En una argentina al borde del colapso sanitario por Covid-19´ con decenas de miles de contagiados y cientos de fallecidos diarios, donde oficialmente se admite que el panorama es gravísimo, que el magnánimo personal médico se encuentra desconsiderado, maltratado, infra retribuido y exhausto, que la saturación hospitalaria es más que inminente creciendo el desconcierto y el daltonismo epidemiológico en expertos y en gobiernos; pues, en dicho contexto “de guerra vírica”; sectores mayoritarios de la oposición política resisten judicialmente medidas políticas generales de prevención y cuidado contenidas en el Decreto 235/2021 y su similar ampliatorio, en ambos invocando para su dictado las atribuciones conferidas por el artículo 99, incisos 1 y 3 de la Constitución Nacional, inicialmente consensuadas con la propia oposición en la primera semana del mes en curso.
Por su parte, la politización de la justicia encuentra simetría en cada planteo o excusa de lawfare o democratización de la justicia, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el último tribunal inferior.
Relacionado sobre planteos o excusas de "lawfare", asombra y enoja que el presidiario domiciliario VIP, Amado Boudou, sea autorizado a dar cátedra el próximo 3 de mayo en la UBA, precisamente sobre: “lawfare y fake news”; utilizando escandalosamente como ejemplo, su propio caso.
Mientras la inflación en marzo fue del 4,8% y la última medición oficial de la pobreza trepó a un obsceno 42% (las más altas de la presidencia de Alberto Fernández), demasiados argentinos quedan sin trabajo, se empobrecen más y más, se contagian y se mueren, en tanto ciertos dirigentes políticos –habitantes de su distopía- sostienen pugnas feroces e inoportunas vg., por el abordaje de la pandemia, por la presencialidad educativa, por las elecciones PASO.
Mucho integrante de los tres poderes “sabe cuánto pesa un kilo, pero nunca lo ha cargado”, al menos cuando sigue negando, resistiendo y postergando, insolidariamente, un ecuánime e imprescindible ajuste político, legislativo y judicial ejemplarizador, largamente pendiente.
Los gobiernos ineficientes o corruptos, pasan; el hambre queda crece y se multiplica sin parar. Somos un país, no-pobre, roto por una miseria imparable hija de enriquecimientos ilícitos (¡Hospitales, máscaras y cascos de oxígeno, vacunas, educación, comida y trabajo que faltan!), de mentiras y privilegios, de impunidad y desigualdades.
Si, un país rico pero en ascuas, con su pueblo atónito sin poder comprender cómo puede estar atrapado por demasiada pobreza e indigencia, mucho menos por la escandalosa politización de la justicia y la judicialización de la política, ello agravado por miserables especulaciones políticas, legislativas y judiciales, oportunistas.
Sin alternativas, los emprendedores que aún respiran, se ven constreñidos a realizar malabares para tratar de reinventarse, reinsertarse y permanecer, de alguna manera, en el campo productivo de bienes y servicios, al menos durante las tres semanas de restricciones previstas con alta impericia, tardías e insuficientemente, por el Decreto 235/2021 entre los viernes 9 y 30 de abril.
Por su parte, el coronavirus ya paraliza también vg. a la industria automotriz, parcial o totalmente, en alguna de sus líneas de producción o montaje por el alto contagio de sus operarios.
Ante semejante escenario , si debemos privilegiar el derecho a la salud y a la vida por encima de los intereses educativos y económicos, es momento de que quienes detentan el poder al disponer imprescindibles prevenciones y cuidados, compartan también los sacrificios del pueblo renunciando a sus privilegiadas condiciones, dietas o haberes y acompañando verosímilmente a desocupados, a subocupados y a emprendedores, como hacen otros países cuando en este impredecible trance vírico, apoyan alimentaria, tributaria, tarifaria y financieramente a personas y a empresas.
Finalmente, ante el apabullante y frenético recrudecimiento de contagios y muertes, natural y lógicamente la vida de todos, están por encima de la Constitución, de la Ley, del Estado de Derecho; digo, de todo; pues sin vida, la nada misma, al menos según los argumentos de los pañuelos celestes, próvida.
Roberto Fermín Bertossi
Docente e investigador universitario