“Es increíble como en tan poco tiempo -el mandato de
presidente de Gobierno de Adolfo Suárez desde 1976 hasta 1981- se puede
desmontar un régimen autoritario y establecer un Estado de Derecho democrático
en donde las libertades sean garantizadas así como la participación plural de
fuerzas políticas muy distintas, y acabar construyendo el marco constitucional
en donde esa convivencia y esa concordia fuera posible, a través de un amplio
consenso en donde se pudo coincidir, desde el pluralismo, para abordar aquellos
Pactos de la Moncloa, respaldados
por todas las fuerzas parlamentarias que permitieron un proceso de regeneración
social, económica y política de un país en una situación muy grave. Y
finalmente, darse la Constitución del 1978 que abordó con valentía el
contencioso histórico de la descentralización y las autonomías, desde la
primacía de la existencia histórica de una España constitucional
irrenunciable”.
Antonio COLOMER
VIADEL, Diario de Ávila, domingo 13 de abril de 2014, págs. 18-19
.........................................................
“Los economistas españoles que participamos en los Pactos de la Moncloa creíamos
que luchar contra la inflación no era una opción política. Se trataba de un
problema de supervivencia. De ahí la importancia de controlar la inflación y de
reducir sus crecidos niveles como condición inexcusable para definir una
política que fundamentase una
convivencia democrática”. Enrique FUENTES QUINTANA
……………………………………………………….
“Nunca hacemos nada solos y el ego se interpone en el camino
de nuestra evolución” Tatiana ROBLES
--------------------------------------------------------------------------
1. Las primeras elecciones democráticas
permitieron al gobierno de Adolfo Suárez González la legitimidad necesaria para
afrontar la durísima crisis económica que se arrastraba desde años atrás. Dicha
crisis fue, en gran medida, fruto de la recesión iniciada en 1973 con la subida
de los precios del petróleo. Así, en octubre de 1973, los países árabes
decidieron bloquear sus exportaciones de petróleo a aquellos países que habían
apoyado a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur, que había tenido lugar en
ese mismo mes. Esta estrategia, unida a un férreo control de la producción,
provocó un espectacular incremento del precio del barril de petróleo a lo largo
de los meses siguientes y un negativo cambio de rumbo en la economía mundial.
En efecto, la multiplicación por cuatro del precio entre el final de 1973 y
durante todo 1974 acarreó un alto déficit comercial. De esta forma, el
principal efecto negativo de la denominada crisis del petróleo sobre nuestra
economía fue un incremento espectacular de la inflación.
Sin
embargo, el aumento del precio del crudo en 1973 no tuvo los mismos
efectos en todos los países del continente europeo. España registró
una inflación del 14,20% en 1973, el doble que la de los países más poderosos
de la zona como Alemania donde se alcanzó un aumento de los precios
del 7,9% y Francia, donde el Índice de Precios al Consumo se situó en el
8,4%. La crisis económica fue muy profunda en España, desaparecieron numerosas
empresas en todo el país, el aumento de desempleados se disparó, la industria
pesada frenó su crecimiento y la agricultura también registró una sensible
pérdida de productividad.
El 8 de
julio de 1977, el Vicepresidente para Asuntos Económicos y Ministro de Economía
y Hacienda, Enrique Fuentes Quintana (Carrión de los Condes, Palencia, 13
de diciembre de 1924 - Madrid, 6 de junio de 2007) –uno de los más destacados
economistas españoles de la época- manifestaba con toda claridad: «Ha llegado
la hora de la economía».
España
había vivido con asombrosa madurez el cambio político. Ahora bien, debía hacer
frente cuanto antes a un asunto especialmente determinante como es la economía.
La situación económico-financiera era lamentable. Se carecía de una Hacienda Pública
que de verdad planificara y recaudara impuestos para sostener el Estado. Los
capitales se movían sin ningún control y nadie cumplía con unas obligaciones
fiscales por lo demás ridículas. Se trataba de un sistema económico arcaico que
resultaba impeditivo para un futuro acceso a la Unión Europea. Al tiempo, la
conflictividad laboral estallaba por todas partes.
No haber
emprendido el camino de las reformas materializadas en los Pactos de la Moncloa
hubiera significado poner en peligro cierto tanto el sistema institucional de
nuestra democracia como el propio bienestar de la ciudadanía.
El Vicepresidente
del Gobierno, Enrique Fuentes Quintana, solicitó el esfuerzo y la colaboración de
todos los ciudadanos, prometiendo que el Gobierno actuaría con absoluta
transparencia en aras de la propia credibilidad y confianza del sistema
democrático. La situación era ciertamente muy grave. El coste de la vida se
había elevado en un 19% en 1976, y amenazaba con llegar a un 30% en 1977. El
número de desempleados alcanzaba en 1978 el 5,7% y se elevó al 7,6% en 1978.
Son cifras consideradas como alarmantes, especialmente en atención a su rápido
crecimiento. El déficit exterior había pasado de 3.500 millones de dólares en
1975, a 4.200 en 1976 y llegaría a 5.000 en 1977. Existían desequilibrios
profundos en el sistema económico fraguados en el pasado y problemas acuciantes
cuya causa más inmediata era la crisis del petróleo, que había producido un
empobrecimiento todavía no reconocido ni aceptado. Resultaba imprescindible
poner freno a una inflación realmente desbocada, porque solo así se resolvería
el desempleo de modo duradero al tiempo que se lograría reducir el déficit
exterior. Se planteaba como algo inaplazable abordar las dificultades en su
origen y articular la resolución de los problemas a corto plazo partiendo de un
estudio profundo de las dificultades estructurales. Lo que se presentaba como
verdaderamente inaplazable era un ajuste económico a corto plazo basado en la
contención salarial, una política monetaria restrictiva, la reducción del
déficit público y la adopción de un sistema de cambios flotantes para la
peseta, con la consiguiente devaluación.
En
todo momento, se trató de evitar la
radicalización. La patronal también tuvo que renunciar a algunas de sus
principales preferencias en materia laboral. De esta forma, tuvo que ceder en
asuntos como la representatividad sindical en las empresas e incluso en lo que
afectaba a la financiación pública de las organizaciones sindicales.
El
motor principal del conjunto de las reformas se cifraba en la creación de un sistema
de planificación económica pactada en el que los límites estrictos a los
incrementos salariales y otras regulaciones que afectan a la relación laboral y
a la protección social se establecen mediante negociación directa con las
fuerzas sociales. Con este espíritu se acometía la elaboración y firma de los
Pactos de la Moncloa en 1977 (los Acuerdos se ratifican por todas las partes concretamente
el 25 de octubre de ese año) por parte de los principales partidos políticos
con representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados.
Los
Pactos contaban también con el apoyo expreso de las asociaciones empresariales
y el sindicato Comisiones Obreras (excepto algunas secciones sindicales del
mismo) y el rechazo de la Unión General de Trabajadores (UGT) y de la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT). La labor del Profesor Fuentes Quintana en este
momento de nuestra historia es de una importancia difícil de exagerar.
2. Se reunieron en el Palacio de la Moncloa los
representantes de los diversos partidos políticos, con representación
parlamentaria, con el Presidente del Gobierno y otros miembros de éste, a los
efectos de conocer y examinar, como primer punto del orden del día, el programa
de saneamiento y reforma económica. Se produjo un amplio y extenso debate, a
partir del análisis y la identificación del origen y factores influyentes en la
situación económica sobre los objetivos, instrumentos y medidas previstas en el
referido programa, habiéndose aportado por los representantes de los partidos
políticos presentes los motivos de discrepancia y de consenso. Se iniciaba una
nueva etapa en la que el ajuste económico se convertiría en el elemento central
del escenario público. El retorno al equilibrio exigía, de modo urgentísimo,
poner fin a la enloquecida espiral de aumentos de precios y salarios que estaba
en la base del desbordamiento inflacionario que desangraba la economía española.
3. Se compartía el diagnóstico de la
situación económica del país, calificada como muy grave. La coincidencia en
este diagnóstico debía servir como plataforma para adoptar las medidas que,
dentro del marco de una economía de mercado, resultaban imprescindibles para
sanear y reformar la actividad económica con vistas a su imprescindible
relanzamiento. Todas las fuerzas políticas, tanto de ámbito territorial como
nacional, tenían voluntad de alcanzar el Pacto. La cintura política, la
ejemplaridad y la habilidad de Adolfo Suárez resultaron determinantes en una
tan compleja empresa.
4. Fue motivo de especial acuerdo la necesidad
de que los costes derivados de la superación de la crisis fueran soportados
equitativamente por los distintos grupos sociales. Los intereses de las «clases
modestas y populares» estarían especialmente protegidos; se utilizaría a fondo
la política de ingresos y gastos públicos como instrumento de redistribución de
la renta, y la tan esperada reforma fiscal haría que cada grupo social
contribuyera al esfuerzo según sus posibilidades; los problemas se abordarían
desde la «creencia firme en las ventajas de la libertad económica y de la
economía de mercado», eliminando «intervencionismos ineficientes y estériles»
pero sin temor a cortar «aberraciones del propio mercado»; y todo eso se haría
en el contexto democrático, buscando acuerdos y transacciones porque la
«oposición es parte del poder”, se afirmaba.
El
texto íntegro de los
Pactos de la Moncloa, de cuarenta páginas, era un plan económico de
muy largo alcance (reforma fiscal, control de gasto público, política de
urbanismo, suelo y vivienda, reforma de la Seguridad Social y del sistema
financiero, y política energética), que precisaba, por encima de todo,
estabilidad política. Con la implantación de las medidas inmediatas que se proponían,
con la reforma fiscal como elemento arquitectural básico, ya se alcanzaron
interesantes mejoras.
Los
Pactos de la Moncloa se estructuraron en torno a dos acuerdos claramente
diferenciados:
a.
El Acuerdo
sobre el Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía
Se
reconoció el despido libre para un máximo del 5% de las plantillas de las
empresas y el derecho de asociación sindical. La inflación se movía en niveles
hoy inimaginables: del 20% en 1976 se pasó, a mediados de 1977, al 44%.
Para un mejor entendimiento del dato, el promedio de los países de la OCDE
estaba en el 10%. El límite de incremento de salarios se fijó en función de la
inflación prevista para el año siguiente y no en relación, como hasta ese
momento, a la sufrida en el ejercicio económico anterior. Se estableció una
contención de la masa monetaria y la devaluación de la peseta, fijando el valor
real del mercado financiero para contener la inflación. No se olvide que en los
Pactos de La Moncloa de 1977 fue determinante la posibilidad de devaluar la
moneda -fijación de un tipo de cambio realista de la misma- mientras que en la
actualidad, con la moneda única para Europa, no sería posible. Se articuló una
reforma de la administración tributaria tomando en consideración el déficit
público. Se adoptaron medidas de control financiero a través del Gobierno y el
Banco de España ante el riesgo de quiebras bancarias y de fuga de capitales al
exterior. En materia de enseñanza, se establecía la democratización del sistema
educativo y la gratuidad progresiva de la enseñanza.
b.
El Acuerdo sobre el Programa de Actuación
Jurídica y Política
Se acordó modificar las restricciones
de la libertad de prensa (subsiste el depósito previo, pero el secuestro de
publicaciones sólo puede decretarlo el juez) quedando prohibida la censura
previa y dejando al poder judicial las decisiones sobre la misma; se modificó
la legislación sobre secretos oficiales para permitir a la oposición el acceso a
la información imprescindible para cumplir sus obligaciones parlamentarias; se
aprobaron los derechos de reunión (se ampliaron los conceptos de reunión
privada y se reguló el Registro de Partidos Políticos), de asociación política
y la libertad de expresión mediante la propaganda, tipificando los delitos
correspondientes por la violación de estos derechos; se tipificó el delito de
tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos; se despenalizó el
adulterio (se quería acabar así con el artículo del Código Penal que castigaba
el adulterio en los siguientes términos: “El adulterio será castigado con la
pena de prisión menor. Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que
no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que es casada, aunque
después se declare nulo el matrimonio”) y la despenalización y regulación de la
venta de anticonceptivos; se derogó la estructura del Movimiento Nacional (partido
único en la Dictadura del General Francisco Franco Bahamonde) y se adoptaron otras
medidas relativas a la restricción de la jurisdicción penal militar.
5. Los firmantes de estos Pactos fueron:
Adolfo Suárez González (por el Gobierno de España), Leopoldo Calvo-Sotelo y
Bustelo (por UCD), Felipe González Márquez (PSOE), Santiago Carrillo Solares
(PCE), Enrique Tierno Galván (Partido Socialista Popular), Josep Maria Triginer
Fernández (PSC), Joan Reventós i Carner (Convergencia Socialista de Cataluña),
Juan Ajuriaguerra (PNV), Miquel Roca i Yunient (Convergència i Unió). Manuel
Fraga (por Alianza Popular) no suscribió el acuerdo político, pero sí el
económico. Los acuerdos fueron ratificados posteriormente por el Congreso y el
Senado. Todos los partidos políticos presentes en la reunión coincidieron con
el Gobierno en la necesidad de adoptar una serie de medidas monetarias,
financieras y de empleo, predominantemente a corto plazo, que permitirían
restablecer, en un período estimado de dos años, los equilibrios fundamentales
de la economía española, aminorando la inflación, reduciendo el desempleo y
mejorando la situación de la balanza de pagos. Con estas medidas, quedó
demostrado que en España era posible el acuerdo entre fuerzas políticas ideológicamente
muy distanciadas cuando se planteaban problemas esenciales para la convivencia
y existían programas diseñados por excelentes economistas, como lo fue el
Profesor Enrique Fuentes Quintana, y el acuerdo con sindicatos (si bien no fue
posible incluir a la totalidad de las representación sindical), organizaciones
empresariales y el sistema financiero. Hay muchas y buenas lecciones que cabe extraer
hoy de aquellos Pactos aunque, por supuesto, reconociendo que se trata de
escenarios marcadamente diferentes. La principal es de formulación clara,
sencilla e irrefutable: juntos nos irá mejor. Una crisis muy grave sin acuerdo
perjudica incluso, por supuesto en otra dimensión, a los económicamente
poderosos. Hay que recordar que en el mundo de la empresa el éxito guarda
relación directa con los niveles de consumo. No olvidemos tampoco, finalmente,
que el 85% del empleo estable viene de la mano de las pequeñas y medianas
empresas (PYMES) que son las que más sufren esta crisis. Los Pactos de la Moncloa fueron, en definitiva, y
ese es su principal mérito, un gran
acuerdo nacional, “entre clases sociales”, que comprometió a todos,
en los ámbitos individual y colectivo, a realizar sacrificios. Por paradójico
que pueda parecer, fue una etapa de gran dificultad pero enormemente productiva
a la vez. Supuso, ante todo, la consolidación de las bases del sistema laboral
y social de nuestra democracia. Es uno de esos casos en los que se cumple el
significado, en lengua griega, de la palabra “crisis”. El término “crisis” significa, en griego,
separar, decidir. Conlleva un efecto de ruptura que hace necesario el estudio,
la indagación, el discernimiento y la exploración de soluciones. Por
consiguiente, propicia la reflexión y sugiere una oportunidad para la
renovación y para la mejora, en nuestro caso del sistema socio-económico y, en paralelo,
del político, al afianzar lo que nunca se debió perder: “la cultura del pacto”. Resulta incontestable la
importancia que revistieron los Acuerdos de la Moncloa a la hora de crear el
consenso político y social necesario para la aplicación de las medidas de
ajuste que precisaba nuestra economía.