Lunes, 18 de Octubre de 2021
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17/05/2021

EL MADRIDAZO DE LA SRA. AYUSO.


por Manuel Martínez Sospedra


El resultado de las elecciones autonómicas madrileñas del pasado día 4 han producido una verdadera conmoción política. No es para menos: el PP de la sr. Ayuso ha  ganado más que duplicando su bancada parlamentaria, el PSOE ha perdido no sólo un puñado de escaños, sino también la primacía de la oposición, que ha pasado a Mas Madrid, quedando así el tercero, Vox y UP han aguantado el tirón y poco más y Ciudadanos ha perdido medio millón de votos y se ha quedado fuera de la Asamblea. Todo ello tras una campaña repleta de fango y escaso uso del sentido común, con debates reventados, cartas con cartuchos de 7,62x51 y un abundante uso de “argumentos” emocionales e identitarios. Todo ello a menos de dos años de las autonómicas anteriores. Eso es lo que dicen los datos, baste uno: el PP ha ganado en todos los barrios de Madrid y en todos los municipios, salvo tres. La cuestión radica en precisar porqué los datos son los que son y no otros, bajo el imperio de la pandemia. Si no me equivoco la explicación podría muy bien ser del siguiente modo:

 

Primero. Un vacío: ausencia de liderazgo y de empatía por parte del Gobierno nacional.

 

Que es el presupuesto necesario de todo lo demás. En medio de un pandemia de alto impacto y larga duración es de esperar que mas pronto que tarde hagan presencia las consecuencias de su impacto: incertidumbre y angustia primero, crisis económica después, falta de perspectiva de salida por último. La situación hubiera exigido algo que ha sido demandado en todos los tonos y por todos los actores, sean políticos o no: era imprescindible un liderazgo del Gobierno nacional que pudiera paliar tales males fijando metas claras y creíbles, publicitando una estrategia global y coherente, dirigiendo un esfuerzo conjunto Estado/autonomías, con el necesario acompañamiento de una importante dosis de empatía presidencial. Nada de esto ha existido: no ha habido liderazgo, ni ha habido coherencia, ni se ha visibilizado una estrategia de medio tiempo que diera razón de la política gubernamental, y la ausencia presidencial ha hecho imposible empatizar y dar sensación de acompañamiento. En roman paladino: como norma el Gobierno no sólo no está, es que no se le espera porque no hace otra cosa que echar balones fuera: al campo de los gobiernos autonómicos preferentemente. La sensación de desamparo ha sido, pues, general. La población no percibe ni dirección nacional ni empatía por parte del Presidente y su Gobierno. El fracaso de liderazgo presidencial aparece así como absoluto.

 

Segundo. Una gestión vacilante, confusa y no pocas veces contradictoria.

 

Adicionalmente el Gobierno de coalición es víctima de su propia autorepresentación. Esta está basada en un mito: la existencia en el Congreso de una “mayoría progresista”, pero resulta que la realidad no es así. En el mejor de los casos el Gobierno puede tener 158 votos seguros sobre 350, los necesarios adicionales para tener mayoría hay que negociarlos cada vez, para cada votación. Como la Constitución impone al estado de alarma una duración máxima de quince días, cada dos semanas el Presidente tiene que comparecer para pedir la prórroga, y, con ello, cada quince días tiene que dar el espectáculo de negociar los votos necesarios para alcanzar la mayoría, aunque tanto el PNV como C,s suelen prestar sus votos, es preciso acreditar cada quince días que la base de legitimidad del Gobierno es muy débil y problemática, lo que, a mas de ser incómodo y poco funcional , es visto como un serio inconveniente por el Gobierno y su presidente, razón por la cual en noviembre se recurrirá a una prórroga por seis meses de inconstitucionalidad palmaria.

 Por ende la debilidad parlamentaria del Gobierno le ha conducido al error de pactar o recibir el apoyo de formaciones que , o bien ponen en cuestión las bases mismas de la democracia constitucional (VOX), o bien ponen en cuestión la existencia misma de la nación, y con ella la del demos que sostiene la democracia (ERC), o bien no sólo hacen esto último, sino que traen causa de una organización criminal cuya práctica y delitos no han condenado(Bildu), lo que no esta especialmente bien visto por el electorado general, incluído el socialista.

 

Además el vehemente deseo de liberarse de las trabas que la necesaria respuesta a la pandemia exige conduce a la adopción de decisiones incoherentes y a veces contradictorias. Por citar un solo ejemplo: en junio se introduce la ratificación judicial de determinadas decisiones, pero  la habilitación al juez no va acompañada de la determinación de los supuestos en los que hay que autorizar o ratificar, la reforma entra en vigor en septiembre, pero su vigencia se suspende ( por Decreto) el 25 de octubre, el resultado es la divergencia de criterios judiciales sin respuesta adecuada del Gobierno. Es más, tras haber reclamado el control y dirección de las medidas para hacer frente a la pandemia ( a lo que obedece el estado de alarma) el decreto que lo proclama delega la adopción de las medidas pertinentes y su definición a los gobiernos regionales, reapareciendo así el problema de las diferencias y divergencias entre territorios y defraudando la exigencia generalizada de dirección común. El Gobierno como protector y suministrador de certeza falla ostensiblemente.

 

En la práctica son los gobiernos regionales los que definen en cada caso y para cada Comunidad las medidas pertinentes, unas veces en colaboración con otras y con el Gobierno nacional y otras pese a las trabas que este impone ( véase el asunto de las vacunas de Astra-Zeneca). No es de extrañar que la desafección crezca.

 

Tercero. Una doble apuesta de la  sra. Ayuso (I). La prioridad a la economía.

 

A diferencia de todos los demás gobiernos autonómicos, que han venido a ajustar sus políticas públicas a un mismo criterio director ( al que también trata de ajustarse el nacional), a saber la prioridad de la salud pública , con la consiguiente subordinación de las actividades económicas a las exigencias del combate contra la difusión de la enfermedad, el gobierno de la sra. Ayuso ha orientado su gestión de la pandemia a partir del principio de la prioridad de la economía, omitiendo o suavizando medidas restrictivas de la interacción social que todos los demás han adoptado ( con independencia de su color político) y confiando que, a medio plazo, el proceso de vacunación/inmunización limitará el impacto de la pandemia. La opción por la primacía de la economía ha sido, además, explícita y anunciada como tal varias veces por la propia Presidenta (incluso en la noche electoral). Las consecuencias de esa toma de postura son claras: las restricciones de la interacción social han sido más ligeras que la media y el nivel de exigencia de las implantadas también ha sido más reducido. La prioridad ha sido sostener la actividad, y con ella el empleo, en especial con referencia a actividades muy intensivas en trabajo ( muy especialmente las del sector servicios), en las que hay un predominio aplastante de un gran número de empresas pequeñas o muy pequeñas, entre las que destaca la hostelería, tanto por lo dicho, cuanto por el hecho de favorecer la interacción social, hacer menos opresivas las restricciones y dar sensación de mayor normalidad en la vida cuotidiana, transmitiendo el mensaje de que “la Comunidad de Madrid y su Presidenta os cuida”.

 

Naturalmente la prioridad de la economía tiene por consecuencia una mayor tolerancia ante el impacto de la pandemia porque esta última se ve favorecida por la relación social al tratarse de enfermedad infectocontagiosa. Lo que explica que el nivel de contagios de la Comunidad se sitúe por encima del nivel medio, que el grado de la saturación de los servicios sanitarios sea mayor, y que, como consecuencia, sean mayores los ingresos en UCI y los fallecimientos. Ya lo decía el Calígula de A.Camus “ si el Tesoro es importante es que los hombres no lo son”.

 

Porque la opción por la prioridad de la economía si bien tiene la ventaja de aproximar la vida bajo la pandemia a la normalidad tiene como acompañante necesario el aumento de la probabilidad de contagio y, en consecuencia, lo que de este se sigue: sufrimiento personal, riesgo de saturación hospitalaria, aumento del número de casos graves o críticos y con ella de los servicios sanitarios correspondientes y, finalmente, una mayor tasa de fallecimientos. En el aire queda la pregunta que se omite: si la mayor interacción social aumenta la incidencia de la enfermedad y sus secuelas ¿quién pone los muertos? No es casual que la de Madrid sea la única Comunidad Autónoma que ha seguido esa estrategia.

 

Cuarto. Una doble apuesta de la sra. Ayuso(II). El propósito de cubrir el vacío. Confrontación y populismo.

 

A la opción a favor de la economía se acompaña una estrategia política distinta de la seguida por todos los demás gobiernos autonómicos, en lugar de optar por la estrategia colaborativa y las políticas de restricción de la interacción social, la sra. Ayuso ha optado por la confrontación abierta y sistemática con el Gobierno nacional, al efecto de visualizar la existencia de una política alternativa más abierta y menos intrusiva, menos intervencionista, aun a costa de limitar los servicios ( un botón: la atención primaria cierra los fines de semana en plena pandemia), compatible con un gasto público sobre PIB que sitúa a la Comunidad más rica como la que menos invierte en sanidad. Una política sistemática de oposición a las iniciativas del Gobierno nacional ( y a la que siguen los demás gobiernos regionales: solo Madrid no ha adoptado el “cierre perimetral” de forma continuada), realizada además de modo cuotidiano y permanente y actuada medida a medida, que tiene un sustrato ideológico detrás: a menos intervencionismo más libertad.

 

Esa estrategia política se instrumenta mediante el recurso a un populismo tan elemental como efectivo, que incluso comporta los recursos típicos: el sentimiento identitario ( el modo de ser y vivir propio de Madrid), el supremacismo implícito, que a veces asoma la oreja ( el contraste entre la urbe capitalina, que no puede ser comparada con “las provincias”), la atención, al menos aparente, a los pequeños ( el autónomo, el pequeño empresario, el trabajador –precario o no –de una pyme).

 

Una combinación que podrá ser demagógica, pero es muy efectiva, y que hace entendible el lema electoral “comunismo o libertad”, porque ya se sabe que el candidato del mayor partido de la oposición, y eventual cabeza de una situación alternativa, el sr. Gabilondo, es un bolchevique con el cuchillo entre los dientes.

 

Quinto. Cansancio, hastío y falta de horizontes de la mayoría del electorado.

 

El mix servido por la sra. Ayuso es de fácil aceptación porque el electorado esta cansado de unas restricciones y limitaciones de la vida cuotidiana que cada vez se hacen más pesadas ya que no se ve luz al final del túnel. La muy larga duración de la situación de excepción en la que se vive se torna más gravosa cada día que pasa sin que nadie ofrezca solución a la incomodidad , el hastío a que las limitaciones interminables se asocia, al temor a que el deterioro económico se cronifique y o bien nos veamos abocados bien a un desempleo de salida improbable, o bien a un horizonte de precariado permanente sin visos de salida. No es sólo que falla el liderazgo de quien debía ejercerlo, que también, es que no hay nadie que ofrezca una salida, por no decir que no hay nadie que plantee abiertamente un horizonte ilusionante, cosa especialmente grave cuando en la sociedad civil hay una muy fuerte demanda de ilusión.

 

En ese contexto el populismo ayusista ofrece al menos unos resultados concretos ( en Madrid se vive más libre que en el resto) y cuanto menos alguna perspectiva de ilusión ( con las políticas de la sra.Presidenta podemos salir del pozo antes y mejor). Puede que la propuesta ayusista no sea buena, pero cuando no parece haber otra mejor en el mercado, porque otras, de haberlas, ilusionantes no son, no tiene nada de extraño que aquella se alce con el éxito, aunque sólo sea por incomparecencia de los competidores.

 

Sexto. La subordinación del PSM a Moncloa y sus directrices.

 

Decían los clásicos que los dioses ciegan a quienes quieren perder, y parece que en el caso los dioses han intervenido en este sentido. Para que a un partido con vocación mayoritaria pueda tener competencia efectiva se exige que frente a él se alce o bien una coalición formal y coherente, o bien otro partido con vocación mayoritaria. En el caso eso no se ha dado: no era factible una oferta de toda la izquierda porque ello supondría el retorno del fantasma del Frente Popular y colocaría, además, a la coalición desventaja toda vez que la presencia en la misma de una formación radical (UP) alimentaria la campaña del partido conservador , espantaría a buena parte del electorado de la izquierda moderada y obligaría al centrista a votar conservador o quedarse en casa. Tampoco era factible una coalición de la izquierda moderada y la formación centrista dada la situación gubernamental preexistente y la debilidad de Ciudadanos. No quedaba otra que tratar de situar al mayor partido de la oposición como eje de una eventual formación postelectoral de una alianza gubernamental. No había otra: cualquier gobierno alternativo pasaba por el PSOE.

 

De entrada esa era ya una opción perdedora: no podía afectar seriamente ninguna de las fortalezas de la opción ayusista y no podía contar con una imagen competidora con posibilidades de éxito frente a aquella. Si la primacía corresponde a la salud pública y el control de la propagación del virus debe sustituirse la laxitud del ayusismo por la rigurosidad en las limitaciones de la restricción, lo que dejaba el cántaro de las promesas y el anuncio de los “amaneceres que cantan” en el campo del PP (versión Ayuso).

 

Si, de entrada, las posibilidades eran escasas la gestión del PSOE prácticamente las suprimió. La subordinación completa del PSM a Moncloa , que es lo que se hizo, al negar cualquier grado de autonomía a la izquierda madrileña al negársela a su primer actor cerraba la puerta a una competencia seria. Y , al mismo tiempo, validaba la estrategia seguida por la sra. Presidenta: esta es un confrontación directa con el “sanchismo” y sus políticas, un contaste entre “modelos de sociedad”, entre la “sociedad cerrada” y  la “sociedad abierta”, entre unas políticas que, a corto, suponen disminución de la oferta de trabajo, mayores dificultades para autónomos y pymes y una situación agónica para el conjunto de los servicios ( la hostelería en especial), todo ello sin el respaldo de liderazgo, coherencia en la actuación y empatía, venía a situar a la oposición en general, y al PSOE en particular en la posición de perdedor antes de que comenzara el partido. Carente de autonomía el PSM no podía reaccionar, y cuando alguien de su campo si pudo hacerlo le comió el terreno: el PSOE paso de segundo al tercero: el sorpasso en la izquierda sí era posible. De nota.

 

 

 

Séptimo. La expansión (¿coyuntural?) del electorado conservador.

 

El aplastante triunfo conservador ¿es puntual y confinado al ámbito madrileño?¿ O nos hallamos ante un episodio inaugural que anuncia un cambio del escenario político y el retorno a la “mayoría natural”, esto es al triunfo conservador de larga duración.? Si no me equivoco la respuesta es “depende”. Veamos.

 

En esencia el proyecto político, la versión del modelo conservador que la sra. Ayuso propugna, no es coyuntural, aunque haya aprovechado, y bien, una ocasión favorable. Se trata de un proyecto muy escasamente original que , en esencia, es una versión cañí del thatcherismo con algunos aditamentos más o menos trumpistas ( de trumpista le ha calificado el New York Times). No es de extrañar que haya sido bien acogido por la dirigencia de VOX, una extrema derecha populista cuyo modelo económico es precisamente ese ( el “neofascismo pijo” lo ha calificado algún periodista ingenioso aunque no especialmente acertado). En sustancia desregulación, minimización de los intermediarios sociales en lo que al mercado de trabajo afecta, reducción de impuestos ( en especial los directos) y minoración de su progresividad, centralidad reforzada de las empresas de servicios y abandono progresivo de la industrialización ( la industria, ya se sabe, crea obreros y estos sindicatos), etc. todo ello adobado con el centralismo administrativo ,un creciente autoritarismo político e, inevitablemente, una pulsión nacionalista que puede incluir una deriva euroescéptica.

 

Si dejamos de lado las manías, que a la postre se olvidan cuando hay que gobernar ( la de bajar los impuestos es eso),  se trata de un proyecto que responde a una cultura política rigurosamente individualista ( recuerden : “ eso que algunos llaman La Sociedad no existe” ) por completo ajena a la cultura de conservadurismo europeo y español, y que, además, llega tarde: a la fecha hasta el FMI, el Banco Mundial o la OCDE piden intervención, fiscalidad alta y progresiva y más servicios públicos ( más Estado, por favor). Francamente no veo al señor Mañueco, o Feijoo, o Moreno defendiendo cosas así siendo llegada la hora de la verdad.

 

El modelo ayusista no que sea bueno o malo, es que entre nosotros no resulta viable. Se puede vender algo que es, y se sabe que es, inviable, empero por lo que yo sé la inviabilidad de las propuestas nunca ha sido una limitación efectiva de la actuación de los demagogos ( recuérdese: quienes agitan las pasiones populares para incrementar su propio poder).

 

Si de la esencia del proyecto pasamos a sus manifestaciones concretas me parece que el éxito aplastante del PP madrileño el pasado 4 de mayo tiene casi todo de coyuntural. Cosa que, a estas alturas, me parece que no requiere justificación. A lo sumo cabe esperar un alza de las expectativas de voto de la formación conservadora, de las del ganador de la izquierda en Madrid (Mas País), una erosión de algunos partidos de defensa de la periferia y la realización ( o no) del objetivo de la cacería que viene sufriendo Ciudadanos cuanto menos desde julio de 2019: su desaparición. Que acarrearía, además; el retorno a la centralidad de los partidos nacionalistas si los de ERC y la extinta Convergencia volvieran de la guerra de las galaxias a la realidad. Ya ha pasado cuanto menos una vez y media, puede repetirse. Después vendrán la guerra civil del socialismo andaluz, el crecimiento sostenido de la disidencia socialista y la incógnita de Mas Pais., de un lado, y la reacción ante un gobierno madrileño que,a la postre, guste o no, necesita al menos cinco votos de VOX para pasar los presupuestos. Y es entonces cuando los conservadores tienen su ventana de oportunidad. Porque el único efecto seguro del éxito de la sra.Ayuso y su conservadurismo peculiar es haber destruido un mito: que el “gobierno progresista” no tiene alternativa. Desde el dia 4 de mayo por la noche sabemos que si la tiene porque el Partido Popular pasa a tener credibilidad para serlo.

 

Paradógicamente el retorno al poder del partido conservador no depende tanto de lo que haga (pifias aparte) cuanto de lo que haga su alter ego, el PSOE. Si este se empeña en seguir la línea política que viene siguiendo las posibilidades de que el hasta ahora primer partido del país siga el camino al eclipse de sus homólogos francés, neerlandés o griego, sin excluir la posibilidad de la extinción por agotamiento o transformación en alguna clase de “Partido Demócrata” o similar , tales alternativas cotizan al alza, al fin y al cabo ¿de que sirve un partido socialista sin socialismo?. Si le pasó al PCI ………. Si ese fuere el rumbo que se mantiene, y la dirigencia que lo mantiene, la vuelta al poder de los conservadores no parece que vaya exigir grandes esfuerzos ni revista excesivas dificultades. Al menos mientras ellos mismos no se empeñen en alimentar las dificultades que ellos mismos se han creado. Que todo puede ser. Eso sí, esperen ustedes que si el sr. Casado llega al poder hará exactamente lo mismo que su predecesor el sr. Rajoy: subir los impuestos. Y es que esa malvada realidad………






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