La Juventud latinoamericana ha
tenido por delante un enorme desafío: ser conductora de un proceso de
desarrollo económico y social que permita, a su vez, reducir la pobreza y la
desigualdad social; promover el desarrollo económico y tecnológico sustentado en objetivos y valores humanísticos
sustentables a mediano y largo plazo, indispensable para mejorar la calidad de
vida de los países en la región y del
mundo.
Actualmente la población juvenil,
una parte, cuenta con ventajas para hacerlo realidad sus objetivos. Tienen
niveles de educación más altos que sus progenitores; están familiarizados con
las nuevas tecnologías de producción, comunicación e información, cuyo
conocimiento y uso adecuado serán claves para el desempeño de las naciones del
futuro.
Palabras claves: juventud, cultura, música, humanismo,
desarrollo, paz.
La juventud en América Latina, históricamente, ha sido reconocida como
un actor sustancial y estratégico en el proceso de desarrollo del continente y
al mismo tiempo una garantía permanente
de paz y prosperidad.
América Latina aporta una población de
quinientos seiscientos (650) millones de
habitantes, en veinte (20) mil K2., de los cuales, aproximadamente, trecientos
(300) millones son jóvenes cuya edad media de la juventud del continente es de
veinticinco (25) años, quienes aportan en forma permanente a los censos
electorales y el fortalecimiento de la democracia.
Está juventud no sólo es relevante en términos cuantitativos. Su
importancia cualitativa radica en que se ha convertido en difusora del sentido
común de esta época. La Latinoamérica que piensan, que perciben y que anhelan
los jóvenes se terminará por convertirse en la idea fuerza del desarrollo
regional.
Los rasgos distintivos de esta nueva juventud, muy especialmente en los
países que han tenido gobiernos progresistas y proyectos de desarrollo
humanista en este comienzo de siglo y por tanto, han experimentado un enorme
avance en su visión y misión, aportan elementos filosóficos idealistas negados
sistemas excluyentes.
La Juventud y las Naciones
Unidas
En Agosto del 2017, con
motivo del Día Internacional de la Juventud, y bajo el título “Juventud
que construye la Paz”, la ONU ha querido hacer énfasis en la capacidad de los jóvenes para participar
en la configuración de una paz real y universal, y contribuir a la prevención y
transformación de los conflictos, la inclusión social y económica, la justicia
social, la reconciliación y la paz integral, estable y sostenible.
En resumen las estadísticas sobre la falta de
inclusión de la juventud a nivel mundial
y en palabras de su Secretario General Antonio Guterres, nos resumía en los
siguientes datos:
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Existen 1.800 millones de jóvenes en el mundo.
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73 millones de jóvenes en el desempleo
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600 millones de jóvenes viven en
entornos álgidos y afectados por
conflictos.
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400 millones de jóvenes no tienen acceso a la salud.
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40 Millones de desplazados internos
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25.4 millones de personas refugiadas
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3 1 millones solicitantes de asilo.
Las Naciones Unidas celebraron en
1985 el primer Año Internacional de la Juventud. Al cumplirse el décimo
aniversario, la Asamblea General aprobó en su resolución 50/81 del 14 de diciembre de
1995 y ampliado por A/RES/62/126 del 18 de diciembre de
2007 el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes, que estableció un marco
normativo y directrices para la adopción de medidas nacionales y la prestación
de apoyo internacional con miras a mejorar la situación de los jóvenes.
No obstante, mi realidad los conflictos armados internos, regionales y
mundiales, la juventud es sometida a convertirse en víctima o victimario,
obligado a participar en repudiables genocidios destructores de la sagrada
dignidad humana, incidiendo a que el 85 % de las personas desplazadas por la
violencia se encuentran en países en vías de desarrollo.
Hoy, respetuosamente me permito aportar
al conocimiento general, hechos vivenciales, desde el corazón del caribe
latinoamericano, entre luces y sombras, desconocidos o desfigurado.
Desde hace más de 4 décadas un visionario del milenio, el músico y
economista venezolano, Maestro José
Antonio Abreu, en aras de que las desigualdades sociales son una agresión
contra los seres más indefensos, niños y jóvenes, soñó que se puede superar
desde la visión del Arte y la cultura, en este caso desde la música clásica.
Este gigante humanista emprendió el transitó por el camino de construir el Sistema Nacional de Orquestas y Coros
Juveniles de Venezuela, hoy conocido en Latinoamericana y el mundo como “El
Sistema de Orquestas Sinfónicas”, anclado en el lema de Tocar, Cantar y Luchar.
UNA EXPERIENCIA DE VIDA
A la edad de 10 años y por el conflicto armado en mi país, Colombia,
junto a mi familia tuve que migrar al vecino país, donde junto a mis estudios
regulares, Venezuela me brindó la oportunidad de ingresar al Sistema Nacional de Orquestas, y
al Conservatorio
de Música Simón Bolívar, y desde donde me he formado como músico en la especialidad de Contrabajo, siendo
nuestro lema Tocar, cantar y luchar,
el cual abrazo de manera entrañable.
UN
MODELO DE PAZ Y PROGRESO PARA LA HUMANIDAD
El
Sistema nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es un
programa social y cultural del estado venezolano, perteneciente a la Fundación
musical Simón Bolívar –adscrita al ministerio del Poder Popular desde el
despacho de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Este
modelo pedagógico, fundado en 1975 por el maestro y músico venezolano José Antonio Abreu, está fundamentado en la formación personal a la más temprana
edad, con la misión de formar individuos integrales para la sociedad.
A través de la práctica individual y colectiva
de la música, el Sistema incorpora a niños, niñas y jóvenes de todas las clases
sociales: 66% proviene de hogares de escasos recursos económicos, o que vive en
condiciones adversas y en zonas vulnerables; mientras que el otro 34% atendido
pertenece a zonas urbanas con mejores posibilidades de acceso, logrando así un
ejemplo de inclusión de todos los sectores y estratos de la población
venezolana, sin exclusión por ningún motivo.
La orquestas y coros son escuelas de vida social y personal, donde se
cultivan aptitudes y actitudes positivas, valores éticos, estéticos y espirituales.
Allí los músicos desarrollan la autoestima, la seguridad personal y la
socialización; adquieren disciplina y hábitos de estudio; aprenden a ser
perseverantes, practican el sentido de la sana competitividad y del liderazgo;
trabajan constantemente por el logro de metas y por la excelencia, y conviven
con sus pares en un ambiente de tolerancia y de solidaridad, al tiempo que
crecen estimulados por una cultura de paz.
El impacto mundial de El Sistema
de Orquestas Sinfónicas, ha colocado
a Venezuela y a sus jóvenes músicos en prestigiosos escenarios artísticos del
mundo, convirtiéndolos en embajadores de Paz, y siendo reconocidos con
numerosos galardones, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las artes,
y el Premio Internacional de Música de la UNESCO.
El Sistema ha inspirado a más de 40 países de Europa, América, Asia,
África y Oceanía, donde ya se encuentra sembrada la semilla del modelo
venezolano, demostrando que es una alternativa real y sustentable de educación,
progreso y paz.
El maestro Abreu, luchó
incesantemente por incluir a niños
y jóvenes afectados por la pobreza o con pocas oportunidades para su
formación, a través del Sistema. De esta manera democratizó la música para el mejoramiento social.
Finalmente y junto a estas
reflexiones, creo firmemente que los desafíos que enfrenta la Juventud como
Garantía de Paz en el continente latinoamericano y el mundo, cuenta con la
audacia para interpretar las causas del desequilibrio humano universal y
aportar sus conocimientos a la construcción del Continente de la Esperanza,
libre de conflictos bélicos, soportado en los valores éticos, morales y
solidarios de los Derechos Humanos.
"La
música transforma profundamente la psiquis del niño/joven porque abre su
intelecto y su sensibilidad a un horizonte explícito. La música siembra valores
en el alma del niño. Le enseña a apreciar lo bello, lo noble y allí está el
germen de lo que luego se transforma en valores estéticos que luego se traducen
en valores éticos".
José
Antonio Abreu
“Me regaló los arcanos de la música con la misma
vehemencia con que me enseñó que el derecho a la belleza es inalienable”, dijo
Dudamel en un comunicado, en la cual describió a Abreu como “una inspiración,
un artista, un amigo, un padre, un maestro”