Miércoles, 2 de Diciembre de 2020
<<A la búsqueda de esa hora futura en la que la libertad sea protagonismo de los ciudadanos>>
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07/05/2020

LA FAZ NEOLIBERAL DEL VIRUS


por José Luis López González


- “Existe un virus todavía peor que el coronavirus: el egoísmo indiferente” (Papa Francisco).

- “En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi   Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8, 31-42).

- “Jamás se debe dejar de decir la verdad, aun a costa de provocar escándalo” (San Antonio de Padua).

- “No es de extrañar que la confianza se debilite, pues ésta sólo se afianza con honestidad, con honor, con el carácter sagrado de los compromisos, con la protección insobornable, con la conducta desinteresada. Sin éstos, agoniza” (Franklin Delano Roosevelt).

- “No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho” (Aristóteles).

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1.     La crisis y sus consecuencias

Con carácter previo a cualquier otra consideración, me gustaría dejar patente mi sincero deseo de que todos los enormes esfuerzos de nuestros conciudadanos se vean compensados por la consecución del más importante de todos los objetivos en este excepcional momento histórico: que España supere esta crisis sanitaria tan imprevista como terrible.  

Mención especial merecen los afectados por este virus en su salud, o en la de sus seres queridos, que siguen luchando contra  esta devastadora enfermedad. La mejor de las consideraciones merecen los profesionales de la Sanidad, la Policía, Guardia Civil, Protección Civil, Bomberos y demás personal adscrito a la producción y transporte de personas, bienes y servicios esenciales para la comunidad. En definitiva, todos aquellos que tienen que seguir trabajando para cubrir nuestras necesidades.

El nuestro es un gran país como lo está volviendo a demostrar en estos difíciles momentos en los que se mezcla el dolor con los problemas económicos, la mentira y la grosera manipulación de algunas informaciones.

La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha pronosticado que la crisis generada por el Covid-19 tendrá las “peores consecuencias económicas” desde la Gran Depresión que tuvo lugar en los años 30 tras el estallido de la crisis bursátil de 1929. Nos enfrentamos a una incertidumbre excepcional sobre la profundidad y duración de esta crisis. El crecimiento mundial se tornará marcadamente negativo en 2020. Aunque la crisis que se avecina se antoja muy profunda en algunos países europeos, como Italia o la propia España, el FMI teme que la peor parte se la lleven regiones de mercados emergentes y de bajos ingresos, como Latinoamérica, África o gran parte de Asia, debido a sus frágiles economías y sistemas de salud. Según los cálculos del FMI, en los dos últimos meses, los países emergentes han registrado unas notabilísimas fugas de capitales.

La pandemia conocida como Covid-19 ha generado en Europa, y especialmente en España, la peor crisis sanitaria y económica desde la II Guerra Mundial, por el elevado número de muertos, por el impacto negativo sobre la economía y por la alteración sustancial que se ha producido en nuestras vidas cotidianas, como consecuencia del confinamiento aplicado como único medio eficaz para contrarrestar los efectos negativos del virus. Son palabras pronunciadas por la Canciller de Alemania, Angela Dorothea Merkel, doctorada en Química Cuántica, cuyo sentido de la racionalidad y capacidad para estimular la concertación y llegar a acuerdos le ha proporcionado elogios, dentro y fuera de Alemania, por su eficaz gestión.

Como consecuencia de todo lo anterior, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Merkel, cuenta ahora con su mayor respaldo electoral desde 2017. Eso sí, la Canciller alemana, fiel a su histórica aversión al endeudamiento, sigue oponiéndose a los eurobonos; es decir a una mutualización de la deuda, como instrumento para ofrecer una respuesta a la grave situación de otros socios comunitarios.

En el caso de España, la principal amenaza que se cierne sobre nuestra economía es la de la pérdida de facturación en el sector del turismo. De hecho, será muy difícil que se puedan repetir las cifras de ingresos y de visitantes registradas en 2019. Esta circunstancia tendrá previsiblemente un sensible impacto en el crecimiento y en el empleo de nuestro país.

¡Qué extraordinaria es la normalidad, valga la paradoja! Hemos redescubierto toda la magia y esplendor del orden y la planificación de nuestras actividades. No utilicen nunca más para definir esta “maravilla de nuestra existencia” un vocablo tan poco amable como “rutina”. Hablemos siempre de “normalidad” mejor que de rutina. Porque el término “normalidad” abraza todo lo positivo y conlleva  esencialmente tres grandes beneficios: salud, bienestar y equilibrio.

En la prevención y gestión de la pandemia no hemos acertado. Países como Hungría, Portugal, Nueva Zelanda, Finlandia o Alemania nos han superado amplísimamente en prudencia y atención a los conocimientos científicos por encima de caprichos y ambiciones políticas más o menos confesables. Es este, además, un virus con denominación evocadora de producto de limpieza o mascota olímpica. Pero ante todo, es un virus de marcada naturaleza “neoliberal”. Nos tapa la boca literalmente.  La distancia y el culto a lo individual ante todo. Y ello como garantía de salud (también económica). El neoliberal no necesita compartir sentimientos ni expresar ideas. Se conforma con ser plenamente consciente del encanto personal que comporta y hacérselo saber a los demás. Basta con producir más que el de al lado. Y su corolario correspondiente: “consumo mucho y compulsivamente, luego existo” (con perdón del clásico y con la única intención de aportar a la cuestión una chispa de humor ingenuo a la par que tierno y elemental).

En las grandes ciudades se recomienda la utilización del transporte privado o la privatización del público (“si utilizas el transporte  público sepárate –si puedes, claro- dos metros  del viajero más próximo”). Se trata de una de las modalidades del denominado distanciamiento social. Por distanciamiento social entendemos una muy significativa reducción del contacto cercano entre las personas. La medida más significativa es el denominado confinamiento. Se trata de permanecer el mayor tiempo posible en el domicilio propio. Se concibe como una forma muy  eficaz de disminuir la propagación de este virus.

El virus tiene efectos ciertamente inesperados en lo que atañe a la nueva obligación de aportar datos si se desea utilizar el ferrocarril para desplazarse en distancias considerables. En efecto, el transporte ferroviario ya no garantiza la privacidad del cliente: nuestra “licencia para recorrer la distancia entre dos ciudades en tren” (billete) ha de incluir nuestro nombre y teléfono. Lo hacen por nuestro bien. Se ha dejado de creer en la buena intención y en la normalidad. De tal suerte que el adolescente (ciudadano), si sale de noche (viaja en tren), ha de llevar siempre el móvil (disponible) para no preocupar a sus padres (Estado). Creo que la medida no decaerá ni con la superación de la pandemia. Pierdan Vds. la esperanza, no hay luz al final del túnel.  La compañía ferroviaria nos ha despojado de por vida de nuestra privacidad.

Las mascarillas tienen diferentes niveles de protección y de sofisticación. La igualdad para comunistas y otros desechos sociales, pensará Donald Trump con el nivel de sensibilidad y empatía que le han aupado a su cargo, en una demostración de que los electores no siempre tienen razón.  

Algunos de los líderes más aplaudidos y mejor valorados por el neocapitalismo rampante, como Donald Trump o Boris Johnson, consideran que un problema de salud pública, por más grave que resulte, no puede poner coto al frenesí capitalista (que no te manipule ni paralice el detalle insustancial de la salud). El célebre Titanic se podrá hundir, pero el baile y los felices acordes musicales neoliberales, como la vida misma, deben continuar.

Estos dos gobernantes impresentables del mundo anglosajón han sido elegidos democráticamente. En efecto, fatalmente, el pueblo soberano de esos dos Estados ha decidido, en términos coloquiales, “encomendar a la zorra el mimo, protección y cuidado de las gallinas”.

Protección sí, pero también diseño: las mascarillas se han convertido en el nuevo modelito de temporada.  Una conocida diseñadora ya está preparando la nueva línea “primavera-verano”. Se las quitarán de las manos. Hablando de manos, guantes obligatorios antes de que se los quiten también.

Ante todo sofisticación: que la mascarilla no malogre tu belleza natural. Tú lo vales y lo vales mucho más con una “Mascarilla Premium”, técnicamente denominada “quirúrgica”. Y es que, en definitiva, las mascarillas tienen diferentes niveles de sofisticación en función del nivel socioeconómico del sujeto protegido.

En el supermercado  la gente se mira bajo sospecha. ¡Ese de ahí, no lleva una mascarilla de alta gama! Deberían echarle (“no te separes de mí, hijo”). Sólo se puede salir si el desplazamiento es “neoliberalmente rentable” (licencia para comprar, pero para comprar “mucho”, si es “poco” se es sospechoso de “quebrantamiento de confinamiento”).  Ante todo rentabilidad.

Mientras, el Gobierno de España y los de las Comunidades Autónomas se acusan mutuamente  por una responsabilidad compartida. Como casi siempre sucede en política, los dos tendrán razón diciendo lo contrario, ninguno asumirá responsabilidad de ningún género y ambos saldrán reelegidos en las próximas elecciones. El pueblo es el titular de la soberanía. Ahora bien, como puede comprobarse, dicha titularidad no siempre se traduce en las mejores decisiones.

Creo en las personas pero no en las masas movidas de manera compulsiva por el temor compartido. Creo en las vocaciones ejercidas en durísima pugna con el virus en la corta distancia. Una presencialidad portadora, como se sabe, de riesgo para la salud de los trabajadores en el marco de unas actividades consideradas  esenciales. Curiosa y lamentablemente, las actividades más castigadas por la crisis que comenzó a mostrarse sin pudor en agosto de 2008. Una crisis conocida, si se me permite la ironía, con una denominación evocadora de lo que podría ser la denominación de un grupo musical contemporáneo. Me refiero a Lehman Brothers, empresa global de servicios financieros de Estados Unidos, fundada en 1850. Destacaba en banca de inversión, gestión de activos financieros e inversiones en renta fija, banca comercial, gestión de inversiones y servicios bancarios en general. .

Nunca fue una crisis de producción. Siempre fue una crisis de especulación financiera provocada por un virus de corrupción, ansia desmedida de lucro económico y, en fin, un comportamiento incompatible con la honestidad y el respeto a los intereses generales.

Creo, finalmente, en los religiosos y seglares que se solidarizan aportando su sentida oración, su solidaridad  y su consuelo  a familiares, amigos y vecinos. Las actividades descritas tienen un denominador común: la bondad. Ese y no otro, más allá de cualquier crisis sanitaria o económica, es el verdadero marchamo de calidad de un ser humano.

Permanezcamos atentos a quienes van a medrar desde el minuto cero del post-confinamiento. ¿De dónde vienen las mascarillas? China debe homologarlas. Hay que dejar que hablen los especialistas. Me refiero a los “técnicos” en máscaras –mentiras-,  mascarillas –de calidad reconocida, alta protección y modelos “top” o “premium”-, “más baratillas” –sucedáneos de papel u otros materiales, “de baja categoría”, pensados para los de recursos escasos y de natural incapacitados para apreciar la calidad y el diseño de este “nuevo complemento de moda”- y en “mascaradas” – las ruedas de prensa del Presidente Sánchez con preguntas preseleccionadas que provocaron el plante de los principales medios de comunicación -.

No somos tan poderosos como pensábamos. La solución en la emergencia ha sido recurrir a la misma medida que se tomaba en la Edad Media ante las pestes: el confinamiento o aislamiento de las personas en sus casas. Por su parte, los estados han decidido el cierre de fronteras, la limitación de la producción sólo a industrias consideradas clave, la prestación reducida de servicios públicos y privados, restricciones en materia presencial en los comercios, Todo ello a un alto coste en forma de crisis económica que guarda similitud con las acaecidas en 2008 y 1929.

Muchos cambios en los modos de producción, sistemas de enseñanza y relaciones humanas han llegado para quedarse. El trabajo y las videoconferencias se están utilizando masivamente. La docencia en línea ha intensificado y expandido el protagonismo que desde hace tiempo había alcanzado.

La crisis sanitaria ha hecho cobrar un protagonismo de crecimiento exponencial a la telemedicina.

La Administración Pública debería emplear la tecnología para agilizar y simplificar trámites, aunque sin renunciar por ello a las ventajas de la atención presencial en todas aquellas ocasiones en que mejore la atención al ciudadano.

En definitiva, lo que empezó siendo una crisis sanitaria terminará por modificar la organización económica, social y política de las sociedades occidentales.

2.     Una crisis sanitaria con “noticias falsas” o “bulos” en inglés. Uso y abuso del idioma de la ciencia y los negocios

El gobierno de España cambia de criterio constantemente a la hora de aportar datos sobre la crisis sanitaria. Carece de un plan para afrontar la pandemia. Para ello emplea el lenguaje al servicio de la manipulación de la realidad. El Ministro de Sanidad se refiere a una “nueva normalidad” para enmascarar precisamente la ausencia de la misma.

Proliferan hoy, en efecto, las noticias falsas desde los ámbitos público y privado. Así el presidente de EE.UU, Trump se preguntó si no sería una buena idea inyectar en el cuerpo de los pacientes de Covid-19 un desinfectante, del tipo lejía, o aniquilarlo mediante la sencilla y contundente aplicación de una “tremenda luz ultravioleta”. Con toda lógica, la comunidad científica se apresuró a desmentir ambas falsedades. En idéntico sentido se manifestó el demócrata, Joe Biden, al poner de manifiesto, en su literalidad: “No me puedo creer que tenga que decir esto, pero por favor no beban lejía”.

El origen de la mayoría de los bulos extendidos por España  se encuentra en servidores rusos. Son falsedades o medias verdades, que cuentan con el efecto multiplicador de las redes sociales, de carácter lesivo para el sistema institucional y la imagen exterior de nuestro país. Además, las desinformaciones tratan de deslegitimar el proyecto europeo. En efecto, la mayoría de las falsedades se refieren a que la Unión Europea está fracasando definitivamente, confirmando la lentitud y falta de determinación que ya puso de manifiesto a la hora de afrontar la crisis económica del 2008. Se trata, de esta manera, de presentar una Unión Europea constituida a partir de una yuxtaposición de socios egoístas, esto es, una organización supranacional carente de vertebración y solidaridad. Frente a esa Europa deteriorada por su falta de cohesión, de lo que se trata es de destacar un presunto mayor prestigio de Rusia y China que se presentan como más eficaces al obtener mejores resultados en la gestión de la Covid-19.

Disculpe el amable lector que al aludir a los “bulos” o “noticias falsas” me niegue a emplear la innecesaria expresión inglesa al uso (“y al abuso”), fruto de nuestro “papanatismo patrio” o, en términos psicológicos, de nuestro complejo cultural de inferioridad. Las tonterías se pueden expresar en varios idiomas y no por ello dejan de ser tonterías. Un papanatismo, materializado en el uso innecesario, subrayo lo de innecesario, de la lengua inglesa cuando se habla en castellano (y ello resulta extensible al caso de otras lenguas) que no es ninguna casualidad. Antes al contrario, forma parte de una premeditada, calculada y muy bien urdida estrategia de colonización e imperialismo cultural angloamericana que arranca a partir de la firma de la Carta del Atlántico, entre Churchill y Roosevelt, en 1941.

En España, fue el Tratado bilateral con EEUU, de 1953, el que abrió el camino a este proceso de colonización cultural. El Tratado ponía los medios para que los líderes, intelectuales y estudiantes comprendieran y apreciaran los logros culturales, sociales y económicos de Estados Unidos, contribuyendo así a los objetivos en España de su política: (1) crear un clima de opinión favorable para las bases norteamericanas en España; y (2) afianzar la confianza de España hacia Estados Unidos como amigo y aliado, con capacidad para liderar la lucha común contra la agresión comunista. El reto esencial consistía en incrementar la influencia de Estados Unidos entre los grupos que pudieran emerger con capacidad de liderazgo nacional. Por otro, se utilizarían los programas de información, cultura, intercambio de personas y cooperación técnica como una ventana abierta hacia los esquemas y valores de Estados Unidos.

La articulación de estas acciones de penetración profunda en la cultura española se materializaba a través de los denominados “circuitos”.  Dicha técnica consistía en ganarse a sectores claves de opinión, favoreciendo su identificación con los objetivos y el modo de entender la vida de Estados Unidos. En este sentido, las autoridades norteamericanas se referían a «La estratégica posición de España y nuestra considerable inversión e interés militar y económico acentú






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