las Naciones Unidas

          En Agosto del 2017, con motivo del Día Internacional de la Juventud, y bajo el título “Juventud  que construye la Paz”, la ONU ha querido hacer énfasis en la  capacidad de los jóvenes para participar en la configuración de una paz real y universal, y contribuir a la prevención y transformación de los conflictos, la inclusión social y económica, la justicia social, la reconciliación y la paz integral, estable y sostenible.

          En resumen  las estadísticas sobre la falta de inclusión  de la juventud a nivel mundial y en palabras de su Secretario General Antonio Guterres, nos resumía en los siguientes datos:

/.  Existen 1.800 millones de jóvenes en el mundo.

/.  73 millones de jóvenes en el desempleo

/.  600 millones de jóvenes  viven en entornos  álgidos y afectados por conflictos.

/.   400 millones de jóvenes no tienen acceso a la salud.

/.  40 Millones de desplazados internos

/.  25.4 millones de personas refugiadas

/.  3 1 millones solicitantes de asilo.

          Las Naciones Unidas celebraron en 1985 el primer Año Internacional de la Juventud. Al cumplirse el décimo aniversario, la Asamblea General aprobó en su resolución 50/81  del 14 de diciembre de 1995 y ampliado por A/RES/62/126  del 18 de diciembre de 2007 el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes, que estableció un marco normativo y directrices para la adopción de medidas nacionales y la prestación de apoyo internacional con miras a mejorar la situación de los jóvenes.      

         No obstante, mi realidad  los conflictos armados internos, regionales y mundiales, la juventud es sometida a convertirse en víctima o victimario, obligado a participar en repudiables genocidios destructores de la sagrada dignidad humana, incidiendo a que el 85 % de las personas desplazadas por la violencia se encuentran en países en vías de desarrollo.

        Hoy, respetuosamente me permito aportar al conocimiento general,  hechos  vivenciales, desde el corazón del caribe latinoamericano, entre luces y sombras, desconocidos o desfigurado.

 Desde hace más de 4 décadas  un visionario del milenio, el músico y economista venezolano, Maestro José Antonio Abreu, en aras de que las desigualdades sociales son una agresión contra los seres más indefensos, niños y jóvenes, soñó que se puede superar desde la visión del Arte y la cultura, en este caso desde la música clásica. Este gigante humanista emprendió el transitó por el camino de construir el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles de Venezuela, hoy conocido en Latinoamericana y el mundo  como “El Sistema de Orquestas Sinfónicas”, anclado en el lema de Tocar, Cantar y Luchar.

UNA EXPERIENCIA DE VIDA

          A la edad de 10 años y por el conflicto armado en mi país, Colombia, junto a mi familia tuve que migrar al vecino país, donde junto a mis estudios regulares, Venezuela me brindó la oportunidad de ingresar al Sistema Nacional de Orquestas, y al  Conservatorio de Música Simón Bolívar, y desde donde me he formado como músico  en la especialidad de Contrabajo, siendo nuestro lema Tocar, cantar y luchar, el cual abrazo  de manera entrañable.

UN MODELO DE PAZ Y PROGRESO PARA LA HUMANIDAD

        El Sistema nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es un programa social y cultural del estado venezolano, perteneciente a la Fundación musical Simón Bolívar –adscrita al ministerio del Poder Popular desde el despacho de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Este modelo pedagógico, fundado en 1975 por el maestro y músico venezolano José Antonio Abreu, está fundamentado en la formación personal a la más temprana edad, con la misión de formar individuos integrales para la sociedad.

 

 

 

A través de la práctica individual y colectiva de la música, el Sistema incorpora a niños, niñas y jóvenes de todas las clases sociales: 66% proviene de hogares de escasos recursos económicos, o que vive en condiciones adversas y en zonas vulnerables; mientras que el otro 34% atendido pertenece a zonas urbanas con mejores posibilidades de acceso, logrando así un ejemplo de inclusión de todos los sectores y estratos de la población venezolana, sin exclusión por ningún motivo.

          La orquestas y coros son escuelas de vida social y personal, donde se cultivan aptitudes y actitudes positivas, valores éticos, estéticos y espirituales. Allí los músicos desarrollan la autoestima, la seguridad personal y la socialización; adquieren disciplina y hábitos de estudio; aprenden a ser perseverantes, practican el sentido de la sana competitividad y del liderazgo; trabajan constantemente por el logro de metas y por la excelencia, y conviven con sus pares en un ambiente de tolerancia y de solidaridad, al tiempo que crecen estimulados por una cultura de paz.

          El impacto mundial de El Sistema de Orquestas Sinfónicas, ha colocado a Venezuela y a sus jóvenes músicos en prestigiosos escenarios artísticos del mundo, convirtiéndolos en embajadores de Paz, y siendo reconocidos con numerosos galardones, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las artes, y el Premio Internacional de Música de la UNESCO.

          El Sistema ha inspirado a más de 40 países de Europa, América, Asia, África y Oceanía, donde ya se encuentra sembrada la semilla del modelo venezolano, demostrando que es una alternativa real y sustentable de educación, progreso y paz.

          El maestro Abreu, luchó incesantemente por incluir a niños y jóvenes afectados por la pobreza o con pocas oportunidades para su formación, a través del Sistema. De esta manera democratizó la música para el mejoramiento social.

 

            Finalmente y junto a estas reflexiones, creo firmemente que los desafíos que enfrenta la Juventud como Garantía de Paz en el continente latinoamericano y el mundo, cuenta con la audacia para interpretar las causas del desequilibrio humano universal y aportar sus conocimientos a la construcción del Continente de la Esperanza, libre de conflictos bélicos, soportado en los valores éticos, morales y solidarios de los Derechos Humanos.

 

"La música transforma profundamente la psiquis del niño/joven porque abre su intelecto y su sensibilidad a un horizonte explícito. La música siembra valores en el alma del niño. Le enseña a apreciar lo bello, lo noble y allí está el germen de lo que luego se transforma en valores estéticos que luego se traducen en valores éticos".

 

José Antonio Abreu

 

“Me regaló los arcanos de la música con la misma vehemencia con que me enseñó que el derecho a la belleza es inalienable”, dijo Dudamel en un comunicado, en la cual describió a Abreu como “una inspiración, un artista, un amigo, un padre, un maestro”

 






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