Domingo, 7 de Diciembre de 2025
<<A la búsqueda de esa hora futura en la que la libertad sea protagonismo de los ciudadanos>>
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25/07/2025

EL REPUBLICANISMO Y LA ACTUAL POLITICA AMERICANA.


por Jose Luis Colomer Viadel


Reflexiones necesarias.

El neo-republicanismo cívico americano tiene sus orígenes en la labor de historiadores de aquel país que, en la década de los años 60 y 70 del pasado siglo, revisaron el papel del liberalismo en la etapa independentista de su país. Su conclusión fué que los revolucionarios americanos suscribieron un discurso más bien hostil al liberalismo, que veían como representante de un incipiente capitalismo centrado exclusivamente en la búsqueda del beneficio privado, de comportamientos egoístas, que envilecían a las gentes y propiciaban nuevas formas de dependencia y servilismo[1].

Pero, para centrar el contenido del artículo me limitaré a dos autores que, en mi opinión, son capitales en la crítica al populismo y el neo-liberalismo o libertarismo que invaden la política americana actual. Estos son Philip Pettit y Michael Sandel[2] . Ambos son críticos de esas posturas, aunque mantienen matices en cuanto a sus puntos de partida. Sandel exigirá a los poderes públicos un compromiso más estrecho con un concepto de bien común para la consecución de acuerdos y la promoción de virtudes republicanas en los ciudadanos. La crítica de Pettit, aunque fundamental, se centra más bien en la idea de libertad como no-dominación, adversaria de la libertad como no interferencia del liberalismo y más aún del libertarismo extremo que vemos avanzar en EEUU. La libertad como no interferencia no recoge las situaciones de dominación. No habría interferencia o coacción en la discriminación de salarios debidos al sexo o la raza, así como en el caso de una persona mayor que no pueda valerse por sí misma, en la medida, según el neoliberalismo, en que no hay ninguna instancia que interfiera sobre sus decisiones. En cambio, el criterio de la no dominación considera esos casos como situaciones de falta de libertad al no crearse un contexto de no-dominación, como es la corrección de salarios menores por razones de género, o el subsanar la falta de recursos necesarios para el normal desenvolvimiento del mayor incapacitado. Por cierto, nuestra Constitución obliga (en su artículo 9.2) a los poderes públicos a  “remover los obstáculos” que impidan que “la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos  (…) sean reales y efectivas”[3]. Este tipo de normas exige al Estado que se  abastezca de unos medios muy potentes y costosos que el neoliberalismo nunca estuvo dispuesto a brindar. La corrección de desigualdades en este  es cedida al mercado y, en último lugar, a una filantropía caritativa. Se está reviviendo el famoso lema de los años 80 de la era Reagan-Thatcher: “El Estado es el problema, el mercado la solución”. Unido a esto se reivindica, siguiendo al pie de la letra su definición de libertad como no interferencia, una disminución de impuestos generalizada ya que estos son presentados como la interferencia más grave que perpetra el Estado a sus ciudadanos. La administración Trump bajó los impuestos en su primer y en este segundo mandato, pero mucho más a las grandes fortunas que a los trabajadores.

El populismo que demuestra el gobierno americano tiene rasgos que repelen al espíritu político original americano como son el  actuar contra el sometimiento al imperio de la ley y el no respetar la dispersión del poder. El presidente se ha arrogado poderes especiales para su mandato actual, como si se estuviera viviendo una situación de guerra o un peligro inminente para la nación. El republicanismo, en cambio, exorciza el riesgo de caer en un gobierno que monopolice las decisiones sobre sus ciudadanos al promover esas mismas medidas que rechaza el populismo y añadir la de la búsqueda de una ciudadanía activa y participativa (agrupada en asociaciones), ante la que tiene que responder el poder público. El populismo, en cambio, como ya indica su nombre, no encuentra delante de su líder más que la masa informe que lo aclama y un “no-pueblo” que, organizado de una u  otra forma, lo critica, pero al que conviene no oír, y, si es posible, acallar. Recordemos las irregulares intervenciones de la Guardia Nacional en California frente a las manifestaciones pro-inmigrantes; así como el chantaje económico realizado desde la administración estatal a varias Universidades para reorientar sus investigaciones y principios fundacionales.

En el neo-republicanismo actual se defienden dos cosas: una democracia fuerte (especialmente tratada por Pettit) y la vuelta a una “economía de la ciudadanía” (que esté sometida a la política democrática, descartando al mercado como único principio rector). La democracia fuerte necesita una ciudadanía motivada, cargada de valores y virtudes, entre los que está un “patriotismo” que Sandel entiende como orgullo que poseen los ciudadanos al sentirse partícipes de la construcción de un país que aumenta la libertad de sus miembros mediante el desarrollo de un sistema educativo y un sistema sanitario ejemplares y accesibles a todos sus miembros, cosa que, como sabemos, no ocurre actualmente en EEUU, cuyo gobierno parece no tener reparo en excluir a más personas del sistema básico de salud, ni tiene previsto extender al conjunto de la población un sistema educativo público de excelencia. En cuanto a éste último, los neorepublicanistas, y particularmente Sandel, defienden la mejora de todos los espacios públicos, en especial escuelas y Universidades, de tal forma que sean preferidos de nuevo por las clases más pudientes, al alcanzar una  calidad superior  a los privados.

La democracia fuerte o “exigente”, como la califiqué en otro lugar[4], que piden los neo-republicanistas necesita de debates abiertos y basados en opiniones no prejuzgadas o manipuladas sobre los temas que interesan a la ciudadanía, pero  la Administración actual americana tiene entre sus grupos de apoyo alguno que defiende que no exista ninguna restricción en lo transmitido por las diferentes plataformas digitales (libertad de expresión total). La existencia de multitud de fake news o falsas noticias y de conspiracionismos que, en múltiples ocasiones, parecen retrotraernos a una oscura Edad Media, son enemigos de una democracia que debe levantarse sobre una base común de conocimientos y sobre ellos construir sus preferencias y opiniones.

En cuanto a la política exterior, el neo-republicanismo actual rechaza una política de alianzas estratégicas, o motivada exclusivamente por criterios económicos o de control político. El estado republicano debe buscar alianzas en los estados que posean sus mismos principios y ayudar a los que pretenden alcanzarlos. Debe comportarse en el exterior como un buen ciudadano republicano: solidario, prudente, que evita la corrupción (que significa  velar sólo por sus propios intereses, según el republicanismo). Sandel hace a la política exterior occidental dos críticas demoledoras: la primera, la de hacer a una economía, la alemana, casi totalmente dependiente del barato gas ruso, lo que favoreció, en su opinión, la guerra de Ucrania; y la segunda: el aceptar en el 2001 como socio de la Organización mundial del Comercio (OMC) a China, hecho que ha llevado a graves desajustes a la economía de los principales países de  Occidente (pérdida de puestos de trabajo, bajada de salarios, empleos precarios, etc.). Ninguno de esos dos acuerdos responde al credo neo-republicano y por ello son denunciados.

Una globalización mal entendida, una marcha de las empresas sin responder a un patriotismo económico y el afloramiento de unas desigualdades económicas nuevas,  desdeñadas por las fuerzas políticas de todo signo, han sido los culpables del ascenso del populismo que tiene su plasmación política en el Brexit en Gran Bretaña y en el primer nombramiento de D. Trump para la presidencia de los EEUU, acontecidos ambos en el mismo año, 2016. Este es el diagnóstico republicanista de Sandel ante estos fenómenos.

 

 

 

 



[1] Félix Ovejero et al., “La alternativa republicana”, en Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad, Paidós, Barna, 2004, pp., 15-18.

[2] Vid. Republicanistas. De Philip Pettit a Michael Sandel. Una alternativa a la actual política americana. A. González Carrillo y J.L. Colomer Viadel. Ed. Dilex, Madrid, 2025.

[3] Este es un artículo constitucional de espíritu republicanista, como subrayó el profesor José Carlos de Bartolomé en la presentación del libro citado. Y a su desarrollo tienden las leyes de Igualdad y Dependencia, aprobadas por el Congreso español.

[4] Republicanistas, op, cit., págs., 31-47.






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